{"id":9596,"date":"2020-11-01T20:39:52","date_gmt":"2020-11-01T23:39:52","guid":{"rendered":"https:\/\/www.sabado100.com.ar\/?p=9596"},"modified":"2020-11-01T20:39:52","modified_gmt":"2020-11-01T23:39:52","slug":"de-la-esclavitud-a-la-soberania-alimentaria","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/sabado100.com.ar\/es-ar\/de-la-esclavitud-a-la-soberania-alimentaria\/","title":{"rendered":"De la esclavitud a la soberan\u00eda alimentaria"},"content":{"rendered":"\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong>Por Maxi Goldschmidt.-<\/strong> En el kil\u00f3metro 72 de la ruta 5, a la altura de la localidad de\u00a0<strong>J\u00e1uregui, en Luj\u00e1n,<\/strong>\u00a0detr\u00e1s de un terreno alambrado donde se levanta un galp\u00f3n gigante, nace un camino de tierra por el cual se accede al Ramay\u00f3n. As\u00ed se conoce a\u00fan al ex instituto, psiqui\u00e1trico y c\u00e1rcel de mujeres que durante a\u00f1os permaneci\u00f3 abandonado. Una edificio blanco de m\u00e1s de un siglo, rodeado de\u00a0<strong>80 hect\u00e1reas de bosque<\/strong>.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Hoy en ese lugar se encuentra una postal de otra Argentina posible:\u00a0<a rel=\"noreferrer noopener\" href=\"https:\/\/www.youtube.com\/watch?v=wPqcZi2le78\" target=\"_blank\"><strong>La colonia \u201c20 de abril \u2013 Dar\u00edo Santill\u00e1n\u201d<\/strong>,\u00a0<\/a>\u00a0uno de los proyectos agroecol\u00f3gicos m\u00e1s pr\u00f3speros y singulares de la provincia de Buenos Aires. All\u00ed\u00a0<strong>viven, trabajan y estudian 31 familias productoras de verdura<\/strong>, muchas de las cuales, a lo largo del recorrido dijeron, con palabras parecidas, que est\u00e1n\u00a0<strong>\u201caprendiendo a dejar atr\u00e1s la esclavitud\u201d.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">-Ahora estamos teniendo casi una vida digna.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Casi.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\"><strong>Desconfianza, el primer \u201cveneno\u201d contra la agroecolog\u00eda<\/strong><\/h2>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Una tranquera blanca, despintada; treinta metros despu\u00e9s la primera casa. Una casa de material, de un amarillo cansado, un patio alambrado con gallinas que no lo respetan. Un eucalipto alto detr\u00e1s de la casa, junto al cual se ve otra entrada de material, otro port\u00f3n. Gallinas por todos lados. Una amarilla, mostaza, blanca y negra, subida a un tanque de agua. La casa la habitan&nbsp;<strong>Rosal\u00eda Castillo y Miguel Reyes<\/strong>, que viene en bicicleta, que tiene puesta una gorra verde y que en un rato mostrar\u00e1 con orgullo su plantinera.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">-Me dec\u00edan que estaba loco.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Recuerda Miguel sus<strong>&nbsp;primeros pasos con la agroecolog\u00eda<\/strong>. La desconfianza propia y de la mayor\u00eda de los productores al escuchar que&nbsp;<strong>era posible producir sin \u201ccurar\u201d<\/strong>, como ac\u00e1 a\u00fan siguen llamando a lo que dejaron de hacer:&nbsp;<strong>\u201cEcharle remedios\u201d a las verduras.&nbsp;<\/strong>Echarle qu\u00edmicos,&nbsp;<strong>echarle veneno.&nbsp;<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u201cAll\u00e1 se curaba mucho. Siempre me dol\u00eda la cabeza. Y a la larga eso te hace mal\u201d, dice Miguel de sus tiempos en La Plata.&nbsp;<strong>\u201cMe ahogaba, y no s\u00f3lo por el veneno. Adem\u00e1s de respirar eso, no dejaba de pensar un solo segundo en que la plata no alcanzaba, en c\u00f3mo hacer para pagar el alquiler\u201d<\/strong>, dice Rosal\u00eda mientras apoya un bizcochuelo decorado sobre la mesa. Hoy en la reuni\u00f3n de Comercializaci\u00f3n le festejan el cumplea\u00f1os a un compa\u00f1ero.<\/p>\n\n\n\n<blockquote class=\"wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow\"><p>\u201cUno pensaba que no se pod\u00eda. Pero ahora es al rev\u00e9s, ya ni s\u00e9 cu\u00e1ntos somos. Cada vez<strong>&nbsp;m\u00e1s productores se vuelcan a la agroecolog\u00eda porque est\u00e1 todo muy caro, las semillas, los remedios, todo es a precio d\u00f3lar<\/strong>\u201d.<\/p><\/blockquote>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Al encontrarse con un incr\u00e9dulo, Miguel repite:<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">-Vos ten\u00e9s que probar. Prob\u00e1 tres o cuatro surcos. Y te vas a convencer.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\"><strong>Una tierra viva: familias, p\u00e1jaros, bichos<\/strong><\/h2>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Si se sigue avanzando por el camino de tierra, a izquierda y derecha se extiende profundo&nbsp;<strong>un bosque de acacias, algarrobos, eucaliptos<\/strong>. Aparece otra casita con un alero. Una casa cremita, despintada. Pavos reales alrededor de un aljibe en desuso, que hace las veces de maceta gigante.&nbsp;<strong>P\u00e1jaros por todos lados<\/strong>.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong>Franz Ortega<\/strong>&nbsp;nos gu\u00eda en la primera recorrida. Franz tiene 41 a\u00f1os, mirada clara, gorro rojo, su\u00e9ter negro, pantal\u00f3n de corderoi. Del om\u00f3plato izquierdo lleva colgado un escardillo, una especie de peque\u00f1a azada que parece una extensi\u00f3n de su cuerpo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Franz naci\u00f3 en Tarija y es, como varios de sus compa\u00f1eros de la colonia, parte de una&nbsp;<strong>generaci\u00f3n de bolivianos que llegaron al pa\u00eds de muy ni\u00f1os<\/strong>; en su caso a los 12 a\u00f1os. Lleg\u00f3 de la mano de su hermano de 15, a quien hab\u00eda tra\u00eddo a la Argentina su t\u00edo. Despu\u00e9s Franz trajo a un hermano menor. Y el hermano a otro hermano.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image\"><img decoding=\"async\" src=\"https:\/\/agenciatierraviva.com.ar\/wp-content\/uploads\/2020\/10\/colonia-lujan-utt-jauregui-04-anw-0017_1-1024x683.jpg\" alt=\"Colonia de la UTT &quot;20 de Abril&quot; J\u00e1uregui, Luj\u00e1n, Provincia de Buenos Aires.\" class=\"wp-image-1896\"\/><figcaption>Foto: Pablo E. Piovano<\/figcaption><\/figure>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En la desgrabaci\u00f3n de las entrevistas lo primero, y lo que m\u00e1s se escucha, son p\u00e1jaros. El sonido de fondo de la colonia agroecol\u00f3gica de Luj\u00e1n es de&nbsp;<strong>gorriones, zorzales, catitas, cardenales, jilgueros, corbatitas, loros, teros, palomas, aguiluchos<\/strong>.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Una pareja treinta\u00f1era cubre con un largo nylon un bancal de tierra donde&nbsp;<strong>brotan hojas de frutilla<\/strong>. Su hijo, de unos seis siete a\u00f1os, juega con un camioncito a pocos metros, junto a dos perros que descansan al sol.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Al lado del surco de frutillas hay toda una&nbsp;<strong>l\u00ednea de hinojos<\/strong>. \u201cEs un&nbsp;<strong>corredor biol\u00f3gico<\/strong>, larga olor y&nbsp;<strong>espanta a los bichos<\/strong>\u201d, explica Franz.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">-La idea no es matarlos, sino ahuyentarlos. Ellos son vida tambi\u00e9n.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">A contramano del monocultivo transg\u00e9nico, ac\u00e1&nbsp;<strong>se busca plantar mucha variedad<\/strong>. Otra de las formas de evitar las plagas. En pocos metros se ven surcos cultivados con&nbsp;<strong>repollo colorado, repollo blanco, kale, br\u00f3coli, acelga, puerro, cebolla, apio, remolacha<\/strong>.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Aunque a algunos productores a\u00fan les cueste acostumbrarse, otra de las claves es \u201cno desyuyar\u201d, explica Franz.<\/p>\n\n\n\n<blockquote class=\"wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow\"><p>\u201cSi vos pel\u00e1s todo lo que hay alrededor de la verdura es m\u00e1s f\u00e1cil que te la ataquen, pero si hay otras plantas y yuyos los bichos tambi\u00e9n comen de ah\u00ed\u201d.<\/p><\/blockquote>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\"><strong>\u00bfLa agroecolog\u00eda no es negocio?<\/strong><\/h2>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Un carro, una pelota de b\u00e1squet, una de f\u00fatbol pinchada. Dos ni\u00f1os que juegan en el fondo de una casa con una ca\u00f1a. A la derecha se ve una huerta, la primera hect\u00e1rea de las treinta y pico que ya fueron cultivadas.&nbsp;<a href=\"https:\/\/www.revistacitrica.com\/-tierras-para-una-vida-digna-producir-sano-y-terminar-con-el-hambre.html\" target=\"_blank\" rel=\"noreferrer noopener\">Proyectan veinte m\u00e1s, que ser\u00e1n&nbsp;<strong>veinte familias que dejar\u00e1n de alquilar y tendr\u00e1n su pedazo de tierra.<\/strong><\/a><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Ah\u00ed est\u00e1n los surcos. Son quince y cada uno tiene unos cien metros de largo, con una divisi\u00f3n en el medio para facilitar el riego. En los primeros tres s\u00f3lo monta\u00f1itas de tierra. A partir del cuarto ya&nbsp;<strong>se ven brotes y despu\u00e9s se empiezan a reconocer las j\u00f3venes acelgas, alcauciles, remolachas, r\u00faculas<\/strong>. Un alcaucil destaca, verde y morado, sus hojas grandes, abiertas al sol. Despu\u00e9s tres bancales m\u00e1s de acelga y el bosque que se extiende nuevamente.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<blockquote class=\"wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow\"><p><strong>Cada familia produce lo que quiere<\/strong>, aunque todas las semanas se re\u00fanen en asamblea para definir cuestiones de organizaci\u00f3n colectiva y convivencia (hacer o extender la red de agua, de luz, gestionar los servicios que faltan, como el gas o internet, dividir los d\u00edas y horarios de uso del \u00fanico tractor de la colonia, ayudar a preparar el terreno o la casa de una nueva familia, etc) y tambi\u00e9n para, entre todos, encontrar la mejor forma de comercializar lo que producen.&nbsp;<\/p><\/blockquote>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Dos o tres veces por semana se&nbsp;<strong>env\u00edan bolsones a los almacenes de la UTT y se comercializan por la zona.<\/strong>&nbsp;De cada bols\u00f3n vendido, se separan 12 pesos para obras de bien com\u00fan. As\u00ed se pudo construir el Almac\u00e9n, con ese dinero y m\u00e1s de&nbsp;<strong>diez jornadas de trabajo voluntario<\/strong>. Un gran paso para estas familias: ya no s\u00f3lo vender\u00e1n sus verduras; tambi\u00e9n&nbsp;<strong>productos de otras cooperativas y productores<\/strong>, que a su vez podr\u00e1n comprar a precio mayorista para su consumo.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">El camino hacia la&nbsp;<strong>transici\u00f3n<\/strong>&nbsp;agroecol\u00f3gica<\/h2>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Entre la casa del aljibe y la primera huerta, un alambrado oxidado, decorativo. Otra reja, que suele quedar abierta y un sendero hasta la entrada de&nbsp;<strong>un gran edificio, antiguo<\/strong>, pretencioso, decadente;&nbsp;<strong>el Ramay\u00f3n<\/strong>&nbsp;propiamente dicho. A la izquierda del alambrado que rodea el edificio una casa con mucha le\u00f1a apilada. Un colectivo celeste, abandonado, tuerto, con una inscripci\u00f3n: Consejo Nacional del Menor y la Familia. Y junto al galp\u00f3n donde se lava y se separa la verdura,&nbsp;<strong>el flamante Almac\u00e9n.&nbsp;<\/strong><a href=\"https:\/\/www.youtube.com\/watch?v=4JYQmutz6aM\" target=\"_blank\" rel=\"noreferrer noopener\"><strong>En este video se puede ver el momento de la inauguraci\u00f3n y, desde las voces de sus protagonistas, conocer m\u00e1s acerca de la historia de la colonia.<\/strong><\/a><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong>Virgilio<\/strong>&nbsp;tiene la misma edad que Franz pero parece m\u00e1s viejo. Se le acaba de romper el cabo de la azada y con un machete intenta sacarle punta a un palo demasiado grueso. Es flaqu\u00edsimo y tiene una cara triste con surcos. Le asoman gotas de transpiraci\u00f3n debajo de una gorra gris deste\u00f1ida. Lo saludamos y se presenta. \u201cArias Virgilio\u201d, dice. Y cuenta que est\u00e1 limpiando,&nbsp;<strong>preparando la tierra para su primera cosecha<\/strong>. Su familia -esposa, cuatro hijos- espera en La Plata, donde&nbsp;<strong>alquilan un terreno que ya no pueden pagar<\/strong>. Por eso Virgilio tiene que apurarse. Viene durante algunos d\u00edas a Luj\u00e1n a trabajar todo el d\u00eda. Duerme en casa de otros compa\u00f1eros. Cuando venga su familia, despu\u00e9s de la primera cosecha, se pondr\u00e1 a construir su casa. Ahora atraviesa el&nbsp;<strong>momento m\u00e1s dif\u00edcil: desmalezar, sacar ra\u00edces, salir de la esclavitud.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">-Tiene que hacer disquear. Y reci\u00e9n despu\u00e9s el arado.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Le dice Franz, que hunde el escardillo en la tierra y le pregunta hasta d\u00f3nde llega su hect\u00e1rea. Virgilio se\u00f1ala unos metros adelante. Se ponen a hablar de precios.&nbsp;&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En La Plata Virgilio&nbsp;<strong>paga 15.000 pesos por mes por una hect\u00e1rea, 10.000 en productos qu\u00edmicos y 2.000 la hora de tractor<\/strong>. Por dos sobres de semillas de tomate perita m\u00e1s el paquete de agrot\u00f3xicos correspondientes pag\u00f3 otros 15.000 pesos.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u2013 Lo que gan\u00e1s lo ten\u00e9s que volver a invertir. Y encima te envenen\u00e1s.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Dice Virgilio y explica que&nbsp;<strong>sale un producto para la mosca blanca, lo compr\u00e1s para matarla y despu\u00e9s te dicen que en realidad el problema son los huevos, y ten\u00e9s que comprar otro que es para los huevos.<\/strong>&nbsp;As\u00ed todo el tiempo. Siempre hay una plaga nueva, y otro producto m\u00e1s caro para combatirla.<\/p>\n\n\n\n<blockquote class=\"wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow\"><p>\u201cEl mismo sistema te somete -dice Franz-, uno quiere seguir y no se da cuenta que no va a levantar cabeza nunca. Uno no puede salir. Y reci\u00e9n lo ves cuando ven\u00eds ac\u00e1.&nbsp;<strong>All\u00e1 el que gana es el intermediario. Ac\u00e1 una producci\u00f3n al a\u00f1o como mucho son 50.000 pesos. All\u00e1, 600.000\u201d.<\/strong><\/p><\/blockquote>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\"><strong>Una tierra propia y sin venenos<\/strong><\/h2>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">-La helada nos jodi\u00f3. El granizo dej\u00f3 como pur\u00e9 la verdura.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Dice&nbsp;<strong>Olga Guerrero<\/strong>, 54 a\u00f1os, juje\u00f1a, sombrero de jean. Est\u00e1 arrodillada sembrando rabanitos en uno de los surcos de un flamante invernadero. Entre los cultivos se ven cardones por todos lados. \u201cMe gustan mucho, me hacen acordar a mi tierra\u201d, dice Olga, que so\u00f1aba hasta hace dos a\u00f1os volver alg\u00fan d\u00eda a San Salvador. \u201cEs que&nbsp;<strong>nunca pensaba que pod\u00eda tener mi propia tierra.&nbsp;<\/strong>Ahora ac\u00e1 estamos bien, aunque la helada nos jodi\u00f3 ayer tres surcos de tomate\u201d.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u201cCada surco son 4.000 pesos, as\u00ed que perdimos 12.000\u201d, dice&nbsp;<strong>Roberto Mercado<\/strong>, su marido, camisa a cuadros, gorro playero, radio en la mano, zapatillas Nike negras.<\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image\"><img decoding=\"async\" src=\"https:\/\/agenciatierraviva.com.ar\/wp-content\/uploads\/2020\/10\/colonia-lujan-utt-jauregui-05-anw-0017_1-1024x683.jpg\" alt=\"Colonia de la UTT &quot;20 de Abril&quot; J\u00e1uregui, Luj\u00e1n, Provincia de Buenos Aires.\" class=\"wp-image-1894\"\/><figcaption>Foto: Pablo E. Piovano<\/figcaption><\/figure>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Hace dos a\u00f1os ambos viv\u00edan en La Plata. \u00c9l tiene una enfermedad respiratoria que en Luj\u00e1n le afecta menos. \u201cAll\u00e1 trabaj\u00e1bamos para pagar el alquiler.<strong>&nbsp;Ac\u00e1 estoy m\u00e1s tranquila, sin pensar tanto en las deudas. Para eso nom\u00e1s era la plata. Y encima mi marido curaba mucho. Se ba\u00f1aba en remedio.<\/strong>&nbsp;<strong>La mochila le chorreaba en la espalda y todo el tiempo estornudaba y vomitaba.<\/strong>&nbsp;Ahora se siente mejor\u201d, dice Olga, que cuenta que volvi\u00f3 a comer morr\u00f3n. \u201cAll\u00e1 se diger\u00eda mal, le ponen mucho remedio\u201d.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\"><strong>\u201cAc\u00e1 nadie sabe leer y escribir\u201d<\/strong><\/h2>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong>Gustavo Manfredi<\/strong>&nbsp;es el profe. As\u00ed le dicen quienes se lo cruzan por la colonia. Lo cargan, le sonr\u00eden. La complicidad respetuosa que se le tiene a un maestro querido. Una tarde hace cuatro a\u00f1os Gustavo lleg\u00f3 para comprar verdura. Lo recibi\u00f3 Franz, que mientras cosechaba acelga y puerro de su propia huerta, le pregunt\u00f3:<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">-\u00bfUsted a qu\u00e9 se dedica?<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">-Soy docente.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">-Ah, ac\u00e1 nadie sabe leer y escribir.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Unos segundos de silencio y la pregunta dubitativa de Franz:<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">-\u00bfUsted se animar\u00eda?<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">-S\u00ed, por supuesto.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">-\u00bfPero cu\u00e1nto nos va a cobrar?<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u2013 No, nada. Yo estoy empezando una huerta, si ustedes me dan una mano podemos intercambiar conocimientos.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">A partir de ah\u00ed durante meses Gustavo se fue presentando en las casas y haciendo un relevamiento de las condiciones educativas de cada familia. Hasta que un viernes a las siete de la tarde empez\u00f3 el&nbsp;<strong>taller de alfabetizaci\u00f3n.<\/strong>&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u201cYo hab\u00eda militado en el Frente (Dar\u00edo Santill\u00e1n) y hab\u00eda dado talleres en villas, por eso me sorprend\u00ed cuando llegu\u00e9 y vi a 15 personas, re puntuales, esper\u00e1ndome. En los barrios no suele ser as\u00ed, hay que ir a buscar casa por casa. Y encima cuando termin\u00f3 esa primera clase, varios me dijeron: d\u00e9me tarea\u201d, cuenta Gustavo, que al terminar ese a\u00f1o prepar\u00f3 una ceremonia en la que entreg\u00f3 los certificados que hab\u00eda impreso en su casa.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<blockquote class=\"wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow\"><p>Agradecidos,&nbsp;<strong>los alumnos -entre los que se encontraba Don Vel\u00e1zquez, de 70 a\u00f1os-<\/strong>&nbsp;no s\u00f3lo quer\u00edan seguir estudiando:&nbsp;<strong>quer\u00edan un t\u00edtulo&nbsp;<\/strong>que tuviera validez. As\u00ed fue como en 2017 se firm\u00f3 un&nbsp;<strong>acuerdo con el municipio de Luj\u00e1n y el ministerio de Educaci\u00f3n<\/strong>&nbsp;de la provincia de Buenos Aires para hacer una&nbsp;<strong>extensi\u00f3n primaria<\/strong>. Se dict\u00f3 el nombramiento de una docente (Luc\u00eda Navarro), que junto a Gustavo le ense\u00f1\u00f3 a leer y escribir a casi toda la colonia.&nbsp;<strong>Yeli Navarro fue la primera egresada.<\/strong><\/p><\/blockquote>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong>En 2019 se abri\u00f3 la secundaria<\/strong>. Tras otra larga lucha burocr\u00e1tica el a\u00f1o pasado fue reconocida como una de las pocas escuelas de todo el pa\u00eds con formaci\u00f3n en oficios&nbsp;<strong>especializada en agricultura agroecol\u00f3gica<\/strong>.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong>\u201cAhora nuestro pr\u00f3ximo sue\u00f1o es una universidad campesina\u201d<\/strong>, dice Franz, una de las m\u00e1s&nbsp;<a href=\"https:\/\/uniondetrabajadoresdelatierra.com.ar\/2018\/12\/17\/primer-acto-de-graduacion-de-la-escuela-campesina\/\" target=\"_blank\" rel=\"noreferrer noopener\">de 20 personas que llegaron a esta colonia sin saber leer ni escribir y que hoy siguen estudiando.&nbsp;<\/a><strong>\u201cAntes era m\u00e1s dif\u00edcil defender nuestros derechos, ven\u00eda alguien con un papel firmado y ten\u00edamos que agachar la cabeza\u201d<\/strong>.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\"><strong>Mis hijos no van a ser esclavos<\/strong><\/h2>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Yeli Navarro se aparta unos metros del galp\u00f3n donde Yofre est\u00e1 soldando un port\u00f3n tipo granero. En unos d\u00edas m\u00e1s all\u00ed se inaugurar\u00e1 el Almac\u00e9n. Ella ser\u00e1 una de las encargadas, como parte del equipo de Comercializaci\u00f3n, donde tambi\u00e9n participa el profe Gustavo. Todos recuerdan la ceremonia de&nbsp;<strong>entrega de diplomas de Yeli; el himno boliviano y una whipala flame\u00f3 junto a una bandera argentina<\/strong>.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Yeli habla suave y sonr\u00ede mucho. Kiara, su hija de cinco a\u00f1os, se le pega al cuerpo y le pide en susurros que le arregle el pelo. Yeli le hace una trenza y la ni\u00f1a se va corriendo.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Hace pocas semanas&nbsp;<strong>Kiara celebr\u00f3 por segunda vez lo que su mam\u00e1 nunca pudo: su cumplea\u00f1os.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">-Mis hijos no van a ser esclavos como fui yo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Dice Yeli que reci\u00e9n cuando lleg\u00f3 a la colonia se dio cuenta la vida que llevaba. Ella&nbsp;<strong>naci\u00f3 en Tarija, Bolivia. Tiene once hermanos<\/strong>. Sus padres no pod\u00edan mantenerlos y ella comenz\u00f3 a trabajar en el campo desde los seis a\u00f1os.&nbsp;<strong>Caminaba una hora para llegar al colegio. Lo dej\u00f3 a los 14, cuando vino a la Argentina a recoger frutillas<\/strong>&nbsp;junto a una hermana de 21. Compart\u00edan un cuarto con su cu\u00f1ado. Despu\u00e9s se mud\u00f3 a La Plata, se cas\u00f3, y&nbsp;<strong>con su marido trabajaban de medieros, arrenderos o peones.<\/strong>&nbsp;Los meses de embarazo fueron los peores. \u201cTodo el tiempo&nbsp;<strong>descompuesta por los qu\u00edmicos que aplic\u00e1bamos. Dolor de cabeza, mareos, v\u00f3mitos<\/strong>&nbsp;y los d\u00edas de calor nos met\u00edamos en los invernaderos y a los pocos minutos hab\u00eda que salir porque no se aguantaba\u201d.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Muchos d\u00edas que&nbsp;<strong>no consegu\u00eda dejar a Kiara con nadie tuvo que llevarla con ella a trabajar<\/strong>. Lo cuenta con dolor, con la mirada en esas&nbsp;<strong>jornadas de m\u00e1s de 12 horas en el campo, cada una pagada a 60 pesos,<\/strong>&nbsp;o a lo sumo un contrato mensual de tres mil \u201cque apenas alcanzaba para pa\u00f1ales y leche\u201d. Yeli tiene otro hijo, Baltazar, de 4 a\u00f1os, que pr\u00e1cticamente se cri\u00f3 en la colonia.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<blockquote class=\"wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow\"><p><strong>\u201cAhora tengo m\u00e1s tiempo con ellos, m\u00e1s libertad. Ac\u00e1 cada uno trabaja las horas que quiere, no hay patr\u00f3n.<\/strong>&nbsp;Tenemos nuestra parcela, los chicos van a la escuela y pueden jugar por cualquier lado.&nbsp;<strong>Antes yo era una esclava y no me daba cuenta<\/strong>\u201d, repite Yeli, que hace pocas semanas termin\u00f3 su casa.<\/p><\/blockquote>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\"><strong>\u201cMe pasaba todo el d\u00eda fumigando\u201d<\/strong><\/h2>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">De un arbolito joven cuelgan al sol dos pares de zapatillas sin cordones, unas botitas rosa y dos pares de crocs negras. Al lado, en otro \u00e1rbol, cuelga como un monito un pibe de unos 10 a\u00f1os.&nbsp;<strong>Kevin Perales Torres&nbsp;<\/strong>ve la c\u00e1mara y baja. Viste remera del hombre ara\u00f1a y crocs negras. Dice que&nbsp;<strong>le gusta vivir ac\u00e1 porque hay muchos \u00e1rboles, una canchita de f\u00fatbol y puede andar en bici.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong>Isa\u00edas Reyes&nbsp;<\/strong>tiene 29 a\u00f1os y es el primo de Kevin. Pasa cargando una carretilla rebosante de espinacas y r\u00facula. La estaciona frente a una canilla. Isa\u00edas lleg\u00f3 a la colonia hace dos a\u00f1os junto a su esposa embarazada. Hoy su hijo tiene poco m\u00e1s de un a\u00f1o.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u201cEl tema del tiempo\u201d, es lo que m\u00e1s disfruta de su nueva vida. \u201cAll\u00e1 si quer\u00e9s ganar algo de plata ten\u00e9s que trabajar 12 horas por d\u00eda\u201d. All\u00e1 es en las chacras de City Bell, donde trabajaba con flores, sacando pimpollos o yuyos.&nbsp;<strong>Se pon\u00eda un piloto de cuerpo entero y una m\u00e1scara. Igual, siempre le dol\u00eda la cabeza.&nbsp;<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">-Me pasaba el d\u00eda fumigando. Me sacaba el piloto y ten\u00eda todo el brazo lleno de veneno.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Dice mientras con una manguera limpia espinacas. Hoy es d\u00eda de armado de bolsones. Esta ma\u00f1ana sembr\u00f3 choclo y zucchini. Le va agarrando la mano, pero le cost\u00f3 aprender agroecolog\u00eda.&nbsp;<strong>Desde los doce trabajaba \u201ccurando\u201d.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\"><strong>La biof\u00e1brica, el laboratorio de la agroecolog\u00eda<\/strong><\/h2>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image\"><img decoding=\"async\" src=\"https:\/\/agenciatierraviva.com.ar\/wp-content\/uploads\/2020\/10\/colonia-lujan-utt-jauregui-02-anw-0017_1-1024x683.jpg\" alt=\"Colonia de la UTT &quot;20 de Abril&quot; J\u00e1uregui, Luj\u00e1n, Provincia de Buenos Aires.\" class=\"wp-image-1892\"\/><figcaption>Foto: Pablo E. Piovano<\/figcaption><\/figure>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">De una de las construcciones abandonadas que se mantiene en pie, en un par de jornadas de trabajo colectivo se sacaron los \u00e1rboles que crec\u00edan dentro y se puso un nylon negro como techo. All\u00ed funciona&nbsp;<strong>la biof\u00e1brica, en un galp\u00f3n sin puertas ni ventanas<\/strong>, y donde a falta de pizarr\u00f3n se improvisa una caja de cart\u00f3n clavada en la pared y se escribe con la punta de una madera quemada,<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">-Llegan dos m\u00e1s para trabajar.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Dice Mauro, un cachete inflado de coca, remera azul, alpargatas, celular asomando del&nbsp; bolsillo del pantal\u00f3n.&nbsp;<strong>Mauro Fern\u00e1ndez&nbsp;<\/strong>es el encargado de dar el taller de&nbsp;<strong>COTEPO, el consultorio t\u00e9cnico popular de la UTT<\/strong>&nbsp;que pasa, de boca en boca y en la pr\u00e1ctica cotidiana, los&nbsp;<strong>saberes de la agroecolog\u00eda<\/strong>.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En la biof\u00e1brica de Luj\u00e1n hay talleres todos los jueves. Y hoy toca embolsar bocashi y hacer, por primera vez, filtraci\u00f3n de pur\u00edn.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El&nbsp;<strong>bocashi es un abono org\u00e1nico<\/strong>&nbsp;que se produce mezclando&nbsp;<strong>tierra, una capa de bosta de vaca, pollo o chiva, melaza, ceniza, levadura, hojarasca del monte, c\u00e1scara arroz y agua<\/strong>.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u201cEl olor que se siente es el abono de chiva\u201d, dice Don Flores, un anciano arrugado con chaleco ra\u00eddo, remera turquesa y gorra azul. \u201cEso es lo que le aporta minerales\u201d, explica y mete las manos en la tierra. Est\u00e1 caliente, invita al resto a probar la temperatura.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong>Don Flores se llama Primitivo<\/strong>, y es el mayor de la clase. Tiene&nbsp;<strong>62 a\u00f1os<\/strong>. A su lado, de la misma altura de la pala que usa como caballo, juega&nbsp;<strong>Kiara, que tiene 5<\/strong>. Entre ellos, miran atentos y aprenden en la pr\u00e1ctica&nbsp;<strong>Jessica (20), Daniela (21), Ivan (21), Fernando (14), Gabriel (24), Luciana (36) y Margarita (22)<\/strong>, que mira todo m\u00e1s alejada con un caniche blanco entre los brazos.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">-\u00bfQui\u00e9n tiene bolsas cebolleras? Para filtrar el pur\u00edn.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">-\u00bfUn tul sirve?<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">-S\u00ed, tambi\u00e9n<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En un tacho azul desde hace 15 d\u00edas se mezclan 200 litros de agua con unos 20 kilos de cebolla bien picada. Todos los d\u00edas se remueve la mezcla. Y hoy toca filtrarla y embotellarla.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image\"><img decoding=\"async\" src=\"https:\/\/agenciatierraviva.com.ar\/wp-content\/uploads\/2020\/10\/colonia-lujan-utt-jauregui-03-anw-0017_1-1024x683.jpg\" alt=\"Colonia de la UTT &quot;20 de Abril&quot; J\u00e1uregui, Luj\u00e1n, Provincia de Buenos Aires.\" class=\"wp-image-1893\"\/><figcaption>Foto: Pablo E. Piovano<\/figcaption><\/figure>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u201cEsto reemplazar\u00eda un repelente. Es para ahuyentar, nada para matarlos, porque todo es parte de la naturaleza y hay que buscar el equilibrio y ver c\u00f3mo trabajar con los bichitos sin que nos perjudiquen.&nbsp;<strong>Si hay bichos, es una producci\u00f3n saludable. Quiere decir que hay salud en la tierra. El suelo vivo es la base de la agroecolog\u00eda<\/strong>, de all\u00ed salen alimentos con vitaminas y nutrientes\u201d, dice Mauro, que se\u00f1ala los tachos de pur\u00edn de ortiguilla y de paradiso, que tambi\u00e9n est\u00e1n en etapa de fermentaci\u00f3n y que sirven como&nbsp;<strong>abono, fertilizante y repelente natural.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Kevin, dice en tinta china el antebrazo del muchacho que vierte el contenido de un bid\u00f3n en un balde blanco. Su pareja, tambi\u00e9n joven, t\u00edmida y callada, sostiene el embudo fabricado con una botella de gaseosa. Los ojos de Kevin, apenas m\u00e1s alto que el bid\u00f3n, siguen todo desde muy cerca.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<blockquote class=\"wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow\"><p>-Esto es la agroecolog\u00eda. El \u00e1rbol no se puede ir secando. Vincular a los chicos, a las familias es muy importante. Si no hay eso, no es agroecolog\u00eda.&nbsp;<\/p><\/blockquote>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">De un tacho azul sale una manguera unida a una botella de Coca Cola. \u201cEs un Biol, para ra\u00edces y engorde de plantas\u201d, dice Mauro, que detalla la preparaci\u00f3n que incluye cloruro de calcio y sulfato de magnesio. Explica el procedimiento, aunque no queda muy claro para los presentes.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">-Otra manera de explicar, con perd\u00f3n de los periodistas, es imaginar que el tacho es la panza y la botella el culo. Por la manguera el preparado se tira pedos.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Sonr\u00ede Mauro, que le pide a Daniela que si va a su casa traiga una bolsa de cebolla para filtrar el pur\u00edn y, si puede, pase por la suya y agarre un balde que dej\u00f3 al lado del gallinero. La chica se va corriendo y vuelve a los dos segundos.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">-Me llevo la bici.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Y se pierde por el bosque de acacias, eucaliptos y\u2026<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">-\u00bfQu\u00e9 se llama este verde?<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">-Ligustro<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Le responde Don Flores a J\u00e9ssica, mientras Mauro pregunta en voz alta: \u201c\u00bfQui\u00e9n se anima a filmar un videito y mandar a Cotepo?\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Las actividades se comparten en un&nbsp;<strong>grupo de Whatssap para que los productores del resto del pa\u00eds vean en vivo<\/strong>&nbsp;c\u00f3mo sus compa\u00f1eros llevan adelante las tareas y as\u00ed&nbsp;<strong>aprendan y se corrigen entre s\u00ed<\/strong>.<\/p>\n\n\n\n<blockquote class=\"wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow\"><p>\u201cTanto tiempo tan ciego est\u00e1bamos, haciendo las cosas mal si seguir la cadena de nuestros padres y de nuestros abuelos. Lo lindo ahora es que recordamos la cultura nuestra, compartimos las ense\u00f1anzas de nuestros mayores, el conocimiento viene de ah\u00ed. Antes no hab\u00eda qu\u00edmicos. Y hay que decirle al productor que s\u00ed se puede. Se puede volver a los a\u00f1os de antes, a que todo sea natural. A tener tiempo, dejar de malgastar nuestra vida para que ganen plata otros\u201d, dice Mauro, que tiene 37 a\u00f1os y&nbsp;<strong>desde los once trabajaba fumigando: \u201cMe curaba todo el cuerpo, te obligaban. Uno era chico y lo ten\u00eda que hacer\u201d<\/strong>.<\/p><\/blockquote>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Mauro sue\u00f1a con que haya m\u00e1s colonias en todo el pa\u00eds. Y que se apoyen los diferentes proyectos que est\u00e1n presentando. Como varios de sus compa\u00f1eros, insiste en que&nbsp;<strong>no quiere que le regalen la tierra<\/strong>. Pero s\u00ed que le den&nbsp;<strong>cr\u00e9ditos blandos para producir<\/strong>. \u201cTe ve\u00edas esclavizado al trabajo porque te obligaban los gastos. A la noche no dorm\u00eda, uno dec\u00eda que iba a descansar pero era mentira porque cerraba los ojos y pensaba c\u00f3mo voy a cubrir esto, c\u00f3mo voy a cubrir lo otro. Era una explotaci\u00f3n f\u00edsica y mental. Es muy tenso, y hay tantos productores que est\u00e1n viviendo as\u00ed. Por eso el impulso de la agroecolog\u00eda, para rescatar a m\u00e1s compa\u00f1eros de la esclavitud\u201d.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\"><strong>\u201cVi a muchos compa\u00f1eros morir envenenados\u201d<\/strong><\/h2>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La puerta de entrada a su casa es entre dos ra\u00edces gigantes. Siempre verde se llama el \u00e1rbol dice Yufra, que viste una remera blanca con la foto de Dylan y Emanuel, sus nietos sonrientes y vestidos de futbolistas. Por la remera blanca, abultada en la panza, justo a la altura de los botines de la foto, camina una hormiga negra. Yufra, que no se da cuenta o no le importa, dice pasen, pasen. Dos cachorros duermen sobre bolsas de arpillera con ma\u00edz. Otro muerde un choclo. Otro se rasca. Francesca, la madre, una perra negra y blanca, quiere escapar de otros dos cachorros que arrastra colgados de las tetas.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong>Emeldo Yufra<\/strong>, 64 a\u00f1os, movimientos lentos, barba despareja, la persona m\u00e1s convocada en la colonia. Sabe hacer de todo.&nbsp;<strong>Carpinter\u00eda, herrer\u00eda, electricidad, mec\u00e1nica, plomer\u00eda<\/strong>. \u201cAprend\u00ed viendo y ayudando\u201d, dice y muestra orgulloso algunos de sus inventos caseros: una azada, un rastrillo y un aporcador, que sirve para hacer surcos en la tierra y que arm\u00f3 con un pedazo de hierro que sold\u00f3 a una rueda de cochecito de beb\u00e9. \u201cTodo hierrito sirve\u201d, dice mientras su esposa hace una mueca de reprobaci\u00f3n. La mitad del frente de la casa la ocupan pilas de hierros oxidados de todos los tama\u00f1os y formas.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Yufra trabaj\u00f3 desde los 14 a\u00f1os. Recorri\u00f3 el pa\u00eds como&nbsp;<strong>embalador de frutas, pe\u00f3n por temporadas, medianero<\/strong>&nbsp;y despu\u00e9s se dedic\u00f3 a la quinta. En el medio trabaj\u00f3 20 a\u00f1os como tractorista de \u201cun gringo que un d\u00eda alquil\u00f3 su quinta y me dej\u00f3 en banda\u201d. Una tarde que manejaba el tractor&nbsp;<strong>Yufra fue envenenado<\/strong>.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">-Un mosquito estaba curando para que no entre el gusano y el viento trajo el humito hasta donde yo estaba.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Yufra se desmay\u00f3, estuvo unos d\u00edas internado&nbsp;<strong>sin poder respirar y desde ese d\u00eda apenas siente que est\u00e1n \u201ccurando\u201d se le adormecen los labios<\/strong>. Dice que al principio solo se usaba Manzanate, Cisne azul y una botellita duraba a\u00f1os, pero despu\u00e9s aparecieron qu\u00edmicos y m\u00e1s qu\u00edmicos.&nbsp;&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">-Vi a muchos compa\u00f1eros morir envenenados.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\"><strong>La agroecolog\u00eda, esa libertad<\/strong><\/h2>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Un muchacho de unos veintipico levanta un toldo. Debajo, impecable, su sue\u00f1o: un Fiat 600 rojo, vidrios polarizados. Lo compr\u00f3 con la \u00faltima cosecha, la que a otros en la colonia les permiti\u00f3 acercarse a la camioneta o levantar su primer invernadero. El joven pone en marcha el auto y se va despacito. Su perro lo sigue. Se pierde por el camino entre el bosque de casas precarias, de madera y nylon y otras derruidas, sin marcos de puertas ni ventanas, con techos agujereados o inexistentes, con \u00e1rboles y yuyos creciendo dentro.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Algunas se pueden recuperar, y se recuperan. Otras quedan abandonadas y se construyen nuevas. Pero lentamente, de madera.&nbsp;<strong>El problema habitacional sigue siendo grave en la colonia, donde seis familias viven hace 5 a\u00f1os en el viejo y fr\u00edo edificio del ex instituto Ramay\u00f3n. El resto, levanta sus casas como puede.<\/strong>&nbsp;Hace unas semanas se firm\u00f3 un convenio con diferentes ministerios para un plan de vivienda.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u201cMi sue\u00f1o es vivir ac\u00e1, morirme ac\u00e1 y ver a mis hijos ac\u00e1, o sea que no nos saquen, no andar nunca m\u00e1s como and\u00e1bamos antes\u201d, dice Rosal\u00eda, que hace cinco a\u00f1os dej\u00f3 de ser parte del&nbsp;<strong>80% de los productores de alimentos para consumo humano que en Argentina tienen que arrendar las tierras.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image\"><img decoding=\"async\" src=\"https:\/\/agenciatierraviva.com.ar\/wp-content\/uploads\/2020\/10\/colonia-lujan-utt-jauregui-06-anw-0017_1-1024x683.jpg\" alt=\"Colonia de la UTT &quot;20 de Abril&quot; J\u00e1uregui, Luj\u00e1n, Provincia de Buenos Aires.\" class=\"wp-image-1895\"\/><figcaption>Foto: Pablo E. Piovano<\/figcaption><\/figure>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u201cArmamos un primer galp\u00f3n con un rollo de nylon, con palos, con todo. Nosotros ven\u00edamos a quedarnos. Ven\u00edamos a agarrar la tierra y a cultivar. Ese era nuestro prop\u00f3sito. Llegamos y empezamos nom\u00e1s a dar vuelta la tierra, a desmontar porque hab\u00eda un mont\u00f3n de \u00e1rboles\u201d, cuenta Franz ese&nbsp;<strong>20 de abril de 2015, cuando decidieron entrar a estas tierras fiscales y abandonadas que se las ven\u00edan prometiendo hac\u00eda a\u00f1os<\/strong>&nbsp;desde el MInisterio de Desarrollo y de Agricultura de la provincia de Buenos Aires. \u201cSiempre faltaba un papel, una firma, y as\u00ed pasaban los a\u00f1os. Hasta que un d\u00eda no aguantamos m\u00e1s, ya no aguantamos m\u00e1s la esclavitud y las promesas. Desde ese d\u00eda estamos ac\u00e1\u201d.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">Aprender, a dejar la esclavitud<\/h2>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">-Qu\u00e9 ha pasado ac\u00e1- pregunta Franz, y mueve con su herramienta un pozo junto a uno de los surcos.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">-Hormiguero.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Responde&nbsp;<strong>Nora Castillo<\/strong>, en cuclillas, bajo un gorro de ala ancha. Lleva zapatillas azules con cordones rojos, embarradas, y al pararse dice que tir\u00f3 arroz y c\u00e1scara de naranja para que las hormigas se vayan para otro lado. Cuenta que hace tres a\u00f1os lleg\u00f3 a la colonia junto a su marido, al igual que dos de sus hijas que tambi\u00e9n trabajan una hect\u00e1rea con sus parejas.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong>\u201cLa verdura con qu\u00edmico es m\u00e1s fr\u00e1gil. Enseguida crece. La que es sin qu\u00edmicos es m\u00e1s r\u00fastica pero se le siente m\u00e1s el sabor<\/strong>, el sabor que ten\u00eda antes\u201d, dice Nora, que hace poco volvi\u00f3 a La Plata a visitar a conocidos y le sirvieron una ensalada de lechuga y tomate que no pudo comer.<\/p>\n\n\n\n<blockquote class=\"wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow\"><p>\u201cAntes no me daba cuenta.&nbsp;<strong>Respiraba y tocaba y com\u00eda veneno, sacaba verduras m\u00e1s lindas a la vista pero con litros de veneno<\/strong>. Ahora cuidamos nuestra salud y la de los que consumen. Y el medio ambiente. La gente que compra aqu\u00ed ya no quiere ir a las verduler\u00edas\u201d.<\/p><\/blockquote>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Nora se arrodilla y mete las manos en la tierra, la remueve. Enseguida brota una lombriz de movimientos el\u00e9ctricos.&nbsp;<strong>\u201cCuando hay lombriz hay vida, la tierra est\u00e1 viva y no hay agrot\u00f3xicos\u201d<\/strong>. Nora cuenta que no le cost\u00f3 aprender agroecolog\u00eda, porque era lo hac\u00edan sus padres y sus abuelos. S\u00ed le cost\u00f3 hablar. \u201cAntes ve\u00eda gente y me iba, pero con la UTT aprend\u00ed muchas cosas. Tuvimos muchos talleres y capacitaciones. Aprendimos a defender nuestros derechos como inmigrantes.&nbsp;<strong>Aprendimos a leer. Aprendimos, o estamos aprendiendo, a dejar de ser esclavos\u201d.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong>Fuente:<\/strong> https:\/\/agenciatierraviva.com.ar\/ <strong>Colaboraci\u00f3n de Carlos Galano.<\/strong><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>En la localidad de J\u00e1uregui, Luj\u00e1n, m\u00e1s de 80 ha de un ex instituto abandonado se transformaron en un proyecto agroecol\u00f3gico pr\u00f3spero e in\u00e9dito en el pa\u00eds. Decenas de familias dejaron atr\u00e1s las fumigaciones, recuperaron la forma de producir de sus ancestros, crearon una escuela primaria, una secundaria y proyectan una universidad campesina. 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