{"id":739,"date":"2006-04-19T17:01:50","date_gmt":"2006-04-19T15:01:50","guid":{"rendered":"https:\/\/www.sabado100.com.ar\/?p=739"},"modified":"2006-04-19T17:01:50","modified_gmt":"2006-04-19T15:01:50","slug":"el-primer-ano-de-pontificado-de-benedicto-xvi","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/sabado100.com.ar\/es-ar\/el-primer-ano-de-pontificado-de-benedicto-xvi\/","title":{"rendered":"El primer a\u00f1o de pontificado de Benedicto XVI"},"content":{"rendered":"<p>ROMA, martes, 18 abril 2006 (ZENIT.org).- Presentamos el art\u00edculo que publica la edici\u00f3n semanal en lengua espa\u00f1ola de \u00abL&#8217;Osservatore Romano\u00bb en el n\u00famero de la semana de Pascua con el t\u00edtulo \u00abEl primer a\u00f1o de pontificado de Benedicto XVI\u00bb.<br \/>\nEl art\u00edculo ha sido escrito por Jes\u00fas Villagrasa, L.C., profesor de Filosof\u00eda en el Ateneo Pontificio \u00abRegina Apostolorum\u00bb.<br \/>\nZenit public\u00f3 el 16 de abril un art\u00edculo del mismo autor sobre \u00abEl esp\u00edritu eclesial de Joseph Ratzinger\u00bb, que a diferencia de lo que se hab\u00eda anunciado, no aparecer\u00e1 en esa edici\u00f3n del peri\u00f3dico vaticano. Pedimos disculpas por el error.<\/p>\n<p>* * *<\/p>\n<p>En la serena tarde romana del 19 de abril de 2005, faltaban cuatro minutos para las seis cuando una temprana \u00abfumata bianca\u00bb anunci\u00f3 al mundo que un nuevo papa hab\u00eda sido elegido. Pocas veces se ha llenado con tanta rapidez la Plaza de San Pedro como aquella luminosa tarde primaveral. A las 18.43, el cardenal protodi\u00e1cono de la Iglesia cat\u00f3lica, Jorge Medina Est\u00e9vez, presentaba al 264\u00ba sucesor de san Pedro. Cuando pronunci\u00f3 el nombre \u00abJosephum\u00bb, muchos en la plaza se le adelantaron: \u00ab\u00a1Ratzinger!\u00bb No se equivocaron: \u00abJosephum Sanctae Romanae Ecclesiae Cardinalem Ratzinger qui sibi nomen imposuit Benedictum XVI\u00bb.<br \/>\nSu predecesor hab\u00eda llegado a la Sede de Pedro siendo un desconocido; muchos cardenales ni siquiera sab\u00edan pronunciar el apellido \u00abWojtyla\u00bb. Del Cardenal Ratzinger, al menos en Occidente, casi todos conoc\u00edan el nombre y el rostro. Y la mayor\u00eda cre\u00eda conocer tambi\u00e9n su persona y su pensamiento. \u00a1Hab\u00edan le\u00eddo tantas cosas de \u00e9l en los peri\u00f3dicos! Quiz\u00e1, por eso mismo, para muchas personas, la primera sorpresa del pontificado fue descubrir \u00abotro Ratzinger\u00bb, el real, alguien que no coincid\u00eda con la caricatura que les hab\u00edan presentado o con la imagen que se hab\u00edan forjado.<br \/>\nOtra sorpresa del pontificado fue la brevedad del conclave, claro indicio de que los cardenales no tuvieron grandes dificultades para encontrar al candidato que, a sus ojos, reun\u00eda las cualidades necesarias para guiar la Iglesia en este momento. Su elecci\u00f3n cay\u00f3 sobre quien Juan Pablo II hab\u00eda llamado \u00abel amigo fiel\u00bb en su libro \u00a1Levantaos, vamos!<br \/>\nHab\u00eda que presentarlo al mundo y los periodistas se apresuraron a publicar biograf\u00edas. Las editoriales reeditaban sus obras, que se agotaban por d\u00edas. Algunos vaticanistas aventuraban hip\u00f3tesis en torno a los motivos de la elecci\u00f3n: \u00abLe han elegido \u2013escrib\u00eda Juan Vicente Boo, corresponsal de ABC en Roma\u2013 porque su talla intelectual, talante y humildad est\u00e1n a la altura del enorme desaf\u00edo de suceder a Juan Pablo II. Le han votado porque saben que, en cuanto se despejen los t\u00f3picos y la gente le conozca directamente, Joseph Ratzinger va a meterse en el bolsillo a los j\u00f3venes, a los responsables de otras religiones y a los mandatarios del mundo\u00bb (20-IV-2005). Aunque los conocidos del cardenal podr\u00edan suscribir esta opini\u00f3n, quiz\u00e1s el nuevo Papa no. Al menos, sus primeras intervenciones no dejan traslucir eso. En ellas prevalece la conciencia de la grave responsabilidad que ha asumido, en obediencia a Dios, y la confianza que depositaba en la potencia de Cristo resucitado y en la asistencia del Esp\u00edritu Santo vivificador.<br \/>\nSin pretender hacer un an\u00e1lisis del primer a\u00f1o de Pontificado de Benedicto XVI, es posible, sin embargo, dibujar una semblanza de su persona y ministerio tal como ha aparecido en cuatro momentos significativos de sus primeros doce meses: su presentaci\u00f3n a la Iglesia y al mundo en los primeros d\u00edas, la Jornada Mundial de la Juventud en Colonia, la vivencia del A\u00f1o de la Eucarist\u00eda y, finalmente, el di\u00e1logo con el mundo. Como tel\u00f3n de fondo de estos cuatro momentos colocamos su primera enc\u00edclica, Deus caritas est.<\/p>\n<p>La presentaci\u00f3n de los primeros d\u00edas<\/p>\n<p>La tarde de su elecci\u00f3n, el nuevo papa se present\u00f3 como \u00abun sencillo, humilde, trabajador en la vi\u00f1a del Se\u00f1or\u00bb. Su autobiograf\u00eda, Mi vida. Recuerdos (1927-1977) , confirma esta descripci\u00f3n: tiene la sencillez de una personalidad y vida unificadas, la humildad del insobornable servidor de la verdad y se entrega a Cristo, a su Iglesia y a los hombres sin c\u00e1lculos o protagonismos indebidos. Se siente, ha sido y es un cooperador de Dios y de sus hermanos, primero como profesor universitario, despu\u00e9s como obispo y, ahora, como Vicario de Cristo: un cooperador de la verdad.<br \/>\nAl d\u00eda siguiente de su elecci\u00f3n, el 20 de abril de 2005, en el discurso program\u00e1tico a los cardenales electores pronunciado en la Capilla Sixtina, Benedicto XVI indic\u00f3 algunos temas que iban a estar m\u00e1s presentes en su pontificado: la unidad del Colegio apost\u00f3lico, el Concilio Vaticano II como br\u00fajula para orientarse en el nuevo milenio, el A\u00f1o de la Eucarist\u00eda, la caridad hacia todos, la unidad de los cristianos promovida con gestos concretos que interpelen a las conciencias, el di\u00e1logo abierto y sincero con los seguidores de otras religiones y con todas las personas que est\u00e1n buscando una respuesta a las preguntas fundamentales de la existencia, el compromiso a favor de la paz y de un aut\u00e9ntico desarrollo social respetuoso de la dignidad de todo ser humano. En efecto, estas prioridades pastorales ya han encontrado expresi\u00f3n en el multiforme magisterio y ministerio de estos doce meses.<br \/>\nDos homil\u00edas completaron la presentaci\u00f3n del Pont\u00edfice. En la Misa de inicio solemne del Pontificado en la plaza de San Pedro, el 24 de abril, se defini\u00f3 como un miembro de una Iglesia viva, que se siente acompa\u00f1ado por la oraci\u00f3n de los fieles y por una multitud de santos que se dilata por todos los tiempos y latitudes, algunos de los cuales hab\u00edan sido invocados por la asamblea en las letan\u00edas de los santos durante la procesi\u00f3n de ingreso: Tu illum adiuva. A quienes esperaban un \u00abprograma de gobierno\u00bb les dijo: \u00abMi verdadero programa de gobierno es no hacer mi voluntad, no seguir mis propias ideas, sino ponerme, junto con toda la Iglesia, a la escucha de la palabra y de la voluntad del Se\u00f1or y dejarme conducir por \u00e9l, de tal modo que sea \u00e9l mismo quien conduzca a la Iglesia en esta hora de nuestra historia\u00bb. Un programa m\u00e1s \u00abdetallado\u00bb con los elementos principales de su misi\u00f3n ya hab\u00eda sido comunicado en el discurso del d\u00eda 20.<br \/>\nLa segunda homil\u00eda, pronunciada el 7 de mayo del 2005 durante su toma de posesi\u00f3n de la c\u00e1tedra del Obispo de Roma en la Bas\u00edlica de San Juan de Letr\u00e1n, revela la conciencia que Benedicto XVI tiene del papado y del cambio radical que se ha operado en su vida. En su libro La sal de la tierra (1997) hab\u00eda dicho que el papado en su n\u00facleo central no cambiar\u00e1, porque siempre habr\u00e1 un hombre que suceda a san Pedro y asuma la responsabilidad personal \u00faltima, sostenida colegialmente, de conservar la unidad de la Iglesia y de proclamar el Magisterio universal en materias de fe y moral. Podr\u00edan cambiar las formas de ejercer el primado. Y a\u00f1ad\u00eda: \u00abNo puedo, ni tampoco quiero, imaginar las variaciones concretas que pueda haber en el futuro\u00bb (Palabra, 20055, 279). No pod\u00eda prever entonces que la Providencia preparaba un futuro en el que podr\u00eda tocar a \u00e9l marcar alguna variaci\u00f3n en el ejercicio del papado.<br \/>\nEn la Iglesia cada fiel est\u00e1 llamado a dar el propio testimonio, a cumplir su personal misi\u00f3n al servicio de toda esta familia. Y, entre la multitud de testigos de la fe com\u00fan que pueblan la historia y la geograf\u00eda de la Iglesia, \u00e9l, como Vicario de Cristo, ha recibido de Dios la misi\u00f3n de rendirle un particular testimonio de Cristo, que quiso ilustrar en esta homil\u00eda pronunciada en la Bas\u00edlica de San Juan de Letr\u00e1n. Pedro, en nombre de los Ap\u00f3stoles, fue el primero en profesar la fe: \u00abT\u00fa eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo\u00bb (Mt 16, 16). \u00abEsta es la tarea de todos los sucesores de Pedro: ser el gu\u00eda en la profesi\u00f3n de fe en Cristo, el Hijo de Dios vivo. La c\u00e1tedra de Roma es, ante todo, c\u00e1tedra de este credo. Desde lo alto de esta c\u00e1tedra, el Obispo de Roma debe repetir constantemente: Dominus Iesus, \u2018Jes\u00fas es el Se\u00f1or\u2019\u00bb.<br \/>\nPedro, una vez convertido, deb\u00eda confirmar a sus hermanos. Eso mismo hace el titular del ministerio petrino: \u00abdebe tener conciencia de que es un hombre fr\u00e1gil y d\u00e9bil, como son fr\u00e1giles y d\u00e9biles sus fuerzas, y necesita constantemente purificaci\u00f3n y conversi\u00f3n. Pero debe tener tambi\u00e9n conciencia de que del Se\u00f1or le viene la fuerza para confirmar a sus hermanos en la fe y mantenerlos unidos en la confesi\u00f3n de Cristo crucificado y resucitado\u00bb.<br \/>\nEl Se\u00f1or confiri\u00f3 a Pedro y, despu\u00e9s de \u00e9l, a los Doce, los poderes y el mandato de atar y desatar. Parte esencial de esta misi\u00f3n es la potestad de ense\u00f1ar, simbolizada en la c\u00e1tedra donde se sienta el obispo de Roma para dar testimonio de Cristo.<br \/>\nEsta potestad de ense\u00f1anza asusta a muchos hombres, dentro y fuera de la Iglesia. Se preguntan si no constituye una amenaza para la libertad de conciencia, si no es una presunci\u00f3n contrapuesta a la libertad de pensamiento. No es as\u00ed. El poder conferido por Cristo a Pedro y a sus sucesores es, en sentido absoluto, un mandato para servir. La potestad de ense\u00f1ar, en la Iglesia, implica un compromiso al servicio de la obediencia a la fe. El Papa no es un soberano absoluto, cuyo pensamiento y voluntad son ley. Al contrario: el ministerio del Papa es garant\u00eda de la obediencia a Cristo y a su Palabra. No debe proclamar sus propias ideas, sino vincularse constantemente a s\u00ed mismo y la Iglesia a la obediencia a la Palabra de Dios, frente a todos los intentos de adaptaci\u00f3n y alteraci\u00f3n, as\u00ed como frente a todo oportunismo (7-V-2005).<br \/>\nEl servicio de la potestas docendi \u2013y, an\u00e1logamente, de la potestas regendi et sanctificandi \u2013 que el Papa ejerce no se limita a la explicaci\u00f3n fiel de la Palabra de Dios, sino que pasa tambi\u00e9n por la obediencia a la fe de la Iglesia, porque, en su ministerio petrino de decidir y ense\u00f1ar, el Papa est\u00e1 unido a la gran comunidad de la fe de todos los tiempos y a las interpretaciones vinculantes surgidas a lo largo del camino de la Iglesia peregrinante. La potestad de ense\u00f1anza es, por lo tanto, una potestad de obediencia y un servicio a la verdad.<br \/>\nAdmirable ha sido durante este primer a\u00f1o el magisterio de Benedicto XVI, por la riqueza, claridad y unci\u00f3n de sus homil\u00edas, discursos y cartas. Escribe personalmente las intervenciones, comenzando por las homil\u00edas, y no raras veces improvisa. La enc\u00edclica Deus caritas est ocupa un lugar excelente en el magisterio de este a\u00f1o.<br \/>\nLos primeros actos de gobierno de Benedicto XVI estuvieron marcados por la continuidad: el nombramiento del cardenal Angelo Sodano como Secretario de Estado y la confirmaci\u00f3n \u2013donec aliter provideatur: mientras no se provea diversamente\u2013 de los cardenales y arzobispos responsables de los dicasterios de la Curia Romana y del presidente de la Pontificia Comisi\u00f3n para el Estado de la Ciudad de Vaticano, as\u00ed como de los altos cargos de la Secretar\u00eda de Estado \u2013el Sustituto para los Asuntos generales y el Secretario para la relaciones con los Estados\u2013 y, finalmente, la confirmaci\u00f3n para el quinquenio en curso de los secretarios de los dicasterios de la Curia Romana. El esperado nombramiento del Prefecto de la Congregaci\u00f3n para la Doctrina de la Fe recay\u00f3 en el norteamericano Mons. William Joseph Levada, hasta entonces arzobispo de San Francisco y, durante varios a\u00f1os, colaborador en ese dicasterio. Tras once meses de pontificado hizo el primer ajuste considerable de la curia vaticana, uniendo \u00abpor ahora\u00bb la presidencia del Consejo Pontificio para el Di\u00e1logo Interreligioso a la del Consejo Pontificio de la Cultura, y la presidencia del Consejo Pontificio de la Pastoral para los Emigrantes y los Itinerantes a la del Consejo Pontificio de la Justicia y de la Paz.<br \/>\nEn los primeros d\u00edas de pontificado, algunos encuentros parec\u00edan marcar pautas para su pontificado. El 22 de abril, el Papa Benedicto XVI se encontr\u00f3 con el Colegio de los cardenales para rogarles que no dejen de prestarle su apoyo, pues todos est\u00e1n unidos a \u00e9l por la voluntad de obedecer a la voluntad divina y de prestar un servicio sencillo y disponible a la Iglesia. No se conclu\u00eda el primer a\u00f1o de pontificado cuando el 24 de marzo de 2006 reun\u00eda el Consistorio para nombrar 15 nuevos miembros del Colegio Cardenalicio.<br \/>\nAl d\u00eda siguiente, encontr\u00f3 a los representantes de los medios de comunicaci\u00f3n social para agradecerles la cobertura mundial que dieron a la muerte y a los funerales del Papa Juan Pablo II y a su elecci\u00f3n. Les record\u00f3, tambi\u00e9n, \u00abla responsabilidad \u00e9tica de quienes trabajan en este sector, particularmente por lo que respecta a la b\u00fasqueda sincera de la verdad, as\u00ed como a la defensa del car\u00e1cter central y de la dignidad de la persona\u00bb.<br \/>\nEl 25 de abril, se reuni\u00f3 con los representantes de las Iglesias y Comunidades cristianas, y con los de otras religiones no cristianas. A estos \u00faltimos asegur\u00f3 \u00abque la Iglesia quiere seguir construyendo puentes de amistad con los seguidores de todas las religiones, para buscar el verdadero bien de cada persona y de la sociedad entera\u00bb. A los primeros reafirm\u00f3 \u00abel compromiso irreversible\u00bb de la Iglesia \u2013su personal \u00abcompromiso prioritario\u00bb hab\u00eda dicho en el discurso a los cardenales del 20 de abril\u2013 a favor del ecumenismo y de la comuni\u00f3n plena querida por Jes\u00fas para sus disc\u00edpulos. El ecumenismo ocupa un lugar principal en el coraz\u00f3n de Benedicto XVI. En la misa solemne de inicio de pontificado, despu\u00e9s de explicar los signos del palio y del anillo, que evocan al pastor y al pescador, renov\u00f3 su compromiso de proseguir en el camino hacia un solo reba\u00f1o y un solo pastor y de procurar que la red de la Iglesia no se rompa. En efecto, Cristo, el Buen Pastor, tiene otras ovejas que est\u00e1n fuera del redil a las que tiene que traer: \u00aby escuchar\u00e1n mi voz y habr\u00e1 un solo reba\u00f1o, un solo Pastor\u00bb (Jn 10, 16). El relato de los 153 peces grandes termina con la gozosa constataci\u00f3n: \u00abY aunque eran tantos, no se rompi\u00f3 la red\u00bb (Jn 21, 11). \u00ab\u00a1No permitas \u2013oraba el Papa en su homil\u00eda\u2013 que se rompa tu red y ay\u00fadanos a ser servidores de la unidad!\u00bb. Un gesto ecum\u00e9nico del Santo Padre ha sido la renuncia al t\u00edtulo de Patriarca de Occidente que se dio a conocer con la publicaci\u00f3n del Anuario Pontificio de la Santa Sede, el pasado mes de febrero. Otro gesto de Benedicto XVI fue la carta enviada el pasado 17 de febrero y la medalla de oro del pontificado donada al patriarca ortodoxo de Mosc\u00fa Alejo II con motivo de su aniversario y onom\u00e1stico. Su Beatitud Alejo II correspondi\u00f3 con una carta firmada el 22 de febrero y el regalo de una cruz pectoral. Han confirmado en este intercambio de cartas la voluntad com\u00fan de promover la colaboraci\u00f3n entre ambas Iglesias. El mismo d\u00eda 22, el Papa Benedicto XVI en una carta al cardenal Lubomyr Husar, arzobispo mayor de Kiev-Halic, con ocasi\u00f3n del sexag\u00e9simo aniversario de la persecuci\u00f3n comunista contra la Iglesia grecocat\u00f3lica, que tuvo lugar tras el \u00abpseudo-s\u00ednodo\u00bb de Lvov, en marzo de 1946, expres\u00f3 su deseo de que este aniversario sirva para promover la unidad con la Iglesia ortodoxa, pues a la Iglesia greco-cat\u00f3lica se le ha confiado la misi\u00f3n de mantener visible en la Iglesia cat\u00f3lica la tradici\u00f3n oriental y de favorecer el encuentro de las tradiciones, testimoniando no s\u00f3lo su compatibilidad, sino tambi\u00e9n su profunda unidad en la diversidad.<br \/>\nAdem\u00e1s del di\u00e1logo ecum\u00e9nico, el Papa desea impulsar las relaciones con los jud\u00edos y con el Estado de Israel. Al d\u00eda siguiente de su elecci\u00f3n, uno de sus primeros actos como pont\u00edfice fue enviar un telegrama al rabino jefe de Roma, Riccardo di Segni, en el que conf\u00eda en la ayuda de Dios para reforzar una fecunda colaboraci\u00f3n y un di\u00e1logo respetuoso con el pueblo jud\u00edo. El 16 de enero de 2006, al ser recibido en audiencia por Benedicto XVI, el rabino di Segni lo invit\u00f3 a visitar la sinagoga de Roma, con ocasi\u00f3n del 20\u00ba aniversario de la hist\u00f3rica visita de Juan Pablo II a ese lugar, el 13 de abril de 1986.<br \/>\nEstas y otras pautas iniciales se han desarrollado a lo largo del primer a\u00f1o de pontificado como expresiones de una misma caridad pastoral. No es posible hacer un an\u00e1lisis exhaustivo. La mayor afluencia de peregrinos a las audiencias de los mi\u00e9rcoles y a los \u00e1ngelus dominicales \u2013por comparaci\u00f3n al \u00faltimo a\u00f1o de pontificado del Papa Juan Pablo II\u2013 puede ser signo de la fecundidad de los \u00faltimos sufridos meses de Juan Pablo II y de la acogida sobrenatural y cordial que los fieles han dispensado a su sucesor. La humildad y caridad de Benedicto XVI manifestadas en estos primeros meses, y que tienen su expresi\u00f3n doctrinal en su primera enc\u00edclica, han sido un signo fuerte de la presencia de Cristo, el Supremo Pastor, entre sus fieles.<\/p>\n<p>Jornada mundial de la juventud<\/p>\n<p>En Colonia, superando fronteras de naci\u00f3n, lengua o raza, m\u00e1s de un mill\u00f3n de j\u00f3venes se reunieron para escuchar la Palabra de Dios, rezar, recibir el sacramento de la Reconciliaci\u00f3n, adorar y recibir al Se\u00f1or eucar\u00edstico y, tambi\u00e9n, para cantar y hacer fiesta juntos. La Jornada mundial de la juventud de Colonia, centrada en la b\u00fasqueda y adoraci\u00f3n de Cristo, tuvo por lema \u00abHemos venido a adorarle\u00bb.<br \/>\nQuiz\u00e1s esta jornada haya sido el mayor don que Dios haya hecho al Papa en este primer a\u00f1o de Pontificado. \u00c9l no la plane\u00f3. Fue algo que \u00abla Providencia divina quiso\u00bb. El Papa marc\u00f3 esta jornada con una palabra y un gesto. La palabra, siempre repetida, fue Cristo. El gesto fue el abrazo:<br \/>\nen Colonia abraz\u00f3 a obispos y seminaristas, a cristianos separados, jud\u00edos y musulmanes, a cada joven en el barco sobre el Rin y, con un abrazo inmenso, al mill\u00f3n de j\u00f3venes reunidos para la vigilia de oraci\u00f3n. La imagen que resume la jornada es, sin duda, la multitud silenciosa de los adoradores de Cristo presente en la Eucarist\u00eda. \u00abHemos venido a adorarle\u00bb.<br \/>\nLos Magos fueron los \u00abgu\u00edas\u00bb de los j\u00f3venes peregrinos en su b\u00fasqueda y adoraci\u00f3n de Cristo. Cada joven fue invitado por el pont\u00edfice a realizar el viaje interior de la conversi\u00f3n a Dios, \u00abpara conocerlo, encontrarlo, adorarlo y, despu\u00e9s de haberlo encontrado y adorado, volver a partir llevando en el coraz\u00f3n, en nuestro interior, su luz y su alegr\u00eda\u00bb (Audiencia, 24-VIII-2005). Ese ritmo de adoraci\u00f3n y misi\u00f3n, de contemplaci\u00f3n y servicio, est\u00e1 remarcado en la enc\u00edclica de la caridad, Deus caritas est, que advierte del riesgo de caer en los extremos del pietismo y del activismo.<br \/>\nEl encuentro con los seminaristas ocup\u00f3 un lugar destacado en esta jornada para poner de relieve que muchas vocaciones al sacerdocio y a la vida consagrada han surgido, a lo largo de estos veinte a\u00f1os, en estas jornadas, ocasiones privilegiadas en las que el Esp\u00edritu Santo hace o\u00edr con fuerza su voz.<br \/>\nPor desarrollarse en Alemania, tuvieron particular intensidad los encuentros celebrados con los representantes de las dem\u00e1s Iglesias y Comunidades eclesiales, con los jud\u00edos y con los musulmanes. Alemania tiene un papel importante en el di\u00e1logo ecum\u00e9nico, tanto por la triste historia de las divisiones, como por la significativa funci\u00f3n que ha desempe\u00f1ado en el camino de la reconciliaci\u00f3n. En la sinagoga de Colonia, con la comunidad jud\u00eda m\u00e1s antigua de Alemania, Benedicto XVI record\u00f3 la Shoah, el 60\u00b0 aniversario de la liberaci\u00f3n de los campos de concentraci\u00f3n nazis y el 40\u00b0 aniversario de la declaraci\u00f3n conciliar Nostra aetate \u00abque inaugur\u00f3 una nueva etapa de di\u00e1logo y solidaridad espiritual entre jud\u00edos y cristianos, as\u00ed como de estima por las otras grandes tradiciones religiosas\u00bb. A los seguidores del Islam, que \u00abadoran al \u00fanico Dios y veneran al patriarca Abraham\u00bb manifest\u00f3 las esperanzas y las preocupaciones del dif\u00edcil momento hist\u00f3rico que vivimos, \u00abdeseando que se extirpen el fanatismo y la violencia, y que colaboremos juntos para defender siempre la dignidad de la persona humana y tutelar sus derechos fundamentales\u00bb (24-VIII-2005).<br \/>\nEn todos los encuentros, pero sobre todo a los j\u00f3venes, Benedicto XVI ha entregado un mensaje esencial: el cristianismo como encuentro con Cristo y su adoraci\u00f3n en el misterio de la Eucarist\u00eda. De este encuentro y de esta fuente nacer\u00e1 una revoluci\u00f3n del amor y, con ella, la verdadera reforma de la Iglesia y el ardor misionero. El primer libro del Papa, La revoluci\u00f3n de Dios, presentado a mediados del mes de octubre, recoge sus discursos en Colonia. Dos frases podr\u00edan sintetizar su mensaje: la revoluci\u00f3n de Dios es el amor; s\u00f3lo una gran explosi\u00f3n de bien puede vencer al mal y transformar al hombre y al mundo. S\u00f3lo Dios y su amor transforman al mundo. Ni f\u00f3rmulas, ni burocracias, ni falsas reformas. Menos aun la miop\u00eda de quienes en la Iglesia s\u00f3lo se ven a s\u00ed mismos y siguen dando vueltas a asuntos marginales en el cristianismo, como son el celibato sacerdotal o la ordenaci\u00f3n de mujeres. La verdadera reforma no puede reducirse a la erecci\u00f3n de nuevas y sofisticadas estructuras; la \u00fanica reforma que cuenta es la de los santos, la revoluci\u00f3n a lo divino. Esta revoluci\u00f3n divina pasa por la colaboraci\u00f3n humana, tambi\u00e9n por la colaboraci\u00f3n asociada e institucional. Al esp\u00edritu, competencia y profesionalidad de quienes trabajan en las organizaciones caritativas de la Iglesia, el Papa Benedicto XVI ha dedicado la segunda parte de su enc\u00edclica. Las notas que sonaron en Colonia eran los compases que anunciaban los temas de la sinfon\u00eda que Benedicto XVI estaba preparando a su Iglesia: la enc\u00edclica Deus caritas est.<br \/>\nEl Papa Benedicto XVI est\u00e1 impulsando con vigor las Jornadas mundiales de la juventud. En su mensaje para la jornada XXI, firmado el 22 de febrero, ha presentado las etapas de una peregrinaci\u00f3n ideal al encuentro mundial de Sydney: el a\u00f1o 2006 la atenci\u00f3n se centrar\u00e1 en el Esp\u00edritu de la verdad que nos revela a Cristo; el 2007 en el Esp\u00edritu de amor que infunde en nosotros la caridad divina; el encuentro mundial del 2008 en Sydney tendr\u00e1 como lema \u00abRecibir\u00e9is la fuerza del Esp\u00edritu Santo que vendr\u00e1 sobre vosotros, y ser\u00e9is mis testigos\u00bb.<\/p>\n<p>A\u00f1o de la Eucarist\u00eda<\/p>\n<p>Benedicto XVI ha visto la mano de la Providencia en el hecho de que su pontificado haya iniciado en el A\u00f1o de la Eucarist\u00eda: \u00abLa Eucarist\u00eda, coraz\u00f3n de la vida cristiana y manantial de la misi\u00f3n evangelizadora de la Iglesia, no puede menos de constituir siempre el centro y la fuente del servicio petrino que me ha sido confiado\u00bb (20-IV-2005). Las indicaciones esenciales para la vivencia de este a\u00f1o ya hab\u00edan sido dadas por el Papa Juan Pablo II en la enc\u00edclica Ecclesia de Eucharistia y en la carta apost\u00f3lica Mane nobiscum Domine. El S\u00ednodo de los Obispos, celebrado en el mes de octubre, adem\u00e1s de profundizar en esa doctrina, manifest\u00f3 la actual riqueza de la vida eucar\u00edstica de la Iglesia y el car\u00e1cter inagotable de su fe eucar\u00edstica. Al hacer un balance de sus primeros meses, en el discurso navide\u00f1o a la Curia romana, Benedicto XVI se dice consolado al ver que, por doquier, en la Iglesia, se ha despertado la alegr\u00eda de \u00abla adoraci\u00f3n del Se\u00f1or resucitado, presente en la Eucarist\u00eda con su carne y su sangre, en cuerpo y alma, con su divinidad y humanidad\u00bb y que se va superando la contraposici\u00f3n que algunos ve\u00edan \u2013y que en realidad no existe\u2013 entre la misa y la adoraci\u00f3n eucar\u00edstica fuera de ella. \u00abRecibir la Eucarist\u00eda significa adorar a quien recibimos. Precisamente de este modo y s\u00f3lo de este modo nos convertimos en una sola cosa con \u00e9l. Por ello, el desarrollo de la adoraci\u00f3n eucar\u00edstica, con la forma que asumi\u00f3 en la Edad Media, es la consecuencia m\u00e1s coherente del mismo misterio eucar\u00edstico: s\u00f3lo en la adoraci\u00f3n puede madurar una acogida profunda y verdadera\u00bb (22-XII-2005).<br \/>\nUna imagen puede resumir este a\u00f1o de pontificado: el Papa de rodillas ante Cristo Eucarist\u00eda, en silencio adorante, acompa\u00f1ado de la comunidad de fieles: el d\u00eda del Corpus Christi, sobre el papam\u00f3vil en procesi\u00f3n con sus nuevos fieles diocesanos; en Colonia con un mill\u00f3n de j\u00f3venes; en la plaza de San Pedro con cien mil ni\u00f1os de primera comuni\u00f3n; el 17 de octubre con los 250 obispos y cardenales reunidos en Roma para el S\u00ednodo.<br \/>\nLa palabra del Papa ha orientado la mirada de los fieles a Cristo Eucarist\u00eda: en Colonia con una exigente y vital lecci\u00f3n de teolog\u00eda eucar\u00edstica; a los ni\u00f1os de la primera comuni\u00f3n con una sencilla y c\u00e1lida catequesis en respuesta a sus preguntas, para explicarles porqu\u00e9 y c\u00f3mo ir a misa, confesar los pecados y adorar a Jesucristo. En ambos casos, su palabra ha preparado el momento culminante de los encuentros: la adoraci\u00f3n silenciosa de Cristo, el \u00fanico necesario.<br \/>\nA finales de mayo, su primer viaje fuera de Roma tuvo por objeto la clausura del Congreso eucar\u00edstico de Bari. En esa ocasi\u00f3n record\u00f3 a la Iglesia de hoy el testimonio de los m\u00e1rtires de la antigua Roma y su exclamaci\u00f3n \u00abSine dominico non possumus\u00bb: no podemos vivir sin la misa del d\u00eda del Se\u00f1or. La misa daba identidad y vida a las comunidades de los primeros cristianos; los distingu\u00eda de los paganos. La Eucarist\u00eda engendr\u00f3 m\u00e1rtires y constructores de una nueva cultura: la civilizaci\u00f3n del amor. Recibir a Jesucristo eucarist\u00eda con fe significa comulgar con el amor de Dios que da vida al mundo. Esta \u00edntima conexi\u00f3n de fe, liturgia y pr\u00e1ctica de la caridad es una de las estructuras conceptuales m\u00e1s fuertes de la enc\u00edclica Deus caritas est.<\/p>\n<p>Apertura al mundo y di\u00e1logo<\/p>\n<p>En la introducci\u00f3n al libro La revoluci\u00f3n de Dios de Benedicto XVI, su Vicario para la di\u00f3cesis de Roma, el Cardenal Camilo Ruini, ha dibujado un penetrante retrato del nuevo pont\u00edfice: no es s\u00f3lo un catequista de extraordinaria profundidad y claridad, sino tambi\u00e9n un evangelizador que con garbo sabe casi forzar a prestar atenci\u00f3n a Cristo. Su peculiar carisma consiste en juntar la apertura universal y la identidad cat\u00f3lica, el testimonio l\u00edmpido e integral de la verdad de Cristo y la dulzura del amor fraterno. Otra imagen que puede resumir este primer a\u00f1o de pontificado es el Papa, en pie, ante la multitud que representa al mundo, con los brazos abiertos. La comuni\u00f3n con el Dios adorado se manifiesta en la caridad que busca la comuni\u00f3n fraterna. Esta apertura y dulzura es caridad, no ingenuidad.<br \/>\nCon su palabra y ejemplo, Benedicto XVI invita a la Iglesia a abrirse al mundo y a la modernidad sin temores, aunque sin falsas ilusiones. La Iglesia ser\u00e1 siempre signo de contradicci\u00f3n. Los cristianos no se oponen al mundo, pero el mundo se rebela siempre que al pecado y a la gracia se les llama por su propio nombre, siempre que los cristianos proclaman la verdad sobre Dios y sobre el hombre. Esta oposici\u00f3n a su anuncio de la verdad puede resultar opresiva, pero no deber\u00eda sorprendernos demasiado.<br \/>\nBenedicto XVI comparti\u00f3 con los sacerdotes de la di\u00f3cesis de Aosta sus inquietudes y sufrimientos por la frialdad, cuando no hostilidad, de los ambientes en los que ejercen su ministerio. Los invit\u00f3 a tener paciencia, sostenidos en la certeza de que el mundo no puede vivir sin el Dios que se revel\u00f3 en Jesucristo mostr\u00e1ndonos un rostro de amor. Y s\u00f3lo ese amor transforma el mundo. Debemos tener la profund\u00edsima certeza de que sin el Dios con el rostro de Cristo, el mundo y el hombre se autodestruyen: \u00ab\u00c9l es la Verdad y s\u00f3lo caminando tras sus huellas vamos en la direcci\u00f3n correcta, y debemos caminar y guiar a los dem\u00e1s en esta direcci\u00f3n\u00bb (25-VII-2005).<br \/>\nCon esa certeza, antes como cardenal y ahora como papa, Joseph Ratzinger se ha abierto al di\u00e1logo con el mundo \u00ablaico\u00bb. Los \u00ablaicos\u00bb ya hab\u00edan reconocido su \u00e1nimo dialogante, sin asperezas y sin la ansiedad de la imposici\u00f3n. Los di\u00e1logos que, como cardenal, sostuvo con el fil\u00f3sofo alem\u00e1n J\u00fcrgen Habermas y con el presidente del Senado italiano Marcello Pera alcanzaron resonancia internacional. En ellos defendi\u00f3 la genuina laicidad del Estado y la necesidad de un di\u00e1logo franco entre el cristianismo y la modernidad, del que ambas partes iban a salir ganando.<br \/>\nBenedicto XVI ha escrito dos cartas a altos representantes de la pol\u00edtica italiana. Al Presidente del Congreso de los diputados, Pier Ferdinando Casini, para conmemorar el tercer aniversario de la hist\u00f3rica visita que el Papa Juan Pablo II realiz\u00f3 al Parlamento italiano y para reafirmar que la Iglesia, en cualquier pa\u00eds del mundo, \u00abno pretende reivindicar para s\u00ed ning\u00fan privilegio, sino s\u00f3lo tener la posibilidad de cumplir su misi\u00f3n, dentro del respeto de la leg\u00edtima laicidad del Estado. Por lo dem\u00e1s, bien entendida, \u00e9sta no est\u00e1 en contraste con el mensaje cristiano, sino que m\u00e1s bien tiene una deuda con \u00e9l, como saben bien los estudiosos de la historia de la civilizaci\u00f3n\u00bb (18-X-2005).<br \/>\nAl Presidente del Senado italiano, Marcello Pera, con motivo del congreso \u00abLibertad y laicidad\u00bb celebrado en Nursia, expres\u00f3 su deseo de que la reflexi\u00f3n de los congresistas tuviera en cuenta la dignidad de la persona y sus derechos fundamentales. \u00c9stos representan valores previos a cualquier jurisdicci\u00f3n estatal porque \u00abno son creados por el legislador, sino que est\u00e1n inscritos en la naturaleza misma de la persona humana, y se remontan por tanto en \u00faltimo t\u00e9rmino al Creador. Por tanto, parece leg\u00edtima y provechosa una sana laicidad del Estado, en virtud de la cual las realidades temporales se rigen seg\u00fan normas que les son propias, a las que pertenecen tambi\u00e9n esas instancias \u00e9ticas que tienen su fundamento en la existencia misma del hombre\u00bb (16-X-2005).<br \/>\nEn su enc\u00edclica, Benedicto XVI ha proclamado con vigor que la Iglesia ense\u00f1a y promueve la leg\u00edtima y sana laicidad del Estado: \u00abEs propio de la estructura fundamental del cristianismo la distinci\u00f3n entre lo que es del C\u00e9sar y lo que es de Dios (cf. Mt 22, 21), esto es, entre Estado e Iglesia o, como dice el Concilio Vaticano II, el reconocimiento de la autonom\u00eda de las realidades temporales (GS 36). El Estado no puede imponer la religi\u00f3n, pero tiene que garantizar su libertad y la paz entre los seguidores de las diversas religiones; la Iglesia, como expresi\u00f3n social de la fe cristiana, por su parte, tiene su independencia y vive su forma comunitaria basada en la fe, que el Estado debe respetar. Son dos esferas distintas, pero siempre en relaci\u00f3n rec\u00edproca\u00bb (Deus caritas est, n. 29).<br \/>\nComo te\u00f3logo y cardenal, Ratzinger se hab\u00eda caracterizado por su apertura a la modernidad, de la que aprecia su estima por la racionalidad y la libertad. No ocultaba, sin embargo, los l\u00edmites de los conceptos iluministas de una racionalidad cerrada a la trascendencia y de una libertad absoluta sin referencia a Dios, a las dem\u00e1s personas y a la naturaleza de las cosas.<br \/>\nEl discurso de an\u00e1lisis del a\u00f1o, que el Santo Padre dirigi\u00f3 con los augurios navide\u00f1os a la Curia, se concluye con unas reflexiones sobre la nueva relaci\u00f3n que el Concilio Vaticano II ha querido impulsar entre el cristianismo y el mundo moderno. El \u00abs\u00ed\u00bb fundamental de la Iglesia a la edad moderna, su \u00abapertura al mundo\u00bb, no est\u00e1 exenta de dificultades, porque la misma edad moderna vive profundas tensiones interiores y contradicciones y no debe subestimarse la \u00abpeligrosa fragilidad de la naturaleza humana, que en todos los per\u00edodos de la historia y en toda situaci\u00f3n hist\u00f3rica es una amenaza para el camino del hombre\u00bb. La Iglesia, como el Evangelio que anuncia, sigue siendo un signo de contradicci\u00f3n. \u00abEl Concilio no pod\u00eda tener la intenci\u00f3n de abolir esta contradicci\u00f3n del Evangelio respecto a los peligros y los errores del hombre. En cambio, no cabe duda de que quer\u00eda eliminar contradicciones err\u00f3neas o superfluas, para presentar al mundo actual la exigencia del Evangelio en toda su grandeza y pureza\u00bb. Si al inicio de la edad moderna, la relaci\u00f3n entre la raz\u00f3n iluminista y la fe cristiana fue negativa y de conflicto, el Concilio Vaticano II ha trazado en grandes l\u00edneas la direcci\u00f3n esencial para el di\u00e1logo entre la raz\u00f3n moderna y la fe. \u00abEste di\u00e1logo se debe desarrollar con gran apertura mental, pero tambi\u00e9n con la claridad en el discernimiento de esp\u00edritus que el mundo, con raz\u00f3n, espera de nosotros precisamente en este momento\u00bb. En este campo, como en tantos otros, el Concilio Vaticano II, correctamente interpretado, puede ser una gran fuerza de renovaci\u00f3n en la Iglesia y, a trav\u00e9s de ella, del mundo. No faltan pensadores \u00ablaicos\u00bb que est\u00e1n pidiendo a la Iglesia este servicio al hombre, a la sociedad y a la cultura de nuestro tiempo. Benedicto XVI sigue impulsando esta apertura evang\u00e9lica de la Iglesia al mundo.<br \/>\nUn broche de oro para este primer a\u00f1o de Pontificado ha sido la enc\u00edclica Deus caritas est. La ciencia teol\u00f3gica, la piedad personal, la experiencia humana y la asistencia del Esp\u00edritu Santo han contribuido a la redacci\u00f3n de esta obra maestra. Benedicto XVI ha puesto al servicio de su ministerio el fruto maduro de sus largos estudios teol\u00f3gicos y ha podido presentar al mundo, de forma a la vez sencilla y profunda, el coraz\u00f3n del misterio cristiano: el encuentro personal del amor de Dios con el ansia humana de amor y felicidad; la transformaci\u00f3n por la gracia de este aspiraci\u00f3n, hasta la configuraci\u00f3n con Cristo que entrega su vida por los hermanos. Este amor divino que se derrama en nuestros corazones y a trav\u00e9s de ellos en el mundo se expresa tambi\u00e9n en formas eclesiales e institucionales.<br \/>\nEl amor de Dios, que no abandona nunca a su Iglesia, le ha dado en la persona de Benedicto XVI un buen pastor y un padre de todos. A Dios se eleve, la gratitud por sus dones y la ferviente oraci\u00f3n de la Iglesia por su persona y ministerio. \u00a1 Ad multos annos, Santo Padre!<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Presentamos el art\u00edculo que publica la edici\u00f3n semanal en lengua espa\u00f1ola de \u00abL&#8217;Osservatore Romano\u00bb en el n\u00famero de la semana de Pascua con el t\u00edtulo \u00abEl primer a\u00f1o de pontificado de Benedicto XVI\u00bb. 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