{"id":70,"date":"2005-07-09T22:50:30","date_gmt":"2005-07-09T20:50:30","guid":{"rendered":"https:\/\/www.sabado100.com.ar\/?p=70"},"modified":"2005-07-09T22:50:30","modified_gmt":"2005-07-09T20:50:30","slug":"encuentro-con-la-soledad","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/sabado100.com.ar\/es-ar\/encuentro-con-la-soledad\/","title":{"rendered":"Encuentro con la soledad"},"content":{"rendered":"<p>El esp\u00edritu que anima a la autora de estas l\u00edneas es profundizar en el conocimiento de la soledad, poder identificarla en alguna de sus m\u00faltiples manifestaciones y entender el papel que juega en nuestras vidas.<\/p>\n<p>La expresi\u00f3n del G\u00e9nesis: \u201cNo es bueno que el hombre est\u00e9 solo\u201d, da forma definitiva al g\u00e9nero humano al concretar la creaci\u00f3n de una compa\u00f1\u00eda para ese primer hombre que, solitario y perplejo, expresa su intensa alegr\u00eda al reconocer en esa \u201ccarne de mi carne y hueso de mis huesos\u201d el encuentro con un semejante. Desde ese lejano origen al que alude el relato b\u00edblico, la realidad cotidiana de los hombres y mujeres que habitamos este planeta, a trav\u00e9s de los tiempos, reitera la fuerza constitutiva que el encuentro con otro tiene para cada persona. Ning\u00fan hombre es una isla y somos con otros desde el principio de los tiempos.<br \/>\nEl proceso de humanizaci\u00f3n y personalizaci\u00f3n, requiere de los otros para realizarse. Las experiencias de ni\u00f1os que crecieron en la selva, criados por animales, revelan en forma contundente que la ausencia del otro humano impide el desarrollo de funciones b\u00e1sicas tales como el lenguaje y la comunicaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Los otros y nosotros<\/p>\n<p>As\u00ed como en un corte geol\u00f3gico podemos reconocer las capas que han formado los distintos momentos de la evoluci\u00f3n del planeta, en nuestra estructura ps\u00edquica -manifestada por el modo en que nos comportamos-, podemos reconocer las voces, las miradas, los mandatos, los afectos de todos aquellos con los que hemos compartido la vida y a quienes hemos internalizado de tal modo que hoy forman parte de nosotros. De igual manera que cuando vemos un ni\u00f1o tratamos de descubrir en \u00e9l los rasgos de sus familiares, y decimos: tiene los ojos del pap\u00e1, el pelo de la mam\u00e1, los gestos de un abuelo&#8230;, en nuestra mente ocurre un proceso similar. Amamos con cierta cualidad de alguien que nos am\u00f3, nos enojamos con las expresiones de los que vimos enojar, sufrimos con los gestos del dolor que aprendimos. Los otros cercanos nos van permitiendo ser del modo en que somos, a partir de lo que traemos como singular e irreductiblemente propio de cada uno.<br \/>\nA trav\u00e9s de esas interacciones vamos formando una idea de nosotros mismos, desde nuestro nombre que escuchamos pronunciado por los otros antes de vocalizarlo, hasta el aprendizaje de nuestros valores y deficiencias. Pero esto no ocurre de una vez para siempre en nuestra primera infancia; a lo largo de nuestra vida todo se rearma cada d\u00eda con cada nueva relaci\u00f3n. Cada persona que nos reconoce o nos desvaloriza, que nos apoya o nos ignora, reafirma o niega alg\u00fan aspecto de eso que sentimos como nuestra identidad, y que nos hace sentir como somos, como queremos ser o como estamos llamados a ser.<br \/>\nAs\u00ed, el concepto que tenemos de nosotros mismos est\u00e1 indisolublemente unido al concepto que los otros nos manifiestan. La construcci\u00f3n de la identidad individual est\u00e1 \u00edntimamente ligada a la identidad social. Por eso la presencia o la ausencia de otros es tan importante y, m\u00e1s a\u00fan, la cualidad o el modo del v\u00ednculo que tenemos con ellos nos afecta profundamente. A trav\u00e9s de la familia y la sociedad, recibimos una herencia cultural que da forma a nuestra manera de vivir y nos permite sentirnos parte del mundo y de la historia, protagonistas que dejamos una huella de nuestro paso por la vida. Por eso, parecer\u00eda que la vida en grupo, en la tribu, en la comunidad, es lo natural y necesario para no sentirnos solos.<br \/>\nSin embargo, la experiencia demuestra tambi\u00e9n que no podemos vivir en un estado de compa\u00f1\u00eda permanente, y que tanto la resoluci\u00f3n de muchos problemas de la existencia, o necesidades muy profundas como la oraci\u00f3n, la creatividad, la reflexi\u00f3n, exigen la posibilidad de afrontar per\u00edodos m\u00e1s o menos prolongados de soledad. Hay variaciones muy grandes en la manera en que las personas sienten y vivencian la soledad. Tal vez tantas como personas y momentos existen. En t\u00e9rminos muy generales podemos destacar que, mientras para algunos es una elecci\u00f3n o una posibilidad placentera y fecunda, para otros es fuente de dolor y angustia. M\u00e1s a\u00fan, una misma persona, en diferentes momentos de su vida, puede sorprenderse al comprobar c\u00f3mo el quedarse consigo misma que hace unos a\u00f1os la gratificaba, ahora le pesa.<\/p>\n<p>G\u00e9nesis y din\u00e1mica del sentimiento de soledad<\/p>\n<p>La literatura psicol\u00f3gica y reflexiva sobre el tema del devenir humano atribuye la primera experiencia de separaci\u00f3n y soledad al nacimiento. Tanto los artistas como los psic\u00f3logos han llenado muchas p\u00e1ginas con teor\u00edas y con im\u00e1genes en las que se identifican emp\u00e1ticamente con ese primer desamparo que se adivina en un beb\u00e9 que afronta la experiencia del corte del cord\u00f3n que lo un\u00eda a la fuente de satisfacci\u00f3n de toda necesidad y a la compa\u00f1\u00eda permanente de dos corazones que laten unidos por el mismo torrente circulatorio. Todas las madres sienten ese desgarro de la separaci\u00f3n primera, anhelantes por reestablecer el contacto con el ni\u00f1o en las nuevas posibilidades que da el nacimiento. Pero en esa primera ruptura queda marcado para siempre que la existencia humana transcurrir\u00e1 en clave de separaci\u00f3n y reencuentro. Que aquel para\u00edso de uni\u00f3n total no es posible. Que el hombre fue expulsado del Ed\u00e9n irremisiblemente.<br \/>\nEn esa experiencia primera queda prefigurada la certeza de que la vida culminar\u00e1 con otra separaci\u00f3n: la muerte. Y ese conocimiento no nos abandonar\u00e1 jam\u00e1s.<br \/>\nLa experiencia de la soledad es tan constitutiva de nuestro \u201cser humano\u201d que el mismo Jes\u00fas asumi\u00f3 su angustia cuando en el momento cumbre de su Pasi\u00f3n, por \u00fanica vez grit\u00f3 al Padre su dolor por el sentimiento de abandono que inexorablemente deb\u00eda pasar, legitimando para nosotros la inevitabilidad de la presencia de la soledad en nuestra vida.<br \/>\nPor eso la soledad fundamental, la existencial, nunca puede ser radicalmente vencida, porque la esencia de lo humano la constituye un sentirse incompleto fundamental que s\u00f3lo Dios puede llenar. Es esa convivencia con la angustia de la separaci\u00f3n b\u00e1sica constituyente la que inicia el camino de la b\u00fasqueda de otro con quien encontrarme para romper el encierro del aislamiento y lograr una uni\u00f3n que complete y plenifique. El hombre se hace, como lo expresa Octavio Paz en El laberinto de la soledad: \u201cnostalgia y b\u00fasqueda de comuni\u00f3n\u201d. Nos vivimos como seres anhelantes y constructores de puentes para encontrarnos, y esos puentes est\u00e1n hechos de amor y comunicaci\u00f3n.<br \/>\nEl encuentro verdadero nos permite trascender el surco que nos separa y reconocernos mutuamente en un espacio que, como expresara Pedro La\u00edn Entralgo, se convierte en un \u201chogar\u201d com\u00fan. Es la alegr\u00eda que nos embarga cuando inesperadamente entablamos una conversaci\u00f3n profunda con alguien que nos hace sentir que tenemos mucho en com\u00fan, que podemos compartir, y que instala un acontecimiento, es decir, algo nuevo en nuestra vida.<br \/>\nAlgunas experiencias, por su intensidad, nos permiten experimentar transitoriamente estados de plenitud que revelan los fulgores de la anhelada comuni\u00f3n total. Desde el punto de vista psicol\u00f3gico, la vivencia de comuni\u00f3n remite a la posibilidad de vivir una relaci\u00f3n con la certeza de sentirnos absolutamente captados, entendidos, correspondidos, casi sin palabras, por otro, a quien tambi\u00e9n sentimos que captamos de la misma manera. Un ejemplo de esto lo brindan, en primer lugar, las experiencias descriptas por los m\u00edsticos, en esos momentos de oraci\u00f3n y contemplaci\u00f3n profunda en que se desdibuja la frontera entre el orante y su creador. En otro nivel, una vivencia semejante se da en algunos momentos del v\u00ednculo entre la madre y su beb\u00e9 y en la situaci\u00f3n de enamoramiento. Como lo expresara Francisco Luis Bern\u00e1rdez en su recordado poema: \u201cEstar enamorado es sospechar que, para siempre, la soledad de nuestra sombra est\u00e1 vencida\u201d. Existen personas que nunca pueden pasar del enamoramiento al amor: no pueden atravesar la grieta de la separaci\u00f3n que nos diferencia. Para poder amar tenemos que asumir una cuota de soledad, ya que nunca, nadie, puede cubrir todos los huecos de nuestro deseo de uni\u00f3n.  Estar solo  Como todos sabemos por experiencia, estar solo no es lo mismo que sentirse solo. Se puede estar solo por elecci\u00f3n. Generalmente se trata de una preferencia que responde a una caracter\u00edstica del temperamento o a una necesidad evolutiva, como ocurre con los j\u00f3venes que desean independizarse de su familia, o a una situaci\u00f3n laboral que exige el traslado o el aislamiento. Puede ser placentera o voluntariamente asumida sin costos excesivos.<br \/>\nTambi\u00e9n por aislamiento forzoso. Esta situaci\u00f3n se diferencia claramente de la anterior. Es una penosa experiencia a la que a veces obligan las circunstancias de la vida. Un enfermo en un hospital -la terrible soledad de las enfermedades cr\u00f3nicas, postrantes, prolongadas- una persona que sufre una condena, el anciano que ha quedado en una instituci\u00f3n, las m\u00faltiples maneras en las v\u00edctimas de la violencia que viven encerradas en la soledad del miedo y el sometimiento.<br \/>\nO por la ausencia real de seres queridos. En estos casos se experimenta, fundamentalmente, esa cualidad tan propia del extra\u00f1ar. Es la soledad relacionada con la ausencia de las personas o las circunstancias familiares concretas que hasta alg\u00fan momento hab\u00edan formado parte de nuestra realidad y hoy objetivamente no est\u00e1n. Su dolor disminuye con la aceptaci\u00f3n paulatina de la situaci\u00f3n, la estructuraci\u00f3n de nuevos modos de vida, el establecimiento de otras formas de comunicaci\u00f3n. Por ejemplo, un padre que se ha quedado solo, encuentra su sost\u00e9n en el saber que sus hijos est\u00e1n luchando por su propio lugar en la vida.  Sentirse solo  La soledad como sentimiento no se refiere habitualmente a una situaci\u00f3n externa y objetiva como las que hemos descripto, sino a un estado interior que se puede sufrir aun en medio de muchas personas. Puede experimentarse en una reuni\u00f3n familiar, en la intimidad de la compa\u00f1\u00eda de la persona elegida, en un equipo de trabajo o en cualquier otra situaci\u00f3n donde se est\u00e9 rodeado de gente. Justamente, lo caracter\u00edstico es el desconcierto ante un sentimiento de desaz\u00f3n y angustia que no responde a la l\u00f3gica de la circunstancia que se est\u00e1 viviendo.<br \/>\nLos conceptos enunciados al inicio del art\u00edculo acerca de la necesidad de los otros para la formaci\u00f3n del s\u00ed mismo y de la propia identidad, nos van llevando a comprender que el sentimiento de soledad nunca es autorreferenciado. Siempre es soledad de otros. Pero no cualquier otro. No todo el que se acerca nos sustrae del dolor de sentirnos solos. A veces incluso lo exacerba. Cuando en medio de una situaci\u00f3n cotidiana sentimos la urgencia de irnos, a veces hasta convertida en \u201cataque de p\u00e1nico\u201d, algo nos est\u00e1 alertando a trav\u00e9s de ese sufrimiento; el dolor de lo que sentimos inaut\u00e9ntico, de lo que no es, de lo que nos enferma. Es un grito de auxilio por v\u00ednculos profundos y re-confirmadores de identidad.  Es soledad de otros espec\u00edficos -un amigo, un c\u00f3nyuge, un hermano, un padre- a quienes se les pide o de quienes se espera algo tambi\u00e9n m\u00e1s o menos espec\u00edfico que se relaciona con la naturaleza del v\u00ednculo que los une. Muchas veces, las mismas personas que esperan algo, no tienen muy en claro lo que esperan. No hay peor soledad que la que se siente cuando estamos con alguien que deber\u00eda significar compa\u00f1\u00eda y nos seguimos sintiendo solos. Por eso es tan insoportable la desesperanza y el vac\u00edo de la soledad de a dos. Puede darse en una pareja, entre padres e hijos o entre amigos muy cercanos, es decir, entre personas que son mutuamente significativas y que esperan profundo y vital reconocimiento, confirmaci\u00f3n y valoraci\u00f3n rec\u00edproca.<\/p>\n<p>Construir soledad<\/p>\n<p>Por todo lo que vimos, tarde o temprano, toda persona que crece y madura ir\u00e1 enfrent\u00e1ndose con distintos grados y aspectos de esa necesidad de otros y de momentos de soledad, alternando con situaciones de pleno encuentro y comunicaci\u00f3n.  Como este proceso -por esencia- nunca es unidireccional, sino que se basa en un mutuo don, podemos comprender que en cada uno de nosotros habita la capacidad de construir v\u00ednculos, pero tambi\u00e9n de construir soledades.<br \/>\nCuando las personas est\u00e1n demasiado heridas por experiencias vividas se vuelven muy temerosas, o muy desconfiadas, o muy inseguras, entonces el otro se transforma en alguien a quien necesito pero de quien al mismo tiempo huyo. Anhelo la compa\u00f1\u00eda pero hago todo lo necesario para que no se d\u00e9.  Suele verificarse en esas situaciones un c\u00edrculo vicioso dif\u00edcil de romper. Cuando alguien sufre el penoso sentimiento de no ser querido ni necesitado, de que nadie lo llama ni entiende, se va encerrando cada vez m\u00e1s en s\u00ed mismo. Es probable que gradualmente esa persona se vaya transformando en un ser temeroso, hosco, malhumorado, que cuando encuentra una mano extendida, no la reconoce o la rechaza porque no es lo que espera que le den.  Encerrados en las cuatro paredes de la casa exterior, o interior, con sus actitudes estas personas pronto se vuelven tiranas del otro. Exigen llamadas, horarios, cumplimientos, convierten el v\u00ednculo de amor gratuito en un deber y obligaci\u00f3n.  Estas vivencias suelen estar tan arraigadas que se dan casos desesperantes: personas que pasan su vida acompa\u00f1ando a un ser querido que s\u00f3lo les reprocha que est\u00e1n poco con ellos. Si un hijo llama, por qu\u00e9 no llam\u00f3 antes; si un c\u00f3nyuge trae un regalo, no es el que deb\u00eda haber elegido; si un amigo escribe, no se le contesta; si una vecina pasa a saludar, se le atribuyen intenciones negativas.<br \/>\nEl arte y la cultura siempre nos acercaron a ese otro m\u00e1s alejado que llega a nosotros a trav\u00e9s de un libro, de la m\u00fasica, de la t\u00e9cnica, incorpor\u00e1ndonos al ritmo de marcha de la humanidad. Por eso, el que goza de un buen autor, o de una obra de arte o del ingenio y la creatividad que se manifiestan a trav\u00e9s de la ciencia y la t\u00e9cnica, no se siente solo.<\/p>\n<p>A modo de conclusi\u00f3n<\/p>\n<p>Bendita sea la soledad profunda que afrontamos cuando hemos bebido hasta el final el c\u00e1liz de la limitaci\u00f3n humana. Cuando amando y dej\u00e1ndonos amar, tambi\u00e9n gradualmente vamos descubriendo el gozo y el l\u00edmite de esa compa\u00f1\u00eda. Cuando descubrimos que el m\u00e1s bello amor humano tiene sus defectos, que la m\u00e1s tierna y entregada de las madres tiene sus carencias, que el m\u00e1s so\u00f1ado de los hijos un d\u00eda se ir\u00e1 en busca de su destino, que el m\u00e1s admirado maestro nos revela su l\u00edmite.  Bendita soledad inescrutable que nos deja el deseo nunca plenamente satisfecho, la carencia, la imposibilidad de la plenitud y lo irrenunciable de la b\u00fasqueda.  Benditos los encuentros que nos hacen cada vez m\u00e1s conscientes de nosotros mismos, y nos dan la posibilidad de sentir la realidad de un Amor que un d\u00eda nos permita entregarnos confiados en las manos del Padre.<\/p>\n<p>Fuente: revista Criterio, Buenos Aires, julio 2005.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>por Alicia Zanotti de Savanti<\/p>\n","protected":false},"author":3,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"site-sidebar-layout":"default","site-content-layout":"","ast-site-content-layout":"default","site-content-style":"default","site-sidebar-style":"default","ast-global-header-display":"","ast-banner-title-visibility":"","ast-main-header-display":"","ast-hfb-above-header-display":"","ast-hfb-below-header-display":"","ast-hfb-mobile-header-display":"","site-post-title":"","ast-breadcrumbs-content":"","ast-featured-img":"","footer-sml-layout":"","ast-disable-related-posts":"","theme-transparent-header-meta":"","adv-header-id-meta":"","stick-header-meta":"","header-above-stick-meta":"","header-main-stick-meta":"","header-below-stick-meta":"","astra-migrate-meta-layouts":"default","ast-page-background-enabled":"default","ast-page-background-meta":{"desktop":{"background-color":"var(--ast-global-color-4)","background-image":"","background-repeat":"repeat","background-position":"center center","background-size":"auto","background-attachment":"scroll","background-type":"","background-media":"","overlay-type":"","overlay-color":"","overlay-opacity":"","overlay-gradient":""},"tablet":{"background-color":"","background-image":"","background-repeat":"repeat","background-position":"center center","background-size":"auto","background-attachment":"scroll","background-type":"","background-media":"","overlay-type":"","overlay-color":"","overlay-opacity":"","overlay-gradient":""},"mobile":{"background-color":"","background-image":"","background-repeat":"repeat","background-position":"center center","background-size":"auto","background-attachment":"scroll","background-type":"","background-media":"","overlay-type":"","overlay-color":"","overlay-opacity":"","overlay-gradient":""}},"ast-content-background-meta":{"desktop":{"background-color":"var(--ast-global-color-5)","background-image":"","background-repeat":"repeat","background-position":"center center","background-size":"auto","background-attachment":"scroll","background-type":"","background-media":"","overlay-type":"","overlay-color":"","overlay-opacity":"","overlay-gradient":""},"tablet":{"background-color":"var(--ast-global-color-5)","background-image":"","background-repeat":"repeat","background-position":"center center","background-size":"auto","background-attachment":"scroll","background-type":"","background-media":"","overlay-type":"","overlay-color":"","overlay-opacity":"","overlay-gradient":""},"mobile":{"background-color":"var(--ast-global-color-5)","background-image":"","background-repeat":"repeat","background-position":"center center","background-size":"auto","background-attachment":"scroll","background-type":"","background-media":"","overlay-type":"","overlay-color":"","overlay-opacity":"","overlay-gradient":""}},"footnotes":""},"categories":[4],"tags":[],"class_list":["post-70","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-cultura-y-sociedad"],"yoast_head":"<!-- This site is optimized with the Yoast SEO plugin v23.2 - 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