{"id":62,"date":"2005-08-02T22:45:01","date_gmt":"2005-08-02T20:45:01","guid":{"rendered":"https:\/\/www.sabado100.com.ar\/?p=62"},"modified":"2005-08-02T22:45:01","modified_gmt":"2005-08-02T20:45:01","slug":"el-pedido","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/sabado100.com.ar\/es-ar\/el-pedido\/","title":{"rendered":"\u00abEl pedido\u00bb"},"content":{"rendered":"<p>Esta noche tengo que conseguirlo. No puedo esperar m\u00e1s. Deber\u00e9 cumplir mi tarea con el mayor esmero. Sumirlo en un placer intenso, arrebatador, que lo deje tan relajado como agradecido, incapaz de negarse a cumplir lo que le pido. Bastaron muy pocos encuentros para comprender cu\u00e1l es el mejor modo de tratarlo para ejercer un total dominio sobre \u00e9l. Con suavidad, palabras halagadoras, abrazos que lo hagan sentir protegido. Sin ning\u00fan atisbo del malestar o repudio que experimentan mis amigas -y casi todos, la verdad- frente a su cuerpo maltrecho, que parece una obra a medio terminar o hecho con pedazos desparejos, con los brazos y las piernas tan cortitos y el pecho tan grueso, cubierto de pelos. Les cuesta creer que yo venga aqu\u00ed, a pasar unas horas con \u00e9l. Sin demostrar ning\u00fan gesto de malestar o burla o desprecio. M\u00e1s que por gusto, lo hago impulsada la necesidad. De manera especial esta noche. Despu\u00e9s que las palabras de la due\u00f1a de la pensi\u00f3n se convirtieran en un pu\u00f1al contra el pecho, dej\u00e1ndome sin aliento. Acorralada. Al fin estaba all\u00ed. S\u00f3lo para \u00e9l. Y de pronto, como cada noche que lo visitaba, el cuarto -atiborrado de papeles con esbozos de figuras, pinceles, pomos de pintura, libros y recortes de diarios, que ocupaban sin orden una mesa y dos sillas, donde pasaba el mayor tiempo inmerso en su trabajo-, ten\u00eda la virtud de adquirir otro cariz. Pleno de belleza y luminosidad. S\u00f3lo logrado por escasas horas a trav\u00e9s del sol que se filtraba por el \u00fanico y amplio ventanal. Recostado contra el respaldo de la cama y ya sin inter\u00e9s por cualquier otra cosa, se dej\u00f3 embargar por el grado de admiraci\u00f3n que siempre parec\u00eda renovado, por el deseo creciente, casi de gratitud por el acto que ella iba a ofrecerle de manera exclusiva. Comprendo que lo tengo en mis manos apenas empiezo a desprender los botones de la blusa. Sus ojos parecen adquirir un brillo de fuego. Y no es por efecto del alcohol. Ya he logrado quitarle su compa\u00f1\u00eda m\u00e1s fiel: la botella de ginebra. Fue el principal prop\u00f3sito al llegar aqu\u00ed. Ella o yo. Lo obligu\u00e9 a elegir, en un abierto desaf\u00edo que me permit\u00eda la seguridad de saber que era la \u00fanica mujer dispuesta a complacerlo sin resistencia ni muestras de fastidio. Me quito la blusa con mayor lentitud que otras veces, en una estudiada forma de llevar al m\u00e1ximo su atenci\u00f3n y dejarlo vulnerable, sin defensa, cuando llegue el momento de efectuar mi pedido. Cubro con las manos mis pechos -que \u00e9l siempre elogia casi de manera aparatosa, regocijado, ninguna los tiene m\u00e1s firmes y hermosos, sin poder ocultar su regocijo, uno nunca los dejar\u00eda de mirar y acariciar-, como asaltada por una repentina verg\u00fcenza o tratara de incitarlo con un nuevo detalle, mientras apelaba al m\u00e1s inocente moh\u00edn de picard\u00eda. \u00bfMe lo har\u00e1s esta noche? Resonaba como un desaf\u00edo, m\u00e1s que una simple forma de estrategia Ya hab\u00eda perdido la cuenta de las veces en que ella le formul\u00f3 la pregunta a lo largo de esa noche, en una creciente s\u00faplica, empe\u00f1ada en conferirle a su voz el tono m\u00e1s voluptuoso y tierno para desvanecer todo atisbo de duda o reparo en procura de la anhelada respuesta. Llegando a convertirse en una especie de juego. Al menos as\u00ed le gustaba considerarlo. Un juego, sin duda el \u00fanico, en el que lograba sentirse seguro, al ser requerido por una solicitud de lo llenaba de j\u00fabilo y casi envidiable orgullo por otorgarle un m\u00e9rito especial a los trabajos que realizaba desde hac\u00eda tanto tiempo ante la indiferencia y aun el desd\u00e9n de los dem\u00e1s. S\u00f3lo ella. Egle. Sobre la que sus amigos se refer\u00edan de manera despectiva y les resultaba dif\u00edcil comprender que a \u00e9l le gustara tenerla como compa\u00f1\u00eda, pues ni la cara redonda y casi inexpresiva, ni la creciente gordura que entorpec\u00eda sus movimientos, ni el tono pastoso de la voz parec\u00edan capaces de suscitar el menor atisbo de admiraci\u00f3n o siquiera atractivo. Depende. \u00bfDe qu\u00e9? Depender\u00e1 de la forma en que me atiendas esta noche. Le gustaba azuzarla, espolear el punto m\u00e1s fr\u00e1gil: el modo como desarrollaba su trabajo. Ser\u00e1 de la mejor forma, como siempre. \u00bfAcaso me ibas a recibir aqu\u00ed si no sabr\u00eda c\u00f3mo complacerte? Supo que ten\u00eda raz\u00f3n. S\u00ed. La \u00fanica que puede y sabe hacerlo como yo quiero. Por mucho tiempo se entreg\u00f3 a una afanosa b\u00fasqueda, asaltado por la ansiedad y el deseo y la frustraci\u00f3n, entre las modelos que furtivamente pasaban por su estudio, las bailarinas que cada noche contemplaba con ojos ardientes y voluptuosos en vano anhelo porque una de ellas dejara de estar alguna vez en un sitio inaccesible del escenario, las prostitutas a las que les pagaba m\u00e1s que cualquier otro cliente con tal de obtener la recompensa de los siempre esquivos instantes de placer. In\u00fatil. No. No es por culpa de ellas. A ninguna le resulta f\u00e1cil o agradable abrazar o siquiera observar desnudo el cuerpo de alguien que tiene casi la fisonom\u00eda de un monstruo. Hasta que apareci\u00f3 ella. En un encuentro fortuito o por obra del estado de soledad y punzante abatimiento que los dos atravesaban aquella noche en la que \u00e9l, confinado en un rinc\u00f3n del bar, pretend\u00eda alcanzar una dulce borrachera con incontables vasos de ginebra, y ella, en t\u00e1cita b\u00fasqueda de compa\u00f1\u00eda, penetr\u00f3 en el local a pasos lentos y la mirada inquisitiva, \u00e1vida por hallar un sost\u00e9n que la salvara del derrumbe. Sin duda fue lo mejor que pudo pasarme. Y ahora, apenas ella iniciaba la ceremonia que desde la primera vez que se encontraron a solas en ese cuarto parec\u00eda haber quedado establecido como algo fijo, aunque siempre llegaba a tener un car\u00e1cter \u00fanico y esplendente, se vio embargado de nuevo por una gratificaci\u00f3n similar a la que s\u00f3lo alcanzaba cuando conclu\u00eda de dibujar o pintar un cuadro. Aunque hab\u00eda llegado a participar de las risas con que sus amigos celebraban los hirientes comentarios al compararla con las otras bailarinas, tiene las piernas demasiado cortas y las tetas demasiado voluminosas, si actuara sola nadie gastar\u00eda un centavo para verla, muy pronto, a lo largo de cada noche, pudo comprobar que estaba equivocado, pues bastaba que llegara a su cuarto y comenzara a desnudarse con gestos lentos, perfectamente estudiados para crear una atm\u00f3sfera de intensidad y belleza en la que estaba dispuesta a hundirlo con la mayor carga de placer, para que todo adquiriera un matiz diferente, para descubrir unas cualidades que, ignotas o mantenidas ocultas con celoso cuidado, s\u00f3lo parec\u00eda querer desplegar ante \u00e9l. De manera velada, pero con creciente vigor, lo carcomi\u00f3 cierta culpa al considerar no s\u00f3lo que era el menos indicado para burlarse, pues la visi\u00f3n de su cuerpo diminuto y maltrecho tampoco pod\u00eda despertar otro sentimiento que de rechazo o de ineludible malestar, sino m\u00e1s bien por el modo como ella transformaba cada encuentro en una entrega generosa y gr\u00e1vida de un afecto que nadie le hab\u00eda prodigado hasta entonces. Te aseguro que esta noche ser\u00e1 la mejor de tu vida. A pesar de efectuar la propuesta con una anticipada demostraci\u00f3n de triunfo, provocativa, la sonrisa entre p\u00edcara e insinuante procurando atenuar los rasgos toscos de la cara, comprendi\u00f3 que no exageraba. Despu\u00e9s de arrojar cada prenda a su alrededor, con una morosidad y displicencia que reflejaban tanto el dominio de cada segmento de la ceremonia que llevaba a cabo como el intento por precipitarlo al punto m\u00e1s alto de excitaci\u00f3n, observ\u00f3 al fin que, casi como un cazador dispuesto a caer fulminante sobre su presa, se acercaba a la cama. Desnuda. Aunque ahora \u00e9l resulta el \u00fanico espectador de la actuaci\u00f3n similar a la que noche tras noche repito en el teatro, nunca la sensaci\u00f3n de bienestar y algarab\u00eda me invade con mayor fuerza, pues en el escenario siempre me siento perdida, relegada a un lugar secundario junto a las otras bailarinas mucho m\u00e1s \u00e1giles y atractivas, sabiendo que los hombres no me dedican sus miradas \u00e1vidas y codiciosas sino que aprovechan mi lentitud o alg\u00fan paso en falso para proferir exclamaciones de reproche o castigarme con un coro de risas crueles y despectivas. Aqu\u00ed es distinto. Puedo moverme con entera libertad, sin t<br \/>\nemor ni verg\u00fcenza. Para \u00e9l soy una figura apetecible, tal vez la \u00fanica que sabe brindarle los instantes m\u00e1s intensos de placer. Y ahora, por la amenaza de la due\u00f1a de la pensi\u00f3n, si ma\u00f1ana no recibo el pago de los tres meses atrasados, encontrar\u00e1s todas tus cosas en el medio de la calle, estoy obligada a cumplir con el mayor esmero mi tarea. S\u00ed. Esta noche no tendr\u00e1 excusa para negarse. Al quedar desnuda comprendo que lo tengo completamente atrapado: los ojos desencajados, casi sin un parpadeo; la lengua, m\u00e1s que tratando de mojar los labios resecos, \u00e1vida por recorrer mi piel; y el deseo, voraz y excluyente, sacudiendo en bruscos espasmos el cuerpo que, entre las s\u00e1banas revueltas, me espera. Bueno. Lleg\u00f3 el momento. Aqu\u00ed est\u00e1 tu gatita. Como si se apiadara de haberlo regodeado con una promesa fascinante y al fin, generosa, decidiera concretarla, se desliz\u00f3 a su lado y enseguida las manos, c\u00e1lidas y h\u00e1biles, iniciaron el ya habitual rito que ten\u00eda la virtud de introducirlo, con progresiva delectaci\u00f3n, en un \u00e1mbito esplendente. S\u00ed. Ninguna ha sabido hacerlo mejor. Comprendiendo, una vez m\u00e1s, que ella era la primera no s\u00f3lo en librarlo de la humillaci\u00f3n a la que siempre lo somet\u00edan las otras mujeres cuando, al verlo desnudo, denotaban un claro s\u00edntoma de aversi\u00f3n o al menos de perplejidad, sino tambi\u00e9n -con una dulzura que lograba disimular tal vez un sentimiento de piedad, con una ternura casi maternal en el modo de prodigarle unos momentos de compa\u00f1\u00eda- sab\u00eda incentivar cada poro de su cuerpo. Como tantas otras noches, con jubilosa despreocupaci\u00f3n, la dej\u00f3 hacer. D\u00f3cil. Respondiendo con monos\u00edlabos o leves accesos de risa cada vez que ella preguntaba te gusta as\u00ed, alguna otra te hace m\u00e1s feliz que yo, y llegando a la exclamaci\u00f3n, pujante y estruendosa, cuando los dedos felinos activaron su parte m\u00e1s sensible y lentamente, ejerciendo un experto control sobre cada paso de ese juego en el que participaba en forma pasiva, le hicieron alcanzar el orgasmo liberador. Fue despu\u00e9s de permanecer largo rato quietos, trabados en un abrazo con el que pretend\u00edan, exhaustos pero paladeando el regocijo de la fervorosa contienda, recobrar el aliento, cuando ella volvi\u00f3 a susurrar el pedido, \u00bfme lo har\u00e1s esta noche?, y aunque nada deseaba menos que perder el amparo, c\u00e1lido y reconfortante, de su cuerpo, comprendi\u00f3 que no pod\u00eda negarse, que la tarea para complacerla iba a resultar un regalo demasiado sencillo, sin duda insuficiente, para compensar el modo, sol\u00edcito y ardiente y de premiosa entrega, como lo hab\u00eda atendido esa noche. Sin responder, con un movimiento que procur\u00f3 hacer interminable, se apart\u00f3 del otro cuerpo y abandon\u00f3 la cama. Dio unos pasos por el cuarto mientras observaba a su alrededor. Luego de ubicar los elementos que necesitaba -el caballete, la tela, los l\u00e1pices-, volvi\u00f3 la mirada hacia ella. M\u00e1s que sorpresa, le produjo una mezcla de bienestar y de renovado entusiasmo, advertir que ella -recostada contra el respaldo de la cama, las piernas levemente cruzadas, una expresi\u00f3n casi alborozada en el rostro- ya hab\u00eda adoptado la postura con que deseaba ser dibujada. S\u00ed. Como una ni\u00f1a que ha esperado durante demasiado tiempo el juguete o la golosina que habr\u00e1 de hacerla feliz. Y yo puedo ofrecerle ese regalo. Entonces, con el orgullo de presentir el grado de estima que ella sent\u00eda por su tarea, m\u00e1s que la satisfacci\u00f3n de poder hacer algo para agradecerle los instantes de placer que le proporcionaba cada noche, comenz\u00f3 a trabajar. Al fin puedo respirar aliviada. Debo reprimir las ganas de lanzar una carcajada o ponerme a saltar, pues no quiero hacer ning\u00fan movimiento que lo distraiga y le impida seguir dibujando. Prefiero observarlo. El rostro despejado, la mirada que gira entre el caballete y mi cuerpo, el l\u00e1piz que utiliza con gestos en\u00e9rgicos y seguros, son signos ya familiares para demostrar que efect\u00faa su trabajo con el mejor estado de \u00e1nimo. Y creo que esta noche, m\u00e1s que nunca, hice mucho para lograr eso. La prueba de haber realizado una actuaci\u00f3n impecable, sin el menor error, me colma de satisfacci\u00f3n. S\u00f3lo debo recibir el beneficio buscado. No necesito aguardar mucho, pues \u00e9l trabaja sin pausa, concentrado, con bastante urgencia. Lanza un grito triunfal cuando termina el dibujo y, retirando la tela del caballete, me lo muestra. La mujer m\u00e1s hermosa del mundo. Con fuertes carcajadas celebramos esa mentira con la que \u00e9l, el brazo en alto exhibiendo el dibujo, no trata enga\u00f1arme sino m\u00e1s bien de brindarme el mayor halago, ya que, sin duda por sentirse tan complacido, ha logrado retratarme como una mujer de inusitada belleza, capaz de provocar envidia y admiraci\u00f3n. Entonces lo abrazo. Fuerte. Como \u00fanica expresi\u00f3n de agradecimiento m\u00e1s que para despedirme hasta la pr\u00f3xima noche. Al salir del departamento, aprieto el dibujo contra el pecho, con fruici\u00f3n, regocijada, sabiendo que al fin poseo el salvoconducto para calmar a la due\u00f1a de la pensi\u00f3n, ya que ahora podr\u00e9 saldar mi deuda y asegurarme techo y comida por varios meses m\u00e1s, gracias a la muy buena suma que sin duda Dubois, el due\u00f1o de la galer\u00eda de arte, habr\u00e1 de pagarme por el \u00faltimo trabajo firmado por Henri Toulouse-Lautrec.<\/p>\n<p>El autor vive en Rafaela (provincia de Santa Fe). Datos personales: Eduardo Oliber 404, tel.-Fax: 54-3492-421125, E-mail: balzarino@arnet.com.ar. <\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>por \u00c1ngel Balzarino<\/p>\n","protected":false},"author":3,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"site-sidebar-layout":"default","site-content-layout":"","ast-site-content-layout":"default","site-content-style":"default","site-sidebar-style":"default","ast-global-header-display":"","ast-banner-title-visibility":"","ast-main-header-display":"","ast-hfb-above-header-display":"","ast-hfb-below-header-display":"","ast-hfb-mobile-header-display":"","site-post-title":"","ast-breadcrumbs-content":"","ast-featured-img":"","footer-sml-layout":"","ast-disable-related-posts":"","theme-transparent-header-meta":"","adv-header-id-meta":"","stick-header-meta":"","header-above-stick-meta":"","header-main-stick-meta":"","header-below-stick-meta":"","astra-migrate-meta-layouts":"default","ast-page-background-enabled":"default","ast-page-background-meta":{"desktop":{"background-color":"var(--ast-global-color-4)","background-image":"","background-repeat":"repeat","background-position":"center center","background-size":"auto","background-attachment":"scroll","background-type":"","background-media":"","overlay-type":"","overlay-color":"","overlay-opacity":"","overlay-gradient":""},"tablet":{"background-color":"","background-image":"","background-repeat":"repeat","background-position":"center center","background-size":"auto","background-attachment":"scroll","background-type":"","background-media":"","overlay-type":"","overlay-color":"","overlay-opacity":"","overlay-gradient":""},"mobile":{"background-color":"","background-image":"","background-repeat":"repeat","background-position":"center center","background-size":"auto","background-attachment":"scroll","background-type":"","background-media":"","overlay-type":"","overlay-color":"","overlay-opacity":"","overlay-gradient":""}},"ast-content-background-meta":{"desktop":{"background-color":"var(--ast-global-color-5)","background-image":"","background-repeat":"repeat","background-position":"center center","background-size":"auto","background-attachment":"scroll","background-type":"","background-media":"","overlay-type":"","overlay-color":"","overlay-opacity":"","overlay-gradient":""},"tablet":{"background-color":"var(--ast-global-color-5)","background-image":"","background-repeat":"repeat","background-position":"center center","background-size":"auto","background-attachment":"scroll","background-type":"","background-media":"","overlay-type":"","overlay-color":"","overlay-opacity":"","overlay-gradient":""},"mobile":{"background-color":"var(--ast-global-color-5)","background-image":"","background-repeat":"repeat","background-position":"center center","background-size":"auto","background-attachment":"scroll","background-type":"","background-media":"","overlay-type":"","overlay-color":"","overlay-opacity":"","overlay-gradient":""}},"footnotes":""},"categories":[4],"tags":[],"class_list":["post-62","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-cultura-y-sociedad"],"yoast_head":"<!-- This site is optimized with the Yoast SEO plugin v23.2 - 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