{"id":53,"date":"2005-07-19T22:34:23","date_gmt":"2005-07-19T20:34:23","guid":{"rendered":"https:\/\/www.sabado100.com.ar\/?p=53"},"modified":"2005-07-19T22:34:23","modified_gmt":"2005-07-19T20:34:23","slug":"fangio-una-historia-de-humildad-y-pasion","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/sabado100.com.ar\/es-ar\/fangio-una-historia-de-humildad-y-pasion\/","title":{"rendered":"Fangio: una historia de humildad y pasi\u00f3n"},"content":{"rendered":"<p>Juan Manuel Fangio conoci\u00f3 el sacrificio que se impon\u00eda cuando al volante de un viejo coche prestado pudo acercarse por primera vez a un circuito para probar sus entusiasmos chacareros.<br \/>\nAquellos que corr\u00edan entonces eran unos hombres de mameluco gastado por los soles que golpeaban los techos de los r\u00fasticos talleres de campo. Con caras blanqueadas por el polvo, cuando no se los adivinaba desfigurados por la m\u00e1scara del barro que trastornaba el andar por los caminos, volv\u00edan a ser casi comunes. Hombres con manos engrasadas y callosas, de u\u00f1as melladas por la escasez y la necesidad.<br \/>\nLos tiempos j\u00f3venes de Fangio -a los 16 a\u00f1os ya era ajustador en la agencia Studebaker, de Miguel Viggiano- se nutrieron con el agua milagrosa de abolladas regaderas que prolongaban la agon\u00eda de viejos motores fatigados, con temperaturas de infierno. De buj\u00edas repasadas una y otra vez para que el electrodo continuara generando alguna chispa. De cubiertas que iban a ser cada vez m\u00e1s caras y menos duraderas, porque la nueva guerra se estaba por echar encima del mundo y el caucho era una materia casi preciosa.<br \/>\nLa juventud de Fangio se desarroll\u00f3 con haza\u00f1as t\u00e9cnicas formuladas en los viejos galpones con aires de taller. \u00abCuando el rectificado de una tapa de cilindros -recordaba- se hac\u00eda a piedra. Cuando a fuerza de lima se trabajaban los \u00e1rboles de levas de los coches de carrera de la zona.\u00bb<br \/>\nAll\u00ed empez\u00f3 a madurar sin que \u00e9l mismo lo advirtiera el Fangio conductor, que empez\u00f3 a sentir sensibilidad en la punta de los dedos cuando manejaba en el barro. \u00abSobre todo si ten\u00eda que llevar un coche sin cadenas en las ruedas, como me toc\u00f3 muchas veces. Aprend\u00ed que no hab\u00eda que tocar el freno. Que las curvas ten\u00eda que negociarlas con el cambio&#8230;\u00bb, a\u00f1oraba.<br \/>\nAquel Fangio muchacho lleg\u00f3 a tener su sueldo atrasado un a\u00f1o. El patr\u00f3n busc\u00f3 saldar la deuda entreg\u00e1ndole una motocicleta Indian. Fangio la us\u00f3 un rato entusiasmado, hasta que Viggiano, que lo segu\u00eda con su coche, le propuso el cambio. Fangio pas\u00f3 al auto y el patr\u00f3n trep\u00f3 a la moto. \u00abEl estaba acostumbrado a una Harley, que se aceleraba al rev\u00e9s. Lleg\u00f3 a una curva y buscando frenar, aceler\u00f3. Qued\u00f3 muy poco de aquella Indian que era mi sueldo de todo un a\u00f1o. Pero Dios sabe hacer las cosas, porque al tiempo Viggiano se apareci\u00f3 con un Overland 4 cilindros. El chasis terminaba con los el\u00e1sticos en punta. Le saqu\u00e9 la capota, le cambi\u00e9 la suspensi\u00f3n delantera. Le puse el\u00e1sticos comunes y lo toqu\u00e9 un poco. Y me cre\u00ed corredor&#8230;\u2019\u2019<\/p>\n<p>Un auto todo prestado<\/p>\n<p>Puede haber sido \u00e9ste el primer sue\u00f1o de aquel muchacho que a los 17 a\u00f1os enferm\u00f3 de pleures\u00eda, \u00abde la que era muy dif\u00edcil curarse porque no hab\u00eda penicilina entonces\u2019\u2019. Estuvo en cama casi un a\u00f1o, acompa\u00f1ado del amor de su madre -do\u00f1a Herminia- y de la constancia de sus amigos -\u00abque no me abandonaron\u00bb-, hasta una recuperaci\u00f3n que s\u00f3lo fue total a los 20 a\u00f1os, \u00abcuando tuve que hacer el servicio militar en el 6 de Artiller\u00eda, en Campo de Mayo. Ah\u00ed me di cuenta de que estaba sano\u00bb.<br \/>\nTiempos en los que el mec\u00e1nico era un poco herrero, porque no hab\u00eda repuestos. O eran pocos.<br \/>\nHay quien sostiene que la trayectoria formal de Fangio arranca el s\u00e1bado 24 de octubre de 1936, cuando, con sus amigos, le apunta con un Ford A tax\u00edmetro, modelo 1929, propiedad del ocasional acompa\u00f1ante \u00abPich\u00f3n\u00bb Viangulli, al \u00abcircuito\u2019\u2019 de Benito Ju\u00e1rez. Un Ford A lleno de tierra y cargado de sue\u00f1os. Con cuatro cubiertas regaladas por otro amigo, el comisionado municipal de Balcarce Oscar Rezusta. Hasta con una rueda de auxilio ajena, pr\u00e9stamo de otro taxista, Vigan\u00f3&#8230;<br \/>\nAquel primer episodio deportivo se fractura con la fundici\u00f3n de una biela. Iba tercero. Con la posterior desclasificaci\u00f3n de los dos primeros por estar fuera de reglamento. Con un regreso marchitado de silencio, alimentado \u00fanicamente por el quejido de un remolque. Y la dura tarea posterior de volver a hacer un taxi del coche de carrera que hab\u00eda llevado con el n\u00famero 19 a \u00abRivadavia\u2019\u2019 (Fangio), que con el seud\u00f3nimo adoptado de su club de f\u00fatbol para el que entonces jugaba en Balcarce hab\u00eda pretendido zafar del miedo paternal.<br \/>\nEs tragic\u00f3mico su episodio bautismal con la velocidad. Con la muerte de un corredor en medio de la polvareda de una largada alucinante. Con los amigos mortificados porque Juan Manuel ten\u00eda que haber ganado si los jueces hubieran sido justos y la biela un poco m\u00e1s resistente. Con la deuda del incipiente primer taller propio amenazando un futuro que no lo encontr\u00f3 nunca en soledad.<br \/>\nLos amigos. Otra vez estuvieron a su lado -como siempre- para acercarle un chasis Ford 34 al que le coloc\u00f3 un motor V8 del treinta y ocho. Y corri\u00f3 en Necochea. Entre 24 inscriptos termin\u00f3 5\u00ba la clasificaci\u00f3n. Le ganaban entonces \u00fanicamente los m\u00e1s grandes: Carlos Arzani (Alfa Romeo), Ferm\u00edn Mart\u00edn (Mercedes-Benz), Hugo Abramor (\u00abInsignia de Oro\u2019\u2019) y Ernesto Blanco (REO). Despu\u00e9s, \u00e9l, Fangio. Una imagen casi gris de callada y mansa. Una figura como resignada, de noble y capaz. Quien hubiera profundizado el an\u00e1lisis de aquella clasificaci\u00f3n de Necochea de marzo de 1938 deb\u00eda intuir que un talento se hab\u00eda echado a andar.<\/p>\n<p>Un gran premio inigualable<\/p>\n<p>Ese talento fue protagonista cuando los 400 kil\u00f3metros de Tres Arroyos se hicieron tragedia del automovilismo argentino de pista, inmolados Pl\u00e1cido Ruiz, Ferm\u00edn Mart\u00edn y Miguel Zatuszek. Gan\u00f3 Ochoteco y Fangio termin\u00f3 octavo. Diplomado en una carrera de infortunio, dolor y muerte que todav\u00eda mortifica.<br \/>\nY corri\u00f3 como acompa\u00f1ante de Luis Finochietti con un Ford que llevaba el n\u00famero 28 y que \u00e9l manejaba casi siempre. Y que lleg\u00f3 s\u00e9ptimo. Pero sus amigos saben que pueden esperar m\u00e1s de este \u00abmec\u00e1nico\u2019\u2019 de Balcarce. Y se aprietan m\u00e1s y juntan sus pesos. Y hacen una colecta que hoy todav\u00eda puede consultarse para comprar una cup\u00e9 Chevrolet 1939, negra -\u00abyo quer\u00eda un Ford, pero no hab\u00eda\u2019\u2019- y termin\u00f3 quinto. Y cobr\u00f3 2000 pesos. Balcarce -su Balcarce de casas bajas y cielo siempre azul- lo recibi\u00f3 en triunfo. Despu\u00e9s, cada vez m\u00e1s alto y m\u00e1s arriba. A la primera plana de la informaci\u00f3n lleg\u00f3 cuando, casi desconocido todav\u00eda, gan\u00f3 el Gran Premio Internacional del Norte del cuarenta, que permiti\u00f3 descubrir caminos hasta Per\u00fa, por Bolivia.<br \/>\nUna gesta incomprensible para los ajenos. \u00bfC\u00f3mo pod\u00edan estos desaforados perseguidores del tiempo afrontar paisajes nuevos con la velocidad del rel\u00e1mpago sin equivocarse? \u00bfQu\u00e9 temple ten\u00eda esta gente hecha de sacrificio y riesgo, de tenacidad y apuro, para persistir en tan loca demanda?<br \/>\nAquel Gran Premio del cuarenta se arm\u00f3 con 9445 kil\u00f3metros de aventura. Para recorrerlo, Fangio, el primero, necesit\u00f3 109 horas. As\u00ed y todo, a la prensa todav\u00eda le costaba individualizarlo. Tanto que muchas fuentes de informaci\u00f3n trascendente colocaron m\u00e1s de una vez a su acompa\u00f1ante H\u00e9ctor Tieri en su lugar, cambiando la identidad de los ocupantes de aquel Chevrolet n\u00famero 26.<br \/>\nYa ten\u00eda medio pa\u00eds atr\u00e1s -la otra mitad comulgaba con Oscar G\u00e1lvez- y se le empezaron a descubrir otros \u00e1ngulos de su apasionante personalidad. Siempre un juicio parco, mesurado en el calificativo. Introvertido de com\u00fan. Un amante permanente de la modestia y la humildad. Algo as\u00ed -y a su pesar- como un predicador de la equidad y el sentido com\u00fan, que no gustaba alzar nunca la voz.<\/p>\n<p>A la pista, como si tal cosa<\/p>\n<p>Un d\u00eda fue invitado a manejar un coche monoposto. Hizo las cosas tan bien con el artefacto de tel\u00farica mec\u00e1nica, derivado de la que \u00e9l hab\u00eda conocido en los talleres de campo, de galpones de puertas abiertas, que en favor de todo lo que hab\u00eda aprendido en las huellas polvorientas de su juventud, caminar sobre el pavimento vino a resultarle bastante m\u00e1s f\u00e1cil.<br \/>\nNi siquiera argument\u00f3 para llegar a sentarse en un \u00abcoche especial\u2019\u2019. Lo hizo \u00abPancho\u2019\u2019 Borgonovo por \u00e9l. Y se las arregl\u00f3 al principio para manejar poca potencia y equiparar rendimientos con los m\u00e1s poderosos. De all\u00ed a ganar despu\u00e9s en los vericuetos del circuito mar\u00edtimo de Mar del Plata no hubo gran distancia.<br \/>\nHizo todo lo necesario con los coches de carrera como para que Europa lo invitara a visitarla. Y en 1949 lleg\u00f3 el primer viaje, so\u00f1ando con la posibilidad de alcanzar una vez -aunque m\u00e1s no fuera una vez- \u00abun triunfo siquiera\u2019\u2019.<br \/>\nTodav\u00eda hoy -y se est\u00e1 bastante cerca del medio siglo de la epopeya-, expertos con memoria procuran ubicar la figura de Fangio en aquel paisaje que todav\u00eda mortificaban cicatrices de la Segunda Guerra Mundial.<br \/>\n\u00bfQu\u00e9 ten\u00eda ese argentino que con un paso avasallante ganaba todas las pruebas que corr\u00eda? \u00bfEn d\u00f3nde estaba el secreto de un manejo tan pulido y sincronizado? \u00bfSe pod\u00eda andar tan bien sin ninguna espectacularidad? \u00bfFuncionaban bien los relojes cuando sin ruido se lo encontraba siempre m\u00e1s adelante?<br \/>\nAquella Europa, que estaba a las puertas de ordenar su mejor automovilismo, conoci\u00f3 en el pre\u00e1mbulo de lo que hoy es la F\u00f3rmula 1 a un argentino que sum\u00f3 en 1949 nada menos que 6 victorias. Andando el tiempo y repasando cuidadosamente sus recuerdos, \u00fanicamente en la compa\u00f1\u00eda de los m\u00e1s amigos, Fangio se animaba a precisar que su estad\u00edstica -la m\u00e1s rica de todos los tiempos- pudo ser m\u00e1s impresionante (\u00abmejor\u2019\u2019, dec\u00eda) si se hubieran acumulado las glorias de San Remo, Pau, Perpignan, Marsella, Monza y Albi de 1949.<\/p>\n<p>Un paisano de un lejano pa\u00eds<\/p>\n<p>\u00bfPudo haber quedado alguna duda en la Europa de aquel cuarenta y nueve? Si as\u00ed fue, todo se borr\u00f3 en una pista c\u00e9lebre como la de Monza, so\u00f1ada por todo aspirante al reinado del tumulto. Monza. Un palacio de la velocidad que hasta Fangio hab\u00eda pronunciado apellidos que no ten\u00edan nada que ver con el de aquel argentino que calmosamente hab\u00eda llegado desde Balcarce, un lejano lugar de la distante Argentina. De pupilas azul claro. Nacido muy lejos de ese sitio, que al rato de andar por la aterciopelada pista parec\u00eda sentirse tan c\u00f3modo en ella como si toda su vida hubiera transcurrido en aquel circuito de donde unos coches de carrera le pon\u00edan una cierta m\u00fasica al parque comunal de la industriosa Mil\u00e1n.<br \/>\nFangio hasta revolucion\u00f3 este mundo. El argentino empez\u00f3 a hacer cosas que para los corredores de la \u00abguardia imperial\u2019\u2019 de casco de seda y dobles antiparras no s\u00f3lo parec\u00edan ajenas, sino extra\u00f1as.<br \/>\nEl respetuoso trato con los mec\u00e1nicos. El di\u00e1logo constante con los desconocidos de siempre, que empezaron a ser tenidos en cuenta por la \u00abfigura\u2019\u2019.<br \/>\nFangio no mezquin\u00f3 nunca ni su presencia ni su palabra, antes y despu\u00e9s de la carrera. Con anterioridad, serv\u00eda el di\u00e1logo -al que el argentino puso siempre el mejor o\u00eddo para escuchar y comprender- para conocer mejor el funcionamiento de la m\u00e1quina. Que conocer mejor el coche de carrera supon\u00eda andar m\u00e1s r\u00e1pido despu\u00e9s. . .<br \/>\nSi el encuentro se produc\u00eda cuando los laureles se apoyaban en los hombros del argentino, le permit\u00eda ver al mundo que Fangio no se sent\u00eda el propietario \u00fanico de la gloria.<br \/>\nCon ellos compart\u00eda el laurel y el champagne. Con ellos divid\u00eda el aplauso. Con ellos vivi\u00f3 horas dif\u00edciles, sin sentirse m\u00e1s importante que el m\u00e1s simple de los mec\u00e1nicos que tuvo a su lado durante una d\u00e9cada en Europa.<br \/>\nEmpez\u00f3 a ser solicitado por las f\u00e1bricas. Fue siendo m\u00e1s y m\u00e1s reconocida su habilidad para poner a punto una m\u00e1quina. Result\u00f3 ser la referencia ineludible a la hora de dise\u00f1ar el perfil del piloto m\u00e1s cuidadoso con los motores y las cajas. El m\u00e1s id\u00f3neo con el uso del acelerador. El m\u00e1s seguro con los frenos.<br \/>\nY empez\u00f3 a ser corredor preferido por los hermanos Maserati. Lo solicit\u00f3 la casa Alfa Romeo, de estirpe rancia. Lo exigi\u00f3 con respetuosa solemnidad Mercedes-Benz. Y hasta el legendario Enzo Ferrari requiri\u00f3 sus servicios, encomend\u00e1ndole coches que ya eran orgullo de toda Italia. . .<\/p>\n<p>Manejo siempre lo mejor<\/p>\n<p>Fangio tuvo en sus manos las supuestamente invencibles Alfeta. Las Maserati del embrague d\u00edscolo. Las Flechas de Plata y el gris acerado de dise\u00f1os de anticipaci\u00f3n. Los ariscos BRM, de problemas sin soluci\u00f3n. Y los Ferrari. Los Ferrari que codiciaba todo corredor que quisiera apurar la vida a 300 kil\u00f3metros por hora. El dominio de Fangio se ampli\u00f3 continuamente. Lo reclam\u00f3 el coche sport. Y tuvo que acudir a la catedral de Le Mans. Y correr las Mil Millas. Y hasta fue convocado desde los ladrillos rojos de la pista de Indian\u00e1polis, cuando alguna gente, ego\u00edsta de sus atributos, estuvo a punto de tenderle una celada que el argentino eludi\u00f3 a tiempo.<br \/>\nManteniendo una sonrisa en sus labios, aunque interiormente conservara de la roja Indian\u00e1polis un regusto amargo.<br \/>\nNo se equivoc\u00f3 casi nunca. All\u00ed puede estar otra de las infinitas claves de su superioridad. De su trayectoria \u00fanica. Y gan\u00f3 cinco t\u00edtulos mundiales. Lo que nadie.<br \/>\nContra m\u00e1s experimentados, fogueados y capaces, primero. Contra los m\u00e1s juveniles, explosivos y arriesgados, despu\u00e9s.<\/p>\n<p>Sus grandes carreras<\/p>\n<p>Una leyenda en vida. Una estatua animada que inevitablemente deb\u00eda contar en cualquier parte c\u00f3mo hab\u00eda hecho para ganar el Gran Premio de Alemania de 1957, en el viejo circuito de N\u00fcrburgring. Aquel de las 182 curvas. La mejor batalla automovil\u00edstica de todos los tiempos, seg\u00fan los m\u00e1s rigurosos observadores que por las pistas van y vienen.<br \/>\nFangio, muy adentro suyo, sab\u00eda tambi\u00e9n que sobre la arisca piedra de los Andes palpitaba otra carrera que ten\u00eda lo suyo. Una carrera de autos con techo. Una de sus carreras de Turismo Carretera. Cuando el Gran Premio de la Am\u00e9rica del Sur de 1948.<br \/>\nUn reglamento absurdo hab\u00eda venido parejo con un diferencial an\u00e1rquico. Cada madrugada, entre los tules de polvo, piedra y sombra, deb\u00eda volver a salir y dejar atr\u00e1s, otra vez, a un mont\u00f3n de coches para recuperar terreno. Seguramente que all\u00ed se esmerilaron otros \u00e1ngulos de la personalidad de este inmutable conductor probado una y cien veces, como cuando todav\u00eda no se hab\u00eda desvanecido la noche de Tumbes, atravesando el valle de Chicama, en la costa peruana, que vino a perder para siempre a Daniel Urrutia, un acompa\u00f1ante atrapado definitivamente por su misma pasi\u00f3n.<br \/>\nLo reiteraba hasta poco tiempo atr\u00e1s. \u00abTodo se lo debo al automovilismo; siempre ser\u00e1 poco lo que por \u00e9l haga\u2019\u2019. Y alejado de las pistas desde aquel d\u00eda que termin\u00f3 serenamente corriendo el Gran Premio de Francia de 1958, sigui\u00f3 muy cerca de los autos.<br \/>\nHasta puso dinero de su bolsillo alguna temporada para que el pa\u00eds fuera plaza en un calendario internacional. Aunque esa temporada \u00fanicamente le representara m\u00e1s de un dolor de cabeza. Y motoriz\u00f3 la misi\u00f3n argentina que no dej\u00f3 dormir al pa\u00eds durante cuatro d\u00edas en 1969, cuando con el Torino la industria nacional le mostraba al mundo, en el imponente escenario del Eiffel, que ten\u00eda derecho para ubicarse entre las m\u00e1s calificadas del mundo.<br \/>\nSe film\u00f3 su vida \u00aba 300 km\/h\u2019\u2019, porque la gente quiso repasar repetidamente el largo camino que iba desde aquel incre\u00edble Chevrolet-Volpide, su mec\u00e1nica, hasta el Maserati con el que dio su \u00faltima vuelta en la recoleta ciudad de Reims.<br \/>\nLo distingui\u00f3 reiteradamente la comunidad en todas partes. El gobierno italiano lo declar\u00f3 caballero de la Rep\u00fablica en 1959. Buenos Aires lo hizo ciudadano ilustre junto a las eminencias de Jorge Luis Borges y Federico Leloir, en 1973, cuando Ernesto Sabato lo defini\u00f3 como \u00abalguien que ha visto la vida y sobre todo la muerte demasiado de cerca y demasiadas veces. . . un h\u00edbrido de campesino y senador. . . un hombre formado en la escuela de la escasez. . .\u2019\u2019<br \/>\nFue perpetuado en vida, despu\u00e9s de que trabajosamente se levant\u00f3 en la falda de la sierra La Barrosa, en su Balcarce, un aut\u00f3dromo que aloj\u00f3 a pilotos y m\u00e1quinas de estirpe en una fiesta de inauguraci\u00f3n inolvidable.<br \/>\nY tuvo que volver mil veces a Europa. Para manejar la Flecha de Plata. Y el Alfeta. Y para saludar a la gente que lo quer\u00eda escuchar, agasajar y atender.<br \/>\nY supo decir cada vez mejor, y con el tiempo su palabra se hizo sentencia, casi sabia. Hubo un d\u00eda inolvidable. \u00bfCu\u00e1l fue su d\u00eda m\u00e1s glorioso? Se asegura que aquel en que \u00ababrac\u00e9 a mi madre en mi casa de Balcarce y le dije despacito, al o\u00eddo, que no iba a correr nunca m\u00e1s\u2019\u2019.<br \/>\nSeguro que su padre -don Loreto- frunci\u00f3 el ce\u00f1o cuando se enter\u00f3 de que aquel hijo se apeaba de la fama m\u00e1s grande que nunca. Sin arrepentimientos. Sin conocer que Juan Manuel dir\u00eda siempre que su espejo hab\u00eda sido aquel hombre callado y riguroso, que \u00abhizo casi todos los frentes de Balcarce\u2019\u2019.<br \/>\n1958. El sol se deslizaba en silencio sobre los tejados pizarrosos de Reims, una ciudad morosamente recostada cerca de Par\u00eds, cuando el gran campe\u00f3n se quit\u00f3 los gastados guantes de cuero para incorporarse al Maserati del adi\u00f3s.<br \/>\n1958. Desde entonces, 36 a\u00f1os para la veneraci\u00f3n y el respeto. Sin sentirse nunca superior a nadie. Tratando de serlo, simplemente.<br \/>\nM\u00e1s cerca, impuls\u00f3 a su sobrino Juan Manuelito, hijo de su hermano Rub\u00e9n \u00abToto\u2019\u2019, orient\u00e1ndolo. El muchacho le respondi\u00f3 largamente. Dos veces campe\u00f3n en Estados Unidos, practicando su misma conducta: la de la humildad, el contacto con los mec\u00e1nicos, la sencillez para ocuparse de s\u00ed mismo. Y el permanente contacto con la fuente. Balcarce.<\/p>\n<p>Apenas un susto. . .<\/p>\n<p>Hab\u00eda tenido m\u00e1s de un susto en la vida. Desde el que le provoc\u00f3 la gran incertidumbre de su vida en 1952, cuando el despiste de Monza concluy\u00f3 con la fractura de una v\u00e9rtebra y cuatro meses de inactividad, sin seguro, hasta el del estiletazo que su coraz\u00f3n sinti\u00f3 en los Emiratos Arabes. Porque fue en Dubai que, repentinamente, donde desfalleci\u00f3 una bochornosa tarde africana.<br \/>\nTodo pasando por la cardiopat\u00eda aguda que durante 96 horas tuvo a su vida entre algodones, all\u00e1 por el setenta. O la dolorosa operaci\u00f3n renal que empez\u00f3 en el setenta y seis y que f\u00edsicamente ya no terminar\u00eda nunca. Que la desmejora de un ri\u00f1\u00f3n porfiado en el desequilibrio funcional pas\u00f3 a integrar desde entonces su bagaje de sensaciones y compa\u00f1eras.<br \/>\nPero, siempre, todos a su alrededor trataron de conseguir lo que no era posible encontrar para seguir teni\u00e9ndolo. Desde sus familiares, que formaron un clan todo cuidado y respeto para el patriarca, hasta los mismos amigos, que desde los lejanos pantalones cortos hab\u00edan tendido un cerco, acompa\u00f1\u00e1ndolo.<br \/>\nDesde anoche, Juan Manuel Fangio se rindi\u00f3 despu\u00e9s de verse sometido a una di\u00e1lisis casi permanente que lo desvi\u00f3 de su gran camino para internarlo en la historia definitiva. Due\u00f1o de un precioso lugar, \u00fanico, ganado entre ruido, pasi\u00f3n, humildad y sacrificio.<br \/>\nDesde hoy, este hombre excepcional -el m\u00e1s grande de los deportistas argentinos de todos los tiempos- es \u00fanicamente leyenda. Una nueva forma de vivir entre la gente y para siempre.<\/p>\n<p>Fuente: suplemento especial sobre Fangio, diario La Naci\u00f3n, 16 de julio de 2005.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El 17 de julio se cumplieron 10 a\u00f1os de la muerte de Juan Manuel Fangio. 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