{"id":3322,"date":"2013-07-28T14:49:38","date_gmt":"2013-07-28T12:49:38","guid":{"rendered":"https:\/\/www.sabado100.com.ar\/?p=3322"},"modified":"2013-07-28T14:49:38","modified_gmt":"2013-07-28T12:49:38","slug":"las-clases-magistrales-de-cortazar","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/sabado100.com.ar\/es-ar\/las-clases-magistrales-de-cortazar\/","title":{"rendered":"Las clases magistrales de Cort\u00e1zar"},"content":{"rendered":"<p>Por Julio Cort\u00e1zar<\/p>\n<p>Primera clase. Los caminos de un escritor<\/p>\n<p>Quisiera que quede bien claro que, aunque propongo primero los cuentos y en segundo lugar las novelas, esto no significa para m\u00ed una discriminaci\u00f3n o un juicio de valor: soy autor y lector de cuentos y novelas con la misma dedicaci\u00f3n y el mismo entusiasmo. Ustedes saben que son cosas muy diferentes, que trataremos de precisar mejor en algunos aspectos, pero el hecho de que haya propuesto que nos ocupemos primero de los cuentos es porque como tema son de un acceso m\u00e1s f\u00e1cil; se dejan atrapar mejor, rodear mejor que una novela por razones obvias sobre las cuales no vale la pena que insista.<\/p>\n<p>Tienen que saber que estos cursos los estoy improvisando muy poco antes de que ustedes vengan aqu\u00ed: no soy sistem\u00e1tico, no soy ni un cr\u00edtico ni un te\u00f3rico, de modo que a medida que se me van planteando los problemas de trabajo, busco soluciones. Para empezar a hablar del cuento como g\u00e9nero y de mis cuentos como una continuaci\u00f3n, estuve pensando en estos d\u00edas que para que entremos con m\u00e1s provecho en el cuento latinoamericano ser\u00eda tal vez \u00fatil una breve rese\u00f1a de lo que en alguna charla ya muy vieja llam\u00e9 una vez \u00abLos caminos de un escritor\u00bb; es decir, la forma en que me fui moviendo dentro de la actividad literaria a lo largo de. desgraciadamente treinta a\u00f1os. El escritor no conoce esos caminos mientras los est\u00e1 franqueando -puesto que vive en un presente como todos nosotros- pero pasado el tiempo llega un d\u00eda en que de golpe, frente a muchos libros que ha publicado y muchas cr\u00edticas que ha recibido, tiene la suficiente perspectiva y el suficiente espacio cr\u00edtico para verse a s\u00ed mismo con alguna lucidez. Hace algunos a\u00f1os me plante\u00e9 el problema de cu\u00e1l hab\u00eda sido finalmente mi camino dentro de la literatura (decir \u00abliteratura\u00bb y \u00abvida\u00bb para m\u00ed es siempre lo mismo, pero en este caso nos estamos concentrando en la literatura). Puede ser \u00fatil que rese\u00f1e hoy brevemente ese camino o caminos de un escritor porque luego se ver\u00e1 que se\u00f1alan algunas constantes, algunas tendencias que est\u00e1n marcando de una manera significativa y definitoria la literatura latinoamericana importante de nuestro tiempo.<\/p>\n<p>Les pido que no se asusten por las tres palabras que voy a emplear a continuaci\u00f3n porque en el fondo, una vez que se da a entender por qu\u00e9 se las est\u00e1 utilizando, son muy simples. Creo que a lo largo de mi camino de escritor he pasado por tres etapas bastante bien definidas: una primera etapa que llamar\u00eda est\u00e9tica (\u00e9sa es la primera palabra), una segunda etapa que llamar\u00eda metaf\u00edsica y una tercera etapa, que llega hasta el d\u00eda de hoy, que podr\u00eda llamar hist\u00f3rica. En lo que voy a decir a continuaci\u00f3n sobre esos tres momentos de mi trabajo de escritor va a surgir por qu\u00e9 utilizo estas palabras, que son para entendernos y que no hay que tomar con la gravedad que utiliza un fil\u00f3sofo cuando habla por ejemplo de metaf\u00edsica.<\/p>\n<p>Pertenezco a una generaci\u00f3n de argentinos surgida casi en su totalidad de la clase media en Buenos Aires, la capital del pa\u00eds; una clase social que por estudios, or\u00edgenes y preferencias personales se entreg\u00f3 muy joven a una actividad literaria concentrada sobre todo en la literatura misma. Me acuerdo bien de las conversaciones con mis camaradas de estudios y con los que siguieron siendo amigos una vez que los termin\u00e9 y todos comenzamos a escribir y algunos poco a poco tambi\u00e9n a publicar. Me acuerdo de m\u00ed mismo y de mis amigos, j\u00f3venes argentinos (porte\u00f1os, como les decimos a los de Buenos Aires) profundamente estetizantes, concentrados en la literatura por sus valores de tipo est\u00e9tico, po\u00e9tico, y por sus resonancias espirituales de todo tipo. No us\u00e1bamos esas palabras y no sab\u00edamos lo que eran, pero ahora me doy perfecta cuenta de que viv\u00ed mis primeros a\u00f1os de lector y de escritor en una fase que tengo derecho a calificar de \u00abest\u00e9tica\u00bb, donde lo literario era fundamentalmente leer los mejores libros a los cuales tuvi\u00e9ramos acceso y escribir con los ojos fijos en algunos casos en modelos ilustres y en otros en un ideal de perfecci\u00f3n estil\u00edstica profundamente refinada. Era una \u00e9poca en la que los j\u00f3venes de mi edad no nos d\u00e1bamos cuenta hasta qu\u00e9 punto est\u00e1bamos al margen y ausentes de una historia particularmente dram\u00e1tica que se estaba cumpliendo en torno de nosotros, porque esa historia tambi\u00e9n la capt\u00e1bamos desde un punto de vista de lejan\u00eda, con distanciamiento espiritual.<\/p>\n<p>Caricatura: Sebasti\u00e1n Dufour<br \/>\nViv\u00ed en Buenos Aires, desde lejos por supuesto, el transcurso de la guerra civil en que el pueblo de Espa\u00f1a luch\u00f3 y se defendi\u00f3 contra el avance del franquismo que finalmente habr\u00eda de aplastarlo. Viv\u00ed la segunda guerra mundial, entre el a\u00f1o 39 y el a\u00f1o 45, tambi\u00e9n en Buenos Aires. \u00bfC\u00f3mo vivimos mis amigos y yo esas guerras? En el primer caso \u00e9ramos profundos partidarios de la Rep\u00fablica espa\u00f1ola, profundamente antifranquistas; en el segundo, est\u00e1bamos plenamente con los aliados y absolutamente en contra del nazismo. Pero en qu\u00e9 se traduc\u00edan esas tomas de posici\u00f3n: en la lectura de los peri\u00f3dicos, en estar muy bien informados sobre lo que suced\u00eda en los frentes de batalla; se convert\u00edan en charlas de caf\u00e9 en las que defend\u00edamos nuestros puntos de vista contra eventuales antagonistas, eventuales adversarios. A ese peque\u00f1o grupo del que formaba parte pero que a su vez era parte de muchos otros grupos, nunca se nos ocurri\u00f3 que la guerra de Espa\u00f1a nos concern\u00eda directamente como argentinos y como individuos; nunca se nos ocurri\u00f3 que la segunda guerra mundial nos concern\u00eda tambi\u00e9n aunque la Argentina fuera un pa\u00eds neutral. Nunca nos dimos cuenta de que la misi\u00f3n de un escritor que adem\u00e1s es un hombre ten\u00eda que ir mucho m\u00e1s all\u00e1 que el mero comentario o la mera simpat\u00eda por uno de los grupos combatientes. Esto, que supone una autocr\u00edtica muy cruel que soy capaz de hacerme a m\u00ed y a todos los de mi clase, determin\u00f3 en gran medida la primera producci\u00f3n literaria de esa \u00e9poca: viv\u00edamos en un mundo en el que la aparici\u00f3n de una novela o un libro de cuentos significativo de un autor europeo o argentino ten\u00eda una importancia capital para nosotros, un mundo en el que hab\u00eda que dar todo lo que se tuviera, todos los recursos y todos los conocimientos para tratar de alcanzar un nivel literario lo m\u00e1s alto posible. Era un planteo est\u00e9tico, una soluci\u00f3n est\u00e9tica; la actividad literaria val\u00eda para nosotros por la literatura misma, por sus productos y de ninguna manera como uno de los muchos elementos que constituyen el contorno, como hubiera dicho Ortega y Gasset \u00abla circunstancia\u00bb, en que se mueve un ser humano, sea o no escritor.<br \/>\nDe todas maneras, aun en ese momento en que mi participaci\u00f3n y mi sentimiento hist\u00f3rico pr\u00e1cticamente no exist\u00edan, algo me dijo muy tempranamente que la literatura -incluso la de tipo fant\u00e1stico m\u00e1s imaginativa- no estaba \u00fanicamente en las lecturas, en las bibliotecas y en las charlas de caf\u00e9. Desde muy joven sent\u00ed en Buenos Aires el contacto con las cosas, con las calles, con todo lo que hace de una ciudad una especie de escenario continuo, variante y maravilloso para un escritor. Si por un lado las obras que en ese momento publicaba alguien como Jorge Luis Borges significaban para m\u00ed y para mis amigos una especie de cielo de la literatura, de m\u00e1xima posibilidad en ese momento dentro de nuestra lengua, al mismo tiempo me hab\u00eda despertado ya muy temprano a otros escritores de los cuales citar\u00e9 solamente uno, un novelista que se llam\u00f3 Roberto Arlt y que desde luego es mucho menos conocido que Jorge Luis Borges porque muri\u00f3 muy joven y escribi\u00f3 una obra de dif\u00edcil traducci\u00f3n y muy cerrada en el contorno de Buenos Aires. Al mismo tiempo que mi mundo estetizante me llevaba a la admiraci\u00f3n por escritores como Borges, sab\u00eda abrir los ojos al lenguaje popular, al lunfardo de la calle que circula en los cuentos y las novelas de Roberto Arlt. Es por eso que, cuando hablo de etapas en mi camino, no hay que entenderlas nunca de una manera excesivamente compartimentada: me estaba moviendo en esa \u00e9poca en un mundo est\u00e9tico y estetizante pero creo que ya ten\u00eda en las manos o en la imaginaci\u00f3n elementos que ven\u00edan de otros lados y que todav\u00eda necesitar\u00edan tiempo para dar sus frutos. Eso lo sent\u00ed en m\u00ed mismo poco a poco, cuando empec\u00e9 a vivir en Europa.<\/p>\n<p>Siempre he escrito sin saber demasiado por qu\u00e9 lo hago, movido un poco por el azar, por una serie de casualidades: las cosas me llegan como un p\u00e1jaro que puede pasar por la ventana. En Europa continu\u00e9 escribiendo cuentos de tipo estetizante y muy imaginativos, pr\u00e1cticamente todos de tema fant\u00e1stico. Sin darme cuenta, empec\u00e9 a tratar temas que se separaron de ese primer momento de mi trabajo. En esos a\u00f1os escrib\u00ed un cuento muy largo, quiz\u00e1 el m\u00e1s largo que he escrito, \u00abEl perseguidor\u00bb, que en s\u00ed mismo no tiene nada de fant\u00e1stico pero en cambio tiene algo que se convert\u00eda en importante para m\u00ed: una presencia humana, un personaje de carne y hueso, un m\u00fasico de jazz que sufre, sue\u00f1a, lucha por expresarse y sucumbe aplastado por una fatalidad que lo persigui\u00f3 toda su vida. (Los que lo han le\u00eddo saben que estoy hablando de Charlie Parker, que en el cuento se llama Johnny Carter.) Cuando termin\u00e9 ese cuento y fui su primer lector, advert\u00ed que de alguna manera hab\u00eda salido de una \u00f3rbita y estaba tratando de entrar en otra. Ahora el personaje se convert\u00eda en el centro de mi inter\u00e9s mientras que en los cuentos que hab\u00eda escrito en Buenos Aires los personajes estaban al servicio de lo fant\u00e1stico como figuras para que lo fant\u00e1stico pudiera irrumpir; aunque pudiera tener simpat\u00eda o cari\u00f1o por determinados personajes de esos cuentos, era muy relativo: lo que verdaderamente me importaba era el mecanismo del cuento, sus elementos finalmente est\u00e9ticos, su combinatoria literaria con todo lo que puede tener de hermoso, de maravilloso y de positivo. En la gran soledad en que viv\u00eda en Par\u00eds de golpe fue como estar empezando a descubrir a mi pr\u00f3jimo en la figura de Johnny Carter, ese m\u00fasico negro perseguido por la desgracia cuyos balbuceos, mon\u00f3logos y tentativas inventaba a lo largo de ese cuento.<\/p>\n<p>Ese primer contacto con mi pr\u00f3jimo -creo que tengo derecho a utilizar el t\u00e9rmino-, ese primer puente tendido directamente de un hombre a otro, de un hombre a un conjunto de personajes, me llev\u00f3 en esos a\u00f1os a interesarme cada vez m\u00e1s por los mecanismos psicol\u00f3gicos que se pueden dar en los cuentos y en las novelas, por explorar y avanzar en ese territorio -que es el m\u00e1s fascinante de la literatura al fin y al cabo- en que se combina la inteligencia con la sensibilidad de un ser humano y determina su conducta, todos sus juegos en la vida, todas sus relaciones y sus interrelaciones, sus dramas de vida, de amor, de muerte, su destino; su historia, en una palabra. Cada vez m\u00e1s deseoso de ahondar en ese campo de la psicolog\u00eda de los personajes que estaba imaginando, surgieron en m\u00ed una serie de preguntas que se tradujeron en dos novelas, porque los cuentos no son nunca o casi nunca problem\u00e1ticos: para los problemas est\u00e1n las novelas, que los plantean y muchas veces intentan soluciones. La novela es ese gran combate que libra el escritor consigo mismo porque hay en ella todo un mundo, todo un universo en que se debaten juegos capitales del destino humano, y si uso el t\u00e9rmino destino humano es porque en ese momento me di cuenta de que yo no hab\u00eda nacido para escribir novelas psicol\u00f3gicas o cuentos psicol\u00f3gicos como los hay y por cierto tan buenos. El solo hecho de manejar elementos en la vida de algunos personajes no me satisfac\u00eda lo suficiente. Ya en \u00abEl perseguidor\u00bb, con toda su torpeza y su ignorancia, Johnny Carter se plantea problemas que podr\u00edamos llamar \u00ab\u00faltimos\u00bb. \u00c9l no entiende la vida y tampoco entiende la muerte, no entiende por qu\u00e9 es un m\u00fasico, quisiera saber por qu\u00e9 toca como toca, por qu\u00e9 le suceden las cosas que le suceden. Por ese camino entr\u00e9 en eso que con un poco de pedanter\u00eda he calificado de etapa metaf\u00edsica, es decir, una autoindagaci\u00f3n lenta, dif\u00edcil y muy primaria -porque yo no soy un fil\u00f3sofo ni estoy dotado para la filosof\u00eda- sobre el hombre, no como simple ser viviente y actuante sino como ser humano, como ser en el sentido filos\u00f3fico, como destino, como camino dentro de un itinerario misterioso.<\/p>\n<p>Esta etapa que llamo metaf\u00edsica a falta de mejor nombre se fue cumpliendo sobre todo a lo largo de dos novelas. La primera, que se llama Los premios, es una especie de divertimento; la segunda quiso ser algo m\u00e1s que un divertimento y se llama Rayuela. En la primera intent\u00e9 presentar, controlar, dirigir un grupo importante y variado de personajes. Ten\u00eda una preocupaci\u00f3n t\u00e9cnica, porque un escritor de cuentos -como lectores de cuentos, ustedes lo saben bien- maneja un grupo de personajes lo m\u00e1s reducido posible por razones t\u00e9cnicas: no se puede escribir un cuento de ocho p\u00e1ginas en donde entren siete personas ya que llegamos al final de las ocho p\u00e1ginas sin saber nada de ninguna de las siete, y obligadamente hay una concentraci\u00f3n de personajes como hay tambi\u00e9n una concentraci\u00f3n de muchas otras cosas. La novela en cambio es realmente el juego abierto, y en Los premios me pregunt\u00e9 si dentro de un libro de las dimensiones habituales de una novela ser\u00eda capaz de presentar y tener un poco las riendas mentales y sentimentales de un n\u00famero de personajes que al final, cuando los cont\u00e9, resultaron ser dieciocho. \u00a1Ya es algo! Fue, si ustedes quieren, un ejercicio de estilo, una manera de demostrarme a m\u00ed mismo si pod\u00eda o no pasar a la novela como g\u00e9nero. Bueno, me aprob\u00e9; con una nota no muy alta pero me aprob\u00e9 en ese examen. Pens\u00e9 que la novela ten\u00eda los suficientes elementos como para darle atracci\u00f3n y sentido, y all\u00ed, en muy peque\u00f1a escala todav\u00eda, ejercit\u00e9 esa nueva sed que se hab\u00eda posesionado de m\u00ed, esa sed de no quedarme solamente en la psicolog\u00eda exterior de la gente y de los personajes de los libros sino ir a una indagaci\u00f3n m\u00e1s profunda del hombre como ser humano, como ente, como destino. En Los premios eso se esboza apenas en algunas reflexiones de uno o dos personajes.<\/p>\n<p>A lo largo de unos cuantos a\u00f1os escrib\u00ed Rayuela y en esa novela puse directamente todo lo que en ese momento pod\u00eda poner en ese campo de b\u00fasqueda e interrogaci\u00f3n. El personaje central es un hombre como cualquiera de todos nosotros, realmente un hombre muy com\u00fan, no mediocre pero sin nada que lo destaque especialmente; sin embargo, ese hombre tiene -como ya hab\u00eda tenido Johnny Carter en \u00abEl perseguidor\u00bb- una especie de angustia permanente que lo obliga a interrogarse sobre algo m\u00e1s que su vida cotidiana y sus problemas cotidianos. Horacio Oliveira, el personaje de Rayuela, es un hombre que est\u00e1 asistiendo a la historia que lo rodea, a los fen\u00f3menos cotidianos de luchas pol\u00edticas, guerras, injusticias, opresiones y quisiera llegar a conocer lo que llama a veces \u00abla clave central\u00bb, el centro que ya no s\u00f3lo es hist\u00f3rico sino tambi\u00e9n filos\u00f3fico, metaf\u00edsico, y que ha llevado al ser humano por el camino de la historia que est\u00e1 atravesando, del cual nosotros somos el \u00faltimo y presente eslab\u00f3n. Horacio Oliveira no tiene ninguna cultura filos\u00f3fica -como su padre- y simplemente se hace las preguntas que nacen de lo m\u00e1s hondo de la angustia. Se pregunta muchas veces c\u00f3mo es posible que el hombre como g\u00e9nero, como especie, como conjunto de civilizaciones, haya llegado a los tiempos actuales siguiendo un camino que no le garantiza en absoluto el alcance definitivo de la paz, la justicia y la felicidad, por un camino lleno de azares, injusticias y cat\u00e1strofes en que el hombre es el lobo del hombre, en que unos hombres atacan y destrozan a otros, en que justicia e injusticia se manejan muchas veces como cartas de p\u00f3quer. Horacio Oliveira es el hombre preocupado por elementos ontol\u00f3gicos que tocan al ser profundo del hombre: \u00bfPor qu\u00e9 ese ser preparado te\u00f3ricamente para crear sociedades positivas por su inteligencia, su capacidad, por todo lo que tiene de positivo, no lo consigue finalmente o lo consigue a medias, o avanza y luego retrocede? (Hay un momento en que la civilizaci\u00f3n progresa y luego cae bruscamente, y basta con hojear el Libro de la Historia para asistir a la decadencia y a la ruina de civilizaciones que fueron maravillosas en la Antig\u00fcedad.) Horacio Oliveira no se conforma con estar metido en un mundo que le ha sido dado prefabricado y condicionado; pone en tela de juicio cualquier cosa, no acepta las respuestas habitualmente dadas, las respuestas de la sociedad x o de la sociedad z, de la ideolog\u00eda a o de la ideolog\u00eda b.<\/p>\n<p>Esa etapa hist\u00f3rica supon\u00eda romper el individualismo y el ego\u00edsmo que hay siempre en las investigaciones del tipo que hace Oliveira, ya que \u00e9l se preocupa de pensar cu\u00e1l es su propio destino en tanto destino del hombre pero todo se concentra en su propia persona, en su felicidad y su infelicidad. Hab\u00eda un paso que franquear: el de ver al pr\u00f3jimo no s\u00f3lo como el individuo o los individuos que uno conoce sino tambi\u00e9n verlo como sociedades enteras, pueblos, civilizaciones, conjuntos humanos. Debo decir que llegu\u00e9 a esa etapa por caminos curiosos, extra\u00f1os y a la vez un poco predestinados. Hab\u00eda seguido de cerca con mucho m\u00e1s inter\u00e9s que en mi juventud todo lo que suced\u00eda en el campo de la pol\u00edtica internacional en aquella \u00e9poca: estaba en Francia cuando la guerra de liberaci\u00f3n de Argelia y viv\u00ed muy de cerca ese drama que era al mismo tiempo y por causas opuestas un drama para los argelinos y para los franceses. Luego, entre el a\u00f1o 59 y el 61, me interes\u00f3 toda esa extra\u00f1a gesta de un grupo de gente metida en las colinas de la isla de Cuba que estaban luchando para echar abajo un r\u00e9gimen dictatorial. (No ten\u00eda a\u00fan nombres precisos: a esa gente se los llamaba \u00ablos barbudos\u00bb y Batista era un nombre de dictador en un continente que ha tenido y tiene tantos.) Poco a poco, eso tom\u00f3 para m\u00ed un sentido especial. Testimonios que recib\u00ed y textos que le\u00ed me llevaron a interesarme profundamente por ese proceso, y cuando la Revoluci\u00f3n cubana triunf\u00f3 a fines de 1959, sent\u00ed el deseo de ir. Pude ir -al principio no se pod\u00eda- menos de dos a\u00f1os despu\u00e9s. Fui a Cuba por primera vez en 1961 como miembro del jurado de la Casa de las Am\u00e9ricas que se acababa de fundar. Fui a aportar la contribuci\u00f3n del \u00fanico tipo que pod\u00eda dar, de tipo intelectual, y estuve all\u00ed dos meses viendo, viviendo, escuchando, aprobando y desaprobando seg\u00fan las circunstancias. Cuando volv\u00ed a Francia tra\u00eda conmigo una experiencia que me hab\u00eda sido totalmente ajena: durante casi dos meses no estuve metido con grupos de amigos o con cen\u00e1culos literarios; estuve mezcl\u00e1ndome cotidianamente con un pueblo que en ese momento se debat\u00eda frente a las peores dificultades, al que le faltaba todo, que se ve\u00eda preso en un bloqueo despiadado y sin embargo luchaba por llevar adelante esa autodefinici\u00f3n que se hab\u00eda dado a s\u00ed mismo por la v\u00eda de la revoluci\u00f3n. Cuando volv\u00ed a Par\u00eds eso hizo un lento pero seguro camino. Hab\u00edan sido invitaciones de pasaporte para m\u00ed y nada m\u00e1s, se\u00f1as de identidad y nada m\u00e1s. En ese momento, por una especie de brusca revelaci\u00f3n -y la palabra no es exagerada-, sent\u00ed que no s\u00f3lo era argentino: era latinoamericano, y ese fen\u00f3meno de tentativa de liberaci\u00f3n y de conquista de una soberan\u00eda a la que acababa de asistir era el catalizador, lo que me hab\u00eda revelado y demostrado que no solamente yo era un latinoamericano que estaba viviendo eso de cerca sino que adem\u00e1s me mostraba una obligaci\u00f3n, un deber. Me di cuenta de que ser un escritor latinoamericano significaba fundamentalmente que hab\u00eda que ser un latinoamericano escritor: hab\u00eda que invertir los t\u00e9rminos y la condici\u00f3n de latinoamericano, con todo lo que comportaba de responsabilidad y deber, hab\u00eda que ponerla tambi\u00e9n en el trabajo literario. Creo entonces que puedo utilizar el nombre de etapa hist\u00f3rica, o sea de ingreso en la historia, para describir este \u00faltimo jal\u00f3n en mi camino de escritor.<\/p>\n<p>Si han podido leer algunos libros m\u00edos que abarquen esos per\u00edodos, ver\u00e1n muy claramente reflejado lo que he tratado de explicar de una manera un poco primaria y autobiogr\u00e1fica, ver\u00e1n c\u00f3mo se pasa del culto de la literatura por la literatura misma al culto de la literatura como indagaci\u00f3n del destino humano y luego a la literatura como una de las muchas formas de participar en los procesos hist\u00f3ricos que a cada uno de nosotros nos concierne en su pa\u00eds. Si les he contado esto -e insisto en que he hecho un poco de autobiograf\u00eda, cosa que siempre me averg\u00fcenza- es porque creo que ese camino que segu\u00ed es extrapolable en gran medida al conjunto de la actual literatura latinoamericana que podemos considerar significativa. En el curso de las \u00faltimas tres d\u00e9cadas la literatura de tipo cerradamente individual que naturalmente se mantiene y se mantendr\u00e1 y que da productos indudablemente hermosos e indiscutibles, esa literatura por el arte y la literatura misma ha cedido terreno frente a una nueva generaci\u00f3n de escritores mucho m\u00e1s implicados en los procesos de combate, de lucha, de discusi\u00f3n, de crisis de su propio pueblo y de los pueblos en conjunto. La literatura que constitu\u00eda una actividad fundamentalmente elitista y que se autoconsideraba privilegiada (todav\u00eda lo hacen muchos en muchos casos) fue cediendo terreno a una literatura que en sus mejores exponentes nunca ha bajado la punter\u00eda ni ha tratado de volverse popular o populachera llen\u00e1ndose con todo el contenido que nace de los procesos del pueblo de donde pertenece el autor. Estoy hablando de la literatura m\u00e1s alta de la que podemos hablar en estos momentos, la de Asturias, Vargas Llosa, Garc\u00eda M\u00e1rquez, cuyos libros han salido plenamente de ese criterio de trabajo solitario por el placer mismo del trabajo para intentar una b\u00fasqueda en profundidad en el destino, en la realidad, en la suerte de cada uno de sus pueblos. Por eso me parece que lo que me sucedi\u00f3 en el terreno individual y privado es un proceso que en conjunto se ha ido dando de la misma manera yendo de lo m\u00e1s (c\u00f3mo decirlo, no me gusta la palabra elitista, pero en fin&#8230;), de lo m\u00e1s privilegiado, lo m\u00e1s refinado como actividad literaria, a una literatura que guardando todas sus calidades y todas sus fuerzas se dirige actualmente a un p\u00fablico de lectores que va mucho m\u00e1s all\u00e1 que los lectores de la primera generaci\u00f3n que eran sus propios grupos de clase, sus propias \u00e9lites, aquellos que conoc\u00edan los c\u00f3digos y las claves y pod\u00edan entrar en el secreto de esa literatura casi siempre admirable pero tambi\u00e9n casi siempre exquisita.<\/p>\n<p>[&#8230;]<\/p>\n<p>Conviene hacer una cosa bastante elemental al principio que es preguntarse qu\u00e9 es un cuento, porque sucede que todos los leemos (es un g\u00e9nero que creo que se vuelve cada d\u00eda m\u00e1s popular; en algunos pa\u00edses lo ha sido siempre y en otros va ganando camino despu\u00e9s de haber sido rechazado por motivos bastantes misteriosos que los cr\u00edticos buscan deslindar) pero en definitiva es muy dif\u00edcil intentar una definici\u00f3n de cuento. Hay cosas que se niegan a la definici\u00f3n; creo, y en este sentido me gusta extremar ciertos caminos mentales, que en el fondo nada se puede definir. El diccionario tiene una definici\u00f3n para cada cosa; cuando son cosas muy concretas, la definici\u00f3n es tal vez aceptable, pero muchas veces a lo que tomamos por definici\u00f3n yo lo llamar\u00eda una aproximaci\u00f3n. La inteligencia se maneja con aproximaciones y establece relaciones y todo funciona muy bien, pero frente a ciertas cosas la definici\u00f3n se vuelve verdaderamente muy dif\u00edcil. Es el caso muy conocido de la poes\u00eda. \u00bfQui\u00e9n ha podido definir la poes\u00eda hasta hoy? Nadie. Hay dos mil definiciones que vienen desde los griegos que ya se preocupaban por el problema, y Arist\u00f3teles tiene nada menos que toda una Po\u00e9tica para eso, pero no hay una definici\u00f3n de la poes\u00eda que a m\u00ed me convenza y sobre todo que convenza a un poeta. En el fondo el \u00fanico que tiene raz\u00f3n es ese humorista espa\u00f1ol -creo- que dijo que la poes\u00eda es eso que se queda afuera cuando hemos terminado de definir la poes\u00eda: se escapa y no est\u00e1 dentro de la definici\u00f3n. Con el cuento no pasa exactamente lo mismo pero tampoco es un g\u00e9nero f\u00e1cilmente definible. Lo mejor es acercarnos muy r\u00e1pida e imperfectamente desde un punto de vista cronol\u00f3gico.<\/p>\n<p> Julio Cort\u00e1zar en Par\u00eds, en 1974. Foto: Corbis<br \/>\nLa narrativa del cuento, tal como se lo imagin\u00f3 en otros tiempos y tal y como lo leemos y lo escribimos en la actualidad, es tan antigua como la humanidad. Supongo que en las cavernas las madres y los padres les contaban cuentos a los ni\u00f1os (cuentos de bisontes, probablemente). El cuento oral se da en todos los folclores. \u00c1frica es un continente maravilloso para los cuentos orales, los antrop\u00f3logos no se cansan de reunir enormes vol\u00famenes con miles y miles, algunos de una fantas\u00eda y una invenci\u00f3n extraordinarias que se transmiten de padres a hijos. La Antig\u00fcedad conoce el cuento como g\u00e9nero literario y la Edad Media le da una categor\u00eda est\u00e9tica y literaria bien definida, a veces en forma de ap\u00f3logos destinados a ilustrar elementos religiosos, otras veces morales. Las f\u00e1bulas, por ejemplo, nos vienen desde los griegos y son un mecanismo de peque\u00f1o cuento, un relato que se basta a s\u00ed mismo, algo que sucede entre dos o tres animales, que empieza, tiene su fin y su reflexi\u00f3n moralista. El cuento tal como lo entendemos ahora no aparece de hecho hasta el siglo XIX. Hay a lo largo de la historia elementos de cuent\u00edstica verdaderamente maravillosos. Piensen ustedes en Las mil y una noches, una antolog\u00eda de cuentos, la mayor\u00eda de ellos an\u00f3nimos, que un escriba persa recogi\u00f3 y les dio calidad est\u00e9tica; ah\u00ed hay cuentos con mecanismos sumamente complejos, muy modernos en ese sentido. En la Edad Media espa\u00f1ola hay un cl\u00e1sico, El Conde Lucanor del Infante Juan Manuel, que contiene algunos de antolog\u00eda. En el siglo XVIII se escriben cuentos en general sumamente largos, que divagan un poco en un territorio m\u00e1s de novela que de cuento; pienso por ejemplo en los de Voltaire: Zadig, C\u00e1ndido, \u00bfson cuentos o peque\u00f1as novelas? Suceden muchas cosas, hay un desarrollo que casi se podr\u00eda dividir en cap\u00edtulos y finalmente son novelitas m\u00e1s que cuentos largos. Cuando nos metemos en el siglo XIX el cuento adquiere de golpe su carta de ciudadan\u00eda, m\u00e1s o menos paralelamente en el mundo anglosaj\u00f3n y en el franc\u00e9s. En el mundo anglosaj\u00f3n surgen en la segunda mitad del siglo XIX escritores para quienes el cuento es un instrumento literario de primera l\u00ednea que atacan y llevan a cabo con un rigor extraordinario. En Francia bastar\u00eda citar a M\u00e9rim\u00e9e, a Villiers de l&#8217;Isle-Adam y tal vez por encima de todos ellos a Maupassant, para ver c\u00f3mo el cuento se ha convertido en un g\u00e9nero moderno. En nuestro siglo entra ya con todos los elementos, las condiciones y las exigencias por parte del escritor y del lector. Vivimos hoy en una \u00e9poca en la que no aceptamos que \u00abnos hagan el cuento\u00bb, como dir\u00edan los argentinos: aceptamos que nos den buenos cuentos, que es una cosa muy diferente.<br \/>\nSi a trav\u00e9s de este paseo a vuelo de p\u00e1jaro andamos buscando una aproximaci\u00f3n, si no una definici\u00f3n del cuento, lo que vamos viendo es en general una especie de reducci\u00f3n: el cuento es una cosa muy vaga, muy esfumada, que abarca elementos de un desarrollo no siempre muy ce\u00f1ido que a lo largo del siglo XIX y ahora en nuestro siglo adopta sus caracter\u00edsticas que podemos considerar definitivas (en la medida en que puede haber algo definitivo en literatura, porque el cuento tiene una elasticidad equiparable a la de la novela en cierto sentido y, en manos de nuevos cuentistas que pueden estar trabajando en este mismo momento, puede dar un viraje y mostrarse desde otro \u00e1ngulo y con otras posibilidades. Mientras eso no suceda, tenemos delante de nosotros una cantidad enorme de cuentistas mundiales y, en el caso que nos interesa especialmente, una cantidad muy grande y muy importante de cuentistas latinoamericanos).<\/p>\n<p>\u00bfCu\u00e1les son las caracter\u00edsticas en general del cuento, ya que decimos que no vamos a poder definirlo exactamente? Si hacemos el enfoque primario -o sea el fondo del cuento, su raz\u00f3n de ser, el tema, y la forma-, por lo que se refiere al tema la variedad del cuento moderno es infinita: puede ocuparse de temas absolutamente realistas, psicol\u00f3gicos, hist\u00f3ricos, costumbristas, sociales&#8230; Su campo es perfectamente apto para hacer frente a cualquiera de estos temas, y pensando en el camino de la imaginaci\u00f3n pura, se abre con toda libertad para la ficci\u00f3n total en los cuentos que llamamos fant\u00e1sticos, los cuentos de lo sobrenatural donde la imaginaci\u00f3n modifica las leyes naturales, las transforma y presenta el mundo de otra manera y bajo otra luz. La gama es inmensa incluso si nos situamos \u00fanicamente en el sector del cuento realista t\u00edpico, cl\u00e1sico: por un lado podemos tener un cuento de D. H. Lawrence o de Katherine Mansfield, con sus delicadas aproximaciones psicol\u00f3gicas al destino de sus personajes; por otro lado podemos tener un cuento del uruguayo Juan Carlos Onetti que puede describir un momento perfectamente real -dir\u00eda incluso realista- de una vida y que, siendo en el fondo una tem\u00e1tica equivalente a la de Lawrence o a la de Katherine Mansfield, es totalmente distinto. Se abre as\u00ed el abanico de su riqueza de posibilidades. Ya se dan cuenta ustedes de que por la tem\u00e1tica no vamos a poder atrapar al cuento por la cola, porque cualquier cosa entra en el cuento: no hay temas buenos ni malos en el cuento. (No hay temas buenos ni malos en ninguna parte de la literatura, todo depende de qui\u00e9n y c\u00f3mo lo trata. Alguien dec\u00eda que se puede escribir sobre una piedra y hacer una cosa fascinante siempre que el que escriba se llame Kafka.)<\/p>\n<p>Desde el punto de vista tem\u00e1tico es dif\u00edcil encontrar criterios para acercarnos a la noci\u00f3n de cuento, en cambio creo que vamos a estar m\u00e1s cerca porque ya se refiere un poco a nuestro trabajo futuro si buscamos por el lado de lo que se llama en general forma, aunque a m\u00ed me gustar\u00eda usar la palabra estructura, que no uso en el sentido del estructuralismo, o sea de ese sistema de cr\u00edtica y de indagaci\u00f3n con el cual tanto se trabaja en estos d\u00edas y del cual yo no conozco nada. Hablo de estructura como podr\u00edamos decir la estructura de esta mesa o de esta taza; es una palabra que me parece un poco m\u00e1s rica y m\u00e1s amplia que la palabra forma porque estructura tiene adem\u00e1s algo de intencional: la forma puede ser algo dado por la naturaleza y una estructura supone una inteligencia y una voluntad que organizan algo para articularlo y darle una estructura.<\/p>\n<p>Por el lado de la estructura podemos acercarnos un poco m\u00e1s al cuento porque, si me permiten una comparaci\u00f3n no demasiado brillante pero sumamente \u00fatil, podr\u00edamos establecer dos pares comparativos: por un lado tenemos la novela y por otro, el cuento. Grosso modo sabemos muy bien que la novela es un juego literario abierto que puede desarrollarse al infinito y que seg\u00fan las necesidades de la trama y la voluntad del escritor en un momento dado se termina, no tiene un l\u00edmite preciso. Una novela puede ser muy corta o casi infinita, algunas novelas terminan y uno se queda con la impresi\u00f3n de que el autor podr\u00eda haber continuado, y algunos contin\u00faan porque a\u00f1os despu\u00e9s escriben una segunda parte. La novela es lo que Umberto Eco llama la \u00abobra abierta\u00bb: es realmente un juego abierto que deja entrar todo, lo admite, lo est\u00e1 llamando, est\u00e1 reclamando el juego abierto, los grandes espacios de la escritura y de la tem\u00e1tica. El cuento es todo lo contrario: un orden cerrado. Para que nos deje la sensaci\u00f3n de haber le\u00eddo un cuento que va a quedar en nuestra memoria, que val\u00eda la pena leer, ese cuento ser\u00e1 siempre uno que se cierra sobre s\u00ed mismo de una manera fatal.<\/p>\n<p>Alguna vez he comparado el cuento con la noci\u00f3n de la esfera, la forma geom\u00e9trica m\u00e1s perfecta en el sentido de que est\u00e1 totalmente cerrada en s\u00ed misma y cada uno de los infinitos puntos de su superficie son equidistantes del invisible punto central. Esa maravilla de perfecci\u00f3n que es la esfera como figura geom\u00e9trica es una imagen que me viene tambi\u00e9n cuando pienso en un cuento que me parece perfectamente logrado. Una novela no me dar\u00e1 jam\u00e1s la idea de una esfera; me puede dar la idea de un poliedro, de una enorme estructura. En cambio el cuento tiende por autodefinici\u00f3n a la esfericidad, a cerrarse, y es aqu\u00ed donde podemos hacer una doble comparaci\u00f3n pensando tambi\u00e9n en el cine y en la fotograf\u00eda: el cine ser\u00eda la novela y la fotograf\u00eda, el cuento. Una pel\u00edcula es como una novela, un orden abierto, un juego donde la acci\u00f3n y la trama podr\u00edan o no prolongarse; el director de la pel\u00edcula podr\u00eda multiplicar incidentes sin malograrla, incluso acaso mejor\u00e1ndola; en cambio, la fotograf\u00eda me hace pensar siempre en el cuento. Alguna vez hablando con fot\u00f3grafos profesionales he sentido hasta qu\u00e9 punto esa imagen es v\u00e1lida porque el gran fot\u00f3grafo es el hombre que hace esas fotograf\u00edas que nunca olvidaremos -fotos de Stieglitz, por ejemplo, o de Cartier-Bresson- en que el encuadre tiene algo de fatal: ese hombre sac\u00f3 esa fotograf\u00eda colocando dentro de los cuatro lados de la foto un contenido perfectamente equilibrado, perfectamente arquitectado, perfectamente suficiente, que se basta a s\u00ed mismo pero que adem\u00e1s -y eso es la maravilla del cuento y de la fotograf\u00eda- proyecta una especie de aura fuera de s\u00ed misma y deja la inquietud de imaginar lo que hab\u00eda m\u00e1s all\u00e1, a la izquierda o a la derecha. Para m\u00ed las fotograf\u00edas m\u00e1s reveladoras son aquellas en que por ejemplo hay dos personajes, el fondo de una casa y luego quiz\u00e1 a la izquierda, donde termina la foto, la sombra de un pie o de una pierna. Esa sombra corresponde a alguien que no est\u00e1 en la foto y al mismo tiempo la foto est\u00e1 haciendo una indicaci\u00f3n llena de sugestiones, apelando a nuestra imaginaci\u00f3n para decirnos: \u00ab\u00bfQu\u00e9 hab\u00eda all\u00ed despu\u00e9s?\u00bb. Hay una atm\u00f3sfera que partiendo de la fotograf\u00eda se proyecta fuera de ella y creo que es eso lo que les da la gran fuerza a esas fotos que no son siempre t\u00e9cnicamente muy buenas ni m\u00e1s memorables que otras; las hay muy espectaculares que no tienen esa aureola, esa aura de misterio. Como el cuento, son al mismo tiempo un extra\u00f1o orden cerrado que est\u00e1 lanzando indicaciones que nuestra imaginaci\u00f3n de espectadores o de lectores puede recoger y convertir en un enriquecimiento de la foto.<\/p>\n<p>Ahora, por el hecho de que el cuento tiene la obligaci\u00f3n interna, arquitect\u00f3nica, de no quedar abierto sino de cerrarse como la esfera y guardar al mismo tiempo una especie de vibraci\u00f3n que proyecta cosas fuera de \u00e9l, ese elemento que vamos a llamar fotogr\u00e1fico nace de otras caracter\u00edsticas que me parecen indispensables para el logro de un cuento memorable o perdurable. Es muy dif\u00edcil definir esos elementos. Podr\u00eda hablar, y lo he hecho ya alguna vez, de intensidad y de tensi\u00f3n. Son elementos que parecen caracterizar el trabajo del buen cuentista y hacen que haya cuentos absolutamente inolvidables como los mejores de Edgar Allan Poe. \u00abEl tonel de amontillado\u00bb, por ejemplo, es una peque\u00f1a historia de apariencia com\u00fan, un cuento que tiene menos de cuatro p\u00e1ginas en el que no hay ning\u00fan pre\u00e1mbulo, ning\u00fan rodeo. En la primera frase estamos metidos en el drama de una venganza que se va a cumplir fatalmente, con una tensi\u00f3n y una intensidad simult\u00e1neas porque se siente el lenguaje de Poe tendido como un arco: cada palabra, cada frase ha sido minuciosamente cuidada para que nada sobre, para que solamente quede lo esencial, y al mismo tiempo hay una intensidad de otra naturaleza: est\u00e1 tocando zonas profundas de nuestra psiquis, no solamente nuestra inteligencia sino tambi\u00e9n nuestro subconsciente, nuestro inconsciente, nuestra libido, todo lo que ahora se da en llamar \u00absubliminal\u00bb, los resortes m\u00e1s profundos de nuestra personalidad.<\/p>\n<p>Fuente: ADNcultura, diario La Naci\u00f3n, Buenos Aires, viernes 26 de julio de 2013.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Un nuevo libro re\u00fane las lecciones de literatura que el autor de Rayuela dict\u00f3 en Berkeley, en 1980. 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