{"id":3170,"date":"2012-11-02T20:52:51","date_gmt":"2012-11-02T18:52:51","guid":{"rendered":"https:\/\/www.sabado100.com.ar\/?p=3170"},"modified":"2012-11-02T20:52:51","modified_gmt":"2012-11-02T18:52:51","slug":"mensaje-al-pueblo-de-dios-sobre-la-xiii-asamblea-ordinaria-del-sinodo-de-los-obispos","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/sabado100.com.ar\/es-ar\/mensaje-al-pueblo-de-dios-sobre-la-xiii-asamblea-ordinaria-del-sinodo-de-los-obispos\/","title":{"rendered":"Mensaje al Pueblo de Dios sobre la XIII\u00b0 Asamblea ordinaria del S\u00ednodo de los Obispos"},"content":{"rendered":"<p>Mensaje al Pueblo de Dios<br \/>\nXIII\u00b0 Asamblea ordinaria del S\u00ednodo de los Obispos<br \/>\nROMA, 07 al 28 de octubre de 2012<br \/>\nHermanos y hermanas:<br \/>\n\u201cGracia a vosotros de parte de Dios, nuestro Padre y del Se\u00f1or Jesucristo\u201d (Rom 1, 7). Obispos de todo el mundo, invitados por el Obispo de Roma, el Papa Benedicto XVI, nos hemos reunido para reflexionar juntos sobre \u201cla nueva evangelizaci\u00f3n para la transmisi\u00f3n de la fe cristiana\u201d y, antes de volver a nuestras Iglesias particulares, queremos dirigirnos a todos vosotros, para animar y orientar el servicio al Evangelio en los diversos contextos en los que estamos llamados a dar hoy testimonio.<\/p>\n<p>1. Como la samaritana en el pozo.<br \/>\nNos dejamos iluminar por una p\u00e1gina del Evangelio: el encuentro de Jes\u00fas con la mujer samaritana (cf. Jn 4, 5-42). No hay hombre o mujer que en su vida, como la mujer de Samar\u00eda, no se encuentre junto a un pozo con un c\u00e1ntaro vac\u00edo, con la esperanza de saciar el deseo m\u00e1s profundo del coraz\u00f3n, aquel que s\u00f3lo puede dar significado pleno a la existencia. Hoy son muchos los pozos que se ofrecen a la sed del hombre, pero conviene hacer discernimiento para evitar aguas contaminadas. Es urgente orientar bien la b\u00fasqueda, para no caer en desilusiones que pueden ser ruinosas. Como Jes\u00fas, en el pozo de Sicar, tambi\u00e9n la Iglesia siente el deber de sentarse junto a los hombres y mujeres de nuestro tiempo, para hacer presente al Se\u00f1or en sus vidas, de modo que puedan encontrarlo, porque s\u00f3lo su Esp\u00edritu es el agua que da la vida verdadera y eterna. S\u00f3lo Jes\u00fas es capaz de leer hasta lo m\u00e1s profundo del coraz\u00f3n y develarnos nuestra verdad: \u201cMe ha dicho todo lo que he hecho\u201d, cuenta la mujer a sus vecinos. Esta palabra de anuncio \u2013a la que se une la pregunta que abre a la fe: \u201c\u00bfSer\u00e1 \u00c9l el Cristo?\u201d\u2013 muestra que quien ha recibido la vida nueva del encuentro con Jes\u00fas, a su vez no puede hacer menos que convertirse en anunciador de verdad y esperanza para con los dem\u00e1s. La pecadora convertida se convierte en mensajera de salvaci\u00f3n y conduce a toda la ciudad hacia Jes\u00fas. De la acogida del testimonio la gente pasar\u00e1 despu\u00e9s a la experiencia directa del encuentro: \u201cYa no creemos por lo que t\u00fa has dicho; nosotros mismos lo hemos o\u00eddo y sabemos que \u00c9l es verdaderamente el Salvador del mundo\u201d.<\/p>\n<p>2. Una nueva evangelizaci\u00f3n.<br \/>\nConducir a los hombres y las mujeres de nuestro tiempo hacia Jes\u00fas, al encuentro con \u00c9l, es una urgencia que aparece en todas las regiones, tanto las de antigua como las de reciente evangelizaci\u00f3n. En todos los lugares se siente la necesidad de reavivar una fe que corre el riesgo de apagarse en contextos culturales que obstaculizan su enraizamiento personal, su presencia social, la claridad de sus contenidos y sus frutos coherentes. No se trata de comenzar todo de nuevo, sino \u2013con el \u00e1nimo apost\u00f3lico de Pablo, el cual afirma: \u201c\u00a1Ay de m\u00ed si no anuncio el Evangelio!\u201d (1 Cor 9,16)\u2013 de insertarse en el largo camino de proclamaci\u00f3n del Evangelio que, desde los primeros siglos de la era cristiana hasta el presente, ha recorrido la historia y ha edificado comunidades de creyentes por toda la tierra. Por peque\u00f1as o grandes que sean, \u00e9stas son el fruto de la entrega de tantos misioneros y de no pocos m\u00e1rtires, de generaciones de testigos de Jes\u00fas, de los cuales guardamos una memoria agradecida. Los cambios sociales, culturales, econ\u00f3micos, pol\u00edticos y religiosos nos llaman, sin embargo, a algo nuevo: a vivir de un modo renovado nuestra experiencia comunitaria de fe y el anuncio, mediante una evangelizaci\u00f3n \u201cnueva en su ardor, en sus m\u00e9todos, en sus expresiones\u201d (Juan Pablo II, Discurso a la XIX Asamblea del CELAM, Port-au-Prince 9 marzo 1983, n. 3) como dijo Juan Pablo II. Una evangelizaci\u00f3n dirigida, como nos ha recordado Benedicto XVI, \u201cprincipalmente a las personas que, habiendo recibido el bautismo, se han alejado de la Iglesia, viven sin referencia alguna a la vida cristiana [&#8230;], para favorecer en estas personas un nuevo encuentro con el Se\u00f1or, el \u00fanico que llena de significado profundo y de paz nuestra existencia; para favorecer el redescubrimiento de la fe, fuente de gracia que lleva consigo alegr\u00eda y esperanza para la vida personal, familiar y social\u201d. (Benedicto XVI, Homil\u00eda en la celebraci\u00f3n eucar\u00edstica para la solemne inauguraci\u00f3n de la XIII Asamblea general ordinaria del S\u00ednodo de los Obispos, Roma 7 octubre 2012).<\/p>\n<p>3. El encuentro personal con Jesucristo en la Iglesia.<br \/>\nAntes de entrar en la cuesti\u00f3n sobre la forma que debe adoptar esta nueva evangelizaci\u00f3n, sentimos la exigencia de deciros, con profunda convicci\u00f3n, que la fe se decide, sobre todo, en la relaci\u00f3n que establecemos con la persona de Jes\u00fas, que sale a nuestro encuentro. La obra de la nueva evangelizaci\u00f3n consiste en proponer de nuevo al coraz\u00f3n y a la mente, no pocas veces distra\u00eddos y confusos, de los hombres y mujeres de nuestro tiempo y, sobre todo a nosotros mismos, la belleza y la novedad perenne del encuentro con Cristo. Os invitamos a todos a contemplar el rostro del Se\u00f1or Jesucristo, a entrar en el misterio de su existencia, entregada por nosotros hasta la cruz, ratificada como don del Padre por su resurrecci\u00f3n de entre los muertos y comunicada a nosotros mediante el Esp\u00edritu. En la persona de Jes\u00fas se revela el misterio de amor de Dios Padre por la entera familia humana. \u00c9l no ha querido dejarla a la deriva de su imposible autonom\u00eda, sino que la ha unido a s\u00ed mismo por medio de una renovada alianza de amor. La Iglesia es el espacio ofrecido por Cristo en la historia para poderlo encontrar, porque \u00c9l le ha entregado su Palabra, el bautismo que nos hace hijos de Dios, su Cuerpo y su Sangre, la gracia del perd\u00f3n del pecado, sobre todo en el sacramento de la Reconciliaci\u00f3n, la experiencia de una comuni\u00f3n que es reflejo mismo del misterio de la Sant\u00edsima Trinidad y la fuerza del Esp\u00edritu que nos mueve a la caridad hacia los dem\u00e1s. Hemos de constituir comunidades acogedoras, en las cuales todos los marginados se encuentren como en su casa, con experiencias concretas de comuni\u00f3n que, con la fuerza ardiente del amor, \u2013 \u201cMirad c\u00f3mo se aman\u201d (Tertulliano, Apologetico, 39, 7) \u2013 atraigan la mirada desencantada de la humanidad contempor\u00e1nea. La belleza de la fe debe resplandecer, en particular, en la sagrada liturgia, sobre todo en la Eucarist\u00eda dominical. Justo en las celebraciones lit\u00fargicas la Iglesia muestra su rostro de obra de Dios y hace visible, en las palabras y en los gestos, el significado del Evangelio.<br \/>\nEs nuestra tarea hoy el hacer accesible esta experiencia de Iglesia y multiplicar, por tanto, los pozos a los cuales invitar a los hombres y mujeres sedientos y posibilitar su encuentro con Jes\u00fas, ofrecer oasis en los desiertos de la vida. De esto son responsables las comunidades cristianas y, en ellas, cada disc\u00edpulo del Se\u00f1or. Cada uno debe dar un testimonio insustituible para que el Evangelio pueda cruzarse con la existencia de tantas personas. Por eso, se nos exige la santidad de vida.<\/p>\n<p>4. Las ocasiones del encuentro con Jes\u00fas y la escucha de la Escritura<br \/>\nAlgunos preguntar\u00e1n c\u00f3mo llevar a cabo todo esto. No se trata de inventar nuevas estrategias, casi como si el Evangelio fuera un producto para poner en el mercado de las religiones, sino descubrir los modos mediante los cuales, ante el encuentro con Jes\u00fas, las personas se han acercado a \u00c9l y por \u00c9l se han sentido llamadas y adaptarlos a las condiciones de nuestro tiempo. Recordamos, por ejemplo, c\u00f3mo Pedro, Andr\u00e9s, Santiago y Juan han sido llamados por Jes\u00fas en el contexto de su trabajo, c\u00f3mo Zaqueo ha podido pasar de la simple curiosidad al calor de la mesa compartida con el Maestro, c\u00f3mo el centuri\u00f3n pide la intervenci\u00f3n del Se\u00f1or ante la enfermedad de una persona cercana, c\u00f3mo el ciego de nacimiento lo ha invocado como liberador de su propia marginaci\u00f3n, c\u00f3mo Marta y Mar\u00eda han visto recompensada su hospitalidad con su propia presencia. Podemos continuar a\u00fan recorriendo las p\u00e1ginas de los Evangelios y encontrando tantos y tantos modos en los que la vida de las personas se ha abierto, desde diversas condiciones, a la presencia de Cristo. Y lo mismo podemos hacer con todo lo que la Escritura nos dice de la experiencia misionera de los ap\u00f3stoles en la Iglesia naciente.<br \/>\nLa lectura frecuente de la Sagrada Escritura, iluminada por la Tradici\u00f3n de la Iglesia que nos la entrega y la interpreta aut\u00e9nticamente, no s\u00f3lo es un paso obligado para conocer el contenido mismo del Evangelio, esto es, la persona de Jes\u00fas en el contexto de la historia de la salvaci\u00f3n, sino que, adem\u00e1s, nos ayuda a hallar espacios nuevos de encuentro con \u00c9l, nuevas formas de acci\u00f3n verdaderamente evang\u00e9licas, enraizadas en las dimensiones fundamentales de la vida humana: la familia, el trabajo, la amistad, la pobreza y las pruebas de la vida, etc.<\/p>\n<p>5. Evangelizarnos a nosotros mismos y disponernos a la conversi\u00f3n<br \/>\nQueremos resaltar que la nueva evangelizaci\u00f3n se refiere, en primer lugar, a nosotros mismos. En estos d\u00edas, muchos obispos nos han recordado que, para poder evangelizar el mundo, la Iglesia debe, ante todo, ponerse a la escucha de la Palabra. La invitaci\u00f3n a evangelizar se traduce en una llamada a la conversi\u00f3n. Sentimos sinceramente el deber de convertirnos a la potencia de Cristo, que es capaz de hacer todas las cosas nuevas, sobre todo nuestras pobres personas. Hemos de reconocer con humildad que la miseria, las debilidades de los disc\u00edpulos de Jes\u00fas, especialmente de sus ministros, hacen mella en la credibilidad de la misi\u00f3n. Somos plenamente conscientes, nosotros como Obispos los primeros, de no poder estar nunca a la altura de la llamada del Se\u00f1or y del Evangelio que nos ha entregado para su anuncio a las gentes. Sabemos que hemos de reconocer humildemente nuestra debilidad ante las heridas de la historia y no dejamos de reconocer nuestros pecados personales. Estamos, adem\u00e1s, convencidos de que la fuerza del Esp\u00edritu del Se\u00f1or puede renovar su Iglesia y hacerla de nuevo esplendorosa si nos dejamos transformar por \u00c9l. Lo muestra la vida de los santos, cuya memoria y el relato de sus vidas son instrumentos privilegiados de la nueva evangelizaci\u00f3n.<br \/>\nSi esta renovaci\u00f3n fuese confiada a nuestras fuerzas, habr\u00eda serios motivos de duda, pero en la Iglesia la conversi\u00f3n y la evangelizaci\u00f3n no tienen como primeros actores a nosotros, pobres hombres, sino al mismo Esp\u00edritu del Se\u00f1or. Aqu\u00ed est\u00e1 nuestra fuerza y nuestra certeza, que el mal no tendr\u00e1 jam\u00e1s la \u00faltima palabra, ni en la Iglesia ni en la historia: \u201cNo se turbe vuestro coraz\u00f3n y no teng\u00e1is miedo\u201d (Jn 14, 27), ha dicho Jes\u00fas a sus disc\u00edpulos. La tarea de la nueva evangelizaci\u00f3n descansa sobre esta serena certeza. Nosotros confiamos en la inspiraci\u00f3n y en la fuerza del Esp\u00edritu, que nos ense\u00f1ar\u00e1 lo que debemos decir y lo que debemos hacer, a\u00fan en las circunstancias m\u00e1s dif\u00edciles. Es nuestro deber, por eso, vencer el miedo con la fe, el cansancio con la esperanza, la indiferencia con el amor.<\/p>\n<p>6. Reconocer en el mundo de hoy nuevas oportunidades de evangelizaci\u00f3n.<br \/>\nEste sereno coraje sostiene tambi\u00e9n nuestra mirada sobre el mundo contempor\u00e1neo. No nos sentimos atemorizados por las condiciones del tiempo en que vivimos. Nuestro mundo est\u00e1 lleno de contradicciones y de desaf\u00edos, pero sigue siendo creaci\u00f3n de Dios, y aunque herido por el mal, siempre es objeto de su amor y terreno suyo, en el que puede ser resembrada la semilla de la Palabra para que vuelva a dar fruto. No hay lugar para el pesimismo en las mentes y en los corazones de aquellos que saben que su Se\u00f1or ha vencido a la muerte y que su Esp\u00edritu act\u00faa con fuerza en la historia. Con humildad, pero tambi\u00e9n con decisi\u00f3n \u2013aqu\u00e9lla que viene de la certeza de que la verdad siempre vence\u2013 nos acercamos a este mundo y queremos ver en \u00e9l una invitaci\u00f3n del Resucitado a ser testigos de su nombre. Nuestra Iglesia est\u00e1 viva y afronta los desaf\u00edos de la historia con la fortaleza de la fe y del testimonio de tantos hijos suyos. Sabemos que en el mundo debemos afrontar una batalla contra \u201clos Principados y las Potencias\u201d y \u201clos esp\u00edritus del mal\u201d (Ef 6,12). No ocultamos los problemas que tales desaf\u00edos suponen, pero no nos atemorizan. Esto lo se\u00f1alamos especialmente ante los fen\u00f3menos de globalizaci\u00f3n, que deben ser para nosotros oportunidad para extender la presencia del Evangelio. Tambi\u00e9n las migraciones \u2013a\u00fan con el peso del sufrimiento que conllevan, y con las que queremos estar sinceramente cercanos, con la acogida propia de los hermanos\u2013 son ocasiones, como ha sucedido en el pasado, de difusi\u00f3n de la fe y de comuni\u00f3n en todas sus formas. La secularizaci\u00f3n y la crisis del primado de la pol\u00edtica y del Estado piden a la Iglesia repensar su propia presencia en la sociedad, sin renunciar a ella. Las muchas y siempre nuevas formas de pobreza abren espacios in\u00e9ditos al servicio de la caridad: la proclamaci\u00f3n del Evangelio compromete a la Iglesia a estar al lado de los pobres y compartir con ellos sus sufrimientos, como lo hac\u00eda Jes\u00fas. Tambi\u00e9n en las formas m\u00e1s \u00e1speras de ate\u00edsmo y agnosticismo podemos reconocer, a\u00fan en modos contradictorios, no un vac\u00edo, sino una nostalgia, una espera que requiere una respuesta adecuada. Frente a los interrogantes que las culturas dominantes plantean a la fe y a la Iglesia, renovamos nuestra fe en el Se\u00f1or, ciertos de que tambi\u00e9n en estos contextos el Evangelio es portador de luz y capaz de sanar la debilidad del hombre. No somos nosotros quienes para conducir la obra de la evangelizaci\u00f3n, sino Dios. Como nos ha recordado el Papa: \u201cLa primera palabra, la iniciativa verdadera, la actividad verdadera viene de Dios y s\u00f3lo introduci\u00e9ndonos en esta iniciativa divina, s\u00f3lo implorando esta iniciativa divina, podemos nosotros tambi\u00e9n llegar a ser \u2013con \u00c9l y en \u00c9l\u2013 evangelizadores\u201d. (Benedicto XVI, Meditaci\u00f3n de la primera congregaci\u00f3n general de la XIII Asamblea general ordinaria del S\u00ednodo de los Obispos, Roma 8 octubre 2012).<\/p>\n<p>7. Evangelizaci\u00f3n, familia y vida consagrada<br \/>\nDesde la primera evangelizaci\u00f3n la transmisi\u00f3n de la fe, en el transcurso de las generaciones, ha encontrado un lugar natural en la familia. En ella \u2013con un rol muy significativo desarrollado por las mujeres, sin que con esto queramos disminuir la figura paterna y su responsabilidad\u2013 los signos de la fe, la comunicaci\u00f3n de las primeras verdades, la educaci\u00f3n en la oraci\u00f3n, el testimonio de los frutos del amor, han sido infundidos en la vida de los ni\u00f1os y adolescentes en el contexto del cuidado que toda familia reserva al crecimiento de sus peque\u00f1os. A pesar de la diversidad de las situaciones geogr\u00e1ficas, culturales y sociales, todos los obispos del S\u00ednodo han confirmado este papel esencial de la familia en la transmisi\u00f3n de la fe. No se puede pensar en una nueva evangelizaci\u00f3n sin sentirnos responsables del anuncio del Evangelio a las familias y sin ayudarles en la tarea educativa. No escondemos el hecho de que hoy la familia, que se constituye con el matrimonio de un hombre y una mujer que los hace \u201cuna sola carne\u201d (Mt 19,6) abierta a la vida, est\u00e1 atravesada por todas partes por factores de crisis, rodeada de modelos de vida que la penalizan, olvidada de las pol\u00edticas de la sociedad, de la cual es c\u00e9lula fundamental, no siempre respetada en sus ritmos ni sostenida en sus esfuerzos por las propias comunidades eclesiales. Precisamente por esto, nos vemos impulsados a afirmar que tenemos que desarrollar un especial cuidado por la familia y por su misi\u00f3n en la sociedad y en la Iglesia, creando itinerarios espec\u00edficos de acompa\u00f1amiento antes y despu\u00e9s del matrimonio. Queremos expresar nuestra gratitud a tantos esposos y familias cristianas que con su testimonio contin\u00faan mostrando al mundo una experiencia de comuni\u00f3n y de servicio que es semilla de una sociedad m\u00e1s fraterna y pac\u00edfica.<br \/>\nNuestra reflexi\u00f3n se ha dirigido tambi\u00e9n a las situaciones familiares y de convivencia en las que no se muestra la imagen de unidad y de amor para toda la vida que el Se\u00f1or nos ha ense\u00f1ado. Hay parejas que conviven sin el v\u00ednculo sacramental del matrimonio; se extienden situaciones familiares irregulares construidas sobre el fracaso de matrimonios anteriores: acontecimientos dolorosos que repercuten incluso sobre la educaci\u00f3n en la fe de los hijos. A todos ellos les queremos decir que el amor de Dios no abandona a nadie, que la Iglesia los ama y es una casa acogedora con todos, que siguen siendo miembros de la Iglesia, aunque no puedan recibir la absoluci\u00f3n sacramental ni la Eucarist\u00eda. Que las comunidades cat\u00f3licas est\u00e9n abiertas a acompa\u00f1ar a cuantos viven estas situaciones y favorezcan caminos de conversi\u00f3n y de reconciliaci\u00f3n. La vida familiar es el primer lugar en el cual el Evangelio se encuentra con la vida ordinaria y muestra su capacidad de transformar las condiciones fundamentales de la existencia en el horizonte del amor. Pero no menos importante es, para el testimonio de la Iglesia, mostrar c\u00f3mo esta vida en el tiempo se abre a una plenitud que va m\u00e1s all\u00e1 de la historia de los hombres y que conduce a la comuni\u00f3n eterna con Dios. Jes\u00fas no se presenta a la mujer samaritana simplemente como aquel que da la vida sino como el que da la \u201cvida eterna\u201d (Jn 4, 14). El don de Dios que la fe hace presente, no es simplemente la promesa de unas mejores condiciones de vida en este mundo, sino el anuncio de que el sentido \u00faltimo de nuestra vida va m\u00e1s all\u00e1 de este mundo y se encuentra en aquella comuni\u00f3n plena con Dios que esperamos en el final de los tiempos.<br \/>\nDe este sentido de la vida humana m\u00e1s all\u00e1 de lo terrenal son particulares testigos en la Iglesia y en el mundo cuantos el Se\u00f1or ha llamado a la vida consagrada, una vida que, precisamente porque est\u00e1 dedicada totalmente a \u00c9l, en el ejercicio de la pobreza, la castidad y la obediencia, es el signo de un mundo futuro que relativiza cualquier bien de este mundo. Que de la Asamblea del S\u00ednodo de los Obispos llegue a estos hermanos y hermanas nuestros la gratitud por su fidelidad a la llamada del Se\u00f1or y por la contribuci\u00f3n que han hecho y hacen a la misi\u00f3n de la Iglesia, la exhortaci\u00f3n a la esperanza en situaciones nada f\u00e1ciles para ellos en estos tiempos de cambio y la invitaci\u00f3n a reafirmarse como testigos y promotores de nueva evangelizaci\u00f3n en los varios \u00e1mbitos de la vida en que los carismas de cada instituto los sit\u00faa.<\/p>\n<p>8. La comunidad eclesial y los diversos agentes de la evangelizaci\u00f3n<br \/>\nLa obra de la evangelizaci\u00f3n no es labor exclusiva de alguien en la Iglesia sino del conjunto de las comunidades eclesiales, donde se tiene acceso a la plenitud de los instrumentos del encuentro con Jes\u00fas: la Palabra, los sacramentos, la comuni\u00f3n fraterna, el servicio de la caridad, la misi\u00f3n. En esta perspectiva emerge sobre todo el papel de la parroquia como presencia de la Iglesia en el territorio en el que viven los hombres, \u201cfuente de la villa\u201d, como le gustaba llamarla a Juan XXIII, en la que todos pueden beber encontrando la frescura del Evangelio. Su funci\u00f3n permanece imprescindible, aunque las condiciones particulares pueden requerir una articulaci\u00f3n en peque\u00f1as comunidades o v\u00ednculos de colaboraci\u00f3n en contextos m\u00e1s amplios. Sentimos, ahora, el deber de exhortar a nuestras parroquias a unir a la tradicional cura pastoral del Pueblo de Dios las nuevas formas de misi\u00f3n que requiere la nueva evangelizaci\u00f3n. \u00c9stas, deben alcanzar tambi\u00e9n a las variadas formas de piedad popular.<br \/>\nEn la parroquia contin\u00faa siendo decisivo el ministerio del sacerdote, padre y pastor de su pueblo. A todos los presb\u00edteros, los obispos de esta Asamblea sinodal expresan gratitud y cercan\u00eda fraterna por su no f\u00e1cil tarea y los invitamos a unirse cada vez m\u00e1s al presbiterio diocesano, a una vida espiritual cada vez m\u00e1s intensa y a una formaci\u00f3n permanente que los haga capaces de afrontar los cambios sociales. Junto a los sacerdotes reconocemos la presencia de los di\u00e1conos as\u00ed como la acci\u00f3n pastoral de los catequistas y de tantas figuras ministeriales y de animaci\u00f3n en el campo del anuncio y de la catequesis, de la vida lit\u00fargica, del servicio caritativo, as\u00ed como las diversas formas de participaci\u00f3n y de corresponsabilidad de parte de los fieles, hombres y mujeres, cuya dedicaci\u00f3n en los diversos servicios de nuestras comunidades no ser\u00e1 nunca suficientemente reconocida. Tambi\u00e9n a todos ellos les pedimos que orienten su presencia y su servicio en la Iglesia en la \u00f3ptica de la nueva evangelizaci\u00f3n, cuidando su propia formaci\u00f3n humana y cristiana, el conocimiento de la fe y la sensibilidad a los fen\u00f3menos culturales actuales. Mirando a los laicos, una palabra espec\u00edfica se dirige a las varias formas de asociaci\u00f3n, antiguas y nuevas, junto con los movimientos eclesiales y las nuevas comunidades. Todas ellas son expresiones de la riqueza de los dones que el Esp\u00edritu entrega a la Iglesia. Tambi\u00e9n a estas formas de vida y compromiso en la Iglesia expresamos nuestra gratitud, exhort\u00e1ndolos a la fidelidad al propio carisma y a la plena comuni\u00f3n eclesial, de modo especial en el \u00e1mbito de las Iglesias particulares.<br \/>\nDar testimonio del Evangelio no es privilegio exclusivo de nadie. Reconocemos con gozo la presencia de tantos hombres y mujeres que con su vida son signos del Evangelio en medio del mundo. Lo reconocemos tambi\u00e9n en tantos de nuestros hermanos y hermanas cristianos con los cuales la unidad no es todav\u00eda perfecta, aunque han sido marcados con el bautismo del Se\u00f1or y son sus anunciadores. En estos d\u00edas nos ha conmovido la experiencia de escuchar las voces de tantos responsables de Iglesias y Comunidades eclesiales que nos han dado testimonio de su sed de Cristo y de su dedicaci\u00f3n al anuncio del Evangelio, convencidos tambi\u00e9n ellos de que el mundo tiene necesidad de una nueva evangelizaci\u00f3n. Estamos agradecidos al Se\u00f1or por esta unidad en la exigencia de la misi\u00f3n.<\/p>\n<p>9. Para que los j\u00f3venes puedan encontrarse con Cristo<br \/>\nNos sentimos cercanos a los j\u00f3venes de un modo muy especial, porque son parte relevante del presente y del futuro de la humanidad y de la Iglesia. La mirada de los obispos hacia ellos es todo menos pesimista. Preocupada, s\u00ed, pero no pesimista. Preocupada porque justo sobre ellos vienen a confluir los embates m\u00e1s agresivos de estos tiempos; no pesimista, sin embargo, sobre todo porque, lo resaltamos, el amor de Cristo es quien mueve lo profundo de la historia y adem\u00e1s, porque descubrimos en nuestros j\u00f3venes aspiraciones profundas de autenticidad, de verdad, de libertad, de generosidad, de las cuales estamos convencidos que s\u00f3lo Cristo puede ser respuesta capaz de saciarlos. Queremos ayudarlos en su b\u00fasqueda e invitamos a nuestras comunidades a que, sin reservas, entren en una din\u00e1mica de escucha, de di\u00e1logo y de propuestas valientes ante la dif\u00edcil condici\u00f3n juvenil. Para aprovechar y no apagar la potencia de su entusiasmo. Y para sostener en su favor la justa batalla contra los lugares comunes y las especulaciones interesadas de las fuerzas de este mundo, esforzadas en disipar sus energ\u00edas y a agotarlas en su propio inter\u00e9s, suprimiendo en ellos cualquier memoria agradecida por el pasado y cualquier planteamiento serio por el futuro.<br \/>\nLa nueva evangelizaci\u00f3n tiene un campo particularmente arduo pero al mismo tiempo apasionante en el mundo de los j\u00f3venes, como muestran no pocas experiencias, desde las m\u00e1s multitudinarias como las Jornadas Mundiales de la Juventud, a aquellas m\u00e1s escondidas pero no menos importantes, como las numerosas y diversas experiencias de espiritualidad, servicio y misi\u00f3n. A los j\u00f3venes les reconocemos un rol activo en la obra de la evangelizaci\u00f3n, sobre todo en sus ambientes.<\/p>\n<p>10. El Evangelio en di\u00e1logo con la cultura y la experiencia humana y con las religiones.<br \/>\nLa nueva evangelizaci\u00f3n tiene su centro en Cristo y en la atenci\u00f3n a la persona humana, para hacer posible el encuentro con \u00c9l. Pero su horizonte es tan ancho como el mundo y no se cierra a ninguna experiencia del hombre. Eso significa que ella cultiva, con particular atenci\u00f3n, el di\u00e1logo con las culturas, con la confianza de poder encontrar en todas ellas las \u201csemillas del Verbo\u201d de las que hablaban los Santos Padres. En particular, la nueva evangelizaci\u00f3n tiene necesidad de una renovada alianza entre fe y raz\u00f3n, con la convicci\u00f3n de que la fe tiene recursos suficientes para acoger los frutos de una sana raz\u00f3n abierta a la trascendencia y tiene, al mismo tiempo, la fuerza de sanar los l\u00edmites y las contradicciones en las que la raz\u00f3n puede tropezar. La fe no deja de contemplar los lacerantes interrogantes que supone la presencia del mal en la vida y la historia de los hombres, encontrando la luz de su esperanza en la Pascua de Cristo.<br \/>\nEl encuentro entre fe y raz\u00f3n nutre el esfuerzo de la comunidad cristiana en el mundo de la educaci\u00f3n y la cultura. Un lugar especial en este campo lo ocupan las instituciones educativas y de investigaci\u00f3n: escuelas y universidades. Donde se desarrolla el conocimiento sobre el hombre y se da una acci\u00f3n educativa, la Iglesia se ve impulsada a testimoniar su propia experiencia y a contribuir a una formaci\u00f3n integral de la persona. En este \u00e1mbito merecen una atenci\u00f3n especial las escuelas y universidades cat\u00f3licas, en las que la apertura a la trascendencia, propia de todo itinerario cultural sincero y educativo, debe completarse con caminos de encuentro con la persona de Jesucristo y de su Iglesia. Vaya la gratitud de los obispos a todos los que, en condiciones muchas veces dif\u00edciles, desempe\u00f1an esta tarea.<\/p>\n<p>La evangelizaci\u00f3n exige que se preste gran atenci\u00f3n al mundo de las comunicaciones sociales, que son un camino, especialmente en el caso de los nuevos medios, en el que se cruzan tantas vidas, tantos interrogantes y tantas expectativas. Son el lugar donde en muchas ocasiones se forman las conciencias y se muestran los hechos de la propia vida y deben ser una oportunidad nueva para llegar al coraz\u00f3n de los hombres.<\/p>\n<p>Un particular \u00e1mbito de encuentro entre fe y raz\u00f3n se da hoy en el di\u00e1logo con el conocimiento cient\u00edfico. \u00c9ste, por otro lado, no se encuentra lejos de la fe, siendo manifestaci\u00f3n de aquel principio espiritual que Dios ha puesto en sus creaturas y que les permite comprender las estructuras racionales que se encuentran en la base de la creaci\u00f3n.<br \/>\nCuando la ciencia y la t\u00e9cnica no presumen de encerrar la concepci\u00f3n del hombre y del mundo en un \u00e1rido materialismo se convierten, entonces, en un precioso aliado para el desarrollo de la humanizaci\u00f3n de la vida. Tambi\u00e9n a los responsables de esta delicada tarea se dirige nuestro agradecimiento.<br \/>\nQueremos, adem\u00e1s, agradecer su esfuerzo a los hombres y mujeres que se dedican a otra expresi\u00f3n del genio humano: el arte en sus varias formas, desde las m\u00e1s antiguas a las m\u00e1s recientes. En sus obras, en cuanto tienden a dar forma a la tensi\u00f3n del hombre hacia la belleza, reconocemos un modo particularmente significativo de expresi\u00f3n de la espiritualidad. Estamos especialmente agradecidos cuando sus bellas creaciones nos ayudan a hacer evidente la belleza del rostro de Dios y de sus creaturas. La v\u00eda de la belleza es un camino particularmente eficaz de la nueva evangelizaci\u00f3n. M\u00e1s all\u00e1 del arte, toda obra del hombre es un espacio en el que, mediante el trabajo, \u00e9l se hace cooperador de la creaci\u00f3n divina.<\/p>\n<p>Al mundo de la econom\u00eda y del trabajo queremos recordar c\u00f3mo de la luz del Evangelio surgen algunas llamadas urgentes: liberar el trabajo de aquellas condiciones que no pocas veces lo transforman en un peso insoportable con una perspectiva incierta, amenazada por el desempleo, especialmente entre los j\u00f3venes, poner a la persona humana en el centro del desarrollo econ\u00f3mico y pensar este mismo desarrollo como una ocasi\u00f3n de crecimiento de la humanidad en justicia y unidad. El hombre, a trav\u00e9s del trabajo con el que transforma el mundo, est\u00e1 llamado a salvaguardar el rostro que Dios ha querido dar a su creaci\u00f3n, tambi\u00e9n por responsabilidad hacia las generaciones venideras.<\/p>\n<p>El Evangelio ilumina tambi\u00e9n las situaciones de sufrimiento en la enfermedad. En ellas, los cristianos est\u00e1n llamados a mostrar la cercan\u00eda de la Iglesia para con los enfermos y discapacitados y con los que con profesionalidad y humanidad trabajan por su salud.<\/p>\n<p>Un \u00e1mbito en el que la luz de Evangelio puede y debe iluminar los pasos de la humanidad es el de la vida pol\u00edtica, a la cual se le pide un compromiso de cuidado desinteresado y transparente por el bien com\u00fan, desde el respeto total a la dignidad de la persona humana desde su concepci\u00f3n hasta su fin natural, de la familia fundada sobre el matrimonio de un hombre y una mujer, de la libertad educativa, en la promoci\u00f3n de la libertad religiosa, en la eliminaci\u00f3n de las injusticias, las desigualdades, las discriminaciones, la violencia, el racismo, el hambre y la guerra. A los pol\u00edticos cristianos que viven el precepto de la caridad se les pide un testimonio claro y transparente en el ejercicio de sus responsabilidades.<\/p>\n<p>El di\u00e1logo de la Iglesia tiene su natural destinatario, finalmente, en los seguidores de las religiones. Si evangelizamos es porque estamos convencidos de la verdad de Cristo, y no porque estemos contra nadie. El Evangelio de Jes\u00fas es paz y alegr\u00eda y sus disc\u00edpulos se alegran de reconocer cu\u00e1nto de bueno y verdadero el esp\u00edritu religioso humano ha sabido descubrir en el mundo creado por Dios y ha expresado en las diferentes religiones.<br \/>\nEl di\u00e1logo con los creyentes de las diversas religiones quiere ser una contribuci\u00f3n a la paz, rechaza todo fundamentalismo y denuncia cualquier violencia que se produce contra los creyentes y las graves violaciones de los derechos humanos. Las Iglesias de todo el mundo son cercanas desde la oraci\u00f3n y la fraternidad a los hermanos que sufren y piden a quienes tienen en sus manos los destinos de los pueblos que salvaguarden el derecho de todos a la libre elecci\u00f3n, confesi\u00f3n y testimonio de la propia fe.<\/p>\n<p>11. En el a\u00f1o de la fe, la memoria del Concilio Vaticano II y la referencia al Catecismo de la Iglesia Cat\u00f3lica.<br \/>\nEn el camino abierto por la nueva evangelizaci\u00f3n podremos sentirnos a veces como en un desierto, en medio de peligros y privados de referencias. El Santo Padre Benedicto XVI, en la homil\u00eda de la Misa de apertura del A\u00f1o de la fe, ha hablado de una \u201c\u00abdesertificaci\u00f3n\u00bb espiritual\u201d que ha avanzado en estos \u00faltimos decenios, pero \u00e9l mismo nos ha dado fuerza afirmando que \u201ca partir de esta experiencia de desierto, de este vac\u00edo, podemos nuevamente descubrir la alegr\u00eda del creer, su importancia vital para nosotros, hombres y mujeres. En el desierto se descubre el valor de aquello que es esencial para vivir\u201d (Benedicto XVI, Homil\u00eda en la celebraci\u00f3n eucar\u00edstica para la apertura del A\u00f1o de la fe, Roma 11 octubre 2012). En el desierto, como la mujer samaritana, se va en busca de agua y de un pozo del que sacarla: \u00a1Dichoso el que en \u00e9l encuentra a Cristo!<\/p>\n<p>Agradecemos al Santo Padre por el don del A\u00f1o de la fe, preciosa entrada en el itinerario de la nueva evangelizaci\u00f3n. Le damos las gracias tambi\u00e9n por haber unido este A\u00f1o a la memoria gozosa por los cincuenta a\u00f1os de la apertura del Concilio Vaticano II, cuyo magisterio fundamental para nuestro tiempo se refleja en el Catecismo de la Iglesia Cat\u00f3lica, repropuesto, a los veinte a\u00f1os de su publicaci\u00f3n, como referencia segura de la fe. Son aniversarios importantes que nos permiten reafirmar nuestra plena adhesi\u00f3n a las ense\u00f1anzas del Concilio y nuestro convencido esfuerzo en continuar su puesta en marcha.<\/p>\n<p>12. Contemplando el misterio y cercanos a los pobres<br \/>\nEn esta \u00f3ptica queremos indicar a todos los fieles dos expresiones de la vida de la fe que nos parecen de especial relevancia para incluirlas en la nueva evangelizaci\u00f3n. El primero est\u00e1 constitu\u00eddo por el don y la experiencia de la contemplaci\u00f3n. S\u00f3lo desde una mirada adorante al misterio de Dios, Padre, Hijo y Esp\u00edritu Santo, s\u00f3lo desde la profundidad de un silencio que se pone como seno que acoge la \u00fanica Palabra que salva, puede desarrollarse un testimonio cre\u00edble para el mundo. S\u00f3lo este silencio orante puede impedir que la palabra de la salvaci\u00f3n se confunda en el mundo con los ruidos que lo invaden. Vuelve de nuevo a nuestros labios la palabra de agradecimiento, ahora dirigida a cuantos hombres y mujeres dedican su vida, en los monasterios y conventos, a la oraci\u00f3n contemplativa. Necesitamos que momentos de contemplaci\u00f3n se entrecrucen con la vida ordinaria de la gente. Lugares del esp\u00edritu y del territorio que son una llamada hacia Dios; santuarios interiores y templos de piedra que son cruce obligado por el flujo de experiencias que en ellos se suceden y en los cuales todos podemos sentirnos acogidos, incluso aquellos que no saben todav\u00eda lo que buscan.<br \/>\nEl otro s\u00edmbolo de autenticidad de la nueva evangelizaci\u00f3n tiene el rostro del pobre. Estar cercano a quien est\u00e1 al borde del camino de la vida no es s\u00f3lo ejercicio de solidaridad, sino ante todo un hecho espiritual. Porque en el rostro del pobre resplandece el mismo rostro de Cristo: \u201cTodo aquello que hab\u00e9is hecho por uno de estos mis hermanos m\u00e1s peque\u00f1os, a m\u00ed me lo hicisteis\u201d (Mt. 34 25, 40).<br \/>\nA los pobres les reconocemos un lugar privilegiado en nuestras comunidades, un puesto que no excluye a nadie, pero que quiere ser un reflejo de c\u00f3mo Jes\u00fas se ha unido a ellos. La presencia de los pobres en nuestras comunidades es misteriosamente potente: cambia a las personas m\u00e1s que un discurso, ense\u00f1a fidelidad, hace entender la fragilidad de la vida, exige oraci\u00f3n; en definitiva, conduce a Cristo.<br \/>\nEl gesto de la caridad, al mismo tiempo, debe ser acompa\u00f1ado por el compromiso con la justicia, con una llamada que se realiza a todos, ricos y pobres. Por eso es necesaria la introducci\u00f3n de la doctrina social de la Iglesia en los itinerarios de la nueva evangelizaci\u00f3n y cuidar la formaci\u00f3n de los cristianos que trabajan al servicio de la convivencia humana desde la vida social y pol\u00edtica.<\/p>\n<p>13. Una palabra a las Iglesias de las diversas regiones del mundo.<br \/>\nLa mirada de los obispos reunidos en Asamblea sinodal abraza a todas las comunidades eclesiales presentes en todo el mundo. Una mirada de unidad, porque \u00fanica es la llamada al encuentro con Cristo, pero sin olvidar la diversidad.<br \/>\nUna consideraci\u00f3n particular, llena de afecto y gratitud, reservamos los obispos reunidos en el S\u00ednodo a vosotros, cristianos de las Iglesias Orientales Cat\u00f3licas, herederos de la primera difusi\u00f3n del Evangelio, experiencia custodiada por vosotros con amor y fidelidad y a vosotros, cristianos presentes en el Este de Europa. Hoy el Evangelio se os repropone como nueva evangelizaci\u00f3n a trav\u00e9s de la vida lit\u00fargica, la catequesis, la oraci\u00f3n familiar diaria, el ayuno, la solidaridad entre las familias, la participaci\u00f3n de los laicos en la vida de la comunidad y al di\u00e1logo con la sociedad. En no pocos lugares vuestras Iglesias son sometidas a prueba y tribulaciones que dan testimonio de vuestra participaci\u00f3n en la cruz de Cristo; algunos fieles est\u00e1n obligados a emigrar y, manteniendo viva la pertenencia a sus propias comunidades de origen, pueden contribuir a la tarea pastoral y a la obra de la evangelizaci\u00f3n en los pa\u00edses de acogida. Que el Se\u00f1or contin\u00fae bendiciendo vuestra fidelidad y que sobre vuestro futuro brillen horizontes de firme confesi\u00f3n y pr\u00e1ctica de la fe en condiciones de paz y de libertad religiosa.<br \/>\nNos dirigimos a vosotros, hombres y mujeres, que viv\u00eds en los pa\u00edses de \u00c1frica y resaltamos nuestra gratitud por el testimonio que ofrec\u00e9is del Evangelio muchas veces en situaciones humanas muy dif\u00edciles. Os exhortamos a relanzar la evangelizaci\u00f3n recibida en tiempos a\u00fan recientes, a edificaros como Iglesia \u201cfamilia de Dios\u201d, a reforzar la identidad de la familia y a sostener la labor de los sacerdotes y catequistas, especialmente en las peque\u00f1as comunidades cristianas. Afirmamos, por otra parte, la exigencia de desarrollar el encuentro del Evangelio con las antiguas y nuevas culturas. Dirigimos una llamada de atenci\u00f3n al mundo de la pol\u00edtica y a los gobiernos de los diversos pa\u00edses africanos para que, con la colaboraci\u00f3n de todos los hombres de buena voluntad, se promuevan los derechos humanos fundamentales y el continente sea liberado de la violencia y los conflictos que lo atormentan.<\/p>\n<p>Los obispos de la Asamblea sinodal invitan a los cristianos de Norteam\u00e9rica a responder con gozo a la llamada de la nueva evangelizaci\u00f3n, mientras admiramos c\u00f3mo en vuestra joven historia vuestras comunidades cristianas han dado frutos generosos de fe, caridad y misi\u00f3n. Tambi\u00e9n conviene reconocer que muchas de las expresiones de la cultura de vuestra sociedad est\u00e1n lejos del Evangelio. Se hace, pues, necesario una invitaci\u00f3n a la conversi\u00f3n, de la que nace un compromiso que no os coloca fuera de vuestra cultura, sino que os llama a ofrecer a todos la luz de la fe y la fuerza de la vida. Mientras acog\u00e9is en vuestras generosas tierras a nueva poblaci\u00f3n de inmigrantes y refugiados, estad dispuestos a abrir las puertas de vuestras casas a la fe. Fieles a los compromisos adquiridos en la Asamblea sinodal para Am\u00e9rica, sed solidarios con la Am\u00e9rica Latina en la permanente tarea de evangelizaci\u00f3n de vuestro continente.<br \/>\nEl mismo sentimiento de gratitud dirige la Asamblea del S\u00ednodo a las Iglesia de Am\u00e9rica Latina y el Caribe. Nos llama la atenci\u00f3n en particular c\u00f3mo se han desarrollado a trav\u00e9s de los siglos en vuestro pa\u00edses formas de piedad popular fuertemente enraizadas en los corazones de tantos de vosotros, formas de servicio en la caridad y de di\u00e1logo con las culturas. Ahora, frente a los desaf\u00edos del presente, sobre todo la pobreza y la violencia, la Iglesia en Latinoam\u00e9rica y en el Caribe es exhortada a vivir en un estado permanente de misi\u00f3n, anunciando el Evangelio con esperanza y alegr\u00eda, formando comunidades de verdaderos disc\u00edpulos misioneros de Jesucristo, mostrando con vuestro testimonio c\u00f3mo el Evangelio es fuente de una sociedad justa y fraterna. Tambi\u00e9n el pluralismo religioso interroga a vuestras Iglesias y les exige un renovado anuncio del Evangelio.<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n a vosotros, cristianos de Asia sentimos la necesidad de dirigiros una palabra de fortalecimiento y exhortaci\u00f3n. Vuestra presencia, a pesar de ser una peque\u00f1a minor\u00eda en el continente en el que viven casi dos tercios de la poblaci\u00f3n mundial, es una semilla profunda, confiada a la fuerza del Esp\u00edritu, que crece en el di\u00e1logo con las diversas culturas, con las antiguas religiones y con tantos pobres. Aunque a veces est\u00e1 situada al margen de la vida social y en diversos lugares incluso perseguida, la Iglesia de Asia con su fe fuerte, es una presencia preciosa del Evangelio de Cristo que anuncia justicia, vida y armon\u00eda. Cristianos de Asia, sentid la cercan\u00eda fraterna de los cristianos de los dem\u00e1s pa\u00edses del mundo, los cuales no pueden olvidar que en vuestro continente, en la Tierra Santa, naci\u00f3, vivi\u00f3, muri\u00f3 y resucit\u00f3 el mismo Jes\u00fas.<\/p>\n<p>Una palabra de reconocimiento y de esperanza queremos dirigir los obispos a las Iglesias del continente europeo, hoy en parte marcado por una fuerte secularizaci\u00f3n, a veces agresiva, y todav\u00eda hoy herido por los largos decenios de gobiernos marcados por ideolog\u00edas enemigas de Dios y del hombre. Reconocemos vuestro pasado y tambi\u00e9n vuestro presente, en el cual el Evangelio ha creado en Europa certezas y experiencias de fe concretas y decisivas para la evangelizaci\u00f3n del mundo entero, muchas veces rebosantes de santidad: riqueza del pensamiento teol\u00f3gico, variedad de expresiones carism\u00e1ticas, formas variadas al servicio de la caridad con los pobres, profundas experiencias contemplativas, creaci\u00f3n de una cultura human\u00edstica que ha contribuido a dar rostro a la dignidad de la persona y a la construcci\u00f3n del bien com\u00fan. Las dificultades del presente no os pueden dejar abatidos, queridos cristianos europeos: \u00e9stas os deben desafiar a un anuncio m\u00e1s gozoso y vivo de Cristo y de su Evangelio de vida.<\/p>\n<p>Los obispos de la Asamblea sinodal saludan, finalmente, a los pueblos de Ocean\u00eda, que viven bajo la protecci\u00f3n de la Cruz del Sur, y les damos gracias por el testimonio del Evangelio de Jes\u00fas. Nuestra plegaria por vosotros es para que, como la mujer samaritana en el pozo, tambi\u00e9n vosotros sint\u00e1is viva la sed de una vida nueva y pod\u00e1is escuchar la Palabra de Jes\u00fas que dice: \u201c\u00a1Si conocieras el don de Dios!\u201d (Jn 4, 10). Comprometeos a predicar el Evangelio y a dar a conocer a Jes\u00fas en el mundo de hoy. Os exhortamos a encontrarlo en vuestra vida cotidiana, a escucharle y a descubrir, mediante la oraci\u00f3n y la meditaci\u00f3n, la gracia de poder decir: \u201cSabemos que \u00e9ste es verdaderamente el Salvador del mundo\u201d (Jn 4, 42).<\/p>\n<p>14. La estrella de Mar\u00eda ilumina el desierto<br \/>\nA punto de finalizar esta experiencia de comuni\u00f3n entre los obispos de todo el mundo y de colaboraci\u00f3n con el ministerio del Sucesor de Pedro, sentimos resonar en nosotros el mandato de Jes\u00fas a sus ap\u00f3stoles: \u201cId y haced disc\u00edpulos de todos los pueblos [&#8230;]. Sabed que yo estoy con vosotros, todos los d\u00edas, hasta el fin del mundo\u201d (Mt 28, 19-20). La misi\u00f3n de la Iglesia no se dirige a un territorio en concreto, sino que sale al encuentro del coraz\u00f3n de nuestros contempor\u00e1neos, para llevarlos al encuentro con Jes\u00fas, el Viviente que se hace presente en nuestras comunidades.<br \/>\nEsta presencia llena de gozo nuestros corazones. Agradecidos por el don recibido de \u00c9l en estos d\u00edas le dirigimos nuestro canto de alabanza: \u201cProclama mi alma la grandeza del Se\u00f1or [&#8230;] Ha hecho obras grandes por m\u00ed\u201d (Lc 1, 46.49). Las palabras de Mar\u00eda son tambi\u00e9n las nuestras: el Se\u00f1or ha hecho realmente grandes cosas a trav\u00e9s de los siglos por su Iglesia en los diversos rincones del mundo y nosotros lo alabamos, con la certeza de que no dejar\u00e1 de mirar nuestra pobreza para desplegar la potencia de su brazo incluso en nuestros d\u00edas y sostenernos en el camino de la nueva evangelizaci\u00f3n.<br \/>\nLa figura de Mar\u00eda nos orienta en el camino. Este camino, como nos ha dicho Benedicto XVI, podr\u00e1 parecer una ruta en el desierto; sabemos que tenemos que recorrerlo llevando con nosotros lo esencial: el don del Esp\u00edritu Santo, la cercan\u00eda de Jes\u00fas, la verdad de su Palabra, el pan eucar\u00edstico que nos alimenta, la fraternidad de la comuni\u00f3n eclesial y el impulso de la caridad. Es el agua del pozo la que hace florecer el desierto y como en la noche en el desierto las estrellas se hacen m\u00e1s brillantes, as\u00ed en el cielo de nuestro camino resplandece con vigor la luz de Mar\u00eda, la Estrella de la nueva evangelizaci\u00f3n a quien, confiados, nos encomendamos.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Monse\u00f1or Carlos Franzini brind\u00f3 una conferencia de prensa este viernes sobre su participaci\u00f3n de este encuentro sobre la nueva evangelizaci\u00f3n con pares de todo el mundo y tambi\u00e9n del papa Benedicto XVI en el Vaticano, entregando el documento a los periodistas presentes. <\/p>\n","protected":false},"author":3,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"site-sidebar-layout":"default","site-content-layout":"","ast-site-content-layout":"default","site-content-style":"default","site-sidebar-style":"default","ast-global-header-display":"","ast-banner-title-visibility":"","ast-main-header-display":"","ast-hfb-above-header-display":"","ast-hfb-below-header-display":"","ast-hfb-mobile-header-display":"","site-post-title":"","ast-breadcrumbs-content":"","ast-featured-img":"","footer-sml-layout":"","ast-disable-related-posts":"","theme-transparent-header-meta":"","adv-header-id-meta":"","stick-header-meta":"","header-above-stick-meta":"","header-main-stick-meta":"","header-below-stick-meta":"","astra-migrate-meta-layouts":"default","ast-page-background-enabled":"default","ast-page-background-meta":{"desktop":{"background-color":"var(--ast-global-color-4)","background-image":"","background-repeat":"repeat","background-position":"center center","background-size":"auto","background-attachment":"scroll","background-type":"","background-media":"","overlay-type":"","overlay-color":"","overlay-opacity":"","overlay-gradient":""},"tablet":{"background-color":"","background-image":"","background-repeat":"repeat","background-position":"center center","background-size":"auto","background-attachment":"scroll","background-type":"","background-media":"","overlay-type":"","overlay-color":"","overlay-opacity":"","overlay-gradient":""},"mobile":{"background-color":"","background-image":"","background-repeat":"repeat","background-position":"center center","background-size":"auto","background-attachment":"scroll","background-type":"","background-media":"","overlay-type":"","overlay-color":"","overlay-opacity":"","overlay-gradient":""}},"ast-content-background-meta":{"desktop":{"background-color":"var(--ast-global-color-5)","background-image":"","background-repeat":"repeat","background-position":"center center","background-size":"auto","background-attachment":"scroll","background-type":"","background-media":"","overlay-type":"","overlay-color":"","overlay-opacity":"","overlay-gradient":""},"tablet":{"background-color":"var(--ast-global-color-5)","background-image":"","background-repeat":"repeat","background-position":"center center","background-size":"auto","background-attachment":"scroll","background-type":"","background-media":"","overlay-type":"","overlay-color":"","overlay-opacity":"","overlay-gradient":""},"mobile":{"background-color":"var(--ast-global-color-5)","background-image":"","background-repeat":"repeat","background-position":"center center","background-size":"auto","background-attachment":"scroll","background-type":"","background-media":"","overlay-type":"","overlay-color":"","overlay-opacity":"","overlay-gradient":""}},"footnotes":""},"categories":[4,29],"tags":[],"class_list":["post-3170","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-cultura-y-sociedad","category-religion"],"yoast_head":"<!-- This site is optimized with the Yoast SEO plugin v23.2 - 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