{"id":2420,"date":"2009-08-24T04:13:09","date_gmt":"2009-08-24T02:13:09","guid":{"rendered":"https:\/\/www.sabado100.com.ar\/?p=2420"},"modified":"2009-08-24T04:13:09","modified_gmt":"2009-08-24T02:13:09","slug":"literatura-y-canon-ni-penas-ni-olvido","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/sabado100.com.ar\/es-ar\/literatura-y-canon-ni-penas-ni-olvido\/","title":{"rendered":"Literatura y canon: ni penas ni olvido"},"content":{"rendered":"<p>Se apareci\u00f3 en la redacci\u00f3n de  Primera Plana  una noche de abril de 1969. Llegaba de Tandil sin aviso y Francisco Ju\u00e1rez, el Negro, entonces redactor de la hist\u00f3rica revista que conduc\u00eda Tom\u00e1s Eloy Mart\u00ednez, lo vio tan solo que se sinti\u00f3 conmovido. De alg\u00fan modo, \u00e9l era el responsable de que ese hombre de 26 a\u00f1os con cara de beb\u00e9 y bolsito al hombro estuviera all\u00ed pidiendo auxilio. Unas semanas antes, a Ju\u00e1rez le hab\u00edan encargado una nota sobre las devociones de la Semana Santa. Pens\u00f3 que alguien deb\u00eda cubrir el famoso V\u00eda Crucis de Tandil mientras \u00e9l viajaba a San Juan, tras el culto a la Difunta Correa. \u00ab\u00bfTenemos a alguien en Tandil?\u00bb, pregunt\u00f3. Osiris Troiani record\u00f3 que en una charla que hab\u00eda dado all\u00ed un fan\u00e1tico de  Primera Plana  lo hab\u00eda vuelto loco a preguntas. Ten\u00edan sus datos y lo llamaron. El fan\u00e1tico era, claro, Osvaldo Soriano.<\/p>\n<p>\u00abEscribi\u00f3 un texto irreverente y desopilante en el que contaba la vida non sancta del reo que hac\u00eda de Cristo y develaba la interna clerical -cuenta Ju\u00e1rez a adn cultura-. El informe se reprodujo tal cual y con su firma. Cuando la revista lleg\u00f3 a los quioscos de Tandil, Soriano arm\u00f3 un bolso y emprendi\u00f3 la fuga. La secretaria de Primera Plana avis\u00f3 que estaba en la recepci\u00f3n y Troiani me pidi\u00f3 que lo atendiera. Cuando me present\u00e9 exclam\u00f3: \u00ab\u00a1Ju\u00e1rez!, lo imaginaba m\u00e1s viejo\u00bb, como si yo hubiera sido una especie de h\u00e9roe. Andaba sin plata y no ten\u00eda d\u00f3nde dormir. La redacci\u00f3n estaba en Per\u00fa y Belgrano, as\u00ed que caminamos por Avenida de Mayo hasta un hotel desvencijado. ?Ac\u00e1\u00b4, dijo, porque vio que el hotel se llamaba Tandil. Se instal\u00f3 en un cuartito de la terraza. Entonces le inventamos una nota sobre Berisso, para que saliera del paso.\u00bb<\/p>\n<p>Soriano llegar\u00eda a la literatura tal como hab\u00eda llegado a Primera Plana : sin que nadie lo hubiera llamado y con el mismo arrojo. \u00bfC\u00f3mo explicar si no Triste, solitario y final (1973), esa primera novela inclasificable, donde el g\u00e9nero negro se cruza con un grotesco ingenuo y de cu\u00f1o casi pop, en cuya trama aparecen Laurel y Hardy, el detective Marlowe y el propio Soriano? Ya estaban all\u00ed el o\u00eddo infalible para los di\u00e1logos, el talento para que el disparate resultara veros\u00edmil y cargado de sentido, y una prosa emp\u00e1tica que flu\u00eda sin obst\u00e1culos. Con todo eso se convirti\u00f3, a partir de la vuelta a la democracia, en un verdadero fen\u00f3meno de ventas que suscitaba elogios de escritores como Julio Cort\u00e1zar, Italo Calvino y John Updike, al mismo tiempo que despertaba airados rechazos y era acusado de populista. Tal vez sin propon\u00e9rselo, Soriano se convirti\u00f3 en un caso alrededor del cual giraron ardientes debates de la \u00e9poca: la relaci\u00f3n entre el periodismo y las letras, la disputa entre una literatura centrada en el lenguaje y otra enfocada en la historia y los personajes, y la ambigua relaci\u00f3n entre lo culto y lo popular, entre el mercado y el arte.<\/p>\n<p>Esos debates siguen vigentes, as\u00ed como tambi\u00e9n el problema que muchos de los mejores escritores de entonces -incluido el que nos ocupa- acechaban de modo m\u00e1s o menos expl\u00edcito desde sus libros: la cuesti\u00f3n insoluble de la identidad nacional. Para desplegar la idea en palabras del propio Soriano: \u00abQu\u00e9 somos, por qu\u00e9 nos va as\u00ed, qu\u00e9 salida tenemos\u00bb. Pero lo que discut\u00edamos, en un reciente debate dom\u00e9stico entre los miembros de esta redacci\u00f3n, era si la obra de Soriano segu\u00eda vigente. \u00bfSe lo sigue leyendo? \u00bfC\u00f3mo se lo lee? \u00bfQu\u00e9 nos dicen hoy sus libros? Sin el apoyo de efem\u00e9rides alguna, ya que el escritor muri\u00f3 hace poco m\u00e1s de doce a\u00f1os, esta nota busca responder esos interrogantes. En el incierto camino hacia las respuestas aparecieron providencialmente Catherine Brucher (su viuda, ver entrevista en estas p\u00e1ginas), un libro reciente publicado en Italia con cartas de Soriano al periodista y escritor Giovanni Arpino (ver recuadro) y la sospecha de que, aplacado ya el fuego que inflam\u00f3 las pol\u00e9micas en torno a sus novelas y su \u00e9xito, quiz\u00e1s hoy sea posible una relectura de su obra.<\/p>\n<p>Despejemos primero el enigma de la cantidad: desde que, a partir de agosto de 2003, Seix Barral reedit\u00f3 sus libros (siete novelas m\u00e1s sus vol\u00famenes de cr\u00f3nicas period\u00edsticas y un libro infantil, El Negro de Par\u00eds ) en ediciones a cargo de Juan Forn, Soriano ha vendido 138.000 ejemplares, cuenta Alberto D\u00edaz, editor del Grupo Planeta. Triste? , a la que profesores universitarios recurren como material de lectura, es la novela suya que m\u00e1s se lee, de acuerdo con estas cifras, seguida de aquellas que el escritor public\u00f3 primero en el exilio: No habr\u00e1 m\u00e1s penas ni olvidos (1978) y Cuarteles de invierno (1980). En conjunto, sus t\u00edtulos venden unos 20.000 ejemplares por a\u00f1o. A la hora del an\u00e1lisis, D\u00edaz compara el fen\u00f3meno de Soriano con el de Puig. \u00abAmbos acuden a elementos de la cultura popular: el follet\u00edn en el caso de Puig, la novela negra y el grotesco en el de Soriano, y construyen una po\u00e9tica propia a la que se mantienen fieles. As\u00ed establecen un pacto muy fuerte con un universo de lectores que ellos mismos crean. Hoy Soriano no est\u00e1 olvidado: est\u00e1 siendo silenciosamente le\u00eddo. Las buenas obras no quedan atadas a su tiempo. Vos pod\u00e9s no saber nada de la revoluci\u00f3n de julio de 1830, pero le\u00e9s a Balzac y te trag\u00e1s la novela.\u00bb<br \/>\nUna po\u00e9tica propia<\/p>\n<p>\u00bfDe qu\u00e9 est\u00e1 hecha esa po\u00e9tica de la que habla D\u00edaz? En Soriano, biograf\u00eda y estilo parecen ser t\u00e9rminos especialmente ligados. Durante su infancia y juventud itinerantes, debido al trabajo de su padre en Obras Sanitarias (nacido en Mar del Plata en enero de 1943, Soriano vivi\u00f3 en San Luis, R\u00edo Cuarto, Cipolletti y Tandil), no hubo libros. Como \u00e9l mismo cont\u00f3, s\u00f3lo cumplidos los veinte a\u00f1os llegaron Chandler, Hemingway y Erskine Caldwell, de quienes aprender\u00eda a escribir di\u00e1logos, y cl\u00e1sicos del siglo XIX como Los hermanos Karamazov , Madame Bovary y Rojo y Negro . Pero quiz\u00e1s el germen de su narrativa reside en los relatos que su madre le contaba mientras viajaban en tren por la pampa argentina. \u00abMientras com\u00edamos me contaba escenas de Lo que el viento se llev\u00f3 y de postre, las pel\u00edculas de El Gordo y el Flaco. Entonces re\u00eda y los hac\u00eda correr perseguidos por un fantasma o subir un piano in\u00fatil a un segundo piso equivocado\u00bb, narr\u00f3 en Cuentos de los a\u00f1os felices (1993), a medio camino entre el recuerdo y la enso\u00f1aci\u00f3n. Toda su po\u00e9tica puede cifrarse en esa escena: ah\u00ed est\u00e1n el cine, el grotesco, el nomadismo y la voz querida que nos hace sentir menos solos. Iban, claro, al encuentro del padre, esa figura m\u00edtica siempre en fuga, origen y destino, met\u00e1fora de una identidad esquiva que m\u00e1s tarde perseguir\u00eda en sus historias.<\/p>\n<p>Con ese bagaje m\u00e1s vivencial que literario, Soriano se integr\u00f3 a Primera Plana , donde su felicidad no durar\u00eda mucho: a los pocos meses, la dictadura de Ongan\u00eda cerr\u00f3 la revista. Adem\u00e1s del diario La Opini\u00f3n (otro producto de Jacobo Timerman), Soriano pasar\u00eda por Semana Gr\u00e1fica , Panorama y Confirmado . All\u00ed, en esas redacciones donde se respiraba literatura y en las que conoci\u00f3 a Juan Gelman, Mempo Giardinelli, Miguel \u00c1ngel Bustos, Rodolfo Rabanal y Antonio Dal Masetto, entre otros escritores, Soriano encontr\u00f3 su escuela y escribi\u00f3 grandes cr\u00f3nicas reunidas en libros como Artistas, locos y criminales (1984) y Rebeldes, so\u00f1adores y fugitivos (1988). \u00abLa fluidez y la capacidad de tomar al lector de la solapa y no soltarlo son recursos que Soriano aprendi\u00f3 del ejercicio del periodismo. Soriano es sobre todo un intuitivo de la t\u00e9cnica\u00bb, dice a esta revista Tom\u00e1s Eloy Mart\u00ednez, que fue su jefe en aquellos a\u00f1os y recuerda que, durante su exilio venezolano, ley\u00f3 una de las primeras versiones de Cuarteles de invierno (seg\u00fan Ricardo Piglia, el mejor libro que se escribi\u00f3 en el exilio sobre la dictadura argentina) y le envi\u00f3 por correo a Europa sus impresiones.<\/p>\n<p>Primero en Bruselas y luego en Par\u00eds, ya unido a Catherine Brucher, su mujer, Soriano daba forma final a No habr\u00e1 m\u00e1s penas&#8230; , que narra las luchas internas del peronismo en el \u00e1mbito de un peque\u00f1o pueblo, y a Cuarteles&#8230; , mientras trataba de afianzarse como escritor. Regres\u00f3 a la Argentina en 1983, precedido por la aparici\u00f3n de sus tres novelas, editadas antes en Europa y que aqu\u00ed encontraron una legi\u00f3n de lectores. Hubo un momento en que las tres estaban al frente de la lista de los libros m\u00e1s vendidos, y \u00e9se quiz\u00e1 sea el principio del caso Soriano. \u00abCreo que esa situaci\u00f3n, sin que yo me lo propusiera, me debe haber granjeado muchos odios -le dijo el escritor a Ver\u00f3nica Chiaravalli en una entrevista de junio de 1996, meses antes de su muerte-. Y la verdad es que es una historia que me incomoda bastante, porque no es el rol que hubiera querido desempe\u00f1ar: ser best seller tiene una tradici\u00f3n de desprestigio que yo mismo compart\u00eda.\u00bb<\/p>\n<p>Ju\u00e1rez dice que a Soriano el \u00e9xito nunca se le subi\u00f3 a la cabeza. Lo manej\u00f3 con sentido pr\u00e1ctico, afirma: obtuvo m\u00e1s libertad y us\u00f3 la fama para ponerse m\u00e1s exigente con las editoriales. En 1995 Editorial Norma pag\u00f3 500.000 d\u00f3lares por los derechos de sus libros. Ya para entonces, tras la publicaci\u00f3n de A sus plantas rendido un le\u00f3n (1986), Una sombra ya pronto ser\u00e1s (1990) y El ojo de la patria (1992), Soriano era un escritor premiado y traducido a m\u00e1s de quince lenguas que, a pesar de su tendencia al aislamiento, se hab\u00eda hecho tambi\u00e9n una imagen p\u00fablica en la que eran legendarios sus h\u00e1bitos noct\u00e1mbulos (viv\u00eda y escrib\u00eda de noche y dorm\u00eda de d\u00eda), sus dotes de impenitente narrador oral, su devoci\u00f3n por los gatos y su fanatismo por San Lorenzo de Almagro.<br \/>\nIndiferencia y rechazo<\/p>\n<p>En medio de ese \u00e9xito, la cr\u00edtica acad\u00e9mica lo ignoraba. Y esa indiferencia le dol\u00eda, cuenta Catherine Brucher. Aunque, aclara, no le quitaba el sue\u00f1o. Jos\u00e9 Pablo Feinmann ha dicho que Soriano emergi\u00f3 en el momento equivocado y acab\u00f3 siendo v\u00edctima de un esquema cultural marcado por la influencia de Derrida y los deconstruccionistas: \u00abEse se\u00f1or que narra es postergado en nombre de los escritores exquisitos que le dan primac\u00eda al lenguaje, como Piglia, Saer y posteriormente Aira\u00bb.<\/p>\n<p>\u00bfEs lo masivo, lo popular, enemigo de lo bueno? \u00bfHay que optar entre unos y otros? \u00abSe puede y se debe leer tanto a Saer como a Soriano -dice Tom\u00e1s Eloy Mart\u00ednez-. Saer trabaja con una gran conciencia del lenguaje y en un registro donde la poes\u00eda y aun la m\u00fasica son esenciales. En Soriano hay otros valores, como la construcci\u00f3n de la intriga y la creaci\u00f3n de dos o tres personajes capaces de representar por s\u00ed mismos una met\u00e1fora de su \u00e9poca o ser s\u00edmbolos alusivos a los delirios de un determinado momento hist\u00f3rico.\u00bb<\/p>\n<p>No es necesario, entonces, elegir entre Soriano y Saer. \u00abEso ser\u00eda igual que tomar partido entre Borges y Arlt -afirma el escritor Juan Martini-. Yo soy un lector constante de Borges, pero no por eso he dejado de leer a Arlt. Soriano, como Arlt, es una mancha en la tradici\u00f3n glamorosa de una literatura que so\u00f1\u00f3 durante mucho tiempo con una carta de ciudadan\u00eda que nunca tuvo.\u00bb La comparaci\u00f3n no es ociosa: a Soriano le han reprochado las mismas cosas que en su momento le endilgaron al autor de Los siete locos : que su escritura era obvia, que banalizaba la realidad y que apelaba a dudosos golpes de efecto. \u00abLa obra de Arlt debi\u00f3 esperar m\u00e1s de veinte a\u00f1os, desde la muerte del autor, hasta que un pu\u00f1ado de intelectuales la enarbol\u00f3 para oponerla a la obra de Borges\u00bb, recuerda Martini, por las dudas. El campo de la literatura en algo se parece al del f\u00fatbol: siempre hay un River y un Boca.<\/p>\n<p>Alberto D\u00edaz rescata a Soriano del lugar de v\u00edctima: \u00abCada autor aspira a ser le\u00eddo de una determinada manera, y creo que ese rechazo de la academia en parte fue buscado por el propio Soriano -arriesga-. Yo creo que se construy\u00f3 una imagen p\u00fablica por fuera de los peque\u00f1os cen\u00e1culos que lo ignoraban\u00bb.<\/p>\n<p>La indiferencia puede ser letal, pero Soriano recibi\u00f3 tambi\u00e9n cr\u00edticas por dem\u00e1s virulentas, como aquella que Charlie Feiling public\u00f3 en la revista Babel tras la aparici\u00f3n de Una sombra&#8230; All\u00ed, el autor de El agua electrizada afirmaba que la novela \u00able hace a la literatura argentina lo mismo que el Excelent\u00edsimo Sr. Presidente [por entonces Carlos Menem] al pa\u00eds\u00bb. Calific\u00f3 el libro de populista, deplor\u00f3 su escritura y lo encontr\u00f3 plagado de estereotipos y lugares comunes. \u00abA Soriano no le gustaban las cr\u00edticas y tom\u00f3 medidas injustas contra gente que lo cuestion\u00f3. Eso no le quita m\u00e9rito; era un hombre complejo, de la misma manera que era un tipo terriblemente querible, de una enorme simpat\u00eda y con una enorme capacidad para contar an\u00e9cdotas\u00bb, dice Liliana Heker en Osvaldo Soriano. Un retrato , libro en el que Eduardo Montes-Bradley reuni\u00f3 testimonios acerca de la vida y la obra del escritor.<\/p>\n<p>\u00abNo toda la cr\u00edtica le peg\u00f3 -matiza Fernando Fagnani, uno de sus editores en los a\u00f1os en que public\u00f3 en Norma-. La cr\u00edtica period\u00edstica estaba dividida y la acad\u00e9mica lo ignoraba. Pero en todas partes las academias tienen sus propias agendas, que no son las que manejan los lectores y que tambi\u00e9n est\u00e1n determinadas por el pensamiento de la \u00e9poca.\u00bb<br \/>\nLa angustia del nuevo libro<\/p>\n<p>Gloria Rodrigu\u00e9, su editora en Sudamericana, recuerda la angustia que le generaba la salida de un nuevo libro. \u00abSe pon\u00eda muy obsesivo. A las dos semanas, en cuanto el libro funcionaba bien, se tranquilizaba y volv\u00eda a ser \u00e9l mismo. Quer\u00eda que salieran notas pero no quer\u00eda darlas, nos ped\u00eda una descripci\u00f3n del medio y del periodista. En el fondo, era miedo a exponerse, cosa com\u00fan entre los escritores. Eso s\u00ed, le encantaba reunirse con los vendedores de la editorial al final del d\u00eda en un bar que hab\u00eda en la esquina. Ellos estaban encantados. Se quedaban horas charlando de f\u00fatbol.\u00bb<\/p>\n<p>Durante a\u00f1os, Susana Gim\u00e9nez quiso llevarlo a su programa de televisi\u00f3n, pero \u00e9l se negaba. \u00abTrat\u00e1bamos de convencerlo y no hab\u00eda caso. Un d\u00eda el productor le pregunt\u00f3 qu\u00e9 quer\u00eda para ir al programa. Estar solo, contest\u00f3. Se lo concedieron y fue. Se sinti\u00f3 c\u00f3modo y al otro d\u00eda le mand\u00f3 a Susana un ramo de rosas. En el fondo era t\u00edmido y solitario. Prefer\u00eda la tranquilidad de su casa\u00bb, cuenta la editora, y recuerda que cuando Soriano llegaba a la editorial, el patio empezaba a llenarse de gatos que saltaban de los jardines vecinos.<\/p>\n<p>Oliverio Coelho, un destacado narrador de las nuevas camadas, entiende que Soriano ha quedado relegado como un \u00edcono y una referencia de otra generaci\u00f3n. \u00abSus libros fueron productos de \u00e9poca acu\u00f1ados con gran sentido de la oportunidad. [&#8230;] Tras la vuelta a la democracia, su figura p\u00fablica, desplegada con oficio en incesantes intervenciones period\u00edsticas, parodi\u00f3 y acondicion\u00f3 el modelo t\u00e1cito de Cort\u00e1zar trocando el signo rom\u00e1ntico por la contrase\u00f1a populista\u00bb, escribi\u00f3 en el diario Perfil en enero de 2007, alineado, muchos a\u00f1os despu\u00e9s, con Feiling.<\/p>\n<p>\u00abA mi modo de ver -dice Coelho hoy-, el desprecio por Soriano, tanto como la devoci\u00f3n por sus libros, es de otra generaci\u00f3n, la de Babel -Planeta Sur.\u00bb<\/p>\n<p>Sin embargo, as\u00ed como los entonces j\u00f3venes referentes de Planeta, Juan Forn y Rodrigo Fres\u00e1n, se opon\u00edan a las plumas de Babel y encontraron en Soriano un mentor y acaso un amigo, hoy entre los j\u00f3venes hay quienes profesan esa antigua devoci\u00f3n. A los 25 a\u00f1os, Noelia Fraguela, egresada de la carrera de Comunicaci\u00f3n Social de la Universidad de La Plata, est\u00e1 en plena etapa de edici\u00f3n de un documental sobre Soriano. \u00abMe enamor\u00e9 profundamente de sus libros -dice-. Con su melancol\u00eda, con su humor \u00e1cido e inteligente, Soriano puede explicar algo tr\u00e1gico como las sangrientas luchas peronistas de los a\u00f1os 70 y hacerte re\u00edr al mismo tiempo. Logr\u00f3 que el lector pueda sentirse identificado e interpelado en cada l\u00ednea. Supo ver la realidad argentina y traducirla en literatura como ning\u00fan otro. Sus novelas no han perdido vigencia porque la historia es c\u00edclica; o es cr\u00f3nica, dir\u00eda, en la Argentina. Uno lee sus libros, les saca los nombres propios y las fechas y lee la actualidad.\u00bb<\/p>\n<p>Antes o ahora, la pol\u00e9mica (que tuvo su \u00faltima manifestaci\u00f3n p\u00fablica en los textos que Guillermo Saccomanno y Beatriz Sarlo cruzaron en Radar a principios de 2007) no deber\u00eda reducirse a la cuesti\u00f3n de narrar o no narrar. Soriano est\u00e1 lejos de haber sido un mero contador de historias. Su preocupaci\u00f3n por la t\u00e9cnica y los resortes del relato se volvi\u00f3 con el tiempo un ejercicio m\u00e1s consciente. As\u00ed lleg\u00f3 a escribir La hora sin sombra (1995) donde, como se\u00f1ala Tom\u00e1s Eloy Mart\u00ednez en el pr\u00f3logo de la edici\u00f3n de Seix Barral, el eje del relato es el trabajo de composici\u00f3n de una novela. A pesar de ser una novela sobre la escritura, La hora sin sombra no dej\u00f3 afuera a los lectores habituales de Soriano porque, seg\u00fan Juan Martini, cuenta entre otras cosas una de las m\u00e1s bellas historias de amor de la literatura argentina. Sin duda, hubo un viraje en esta \u00faltima obra del escritor: la parodia daba paso a un tono diferente y los personajes adquir\u00edan mayor complejidad y calado.<br \/>\nUn lugar en el canon<\/p>\n<p>Soriano muri\u00f3 de un c\u00e1ncer de pulm\u00f3n a los 54 a\u00f1os, el 29 de enero de 1997. Entre las cosas que dej\u00f3 hab\u00eda, seguro, nuevos libros por escribir. \u00bfAlcanzan los que escribi\u00f3 para asegurarle un lugar en el canon? Pregunta vana, porque ese canon es algo que cada \u00e9poca reescribe de acuerdo con sus simpat\u00edas y rechazos. De cualquier modo, y a pedido, Martini ensaya sus razones: \u00bb Triste, solitario y final es uno de los puntos de partida del policial negro en la Argentina. S\u00f3lo eso justificar\u00eda su permanencia en el canon, que no es otra cosa que un programa de lecturas. Porque esa risue\u00f1a parodia del policial lleva en s\u00ed todas las marcas (las mejores y las peores) de la generaci\u00f3n del 60: las ilusiones, el fervor, el compromiso, los caprichos, los aciertos y los errores. Por otro lado, todas sus novelas, con mayor o menor logro, son el escenario de las se\u00f1as de identidad de una sociedad y de los valores y las taras de la realidad y la pol\u00edtica a lo largo de m\u00e1s de veinte a\u00f1os, de 1973 a 1995, que fueron los a\u00f1os en que aparecieron sus libros. Si no se lee a Soriano, no se entiende mucho de lo que pas\u00f3, y pasa, en la literatura, en el cine y en la pol\u00edtica. Y eso es historia, eso es la cultura, nos gusten o no las novelas de Soriano\u00bb.<\/p>\n<p>M\u00e1s all\u00e1 del canon y otros espejismos de inmortalidad, tal vez nuevos lectores sean capaces de hallar en sus libros lo que seguro no envejece, lo que se esconde detr\u00e1s de sus historias, hechas de peque\u00f1as peripecias que remiten a algo que est\u00e1 m\u00e1s all\u00e1 del texto: la \u00e9tica del perdedor, la b\u00fasqueda de la identidad, la deriva y la intemperie como condici\u00f3n de la vida y, sobre todo, aquello que quiz\u00e1 sea la pulsi\u00f3n secreta de todo escritor: el relato como presupuesto del sentido.<\/p>\n<p>Fuente: H\u00e9ctor M. Guyot en la revista adn cultura del diario La Naci\u00f3n, Buenos Aires, 22 deagosto de 2009.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Miles de argentinos siguen leyendo a Osvaldo Soriano en silencio. Vende 20.000 ejemplares cada a\u00f1o y su figura contin\u00faa provocando antagonismos en el mundo intelectual. Su viuda, Catherine Brucher, recuerda la vida en com\u00fan. Publicamos adem\u00e1s cartas desconocidas, donde el autor expone dudas acerca de su propio estilo literario.<\/p>\n<p>Por H\u00e9ctor M. 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