{"id":1806,"date":"2008-03-11T14:48:52","date_gmt":"2008-03-11T12:48:52","guid":{"rendered":"https:\/\/www.sabado100.com.ar\/?p=1806"},"modified":"2008-03-11T14:48:52","modified_gmt":"2008-03-11T12:48:52","slug":"ranchadas-juveniles-la-ley-de-la-calle","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/sabado100.com.ar\/es-ar\/ranchadas-juveniles-la-ley-de-la-calle\/","title":{"rendered":"Ranchadas juveniles: la ley de la calle"},"content":{"rendered":"<p>Es un d\u00eda de calor insoportable en la ciudad, el sol est\u00e1 que pincha.<\/p>\n<p>La gente que camina por la sombra ni los mira, ya acostumbrada al paisaje. Tirados en esas enormes esponjas que alguna vez fueron colchones, los chicos de la ranchada conocida como \u00abla jaula\u00bb, en Pompeya, parecen no sentir los aguijonazos calientes ni el sonido grueso del tren que llega a la estaci\u00f3n, tal vez anestesiados por el paco y el pegamento de la tarde anterior, en uno de los tres d\u00edas que el periodista del diario La Naci\u00f3n comparti\u00f3 con ellos.<\/p>\n<p>A la ranchada la llaman \u00abla jaula\u00bb porque los pibes duermen en el estacionamiento de un supermercado, al aire libre, delimitado por unas rejas y el borde del alambrado de las v\u00edas del tren que va de Pompeya al coraz\u00f3n del Conurbano, de donde son la mayor\u00eda de los chicos que deambulan y ranchean en la ciudad.<\/p>\n<p>Hacen la calle juntos, duermen juntos, se protegen entre ellos de los peligros de vivir a la intemperie social, de otras ranchadas, de \u00abla gorra\u00bb, como llaman a la polic\u00eda, y, a veces, hasta de ellos mismos, cuando el consumo no los deja \u00abrescatarse\u00bb. Eso es una ranchada infantil: grupos de chicos que abandonaron sus casas y los institutos de menores y se juntan en los grandes centros urbanos, en Capital y el Conurbano; tambi\u00e9n en los del interior, como Santa Fe y C\u00f3rdoba, donde hay m\u00e1s para repartir.<\/p>\n<p>Suelen reunirse en las cabeceras y las periferias de las estaciones de trenes de Retiro, Once, Constituci\u00f3n, Pompeya, el microcentro, por la avenida Paseo Col\u00f3n, y en barrios de gran circulaci\u00f3n de gente como Caballito y Palermo, entre otros. S\u00f3lo hace falta afinar la mirada para verlos, juntos, en esos espacios abandonados de la ciudad que ellos han convertido en lugar de pertenencia. All\u00ed forman sus ranchadas, t\u00e9rmino de origen \u00abtumbero\u00bb, ligado a la jerga carcelaria: ranchadas son los grupos que forman los presos para defenderse de los dem\u00e1s.<\/p>\n<p>\u00abAc\u00e1 nos cuidamos el culo, como quien dice \u00bfno?, nos protegemos, bolsiamos \u00ab, dice \u00abel negrito\u00bb, 21 a\u00f1os, l\u00edder de la ranchada \u00abla jaula\u00bb, integrada por otros seis pibes de 10 a 16 a\u00f1os; a veces son m\u00e1s, a veces menos. Dice que se cri\u00f3 en la calle, que en las ranchadas siempre hay uno m\u00e1s grande que es el que manda y que en la de \u00e9l no se permite el paco. \u00abPor ac\u00e1, en el barrio, se consigue a un peso\u00bb, comenta al pasar. \u00abS\u00ed quer\u00e9s entrar a la ranchada, ten\u00e9s que venir bien, no de prepo, porque si no los pibitos te cagan a palos. Cuando se arma, ten\u00e9s que saltar por tu ranchada, ac\u00e1 se comparte todo. Antes hab\u00eda una piba, pero se mand\u00f3 una macana y cay\u00f3 presa, bardi\u00f3\u00bb, afirma.<\/p>\n<p>Las ranchadas infantiles son una herida social que no deja de profundizarse. As\u00ed las describe Mar\u00eda Sonder\u00e9guer, del Centro de Derechos Humanos de la Universidad de Quilmes, donde funcionan talleres para chicos de esa ribera. Desde la d\u00e9cada del 90, y acentuado por la crisis de 2001, con la pauperizaci\u00f3n de la sociedad argentina que desarticul\u00f3 muchas redes sociales, la formaci\u00f3n de ranchadas fue ganando espacio, dice Sonder\u00e9guer. \u00abQue se vean o no en la calle no evita el fen\u00f3meno, porque hay una pol\u00edtica represiva. Por m\u00e1s que haya una buena situaci\u00f3n econ\u00f3mica hoy, el tejido social no se recompone de inmediato; recomponerlo es much\u00edsimo m\u00e1s lento y trabajoso que destruirlo\u00bb.<\/p>\n<p>Con paco y pegamento<\/p>\n<p>\u00abLa ranchada de Perito [Moreno, a un par de cuadras] est\u00e1 muy bardera, que pasa una se\u00f1ora y la roban, pasa un flaco y le roban, un colectivo y le sacan los aluminios, muy bardo, lo hacen para comprar paco. Con eso subensubensuben y despu\u00e9s cuando bajan, salen a robar para comprar porque quieren m\u00e1s \u00a1quieren m\u00e1s! y la polic\u00eda nos mete a todos en la misma bolsa\u00bb, cuenta Ariel, 14 a\u00f1os, flaqu\u00edsimo, con m\u00e1s de cuatro a\u00f1os en \u00abla jaula\u00bb. Es una de las pocas veces que Ariel se pone serio para hablar. En otra ocasi\u00f3n lo hizo para hablar de los paraguayos que le deben plata por hacer de campana: \u00abSon los que hacen el juego de la pelotita escondida en los vasitos; si viene la cana yo les aviso; pero no me pagaron por lo del s\u00e1bado\u00bb, cuenta tirado en el suelo, medio en broma, medio en serio, mientras se toca el dedo gordo del pie derecho que le sale de la zapatilla, varios n\u00fameros m\u00e1s grande. Por la tarde, cuando el sol se pierda del lado de las v\u00edas, ya no podr\u00e1 enhebrar frases, la bolsa de pegamento lo llevar\u00e1 de viaje por ah\u00ed.<\/p>\n<p>Ariel dice que en su casa, en Villegas, son \u00abcomo 100\u00bb y que tiene siete hermanos. Uno de ellos es Pablo, de 10, que se pasa el d\u00eda limpiando vidrios en S\u00e1enz y Perito Moreno. Trigue\u00f1o, de grandes ojos marrones, Pablo no quiere saber nada con la lata de pegamento, ni la bolsita ni el paco, tal vez porque ve c\u00f3mo le hacen da\u00f1o a sus hermanos mayores. \u00abTengo que ir a la escuela para ayudar a mi abuela\u00bb, dice, e intenta no atragantarse con unas medialunas \u00abde ayer\u00bb que les regalaron. Pero Pablo tiene bronca acumulada, o tristeza, qui\u00e9n sabe. Chicos de otra ranchada le sacaron la gorrita: \u00abMe tuve que agarrar a trompadas\u00bb, cuenta. Es el \u00fanico del grupo que anda sin gorrita. \u00abYa los voy a agarrar a \u00e9sos\u00bb, desaf\u00eda.<\/p>\n<p>Por ah\u00ed est\u00e1 Claudia, la \u00abmamu\u00bb, una piba de 14 a\u00f1os (despu\u00e9s dir\u00e1 no recordar cu\u00e1ntos a\u00f1os tiene) que dice ser de Gonz\u00e1lez Cat\u00e1n y que ranchea en \u00abla jaula\u00bb y otras ranchadas de la zona. Un cigarrillo descansa en su oreja izquierda y sobresale de su bolsillo una pipeta negra, necesaria para las dosis de paco. \u00abMe doy un toque y te cuento de mi novio\u00bb, dice, y se va un rato para volver, acelerada y sonriente, a contar que tiene 15 hermanos y vuelve de vez en cuando a su casa, y que a su novio, Mart\u00edn, lo conoci\u00f3 en la calle y que lo que m\u00e1s le gusta de \u00e9l es que es \u00abun gato relindo\u00bb.<\/p>\n<p>A la \u00abmamu\u00bb no la tratan mejor por ser mujer. De hecho nadie se acord\u00f3 de ella en el momento de englutir las medialunas. Para poner las cosas en su lugar con otros chicos, adolescentes y m\u00e1s grandes que pasan a saludar, ella tiene en sus pu\u00f1os y su voz el pinchazo paralizante. \u00abVos call\u00e1te, sal\u00ed de ac\u00e1, maldito drog\u00f3n, fisura. Si quer\u00e9s pi\u00f1as vas a tener, \u00bfeh?, enano de mierda\u00bb, le grita a un chiquil\u00edn rubi\u00f3n al que llaman Polaquito, que la molesta y escapa ri\u00e9ndose como una ardilla. El Polaquito goza de la impunidad de ser el hijo del \u00abnegrito\u00bb, l\u00edder de la ranchada. Despu\u00e9s la \u00abmamu\u00bb se dispersa y juega con un perro perdido, al que llamaron \u00abQuieto\u00bb, un cruza de mantonegro que se les acovach\u00f3 en la ranchada y chumba a todos los perros-mascota que pasean los vecinos. \u00abA ese perro lo voy a matar \u00bfpor qu\u00e9 no se vuelven para \u00b4la jaula ?\u00bb, les grita un se\u00f1or enfurecido por los ladridos. (Con el temor de la inseguridad, son muchos los vecinos que pierden los estribos y ven en el desamparo de los chicos una forma de amenaza. \u00abEsto se soluciona con un lanzallamas\u00bb, le dijo una vez un vecino de Palermo a Roberto Mariani, de la Asociaci\u00f3n Civil El Armadero, un centro que trabajaba con 250 chicos de la calle y fue cerrado por recorte presupuestario en febrero.)<\/p>\n<p>Al d\u00eda siguiente, Marcelo, 15 a\u00f1os, camiseta de Boca, est\u00e1 de visita en \u00abla jaula\u00bb, otra vez en Pompeya, la ranchada que supo integrar hasta hace poco. Son casi las 11 de la ma\u00f1ana y \u00abel negrito\u00bb, Pablo, Ariel y Horacio duermen. Marcelo es de San Justo, cuenta que estuvo en varios centros de d\u00eda y comedores infantiles, define a los operadores de calle del gobierno (empleados municipales que son el nexo entre la vida de los chicos en la calle y las oficinas de gobierno) como \u00abunas ratas, transas\u00bb, pero no dice por qu\u00e9; y que en el comedor \u00abDon Bosquito\u00bb, se \u00abmor\u00eda de hambre\u00bb.<\/p>\n<p>Marcelo sonr\u00ede al hablar, pero lo que cuenta no es para re\u00edr: \u00abYo viv\u00ed en varias ranchadas, como en una de San Telmo y otra en Caballito; est\u00e1 lleno de ranchadas, por todos lados, debajo de los puentes, por todos lados. Una vez vino un puto y se quiso llevar a uno de los m\u00e1s chiquitos. Terrible viol\u00edn, le met\u00ed un fierrazo en la cabeza. Es que le ofrecen un plato de comida caliente, ropa, son muy zarpados algunos, terrible viol\u00edn \u00ab, repite el pibe, y se r\u00ede cuando el cronista dice que les cree a los chicos de \u00abla jaula\u00bb cuando dicen que no consumen paco. \u00ab\u00a1Estos, son re-paqueros!\u00bb, exclama, y su risotada empieza a despertar a la ranchada, los cuerpos molidos comienzan a estirarse. \u00ab\u00bfD\u00f3nde est\u00e1 la lata?\u00bb, es lo primero que se preguntan al despertar.<\/p>\n<p>En Pompeya, dice Mariani, es donde se est\u00e1n dando las muestras de peor da\u00f1o a causa del paco, porque la zona est\u00e1 rodeada por la realidad del narcotr\u00e1fico, la villa 1-11-14, la villa de Zabaleta. \u00abEl Estado est\u00e1 ausente -dice-, hace falta mucho trabajo de fortalecimiento de la familia. La voluntad de trabajo se ve cuando recort\u00e1s presupuesto.\u00bb<\/p>\n<p>Mientras llovizna en la ciudad, Roque, 12 a\u00f1os, de Ezpeleta, camina envuelto en una frazada por el hall de Constituci\u00f3n. Invita a almorzar con su ranchada, ubicada en alguno de los vericuetos que hay debajo de los cruces de las autopistas de la zona. Despu\u00e9s de negociar con \u00abTati\u00bb, el l\u00edder, Roque vuelve con la negativa para compartir el almuerzo que humea unos metros m\u00e1s all\u00e1. \u00abEst\u00e1n repasados , mejor otro d\u00eda\u00bb, se disculpa. Antes de despedirse, dice que tiene seis hermanos, que se fue de su casa porque no hab\u00eda para comer y que reparte estampitas en los trenes, que no sabe lo que le gustar\u00eda ser cuando sea grande. \u00abNada\u00bb, dice, al tiempo que levanta sus hombros y pega media vuelta.<\/p>\n<p>En otra de estas cuevas est\u00e1 la ranchada de \u00abLa Pato\u00bb, una se\u00f1ora con varias cicatrices en la cara, las manos, la nariz achatada. A metros de las camas, los improvisados armarios, la cocina y la nube de moscas, hay un altar del Gauchito Gil. Algunos pibes la llaman \u00abmam\u00e1\u00bb, dicen que es una de las mujeres perversas que da lugar a cambio del \u00abdiezmo\u00bb. Dos chicos duermen en el fondo, en donde hay m\u00e1s colchones. La mujer niega todo y mejor no insistir. \u00abLos quiero como a mis hijos\u00bb, grita, y el grito se escucha pese al zumbido de los autos que van y vienen por la autopista.<\/p>\n<p>En la \u00faltima tarde que se pasa con los chicos de \u00abla jaula\u00bb, el aire est\u00e1 enrarecido. Se nota que no pasaron bien la noche, la polic\u00eda los vino a sacar. Hoy est\u00e1 de \u00abvisita\u00bb otro ex de la ranchada. Es \u00abCharango\u00bb, m\u00e1s de 30 a\u00f1os, que llega agitando un ca\u00f1o galvanizado y tiende la mano para saludar. Charango compara las ranchadas de antes y las de ahora: \u00abAntes yo rancheaba ac\u00e1. Ranchada significa amistad, estar juntos, ser amigos de la calle. Ahora son muy cachivache , con el paco no hay m\u00e1s c\u00f3digos, por un paco te meten una pu\u00f1alada\u00bb.<\/p>\n<p>\u00bfSe rompieron los c\u00f3digos en las ranchadas? Y s\u00ed, se rompieron, dice Gabriel Rolando, con cinco a\u00f1os como operador de calle del Servicio de Paz y Justicia, la organizaci\u00f3n que preside el premio Nobel de la Paz, Adolfo P\u00e9rez Esquivel. \u00abAntes hab\u00eda otros consumos, hoy el paco vino a quebrar todo eso. Los lima totalmente. Es muy com\u00fan ver c\u00f3mo se garcan entre ellos, se garcan plata, se garcan ropa, y, de ah\u00ed, a pelar una faca&#8230; el nivel de agresividad aument\u00f3 much\u00edsimo. Antes hab\u00eda c\u00f3digos; por ejemplo, si ven\u00eda un nene muy chico a la ranchada, la misma ranchada lo induc\u00eda a volver a su casa. Lo que pasa es que si llegan a toparse con un adulto perverso de calle, que les da lugar, les da comida, les da una cama&#8230; despu\u00e9s, con el tiempo, aprenden a pedir, despu\u00e9s a robar y, despu\u00e9s del robo, lo que viene es dejar el diezmo a ese adulto que les dio un lugar. Eso sigue existiendo y las v\u00edctimas son los pibes\u00bb.<\/p>\n<p>Horacio, el de 16, dice que vive en Laferrere (antes hab\u00eda dicho que viv\u00eda en Villegas) con su mam\u00e1 y sus siete hermanos, que en su casa son 30 personas, todos en la misma casa. Fue hasta los 13 a\u00f1os a la escuela y lleg\u00f3 hasta quinto grado, recuerda. &#8230;l se la rebusca cuidando coches del supermercado. Con \u00abel negrito\u00bb y Ariel, su hermano, se pelean por la lata de pegamento. Todos est\u00e1n como borrachos, la bolsa se infla y se desinfla y pasa de mano en mano. Horacio dice que est\u00e1 cansado y aburrido, ve la c\u00e1mara de video que lleva el cronista y pide que lo filmen: \u00abLa polic\u00eda nos molesta, anoche vino la brigada y nos sac\u00f3 los colchones. Tal vez vayamos a dormir a la iglesia de Pompeya, pero de ah\u00ed tambi\u00e9n nos rajaron, nos rajan de todos lados\u00bb. Horacio aclara que la madre lo mand\u00f3 a la ranchada para cuidar a sus hermanitos. \u00ab\u00bfPero qu\u00e9 voy a hacer? Este est\u00e1 pegado a la bolsa y no puedo hacer nada\u00bb, cuenta resignado. Horacio ve una pelota de pl\u00e1stico, dice que \u00e9l juega de 11 y que juega bien. Sin embargo hace jueguito con la derecha y la zurda parece no responderle, no coordina.<\/p>\n<p>Mientras vuelve a pasar el tren repleto de gente hacia el Conurbano, unos metros m\u00e1s all\u00e1, su hermano y el negrito se siguen peleando por la lata.<\/p>\n<p>Fuente: suplemento Enfoques, diario La Naci\u00f3n, Buenos Aires, 9 de marzo de 2008.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Los m\u00e1s chicos tienen 6 a\u00f1os, los m\u00e1s grandes pueden pasar los 20. Casi no ven a sus familias, hace mucho que dejaron la escuela y viven en distintos puntos de la ciudad, protegi\u00e9ndose entre ellos de los peligros de vivir a la intemperie social. Son las \u00abranchadas\u00bb, grupos de chicos y chicas jaqueados por la pobreza, las drogas y la indiferencia. Un periodista estuvo con ellos y recogi\u00f3 sus testimonios. Estas son sus historias.<\/p>\n<p>Por Gustavo Barco (Buenos Aires)<\/p>\n","protected":false},"author":3,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"site-sidebar-layout":"default","site-content-layout":"","ast-site-content-layout":"default","site-content-style":"default","site-sidebar-style":"default","ast-global-header-display":"","ast-banner-title-visibility":"","ast-main-header-display":"","ast-hfb-above-header-display":"","ast-hfb-below-header-display":"","ast-hfb-mobile-header-display":"","site-post-title":"","ast-breadcrumbs-content":"","ast-featured-img":"","footer-sml-layout":"","ast-disable-related-posts":"","theme-transparent-header-meta":"","adv-header-id-meta":"","stick-header-meta":"","header-above-stick-meta":"","header-main-stick-meta":"","header-below-stick-meta":"","astra-migrate-meta-layouts":"default","ast-page-background-enabled":"default","ast-page-background-meta":{"desktop":{"background-color":"var(--ast-global-color-4)","background-image":"","background-repeat":"repeat","background-position":"center center","background-size":"auto","background-attachment":"scroll","background-type":"","background-media":"","overlay-type":"","overlay-color":"","overlay-opacity":"","overlay-gradient":""},"tablet":{"background-color":"","background-image":"","background-repeat":"repeat","background-position":"center center","background-size":"auto","background-attachment":"scroll","background-type":"","background-media":"","overlay-type":"","overlay-color":"","overlay-opacity":"","overlay-gradient":""},"mobile":{"background-color":"","background-image":"","background-repeat":"repeat","background-position":"center center","background-size":"auto","background-attachment":"scroll","background-type":"","background-media":"","overlay-type":"","overlay-color":"","overlay-opacity":"","overlay-gradient":""}},"ast-content-background-meta":{"desktop":{"background-color":"var(--ast-global-color-5)","background-image":"","background-repeat":"repeat","background-position":"center center","background-size":"auto","background-attachment":"scroll","background-type":"","background-media":"","overlay-type":"","overlay-color":"","overlay-opacity":"","overlay-gradient":""},"tablet":{"background-color":"var(--ast-global-color-5)","background-image":"","background-repeat":"repeat","background-position":"center center","background-size":"auto","background-attachment":"scroll","background-type":"","background-media":"","overlay-type":"","overlay-color":"","overlay-opacity":"","overlay-gradient":""},"mobile":{"background-color":"var(--ast-global-color-5)","background-image":"","background-repeat":"repeat","background-position":"center center","background-size":"auto","background-attachment":"scroll","background-type":"","background-media":"","overlay-type":"","overlay-color":"","overlay-opacity":"","overlay-gradient":""}},"footnotes":""},"categories":[4,26],"tags":[],"class_list":["post-1806","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-cultura-y-sociedad","category-general"],"yoast_head":"<!-- This site is optimized with the Yoast SEO plugin v23.2 - https:\/\/yoast.com\/wordpress\/plugins\/seo\/ -->\n<title>Ranchadas juveniles: la ley de la calle - Sabado 100<\/title>\n<meta name=\"robots\" content=\"index, follow, max-snippet:-1, max-image-preview:large, max-video-preview:-1\" \/>\n<link rel=\"canonical\" href=\"https:\/\/sabado100.com.ar\/es-ar\/ranchadas-juveniles-la-ley-de-la-calle\/\" \/>\n<meta property=\"og:locale\" content=\"es_ES\" \/>\n<meta property=\"og:type\" content=\"article\" \/>\n<meta property=\"og:title\" content=\"Ranchadas juveniles: la ley de la calle - Sabado 100\" \/>\n<meta property=\"og:description\" content=\"Los m\u00e1s chicos tienen 6 a\u00f1os, los m\u00e1s grandes pueden pasar los 20. 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