{"id":1769,"date":"2008-01-28T21:35:17","date_gmt":"2008-01-28T19:35:17","guid":{"rendered":"https:\/\/www.sabado100.com.ar\/?p=1769"},"modified":"2008-01-28T21:35:17","modified_gmt":"2008-01-28T19:35:17","slug":"atahualpa-yupanqui-el-poeta-mas-solitario-del-mundo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/sabado100.com.ar\/es-ar\/atahualpa-yupanqui-el-poeta-mas-solitario-del-mundo\/","title":{"rendered":"Atahualpa Yupanqui: el poeta m\u00e1s solitario del mundo"},"content":{"rendered":"<p>Sali\u00f3 del cabaret o teatro donde acababa de escuchar a Carlos Gardel, largamente, por primera vez en su vida, y era ya de madrugada, y empez\u00f3 a deambular por las calles oscuras como un son\u00e1mbulo, como si quisiera salvar de los ruidos de la calle Corrientes el recuerdo de esa voz milagrosa, y s\u00f3lo repar\u00f3 en que hab\u00eda recalado en un banco de la Plaza Lavalle cuando, casi al amanecer, un perro lleg\u00f3 a lamerle una mano. \u00abDon Carlos\u00bb, le dijo, as\u00ed como en los pagos de Pergamino se confiaba, como a nadie, a su caballo. \u00ab\u00a1Don Carlos!\u00bb, con esa emoci\u00f3n austera del pe\u00f3n de campo que cuenta que acaba de cruzarse con alg\u00fan paisano c\u00e9lebre por alguna proeza. \u00abDon Carlos\u00bb, y no \u00abCarlitos\u00bb o \u00abGardel\u00bb a secas, como lo llamaban, con esa familiaridad canyengue que se acerca tanto a la falta de respeto, sus admiradores porte\u00f1os. En esa manera absoluta de admirar, y, revirtiendo las jerarqu\u00edas usuales, elegir a quien rendir vasallaje, est\u00e1 la esencia del arte, de la humanidad, de Atahualpa Yupanqui (Pergamino, 31 de enero de 1908 &#8211; Nimes, Francia, 23 de mayo de 1992).<\/p>\n<p>Ten\u00eda menos de veinte a\u00f1os, aquella noche, y ning\u00fan talento demasiado ostensible. Parece natural que en aquel irrepetible variet\u00e9 de Buenos Aires, aun con ese seud\u00f3nimo tan ampuloso que hab\u00eda elegido, su figura resultara incluso m\u00e1s extranjera que la de Mistinguette, que hac\u00eda arder al Ba-ta-clan con sus \u00abveinte caras bonitas\u00bb, o que la de Jos\u00e9 Bohr, el oxigenado y cazurro chansonnier de Punta Arenas que hac\u00eda bailar a la clase alta al son de su foxtrot \u00abMelenita de oro\u00bb. Tampoco es cierto que a Atahualpa le haya ido demasiado mal. Ignacio Corsini le grab\u00f3, ya tan tempranamente, \u00abCaminito del indio\u00bb, y hasta la espa\u00f1ola Imperio Argentina incorpor\u00f3 varias canciones suyas a su repertorio. Pero el \u00abcancionero nativo\u00bb que cantaba Corsini pintaba casi siempre el \u00abinterior\u00bb tan pintoresca y ex\u00f3ticamente como un inmigrante pod\u00eda imaginarlo, con una ret\u00f3rica opuesta a la austeridad de la poes\u00eda campestre y un andamiaje musical que llegaba incluso -es el caso de la extraordinaria canci\u00f3n criolla \u00abLa rodada\u00bb- a remedar un aria de \u00f3pera&#8230; Yupanqui por Corsini agrada, pero hace sonre\u00edr: la palabra \u00abcolla\u00bb suena inevitablemente kitsch . Y cuando en una de sus innumerables pel\u00edculas Imperio Argentina deja de revolear su bata de cola y sus casta\u00f1uelas y, en medio de la ovaci\u00f3n de un caf\u00e9 de hombres, canta \u00abLos ejes de mi carreta\u00bb, no sabe, literalmente, qu\u00e9 cara poner. No es un problema de la cantante: toda una est\u00e9tica toca ah\u00ed sus l\u00edmites. Nadie deja de reconocer en esa canci\u00f3n de Yupanqui la ra\u00edz m\u00e1s pura del arte popular, pero tambi\u00e9n una hondura que los medios masivos no han podido asimilar y volver mercanc\u00eda. As\u00ed, es muy probable que si Yupanqui no hubiera debido abandonar Buenos Aires, perseguido por haber participado en una conjura a favor del marginado Partido Radical, de todas maneras habr\u00eda decidido volverse al \u00abinterior\u00bb, a esperar, s\u00ed, que la capital comprendiera, pero tambi\u00e9n a tratar \u00e9l mismo de comprender \u00abhasta el fondo\u00bb.<\/p>\n<p>En verdad, as\u00ed como la pampa hab\u00eda sido su \u00abmaestra de silencio\u00bb, el Tucum\u00e1n \u00abde monte y rancho\u00bb al que march\u00f3 entonces fue su maestro de m\u00fasica, cuyas lecciones ejercitaba mucho y m\u00e1s que aplicadamente cada d\u00eda, en largu\u00edsimas horas de soledad \u00abbajo de un algarrobo\u00bb, a la vera de un r\u00edo, con esa guitarra que hab\u00eda aprendido a domar al principio por instinto y luego con la gu\u00eda de una muy tradicional profesora del Pergamino. Sergio Pujol, su bi\u00f3grafo m\u00e1s reciente, contaba de qu\u00e9 modo, en esos a\u00f1os de retiro, se ganaba la vida. Como en ning\u00fan pueblo hab\u00eda teatro pero s\u00ed una biblioteca, ped\u00eda permiso para ofrecer all\u00ed un concierto, o, en su defecto, en la escuela; su trabajo era lograr entonces que fueran a la biblioteca puebleros y campesinos. El pago que recib\u00eda el artista, por supuesto, siempre era \u00aben especies\u00bb, pero tambi\u00e9n -como ya no pasaba en Buenos Aires-, en tal o cual \u00abcoplita que el se\u00f1or me ha hecho acordar&#8230;\u00bb De ese di\u00e1logo profundo nacieron las canciones que, a su vuelta a Buenos Aires, alcanzar\u00edan la popularidad m\u00e1s verdadera y profunda: poco despu\u00e9s de compuesta \u00abLunita tucumana\u00bb, ya todo el pa\u00eds la cantaba aunque muchos no pudieran precisar qui\u00e9n era el autor, aunque en algunos casos ni siquiera pudieran imaginarse que hubiese uno, juzg\u00e1ndola \u00abtan eterna como el agua y el aire&#8230;\u00bb<\/p>\n<p>\u00abNegro, dejate de joder\u00bb, dicen que le dijo Per\u00f3n al cruz\u00e1rselo por casualidad en uno de tantos festivales, ofreciendo levantarle la semiprohibici\u00f3n que pesaba sobre \u00e9l por su vinculaci\u00f3n con el Partido Comunista. \u00abCon esa cara que ten\u00e9s, \u00bfc\u00f3mo no sos peronista?\u00bb Dicen que Yupanqui, despu\u00e9s de responderle con uno de esos silencios demoledores por altivos, le replic\u00f3 con su propio destierro. Aunque nunca confirm\u00f3 p\u00fablicamente esta an\u00e9cdota -reservado como era acerca de los vaivenes de su vida pol\u00edtica, a la que, como pocos, consideraba un deber completamente ajeno al espect\u00e1culo-, la versi\u00f3n ilumina de un modo casi enceguecedor su encrucijada. A sus cuarenta a\u00f1os, Atahualpa Yupanqui al fin hab\u00eda encontrado el modo de insertar, en el panorama art\u00edstico masivo, \u00abuna canci\u00f3n digna del pueblo\u00bb; era, adem\u00e1s, el m\u00e1s grande artista adorado por esa misma clase que acababa de entrar en la arena pol\u00edtica, un \u00abreferente\u00bb, en fin, cuya adhesi\u00f3n el r\u00e9gimen deb\u00eda de considerar preciosa. La frase de Per\u00f3n, con su aire amistoso y canyengue , connota un menosprecio por lo \u00abnativo\u00bb que, tambi\u00e9n hay que decirlo, caracterizaba aun m\u00e1s fuertemente a An\u00edbal Ponce, el l\u00edder del PC, quien sosten\u00eda que para lograr la utop\u00eda sovi\u00e9tica era preciso \u00abborrar en uno los resabios tribales\u00bb. Pero lo que m\u00e1s habr\u00e1 molestado a Yupanqui no era ninguna ofensa personal, sino, nuevamente, otra de \u00edndole est\u00e9tica: salvada su canci\u00f3n de los acosos del mercado de masas, era preciso salvarla de los usos que ven\u00eda haciendo el fascismo en Italia, en Portugal, ahora en la Argentina, ponderando aparentemente el saber del \u00abcabecita negra\u00bb, pero confin\u00e1ndolo a sitios como los \u00abn\u00fameros vivos\u00bb obligatorios, siempre iguales a s\u00ed mismos, privados, en fin, del derecho a crecer desde su lugar, de tomar caminos imprevistos: aquello que Hannah Arendt reconoce como lo m\u00e1s esencial e irrenunciable de la condici\u00f3n humana.<\/p>\n<p>Del mismo modo que, veinte a\u00f1os atr\u00e1s, hab\u00eda desafiado claramente al \u00abcriollismo\u00bb al elegir un nombre ind\u00edgena (sus maestros nunca fueron los \u00abse\u00f1oritos\u00bb que re\u00edan componiendo \u00abpoes\u00eda gauchesca\u00bb, ni siquiera Jos\u00e9 Hern\u00e1ndez, sino los \u00abrecopiladores\u00bb de la poes\u00eda del pueblo analfabeto, como Juan Alfonso Carrizo), parece obvio que nunca, ni siquiera cuando se desvincul\u00f3 del PC, Yupanqui fue nacionalista. Desde que empez\u00f3 a pasar per\u00edodos cada vez m\u00e1s prolongados en Francia (la tierra de su compa\u00f1era, una violinista, compositora de la m\u00fasica de canciones tan importantes como la \u00abChacarera de las piedras\u00bb o \u00abEl alaz\u00e1n\u00bb), Yupanqui debi\u00f3 soportar reproches m\u00e1s o menos velados de parte de los que confund\u00edan antiimperialismo con una confinamiento en la provincia feudal; reproches que, si lo pensamos bien, entra\u00f1an una idealizaci\u00f3n de Par\u00eds de la que el mismo Yupanqui carec\u00eda. A veces, s\u00ed, perd\u00eda la paciencia y ca\u00eda en la trampa de dar excusas, y lo hac\u00eda a su manera: altivamente. \u00abAll\u00ed donde est\u00e1 mi guitarra est\u00e1 mi pago -contestaba-. Me basta hacer uno o dos chasquidos de vidala despu\u00e9s de un largo d\u00eda de nostalgia para que la patria se haga en torno a m\u00ed.\u00bb Era una respuesta parcial, pero parcialmente cierta. Aunque siempre se hab\u00eda concebido como un artista en tr\u00e1nsito (\u00bb tal vez no comprendas nunca, viday\/ por qu\u00e9 me alejo \u00ab), en Par\u00eds hab\u00eda empezado a considerarse un forastero, sensaci\u00f3n propia -por lo dem\u00e1s- de todo el que empieza a envejecer. Como S\u00e1ndor M\u00e1rai por la misma \u00e9poca, Yupanqui parece haber pensado que verdadera patria era no tanto la memoria como el legado que sobreviv\u00eda dentro de \u00e9l, y que su misi\u00f3n ahora era enriquecerlo, claro, en el di\u00e1logo con el extranjero. Solo en estos \u00faltimos a\u00f1os, cuando podemos o\u00edrlo \u00aba la distancia\u00bb, ese sonido \u00abtan nuestro\u00bb de Yupanqui empieza a revelar su costado experimental: esas largas improvisaciones barrocas, muy semejantes a las que Nina Simone insertaba en sus interpretaciones en piano del folclore negro&#8230; Ese cl\u00edmax de sus presentaciones, que consist\u00eda en el recitado de un poema de Julio Cort\u00e1zar con fondo de una bell\u00edsima canci\u00f3n popular catalana que Cort\u00e1zar admiraba, y que nunca anunciaba como una especie muy distinta de sus zambas o sus vidalas \u00abargentin\u00edsimas\u00bb.<\/p>\n<p>Como sea, para aquel hombre ya maduro, que segu\u00eda obstin\u00e1ndose en rechazar las horripilantes orquestaciones con que el mercado discogr\u00e1fico quer\u00eda \u00abdisfrazar su desnudez\u00bb; para quien se proclamaba sin falsa modestia due\u00f1o de una voz \u00abque nunca servir\u00eda ni para integrar un coro\u00bb y segu\u00eda luciendo un figura y un empaque de abuelo pueblero endomingado para un bautismo, no ha de haber sido nada f\u00e1cil conquistarse un lugar en aquel no menos m\u00edtico Par\u00eds de posguerra, del existencialismo y el florecimiento de la canci\u00f3n po\u00e9tica, entre vistosas glorias como Marcel Marceau, la genial y torrentosa Am\u00e1lia Rodrigues, el poeta Georges Brassens y la eterna Josephine Baker, que bat\u00eda r\u00e9cords de p\u00fablico en cada nueva \u00abdespedida\u00bb. Quiz\u00e1 no lo habr\u00eda hecho nunca, incluso, si sorpresivamente no hubiera recibido la ayuda de Edith Piaf, que exigi\u00f3 al empresario Bruno Coquatrix la presentaci\u00f3n de Yupanqui en una de sus galas. \u00abDo\u00f1a Edith\u00bb, debe de haberla llamado Yupanqui antes de retirarse del escenario y besar la mano de esa diminuta mujer que entraba a cantar \u00abL accordeoniste\u00bb, esa artista incomparable que ten\u00eda en com\u00fan con \u00abDon Carlos\u00bb no solo el genio interpretativo y el amor de su pa\u00eds, sino la desdicha del hijo abandonado, la infancia marginal, la atormentada vida privada. Suele decirse puerilmente que todo artista trabaja \u00abpara que lo quieran\u00bb; es bastante m\u00e1s probable que se escriba o se cante para merecer alg\u00fan d\u00eda, de alguien como Yupanqui, ese t\u00edtulo de nobleza plebeyo.<\/p>\n<p>El espaldarazo de Piaf, por lo dem\u00e1s, permiti\u00f3 a Atahualpa no solo vivir con una comodidad que nunca lleg\u00f3 al lujo, invalorable sobre todo en \u00e9pocas en que sus presentaciones en la Argentina, aun junto a la orquesta de An\u00edbal Troilo, no llenaban ni diez filas del Teatro Opera, seg\u00fan me cuenta una amiga que fue a verlo en 1975. Piaf tambi\u00e9n gan\u00f3 para Atahualpa una forma de consideraci\u00f3n internacional que, tambi\u00e9n es preciso decirlo, la Argentina tardar\u00eda en otorgarle, y s\u00f3lo a medias. Era un m\u00fasico que pod\u00eda compartir escenarios con los grandes artistas populares locales pero tambi\u00e9n con m\u00fasicos \u00abcultos\u00bb de la talla mitol\u00f3gica del guitarrista Andr\u00e9s Segovia o el violoncellista Pau Casals.<\/p>\n<p>A partir de los a\u00f1os sesenta, Yupanqui, el m\u00fasico m\u00e1s solitario del mundo, finalmente empez\u00f3 a hacer escuela en la Argentina. Asisti\u00f3 al llamado boom del folclore con una postura cr\u00edtica: exig\u00eda que todo cambio viniera de una necesidad vital, no del horror a la sencillez, que enmascara terror o puro esnobismo. Hizo de aquella est\u00e9tica un manifiesto con el que logr\u00f3 doblegar las pretensiones de las grabadoras que hab\u00edan arruinado las grabaciones de joyas provincianas, como Margarita Palacios. Por entonces, cuando vuelve a presentarse en la Argentina, y de paso hacia su adorado refugio en Cerro Colorado, C\u00f3rdoba, ya no est\u00e1 solo, y sus m\u00e1s dignos compa\u00f1eros son casi siempre mujeres. Abrigadas por un nuevo respeto social, de entre las propias filas de aquellos vecinos que le pagaban \u00abcon coplas y tamales\u00bb empiezan a brotar int\u00e9rpretes de una importancia y de una profundidad que ni siquiera hab\u00eda albergado el tango: Mercedes Sosa, por supuesto, que consigue en su Homenaje a Atahualpa Yupanqui (1977), \u00abuno de los mejores discos de la historia\u00bb, seg\u00fan Mikis Theodorakis; pero tambi\u00e9n Ramona Galarza, con quien Yupanqui establece una relaci\u00f3n de confraternidad entra\u00f1able, sobre todo desde una larga gira por Jap\u00f3n.<\/p>\n<p>En sus \u00faltimos a\u00f1os era ya una especie de pr\u00f3cer a la vez p\u00fablico y secreto, menos por ese pudor suyo, literalmente cerril, que por esa sensaci\u00f3n de que \u00absiempre estaba llegando\u00bb y y\u00e9ndose. Por lo dem\u00e1s, Yupanqui era uno de los pocos artistas venerados sobre los que nunca parec\u00eda necesario saber m\u00e1s: \u00e9l mismo se empe\u00f1aba en sugerir que su canto era menos la expresi\u00f3n del yo que un acontecimiento, que cuando se entregaba a cantar, algo que no era \u00e9l, y que era mucho m\u00e1s importante que \u00e9l, pasaba por su garganta. Pero \u00bfc\u00f3mo explicar el trance de haberlo escuchado hablar y cantar, a sus ochenta a\u00f1os, hasta la madrugada, en el Cine 8 de La Plata? De haberlo visto entregarse a cada breve canci\u00f3n como a una lucha, resoplando de esfuerzo y de emoci\u00f3n desbordada, pulsando las cuerdas con sus manos deformadas por la artritis, como si desde el abismo entre nota y nota estuviera haciendo manar el agua de otra dimensi\u00f3n. Seg\u00fan cuenta Bioy Casares, Borges mismo hab\u00eda dicho al escuchar por primera vez un disco suyo: \u00bb Mi alaz\u00e1n, te estoy nombrando . \u00a1Qu\u00e9 bien est\u00e1 eso!\u00bb Porque Yupanqui hab\u00eda conseguido el poder divino de \u00abcrear nombrando\u00bb, y nombrando con una extrema escasez de medios. Sus letras giran casi todas en torno de una \u00fanica imagen (los tucu-tucu de los cigarros que brillan entre los surcos, el chirrido de los ejes de una carreta, el canto de un grillo en medio de un cerro azul), potenciadas por una m\u00fasica elemental en el mejor de los sentidos.<\/p>\n<p>Esa escasez sobra para crear en nuestra mente menos un paisaje que esa dimensi\u00f3n que, por alg\u00fan motivo, siempre parece a punto de perderse. \u00bfQu\u00e9 es esa dimensi\u00f3n? Se ha dicho que es el pueblo, pero eso no basta. Se ha dicho que el canto popular es mujer, y que las excepciones lo demuestran; pens\u00e1ndolo bien, podr\u00eda decirse que Atahualpa, como muy pocos cantantes -en su mayor\u00eda, s\u00ed, mujeres- nos comunican con ese silencio anterior a la palabra y, por supuesto, a los g\u00e9neros, donde la humanidad encuentra la posibilidad de una nueva g\u00e9nesis. Ese silencio es sin nombre, y hay quien lo llama Dios, o Patria, o Tierra. Pero aun estas palabras no representan nada. Y quiz\u00e1, s\u00ed, solo baste decir hoy, en los bancos de plaza oscura donde muchos despertamos del sue\u00f1o de haberlo escuchado, decir apenas, tantos a\u00f1os despu\u00e9s, \u00abDon Atahualpa\u00bb.<\/p>\n<p>Por Leopoldo Brizuela<\/p>\n<p>Fuente: revista adn.cultura.com del diario La Naci\u00f3n, Buenos Aires, 26 de enero de 2008.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Uno de los m\u00e1s grandes artistas del folclore argentino, H\u00e9ctor Roberto Chavero, tal su verdadero nombre, cumplir\u00eda cien a\u00f1os este jueves 30 de enero.<\/p>\n<p>Por Leopoldo Brizuela <\/p>\n","protected":false},"author":3,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"site-sidebar-layout":"default","site-content-layout":"","ast-site-content-layout":"default","site-content-style":"default","site-sidebar-style":"default","ast-global-header-display":"","ast-banner-title-visibility":"","ast-main-header-display":"","ast-hfb-above-header-display":"","ast-hfb-below-header-display":"","ast-hfb-mobile-header-display":"","site-post-title":"","ast-breadcrumbs-content":"","ast-featured-img":"","footer-sml-layout":"","ast-disable-related-posts":"","theme-transparent-header-meta":"","adv-header-id-meta":"","stick-header-meta":"","header-above-stick-meta":"","header-main-stick-meta":"","header-below-stick-meta":"","astra-migrate-meta-layouts":"default","ast-page-background-enabled":"default","ast-page-background-meta":{"desktop":{"background-color":"var(--ast-global-color-4)","background-image":"","background-repeat":"repeat","background-position":"center center","background-size":"auto","background-attachment":"scroll","background-type":"","background-media":"","overlay-type":"","overlay-color":"","overlay-opacity":"","overlay-gradient":""},"tablet":{"background-color":"","background-image":"","background-repeat":"repeat","background-position":"center center","background-size":"auto","background-attachment":"scroll","background-type":"","background-media":"","overlay-type":"","overlay-color":"","overlay-opacity":"","overlay-gradient":""},"mobile":{"background-color":"","background-image":"","background-repeat":"repeat","background-position":"center center","background-size":"auto","background-attachment":"scroll","background-type":"","background-media":"","overlay-type":"","overlay-color":"","overlay-opacity":"","overlay-gradient":""}},"ast-content-background-meta":{"desktop":{"background-color":"var(--ast-global-color-5)","background-image":"","background-repeat":"repeat","background-position":"center center","background-size":"auto","background-attachment":"scroll","background-type":"","background-media":"","overlay-type":"","overlay-color":"","overlay-opacity":"","overlay-gradient":""},"tablet":{"background-color":"var(--ast-global-color-5)","background-image":"","background-repeat":"repeat","background-position":"center center","background-size":"auto","background-attachment":"scroll","background-type":"","background-media":"","overlay-type":"","overlay-color":"","overlay-opacity":"","overlay-gradient":""},"mobile":{"background-color":"var(--ast-global-color-5)","background-image":"","background-repeat":"repeat","background-position":"center center","background-size":"auto","background-attachment":"scroll","background-type":"","background-media":"","overlay-type":"","overlay-color":"","overlay-opacity":"","overlay-gradient":""}},"footnotes":""},"categories":[4],"tags":[],"class_list":["post-1769","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-cultura-y-sociedad"],"yoast_head":"<!-- This site is optimized with the Yoast SEO plugin v23.2 - https:\/\/yoast.com\/wordpress\/plugins\/seo\/ -->\n<title>Atahualpa Yupanqui: el poeta m\u00e1s solitario del mundo - Sabado 100<\/title>\n<meta name=\"robots\" content=\"index, follow, max-snippet:-1, max-image-preview:large, max-video-preview:-1\" \/>\n<link rel=\"canonical\" href=\"https:\/\/sabado100.com.ar\/es-ar\/atahualpa-yupanqui-el-poeta-mas-solitario-del-mundo\/\" \/>\n<meta property=\"og:locale\" content=\"es_ES\" \/>\n<meta property=\"og:type\" content=\"article\" \/>\n<meta property=\"og:title\" content=\"Atahualpa Yupanqui: el poeta m\u00e1s solitario del mundo - Sabado 100\" \/>\n<meta property=\"og:description\" content=\"Uno de los m\u00e1s grandes artistas del folclore argentino, H\u00e9ctor Roberto Chavero, tal su verdadero nombre, cumplir\u00eda cien a\u00f1os este jueves 30 de enero. 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