{"id":1744,"date":"2008-01-02T00:46:25","date_gmt":"2008-01-01T22:46:25","guid":{"rendered":"https:\/\/www.sabado100.com.ar\/?p=1744"},"modified":"2008-01-02T00:46:25","modified_gmt":"2008-01-01T22:46:25","slug":"familia-humana-comunidad-de-paz","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/sabado100.com.ar\/es-ar\/familia-humana-comunidad-de-paz\/","title":{"rendered":"Familia humana, comunidad de paz"},"content":{"rendered":"<p>1. Al comenzar el nuevo a\u00f1o deseo hacer llegar a los hombres y mujeres de todo el mundo mis fervientes deseos de paz, junto con un caluroso mensaje de esperanza. Lo hago proponiendo a la reflexi\u00f3n com\u00fan el tema que he enunciado al principio de este mensaje, y que considero muy importante: Familia humana, comunidad de paz. De hecho, la primera forma de comuni\u00f3n entre las personas es la que el amor suscita entre un hombre y una mujer decididos a unirse establemente para construir juntos una nueva familia. Pero tambi\u00e9n los pueblos de la tierra est\u00e1n llamados a establecer entre s\u00ed relaciones de solidaridad y colaboraci\u00f3n, como corresponde a los miembros de la \u00fanica familia humana: \u00ab Todos los pueblos -dice el Concilio Vaticano II- forman una \u00fanica comunidad y tienen un mismo origen, puesto que Dios hizo habitar a todo el g\u00e9nero humano sobre la entera faz de la tierra (cf. Hch 17,26); tambi\u00e9n tienen un \u00fanico fin \u00faltimo, Dios \u00bb[1].<br \/>\nFamilia, sociedad y paz<br \/>\n2. La familia natural, en cuanto comuni\u00f3n \u00edntima de vida y amor, fundada en el matrimonio entre un hombre y una mujer[2], es el \u00ab lugar primario de \u2018\u2018humanizaci\u00f3n\u00bb de la persona y de la sociedad \u00bb[3], la \u00ab cuna de la vida y del amor \u00bb[4]. Con raz\u00f3n, pues, se ha calificado a la familia como la primera sociedad natural, \u00ab una instituci\u00f3n divina, fundamento de la vida de las personas y prototipo de toda organizaci\u00f3n social \u00bb[5].<br \/>\n3. En efecto, en una vida familiar \u00ab sana \u00bb se experimentan algunos elementos esenciales de la paz: la justicia y el amor entre hermanos y hermanas, la funci\u00f3n de la autoridad manifestada por los padres, el servicio afectuoso a los miembros m\u00e1s d\u00e9biles, porque son peque\u00f1os, ancianos o est\u00e1n enfermos, la ayuda mutua en las necesidades de la vida, la disponibilidad para acoger al otro y, si fuera necesario, para perdonarlo. Por eso, la familia es la primera e insustituible educadora de la paz. No ha de sorprender, pues, que se considere particularmente intolerable la violencia cometida dentro de la familia. Por tanto, cuando se afirma que la familia es \u00ab la c\u00e9lula primera y vital de la sociedad \u00bb[6], se dice algo esencial. La familia es tambi\u00e9n fundamento de la sociedad porque permite tener experiencias determinantes de paz. Por consiguiente, la comunidad humana no puede prescindir del servicio que presta la familia. El ser humano en formaci\u00f3n, \u00bfd\u00f3nde podr\u00eda aprender a gustar mejor el \u00ab sabor \u00bb genuino de la paz sino en el \u00ab nido \u00bb que le prepara la naturaleza? El lenguaje familiar es un lenguaje de paz; a \u00e9l es necesario recurrir siempre para no perder el uso del vocabulario de la paz. En la inflaci\u00f3n de lenguajes, la sociedad no puede perder la referencia a esa \u00ab gram\u00e1tica \u00bb que todo ni\u00f1o aprende de los gestos y miradas de mam\u00e1 y pap\u00e1, antes incluso que de sus palabras.<br \/>\n4. La familia, al tener el deber de educar a sus miembros, es titular de unos derechos espec\u00edficos. La misma Declaraci\u00f3n universal de los derechos humanos, que constituye una conquista de civilizaci\u00f3n jur\u00eddica de valor realmente universal, afirma que \u00ab la familia es el n\u00facleo natural y fundamental de la sociedad y tiene derecho a ser protegida por la sociedad y el Estado \u00bb[7]. Por su parte, la Santa Sede ha querido reconocer una especial dignidad jur\u00eddica a la familia publicando la Carta de los derechos de la familia. En el Pre\u00e1mbulo se dice: \u00ab Los derechos de la persona, aunque expresados como derechos del individuo, tienen una dimensi\u00f3n fundamentalmente social que halla su expresi\u00f3n innata y vital en la familia \u00bb[8]. Los derechos enunciados en la Carta manifiestan y explicitan la ley natural, inscrita en el coraz\u00f3n del ser humano y que la raz\u00f3n le manifiesta. La negaci\u00f3n o restricci\u00f3n de los derechos de la familia, al oscurecer la verdad sobre el hombre, amenaza los fundamentos mismos de la paz.<br \/>\n5. Por tanto, quien obstaculiza la instituci\u00f3n familiar, aunque sea inconscientemente, hace que la paz de toda la comunidad, nacional e internacional, sea fr\u00e1gil, porque debilita lo que, de hecho, es la principal \u00ab agencia \u00bb de paz. \u00c9ste es un punto que merece una reflexi\u00f3n especial: todo lo que contribuye a debilitar la familia fundada en el matrimonio de un hombre y una mujer, lo que directa o indirectamente dificulta su disponibilidad para la acogida responsable de una nueva vida, lo que se opone a su derecho de ser la primera responsable de la educaci\u00f3n de los hijos, es un impedimento objetivo para el camino de la paz. La familia tiene necesidad de una casa, del trabajo y del debido reconocimiento de la actividad dom\u00e9stica de los padres; de escuela para los hijos, de asistencia sanitaria b\u00e1sica para todos. Cuando la sociedad y la pol\u00edtica no se esfuerzan en ayudar a la familia en estos campos, se privan de un recurso esencial para el servicio de la paz. Concretamente, los medios de comunicaci\u00f3n social, por las potencialidades educativas de que disponen, tienen una responsabilidad especial en la promoci\u00f3n del respeto por la familia, en ilustrar sus esperanzas y derechos, en resaltar su belleza.<br \/>\nLa humanidad es una gran familia<br \/>\n6. La comunidad social, para vivir en paz, est\u00e1 llamada a inspirarse tambi\u00e9n en los valores sobre los que se rige la comunidad familiar. Esto es v\u00e1lido tanto para las comunidades locales como nacionales; m\u00e1s a\u00fan, es v\u00e1lido para la comunidad misma de los pueblos, para la familia humana, que vive en esa casa com\u00fan que es la tierra. Sin embargo, en esta perspectiva no se ha de olvidar que la familia nace del \u00ab s\u00ed \u00bb responsable y definitivo de un hombre y de una mujer, y vive del \u00ab s\u00ed \u00bb consciente de los hijos que poco a poco van formando parte de ella. Para prosperar, la comunidad familiar necesita el consenso generoso de todos sus miembros. Es preciso que esta toma de conciencia llegue a ser tambi\u00e9n una convicci\u00f3n compartida por cuantos est\u00e1n llamados a formar la com\u00fan familia humana. Hay que saber decir el propio \u00ab s\u00ed \u00bb a esta vocaci\u00f3n que Dios ha inscrito en nuestra misma naturaleza. No vivimos unos al lado de otros por casualidad; todos estamos recorriendo un mismo camino como hombres y, por tanto, como hermanos y hermanas. Por eso es esencial que cada uno se esfuerce en vivir la propia vida con una actitud responsable ante Dios, reconociendo en \u00c9l la fuente de la propia existencia y la de los dem\u00e1s. Sobre la base de este principio supremo se puede percibir el valor incondicionado de todo ser humano y, as\u00ed, poner las premisas para la construcci\u00f3n de una humanidad pacificada. Sin este fundamento trascendente, la sociedad es s\u00f3lo una agrupaci\u00f3n de ciudadanos, y no una comunidad de hermanos y hermanas, llamados a formar una gran familia.<br \/>\nFamilia, comunidad humana y medio ambiente<br \/>\n7. La familia necesita una casa a su medida, un ambiente donde vivir sus propias relaciones. Para la familia humana, esta casa es la tierra, el ambiente que Dios Creador nos ha dado para que lo habitemos con creatividad y responsabilidad. Hemos de cuidar el medio ambiente: \u00e9ste ha sido confiado al hombre para que lo cuide y lo cultive con libertad responsable, teniendo siempre como criterio orientador el bien de todos. Obviamente, el valor del ser humano est\u00e1 por encima de toda la creaci\u00f3n. Respetar el medio ambiente no quiere decir que la naturaleza material o animal sea m\u00e1s importante que el hombre. Quiere decir m\u00e1s bien que no se la considera de manera ego\u00edsta, a plena disposici\u00f3n de los propios intereses, porque las generaciones futuras tienen tambi\u00e9n el derecho a obtener beneficio de la creaci\u00f3n, ejerciendo en ella la misma libertad responsable que reivindicamos para nosotros. Y tampoco se ha de olvidar a los pobres, excluidos en muchos casos del destino universal de los bienes de la creaci\u00f3n. Hoy la humanidad teme por el futuro equilibrio ecol\u00f3gico. Ser\u00eda bueno que las valoraciones a este respecto se hicieran con prudencia, en di\u00e1logo entre expertos y entendidos, sin apremios ideol\u00f3gicos hacia conclusiones apresuradas y, sobre todo, concordando juntos un modelo de desarrollo sostenible, que asegure el bienestar de todos respetando el equilibrio ecol\u00f3gico. Si la tutela del medio ambiente tiene sus costes, \u00e9stos han de ser distribuidos con justicia, teniendo en cuenta el desarrollo de los diversos pa\u00edses y la solidaridad con las futuras generaciones. Prudencia no significa eximirse de las propias responsabilidades y posponer las decisiones; significa m\u00e1s bien asumir el compromiso de decidir juntos despu\u00e9s de haber ponderado responsablemente la v\u00eda a seguir, con el objetivo de fortalecer esa alianza entre ser humano y medio ambiente que ha de ser reflejo del amor creador de Dios, del cual procedemos y hacia el cual caminamos.<br \/>\n8. A este respecto, es fundamental \u00ab sentir \u00bb la tierra como \u00ab nuestra casa com\u00fan \u00bb y, para ponerla al servicio de todos, adoptar la v\u00eda del di\u00e1logo en vez de tomar decisiones unilaterales. Si fuera necesario, se pueden aumentar los \u00e1mbitos institucionales en el plano internacional para afrontar juntos el gobierno de esta \u00ab casa \u00bb nuestra; sin embargo, lo que m\u00e1s cuenta es lograr que madure en las conciencias la convicci\u00f3n de que es necesario colaborar responsablemente. Los problemas que aparecen en el horizonte son complejos y el tiempo apremia. Para hacer frente a la situaci\u00f3n de manera eficaz es preciso actuar de com\u00fan acuerdo. Un \u00e1mbito en el que ser\u00eda particularmente necesario intensificar el di\u00e1logo entre las Naciones es el de la gesti\u00f3n de los recursos energ\u00e9ticos del planeta. A este respecto, se plantea una doble urgencia para los pa\u00edses tecnol\u00f3gicamente avanzados: por un lado, hay que revisar los elevados niveles de consumo debidos al modelo actual de desarrollo y, por otro, predisponer inversiones adecuadas para diversificar las fuentes de energ\u00eda y mejorar la eficiencia energ\u00e9tica. Los pa\u00edses emergentes tienen hambre de energ\u00eda, pero a veces este hambre se sacia a costa de los pa\u00edses pobres que, por la insuficiencia de sus infraestructuras y tecnolog\u00eda, se ven obligados a malvender los recursos energ\u00e9ticos que tienen. A veces, su misma libertad pol\u00edtica queda en entredicho con formas de protectorado o, en todo caso, de condicionamiento que se muestran claramente humillantes.<br \/>\nFamilia, comunidad humana y econom\u00eda<br \/>\n9. Una condici\u00f3n esencial para la paz en cada familia es que se apoye sobre el s\u00f3lido fundamento de valores espirituales y \u00e9ticos compartidos. Pero se ha de a\u00f1adir que se tiene una aut\u00e9ntica experiencia de paz en la familia cuando a nadie le falta lo necesario, y el patrimonio familiar -fruto del trabajo de unos, del ahorro de otros y de la colaboraci\u00f3n activa de todos- se administra correctamente con solidaridad, sin excesos ni despilfarro. Por tanto, para la paz familiar se necesita, por una parte, la apertura a un patrimonio trascendente de valores, pero al mismo tiempo no deja de tener su importancia un sabio cuidado tanto de los bienes materiales como de las relaciones personales. Cuando falta este elemento se deteriora la confianza mutua por las perspectivas inciertas que amenazan el futuro del n\u00facleo familiar.<br \/>\n10. Una consideraci\u00f3n parecida puede hacerse respecto a esa otra gran familia que es la humanidad en su conjunto. Tambi\u00e9n la familia humana, hoy m\u00e1s unida por el fen\u00f3meno de la globalizaci\u00f3n, necesita adem\u00e1s un fundamento de valores compartidos, una econom\u00eda que responda realmente a las exigencias de un bien com\u00fan de dimensiones planetarias. Desde este punto de vista, la referencia a la familia natural se revela tambi\u00e9n singularmente sugestiva. Hay que fomentar relaciones correctas y sinceras entre los individuos y entre los pueblos, que permitan a todos colaborar en plan de igualdad y justicia. Al mismo tiempo, es preciso comprometerse en emplear acertadamente los recursos y en distribuir la riqueza con equidad. En particular, las ayudas que se dan a los pa\u00edses pobres han de responder a criterios de una sana l\u00f3gica econ\u00f3mica, evitando derroches que, en definitiva, sirven sobre todo para el mantenimiento de un costoso aparato burocr\u00e1tico. Se ha de tener tambi\u00e9n debidamente en cuenta la exigencia moral de procurar que la organizaci\u00f3n econ\u00f3mica no responda s\u00f3lo a las leyes implacables de los beneficios inmediatos, que pueden resultar inhumanas.<br \/>\nFamilia, comunidad humana y ley moral<br \/>\n11. Una familia vive en paz cuando todos sus miembros se ajustan a una norma com\u00fan: esto es lo que impide el individualismo ego\u00edsta y lo que mantiene unidos a todos, favoreciendo su coexistencia armoniosa y la laboriosidad org\u00e1nica. Este criterio, de por s\u00ed obvio, vale tambi\u00e9n para las comunidades m\u00e1s amplias: desde las locales a la nacionales, e incluso a la comunidad internacional. Para alcanzar la paz se necesita una ley com\u00fan, que ayude a la libertad a ser realmente ella misma, en lugar de ciega arbitrariedad, y que proteja al d\u00e9bil del abuso del m\u00e1s fuerte. En la familia de los pueblos se dan muchos comportamientos arbitrarios, tanto dentro de cada Estado como en las relaciones de los Estados entre s\u00ed. Tampoco faltan tantas situaciones en las que el d\u00e9bil tiene que doblegarse, no a las exigencias de la justicia, sino a la fuerza bruta de quien tiene m\u00e1s recursos que \u00e9l. Hay que reiterarlo: la fuerza ha de estar moderada por la ley, y esto tiene que ocurrir tambi\u00e9n en las relaciones entre Estados soberanos.<br \/>\n12. La Iglesia se ha pronunciado muchas veces sobre la naturaleza y la funci\u00f3n de la ley: la norma jur\u00eddica que regula las relaciones de las personas entre s\u00ed, encauzando los comportamientos externos y previendo tambi\u00e9n sanciones para los transgresores, tiene como criterio la norma moral basada en la naturaleza de las cosas. Por lo dem\u00e1s, la raz\u00f3n humana es capaz de discernirla al menos en sus exigencias fundamentales, llegando as\u00ed hasta la Raz\u00f3n creadora de Dios que es el origen de todas las cosas. Esta norma moral debe regular las opciones de la conciencia y guiar todo el comportamiento del ser humano. \u00bfExisten normas jur\u00eddicas para las relaciones entre las Naciones que componen la familia humana? Y si existen, \u00bfson eficaces? La respuesta es s\u00ed; las normas existen, pero para lograr que sean verdaderamente eficaces es preciso remontarse a la norma moral natural como base de la norma jur\u00eddica, de lo contrario \u00e9sta queda a merced de consensos fr\u00e1giles y provisionales.<br \/>\n13. El conocimiento de la norma moral natural no es imposible para el hombre que entra en s\u00ed mismo y, situ\u00e1ndose frente a su propio destino, se interroga sobre la l\u00f3gica interna de las inclinaciones m\u00e1s profundas que hay en su ser. Aunque sea con perplejidades e incertidumbres, puede llegar a descubrir, al menos en sus l\u00edneas esenciales, esta ley moral com\u00fan que, por encima de las diferencias culturales, permite que los seres humanos se entiendan entre ellos sobre los aspectos m\u00e1s importantes del bien y del mal, de lo que es justo o injusto. Es indispensable remontarse hasta esta ley fundamental empleando en esta b\u00fasqueda nuestras mejores energ\u00edas intelectuales, sin dejarnos desanimar por los equ\u00edvocos o las tergiversaciones. De hecho, los valores contenidos en la ley natural est\u00e1n presentes, aunque de manera fragmentada y no siempre coherente, en los acuerdos internacionales, en las formas de autoridad reconocidas universalmente, en los principios del derecho humanitario recogido en las legislaciones de cada Estado o en los estatutos de los Organismos internacionales. La humanidad no est\u00e1 \u00ab sin ley \u00bb. Sin embargo, es urgente continuar el di\u00e1logo sobre estos temas, favoreciendo tambi\u00e9n la convergencia de las legislaciones de cada Estado hacia el reconocimiento de los derechos humanos fundamentales. El crecimiento de la cultura jur\u00eddica en el mundo depende adem\u00e1s del esfuerzo por dar siempre consistencia a las normas internacionales con un contenido profundamente humano, evitando rebajarlas a meros procedimientos que se pueden eludir f\u00e1cilmente por motivos ego\u00edstas o ideol\u00f3gicos.<br \/>\nSuperaci\u00f3n de los conflictos y desarme<br \/>\n14. La humanidad sufre hoy, lamentablemente, grandes divisiones y fuertes conflictos que arrojan densas nubes sobre su futuro. Vastas regiones del planeta est\u00e1n envueltas en tensiones crecientes, mientras que el peligro de que aumenten los pa\u00edses con armas nucleares suscita en toda persona responsable una fundada preocupaci\u00f3n. En el Continente africano, a pesar de que numerosos pa\u00edses han progresado en el camino de la libertad y de la democracia, quedan todav\u00eda muchas guerras civiles. El Medio Oriente sigue siendo a\u00fan escenario de conflictos y atentados, que influyen tambi\u00e9n en Naciones y regiones lim\u00edtrofes, con el riesgo de quedar atrapadas en la espiral de la violencia. En un plano m\u00e1s general, se debe hacer notar, con pesar, un aumento del n\u00famero de Estados implicados en la carrera de armamentos: incluso Naciones en v\u00edas de desarrollo destinan una parte importante de su escaso producto interior para comprar armas. Las responsabilidades en este funesto comercio son muchas: est\u00e1n, por un lado, los pa\u00edses del mundo industrialmente desarrollado que obtienen importantes beneficios por la venta de armas y, por otro, est\u00e1n tambi\u00e9n las oligarqu\u00edas dominantes en tantos pa\u00edses pobres que quieren reforzar su situaci\u00f3n mediante la compra de armas cada vez m\u00e1s sofisticadas. En tiempos tan dif\u00edciles, es verdaderamente necesaria una movilizaci\u00f3n de todas las personas de buena voluntad para llegar a acuerdos concretos con vistas a una eficaz desmilitarizaci\u00f3n, sobre todo en el campo de las armas nucleares. En esta fase en la que el proceso de no proliferaci\u00f3n nuclear est\u00e1 estancado, siento el deber de exhortar a las Autoridades a que reanuden las negociaciones con una determinaci\u00f3n m\u00e1s firme de cara al desmantelamiento progresivo y concordado de las armas nucleares existentes. Soy consciente de que al renovar esta llamada me hago int\u00e9rprete del deseo de cuantos comparten la preocupaci\u00f3n por el futuro de la humanidad.<br \/>\n15. Hace ahora sesenta a\u00f1os, la Organizaci\u00f3n de las Naciones Unidas hac\u00eda p\u00fablica de modo solemne la Declaraci\u00f3n universal de los derechos humanos (1948-2008). Con aquel documento la familia humana reaccionaba ante los horrores de la Segunda Guerra Mundial, reconociendo la propia unidad basada en la igual dignidad de todos los hombres y poniendo en el centro de la convivencia humana el respeto de los derechos fundamentales de los individuos y de los pueblos: fue un paso decisivo en el camino dif\u00edcil y laborioso hacia la concordia y la paz. Una menci\u00f3n especial merece tambi\u00e9n la celebraci\u00f3n del 25 aniversario de la adopci\u00f3n por parte de la Santa Sede de la Carta de los derechos de la familia (1983-2008), as\u00ed como el 40 aniversario de la celebraci\u00f3n de la primera Jornada Mundial de la Paz (1968-2008). La celebraci\u00f3n de esta Jornada, fruto de una intuici\u00f3n providencial del Papa Pablo VI, y retomada con gran convicci\u00f3n por mi amado y venerado predecesor, el Papa Juan Pablo II, ha ofrecido a la Iglesia a lo largo de los a\u00f1os la oportunidad de desarrollar, a trav\u00e9s de los Mensajes publicados con ese motivo, una doctrina orientadora en favor de este bien humano fundamental. Precisamente a la luz de estas significativas efem\u00e9rides, invito a todos los hombres y mujeres a que tomen una conciencia m\u00e1s clara sobre la com\u00fan pertenencia a la \u00fanica familia humana y a comprometerse para que la convivencia en la tierra refleje cada vez m\u00e1s esta convicci\u00f3n, de la cual depende la instauraci\u00f3n de una paz verdadera y duradera. Invito tambi\u00e9n a los creyentes a implorar a Dios sin cesar el gran don de la paz. Los cristianos, por su parte, saben que pueden confiar en la intercesi\u00f3n de la que, siendo la Madre del Hijo de Dios que se hizo carne para la salvaci\u00f3n de toda la humanidad, es Madre de todos.<br \/>\nDeseo a todos un feliz A\u00f1o nuevo.<br \/>\nVaticano, 8 de diciembre de 2007.<br \/>\nNotas<br \/>\n[1] Decl. Nostra aetate, sobre las relaciones de la Iglesia con las religiones no cristianas, 1.<br \/>\n[2] Cf. Conc. Vat. II, Const. past. Gaudium et spes, sobre la Iglesia en el mundo actual, 48.<br \/>\n[3] Juan Pablo II, Exhort. ap. Christifideles laici, 40: AAS 81 (1989) 469.<br \/>\n[4] Ib\u00edd.<br \/>\n[5] Cons. Pont. Justicia y Paz, Compendio de la doctrina social de la Iglesia, 211.<br \/>\n[6] Conc. Vat. II, Decr. Apostolicam actuositatem, sobre el apostolado de los laicos, 11.<br \/>\n[7] Art. 16\/ 3.<br \/>\n[8] Cons. Pont. para la Familia, Carta de los derechos de la familia, 24 noviembre 1983, Pre\u00e1mbulo, A.<\/p>\n<p>\u00a9 Copyright 2007 &#8211; Libreria Editrice Vaticana<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Se trata del mensaje del papa Benedicto XVI con motivo de la Jornada Mundial de la Paz que se celebra el 1 de enero.<\/p>\n","protected":false},"author":3,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"site-sidebar-layout":"default","site-content-layout":"","ast-site-content-layout":"default","site-content-style":"default","site-sidebar-style":"default","ast-global-header-display":"","ast-banner-title-visibility":"","ast-main-header-display":"","ast-hfb-above-header-display":"","ast-hfb-below-header-display":"","ast-hfb-mobile-header-display":"","site-post-title":"","ast-breadcrumbs-content":"","ast-featured-img":"","footer-sml-layout":"","ast-disable-related-posts":"","theme-transparent-header-meta":"","adv-header-id-meta":"","stick-header-meta":"","header-above-stick-meta":"","header-main-stick-meta":"","header-below-stick-meta":"","astra-migrate-meta-layouts":"default","ast-page-background-enabled":"default","ast-page-background-meta":{"desktop":{"background-color":"var(--ast-global-color-4)","background-image":"","background-repeat":"repeat","background-position":"center center","background-size":"auto","background-attachment":"scroll","background-type":"","background-media":"","overlay-type":"","overlay-color":"","overlay-opacity":"","overlay-gradient":""},"tablet":{"background-color":"","background-image":"","background-repeat":"repeat","background-position":"center center","background-size":"auto","background-attachment":"scroll","background-type":"","background-media":"","overlay-type":"","overlay-color":"","overlay-opacity":"","overlay-gradient":""},"mobile":{"background-color":"","background-image":"","background-repeat":"repeat","background-position":"center center","background-size":"auto","background-attachment":"scroll","background-type":"","background-media":"","overlay-type":"","overlay-color":"","overlay-opacity":"","overlay-gradient":""}},"ast-content-background-meta":{"desktop":{"background-color":"var(--ast-global-color-5)","background-image":"","background-repeat":"repeat","background-position":"center center","background-size":"auto","background-attachment":"scroll","background-type":"","background-media":"","overlay-type":"","overlay-color":"","overlay-opacity":"","overlay-gradient":""},"tablet":{"background-color":"var(--ast-global-color-5)","background-image":"","background-repeat":"repeat","background-position":"center center","background-size":"auto","background-attachment":"scroll","background-type":"","background-media":"","overlay-type":"","overlay-color":"","overlay-opacity":"","overlay-gradient":""},"mobile":{"background-color":"var(--ast-global-color-5)","background-image":"","background-repeat":"repeat","background-position":"center center","background-size":"auto","background-attachment":"scroll","background-type":"","background-media":"","overlay-type":"","overlay-color":"","overlay-opacity":"","overlay-gradient":""}},"footnotes":""},"categories":[4,26,29],"tags":[],"class_list":["post-1744","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-cultura-y-sociedad","category-general","category-religion"],"yoast_head":"<!-- This site is optimized with the Yoast SEO plugin v23.2 - 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