{"id":1473,"date":"2007-05-31T17:28:07","date_gmt":"2007-05-31T15:28:07","guid":{"rendered":"https:\/\/www.sabado100.com.ar\/?p=1473"},"modified":"2007-05-31T17:28:07","modified_gmt":"2007-05-31T15:28:07","slug":"tomas-eloy-martinezcien-anos-de-soledad-cumple-hoy-cuatro-decadas","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/sabado100.com.ar\/es-ar\/tomas-eloy-martinezcien-anos-de-soledad-cumple-hoy-cuatro-decadas\/","title":{"rendered":"Tom\u00e1s Eloy Mart\u00ednezCien a\u00f1os de soledad cumple hoy cuatro d\u00e9cadas"},"content":{"rendered":"<p>En 1967, Garc\u00eda M\u00e1rquez vino al pa\u00eds por \u00fanica vez; lleg\u00f3 como un completo desconocido; diez d\u00edas despu\u00e9s, era una celebridad literaria; un testigo privilegiado evoca aquella visita<\/p>\n<p>Agosto de 1967 fue el mes que cambi\u00f3 la vida de Gabriel Garc\u00eda M\u00e1rquez. Hab\u00eda cumplido 40 a\u00f1os el 6 de marzo de ese a\u00f1o, y en septiembre anterior hab\u00eda puesto punto final a Cien a\u00f1os de soledad, su novela de gloria. Todav\u00eda no ten\u00eda editor. Lo m\u00e1s probable era que terminara cedi\u00e9ndola a Era, el sello mexicano independiente que acababa de publicar El coronel no tiene quien le escriba.<\/p>\n<p>En mayo, cuando la revista Mundo Nuevo adelant\u00f3 en Par\u00eds el fragmento sobre el insomnio en Macondo, una r\u00e1faga de deslumbramiento corri\u00f3 entre los lectores hispanoamericanos. Se estaba ante la completa novedad de un lenguaje sin antecedente y de una osad\u00eda narrativa que s\u00f3lo pod\u00eda compararse con Rabelais, con Kafka y con los cronistas de Indias. Aun as\u00ed, el autor segu\u00eda siendo casi un desconocido. En su casa de San Angel Inn, al sur de la infinita ciudad de M\u00e9xico, segu\u00eda enredado en apuros econ\u00f3micos que le imped\u00edan pagar a tiempo el alquiler y obligaban a su mujer, Mercedes Barcha, a pedir que les fiaran sin t\u00e9rmino los alimentos en el mercado. Llevaban ya seis meses de insolvencia cuando el propietario de la casa llam\u00f3 a la puerta y les pregunt\u00f3 si ten\u00edan idea de cu\u00e1ndo podr\u00edan saldar la deuda. Garc\u00eda M\u00e1rquez cont\u00f3 as\u00ed el episodio en Cartagena:<\/p>\n<p>\u00abMercedes hizo sus cuentas astrales y le dijo a su paciente casero, sin el m\u00ednimo temblor en la voz:<\/p>\n<p>-Podemos pagarle todo junto dentro de seis meses.<\/p>\n<p>-Perdone se\u00f1ora -le contest\u00f3 el propietario-, \u00bfse da cuenta de que entonces ser\u00e1 una suma enorme?<\/p>\n<p>-Me doy cuenta -dijo Mercedes, impasible-, pero entonces lo tendremos todo resuelto, est\u00e9 tranquilo.\u00bb<\/p>\n<p>A mediados de julio de 1967, los Garc\u00eda M\u00e1rquez fueron invitados por el gobierno venezolano a participar en un congreso de literatura al que tambi\u00e9n asistir\u00edan Juan Carlos Onetti, Mario Vargas Llosa y Arturo Uslar Pietri. Al final de las deliberaciones se iba a entregar por primera vez el premio R\u00f3mulo Gallegos, que ascend\u00eda entonces a cien mil bol\u00edvares, unos veinticinco mil d\u00f3lares. Los candidatos eran Tres tristes tigres , de Guillermo Cabrera Infante; El siglo de las luces , de Alejo Carpentier; Juntacad\u00e1veres , de Onetti, y La casa verde , de Vargas Llosa.<\/p>\n<p>Garc\u00eda M\u00e1rquez y Mercedes llegaron a Caracas el 3 de agosto. En el aeropuerto los esperaban Soledad Mendoza, que era amiga de ambos desde 1958, y Mario Vargas Llosa, que s\u00f3lo conoc\u00eda algunas p\u00e1ginas de Cien a\u00f1os de soledad y se mor\u00eda de ganas de abrazar al autor.<\/p>\n<p>\u00abEsa fue la primera vez que nos vimos las caras\u00bb, escribir\u00eda despu\u00e9s Vargas Llosa en Historia de un deicidio . \u00abRecuerdo muy bien la suya, desencajada por el espanto reciente del avi\u00f3n, inc\u00f3moda entre los fot\u00f3grafos y periodistas. Nos hicimos amigos y estuvimos juntos las dos semanas que dur\u00f3 el Congreso, en esa Caracas que con dignidad enterraba a sus muertos [los del terremoto que hab\u00eda destruido parte de la capital una semana antes].\u00bb<\/p>\n<p>Vargas Llosa gan\u00f3 el premio R\u00f3mulo Gallegos con La casa verde . La novela de Garc\u00eda M\u00e1rquez hab\u00eda sido publicada en Buenos Aires s\u00f3lo un par de semanas antes y, por lo tanto, estaba fuera de concurso. Apenas termin\u00f3 el Congreso, Mercedes y \u00e9l volaron a Bogot\u00e1, donde confiaron a la familia el cuidado de Rodrigo y Gonzalo, sus dos hijos peque\u00f1os, y el 16 de agosto a la madrugada llegaron a Buenos Aires, invitados por la editorial Sudamericana y por el semanario Primera Plana , del que yo era jefe de redacci\u00f3n.<\/p>\n<p>D\u00edas dif\u00edciles<\/p>\n<p>El vuelo de Avianca desde Bogot\u00e1, con una larga escala en Lima, aterriz\u00f3 en Ezeiza a las 3.15. Los Garc\u00eda M\u00e1rquez so\u00f1aban con ver las cumbres de la cordillera de los Andes, pero no hab\u00eda luna esa noche y el cielo cubierto de nubes apagaba todos los paisajes.<\/p>\n<p>-Vimos la Cordillera con su luz cuando regresamos a Bogot\u00e1 con una escala en Santiago de Chile -contar\u00e1 Mercedes cuarenta a\u00f1os despu\u00e9s.<\/p>\n<p>-Eran las tres de la tarde. Las monta\u00f1as estaban nevadas y el aire era transparente. Aquella visi\u00f3n nos cort\u00f3 el aliento -dir\u00e1 Gabriel.<\/p>\n<p>Durante tres d\u00edas, primero en la ciudad de M\u00e9xico una tarde de noviembre de 2006, y luego durante dos noches de marzo de 2007 en Cartagena de Indias, los tres repasamos los detalles de aquel inolvidable viaje a Buenos Aires, que sell\u00f3 para siempre la gloria de Garc\u00eda M\u00e1rquez.<\/p>\n<p>No s\u00f3lo a m\u00ed me interesaba tener los hechos claros. Tambi\u00e9n a \u00e9l, porque la historia de Cien a\u00f1os de soledad abrir\u00e1 el segundo volumen de las memorias que empezaron con Vivir para contarla . Parte de ese relato fue adelantada en el discurso que pronunci\u00f3 el 26 de marzo en el Centro de Convenciones de Cartagena. La prensa ha prestado especial atenci\u00f3n a las declaraciones de humildad del autor -\u00abni en el m\u00e1s delirante de mis sue\u00f1os, en los d\u00edas en que escrib\u00eda Cien a\u00f1os de soledad , llegu\u00e9 a imaginar que podr\u00eda asistir a este acto para sustentar la edici\u00f3n de un mill\u00f3n de ejemplares\u00bb-. Pero al resto del discurso se le concedi\u00f3 menos importancia, quiz\u00e1 porque los incidentes que cont\u00f3 Garc\u00eda M\u00e1rquez se daban como sabidos.<\/p>\n<p>No es as\u00ed. En las noches de Cartagena y de M\u00e9xico cotejamos la versi\u00f3n autorizada por el autor con la que dio al llegar a Buenos Aires en 1967. Juntos corregimos los horarios y las estad\u00edsticas alteradas por el v\u00e9rtigo de los a\u00f1os y coincidimos en detalles que ahora transcribo puntualmente.<\/p>\n<p>A los Garc\u00eda M\u00e1rquez no les alcanzaban los ahorros para completar los 58 pesos mexicanos que costaba enviar por correo el manuscrito de la novela -unas 590 carillas- y tuvieron que dividirlo en dos paquetes. Gabriel cree que los 500 d\u00f3lares que la editorial Sudamericana iba a pagarles como adelanto por la publicaci\u00f3n llegaron a tiempo para sacarlos de aprietos, pero en Buenos Aires, cuarenta a\u00f1os antes, hab\u00edan contado que Mercedes debi\u00f3 empe\u00f1ar en el Monte de Piedad la licuadora que Soledad Mendoza les regal\u00f3 cuando se casaron. As\u00ed volvieron al correo con los veinte pesos que necesitaban y, cuando salieron de all\u00ed aliviados, Mercedes dijo:<\/p>\n<p>-\u00a1Ay, Gabito! Lo \u00fanico que falta ahora es que la novela te haya salido mala.<\/p>\n<p>Le hab\u00eda salido buen\u00edsima, y los dos lo sab\u00edan, pero no quer\u00edan decirlo en voz alta porque son supersticiosos como todos los hijos del Caribe, y cantar victoria antes de tiempo hubiera atra\u00eddo la mala suerte, la pava, como se llama ese estigma en la costa colombiana.<\/p>\n<p>El primer amanecer<\/p>\n<p>Al aeropuerto de Ezeiza lleg\u00f3 Mercedes con un vestido de lanilla suelto, que acentuaba la elegancia de su porte y la esbeltez de su cuello, alto y airoso como el de la reina Nefertitis. Usaba entonces el pelo corto y se mov\u00eda con la seguridad de quien jam\u00e1s duda de su importancia en el mundo. Garc\u00eda M\u00e1rquez cont\u00f3 esa noche que en marzo de 1965, antes de sentarse a escribir la novela, le entreg\u00f3 a su mujer los mil quinientos d\u00f3lares que hab\u00eda ganado en un trabajo para una agencia de publicidad y le dijo:<\/p>\n<p>-Vas a tener que arreglarte con esto para los gastos de la casa, Meche. Yo tengo que encerrarme a escribir la novela.<\/p>\n<p>-\u00bfCu\u00e1nto te parece que vas a tardar, Gabito?-Seis meses, cuanto mucho.<\/p>\n<p>Fueron dieciocho, un a\u00f1o y medio. En ning\u00fan momento lo interrumpi\u00f3 Mercedes para confiarle las deudas en que se estaba comprometiendo y ni un solo d\u00eda dej\u00f3 Garc\u00eda M\u00e1rquez de cumplir con el trabajo de galeote que se hab\u00eda impuesto.<\/p>\n<p>En Buenos Aires record\u00f3 que s\u00f3lo una vez, apremiado por una feroz sed de alcohol, se puso a gritar:<\/p>\n<p>-\u00a1Carajo, en esta casa ni siquiera hay whisky!<\/p>\n<p>Pero Mercedes dir\u00eda en Cartagena que ella se las hab\u00eda arreglado siempre para que el whisky no faltara. Lo que s\u00ed escaseaba a veces era el papel de escribir, porque Gabriel, en vez de tachar cuando comet\u00eda un error, volv\u00eda a mecanografiar con dos dedos la p\u00e1gina completa, y as\u00ed los cestos se llenaban r\u00e1pido de hojas maltratadas.<\/p>\n<p>A Buenos Aires llegaron los dos con unas ganas irreprimibles de comer un bife de chorizo. Gabriel vest\u00eda la misma chaqueta caribe de colores el\u00e9ctricos con la que Ernesto Schoo lo hab\u00eda fotografiado en M\u00e9xico y que estaba reproducida en la tapa de la revista Primera Plana del 20 de junio.<\/p>\n<p>Durante a\u00f1os se atribuy\u00f3 por error a esa portada ins\u00f3lita -que introduc\u00eda a un escritor desconocido con un t\u00edtulo estruendoso: \u00abGarc\u00eda M\u00e1rquez-La gran novela de Am\u00e9rica\u00bb- la fama instant\u00e1nea que cay\u00f3 sobre el autor en Buenos Aires y que se expandi\u00f3 con una fuerza evang\u00e9lica por todos los meridianos de la lengua castellana. A Primera Plana , sin embargo, no le corresponde m\u00e9rito alguno, excepto el de haber advertido a tiempo la grandeza de ese libro. La historia tal como fue es tan sencilla que cabe en pocas l\u00edneas.<\/p>\n<p>En septiembre de 1966, alertado por Carlos Fuentes, el cr\u00edtico chileno Luis Harss entrevist\u00f3 a Garc\u00eda M\u00e1rquez en M\u00e9xico, ley\u00f3 fragmentos de la novela y decidi\u00f3 incorporar de inmediato al escritor al grupo de los diez m\u00e1s grandes narradores vivos de Am\u00e9rica latina. El libro se llam\u00f3 Los nuestros e inclu\u00eda entrevistas con Borges, Onetti, Miguel Angel Asturias, Juan Rulfo, Alejo Carpentier, Jo\u00e3o Guimar\u00e3es Rosa, Julio Cort\u00e1zar, Mario Vargas Llosa y Carlos Fuentes.<\/p>\n<p>Al regresar a Buenos Aires, Harss aconsej\u00f3 a Francisco Porr\u00faa -director editorial de Sudamericana- que comprara los derechos de la novela. Porr\u00faa la ley\u00f3 entusiasmado y me invit\u00f3 a su casa de San Telmo una noche de lluvia para que compartiera el deslumbramiento. No hab\u00eda duda. Se trataba de una obra maestra y, adem\u00e1s, reveladora de los poderes infinitos de una ficci\u00f3n bien contada. Porr\u00faa y yo acordamos que la editorial y el semanario unir\u00edan esfuerzos para invitar al autor a Buenos Aires. Ramiro de Casasbellas, subdirector del semanario, opin\u00f3 que el lanzamiento ser\u00eda incompleto si no se entrevistaba al autor. Ernesto Schoo parti\u00f3 entonces a M\u00e9xico y tuvo con Garc\u00eda M\u00e1rquez una conversaci\u00f3n de antolog\u00eda.<\/p>\n<p>En esos tiempos precarios, los autores no presentaban sus libros al p\u00fablico ni las editoriales los llevaban de viaje para promoverlos. Hab\u00eda que buscar, entonces, otro pretexto. Sudamericana y Primera Plana patrocinaban un premio de novela y ya estaban elegidos dos de los jurados: Leopoldo Marechal y Augusto Roa Bastos. Como hac\u00eda falta un tercero, Garc\u00eda M\u00e1rquez calzaba a la perfecci\u00f3n.<\/p>\n<p>El y Mercedes fueron alojados en un hotel modesto de la calle Arenales, del que jam\u00e1s se quejaron. Durante los primeros d\u00edas, Garc\u00eda M\u00e1rquez -famoso por su disciplina de monje- se aplic\u00f3 a la lectura de los 57 manuscritos presentados al premio, y pas\u00f3 revista de todos los textos que le pusieron por delante. As\u00ed celebr\u00f3 los cuentos de Juan Jos\u00e9 Hern\u00e1ndez como \u00ablos mejores que se est\u00e1n escribiendo en este pa\u00eds de grandes cuentistas\u00bb y, una vez que decidi\u00f3 votar por El oscuro, de Daniel Moyano, en el concurso, pidi\u00f3 todos los libros anteriores de Moyano para leerlos en el avi\u00f3n de regreso.<\/p>\n<p>Al principio, nadie lo reconoc\u00eda. Me pidi\u00f3 prestado el autom\u00f3vil que yo ten\u00eda en esa \u00e9poca para ir a besarse con Mercedes en los bosques de Villa Cari\u00f1o, y una ma\u00f1ana de jueves, a eso de las diez, cuando est\u00e1bamos desayunando en la esquina de Santa Fe y Suipacha, se levant\u00f3 de pronto de la mesa, tom\u00f3 a Mercedes de la mano y la llev\u00f3 hacia la mitad de la avenida, interrumpiendo el tr\u00e1nsito. All\u00ed la levant\u00f3 en vilo, como a una novia, y la bes\u00f3 en la boca.<\/p>\n<p>-Lo hizo porque yo era m\u00e1s delgada -dir\u00e1 Mercedes en Cartagena, cuarenta a\u00f1os m\u00e1s tarde.<\/p>\n<p>-No lo repitas -contestar\u00e1 Gabriel-, porque soy capaz de volver a hacerlo ahora mismo.<\/p>\n<p>El viernes ya lo aplaud\u00edan en los teatros, lo abrazaban en las calles y el representante del caf\u00e9 de Colombia en la Argentina le daba una gran fiesta en su casa de Acassuso. All\u00ed vi a Garc\u00eda M\u00e1rquez ejercer sus entonces desconocidos poderes de mago, que ahora son famosos. Hacia la medianoche, Patricia Peralta Ramos estaba meditabunda en un rinc\u00f3n. Gabriel se le acerc\u00f3 y le dijo unas pocas palabras al o\u00eddo. Ella qued\u00f3 instant\u00e1neamente ba\u00f1ada en l\u00e1grimas y, cuando estuvo a punto de sollozar, sali\u00f3 al jard\u00edn.<\/p>\n<p>-\u00bfPor qu\u00e9 la hiciste llorar? -le dije-. \u00bfQu\u00e9 le dijiste?<\/p>\n<p>-Nada -respondi\u00f3 \u00e9l-. Le pregunt\u00e9 por qu\u00e9 se sent\u00eda tan sola.<\/p>\n<p>-\u00bfC\u00f3mo supiste que estaba sola?<\/p>\n<p>-\u00bfAcaso has conocido a una mujer de veras que no se sienta sola?<\/p>\n<p>Patricia se acordaba perfectamente de la historia cuando la encontr\u00e9 en Washington a mediados de 1983 y segu\u00eda emocion\u00e1ndose al evocarla.<\/p>\n<p>El lunes 20 de agosto de hace cuarenta a\u00f1os, cuando llegu\u00e9 al hotel para llevar a Garc\u00eda M\u00e1rquez a la redacci\u00f3n de Primera Plana , donde lo esperaban cincuenta ejemplares de su novela para autografiar, not\u00e9 que Mercedes estaba inc\u00f3moda y le pregunt\u00e9 qu\u00e9 le pasaba.<\/p>\n<p>-Nada -dijo-. Ya he usado toda la ropa que traje. Cuando vuelva a Bogot\u00e1 tendr\u00e9 que comprarme algo.<\/p>\n<p>-\u00bfPor qu\u00e9 no compras ac\u00e1? -le suger\u00ed-. Es agosto y en todas partes hay liquidaciones de saldos.<\/p>\n<p>-No creo que nos alcance el efectivo que trajimos.<\/p>\n<p>Tanto ella como su marido son extremadamente pudorosos con el dinero. Garc\u00eda M\u00e1rquez no ten\u00eda un centavo para comer cuando viv\u00eda en Par\u00eds y estaba escribiendo La mala hora . Los amigos le ofrec\u00edan pr\u00e9stamos que \u00e9l siempre rechazaba. Ese c\u00f3digo familiar enaltece a\u00fan m\u00e1s los malabarismos que hizo Mercedes para mantener la casa sin acudir a nadie durante los dieciocho meses que dur\u00f3 la escritura de Cien a\u00f1os .<\/p>\n<p>Pero aquella tarde del d\u00eda lunes 20 la situaci\u00f3n era distinta.<\/p>\n<p>-La novela lleva vendidos ya once mil ejemplares -dije-. Al autor le corresponden unos setenta mil pesos. Podemos pedirle a la editorial que adelante parte de esa suma.<\/p>\n<p>Era una cifra enorme, m\u00e1s de veinticinco mil d\u00f3lares. Desde el vest\u00edbulo del hotel habl\u00e9 por tel\u00e9fono con el presidente de Sudamericana, Antonio L\u00f3pez Llaus\u00e1s, y le expliqu\u00e9 lo que pasaba.<\/p>\n<p>-La novela sigue vendi\u00e9ndose sin parar -me dijo-. Nunca hemos hecho antes un pago anticipado como \u00e9ste. D\u00edgale a Garc\u00eda M\u00e1rquez que ma\u00f1ana, apenas abran los bancos, le llevar\u00e9 personalmente treinta mil pesos y dos o tres mil d\u00f3lares.<\/p>\n<p>Sub\u00ed a cont\u00e1rselo a Gabriel. Lo hice con discreci\u00f3n, para no afrontar el enojo de Mercedes.<\/p>\n<p>-Dile que me lo traiga en billetes peque\u00f1os -se obstin\u00f3 el autor.<\/p>\n<p>-\u00bfPara qu\u00e9 peque\u00f1os?<\/p>\n<p>-Nom\u00e1s eso dile. Billetes de cien y de cincuenta pesos, d\u00f3lares de veinte y de diez.<\/p>\n<p>-Es un bulto enorme -observ\u00e9-. L\u00f3pez Llaus\u00e1s tendr\u00e1 que pedir ayuda.<\/p>\n<p>A la ma\u00f1ana siguiente, el presidente de Sudamericana y un asistente llegaron al hotel con dos maletines repletos.<\/p>\n<p>-H\u00e1game el favor, don Antonio -dijo Garc\u00eda M\u00e1rquez-. \u00bfPuede arrojar todos los billetes sobre la cama?<\/p>\n<p>Se form\u00f3 una parva alta de varios colores. Si alguien abr\u00eda las ventanas, los papeles pod\u00edan salir volando. El escritor tom\u00f3 un pu\u00f1ado, seis a ocho mil pesos, lo puso sobre la bandeja del desayuno, retir\u00f3 una rosa del florero y, con una reverencia, se lo ofreci\u00f3 a Mercedes.<\/p>\n<p>-Para que te compres toda la ropa que quieras &#8211; dijo-. Si ves algo que te gusta y no puedes pagarlo, vuelve para dec\u00edrmelo. Puedo escribir otra novela, y \u00e9sa va a ser mejor que Cien a\u00f1os de soledad .<\/p>\n<p>El peso del mundo<\/p>\n<p>Desde aquella fiesta de Acassuso, Garc\u00eda M\u00e1rquez y Mercedes se me perdieron de vista. Nos habl\u00e1bamos todos los d\u00edas por tel\u00e9fono, nos encontr\u00e1bamos fugazmente en el \u00faltimo piso del edificio del semanario mientras \u00e9l discut\u00eda con Marechal y Roa Bastos sus lecturas de los manuscritos para el premio de novela, y a veces tom\u00e1bamos un caf\u00e9 de pie cerca de su hotel. Fundamos entonces una amistad honda que los a\u00f1os no han quebrado ni atenuado. En Barcelona, en M\u00e9xico, en Nueva York, en Bogot\u00e1 y en Cartagena emprendimos proyectos ambiciosos -algunos de los cuales siguen en pie, como la Fundaci\u00f3n para un Nuevo Periodismo- y hasta le ped\u00ed consejo para algunas penas de amor. El ha respetado mis serios reparos al r\u00e9gimen de Castro; yo he respetado su amistad sincera con Fidel.<\/p>\n<p>Cuando brindamos en Cartagena por sus 80 a\u00f1os, le dije:<\/p>\n<p>-Brindemos por tus cien, pero en Buenos Aires.<\/p>\n<p>-\u00bfPor qu\u00e9 esperar hasta entonces? -me contest\u00f3-. \u00bfPor qu\u00e9 no vuelves a invitarme ahora, como en 1967?<\/p>\n<p>-Te espero. Ya no necesitas que nadie te invite.<\/p>\n<p>Me disculp\u00e9 entonces, con cuarenta a\u00f1os de tardanza, por no haber ido al aeropuerto a despedirlo cuando se march\u00f3 de Buenos Aires. Porr\u00faa y yo hab\u00edamos estado solos con nuestras almas en Ezeiza aquella madrugada g\u00e9lida del 16 de agosto. La ma\u00f1ana en que se fue, hab\u00eda, sin embargo, una multitud de amigos nuevos. Me hab\u00eda llamado por tel\u00e9fono ese d\u00eda temprano, el s\u00e1bado 26. Le pregunt\u00e9 si el viaje lo hab\u00eda hecho feliz.<\/p>\n<p>-Me voy lleno de besos y abrazos -dijo-. Tu ciudad es maravillosa, pero no le descubro las ma\u00f1as.<\/p>\n<p>-\u00bfQu\u00e9 har\u00e1s ahora, a la vuelta de tanta gloria?<\/p>\n<p>-Desaparecer. Mercedes y yo vamos a buscar a los ni\u00f1os en Bogot\u00e1, y luego iremos a pasear por Asunci\u00f3n, Lima, Montevideo, no lo s\u00e9. Dentro de un mes nos instalaremos en Barcelona. Est\u00e1 a orillas del mar, es barata, y porque mientras no me llene de amigos tendr\u00e9 la paz debida para escribir otra novela. \u00bfPor qu\u00e9 no vienes con nosotros?<\/p>\n<p>-Ahora no. Ir\u00e9 a visitarte cuando menos lo esperes. Ve a buscar a los ni\u00f1os y qu\u00e9date en Buenos Aires. Cuando se acostumbren a verte por la calle dejar\u00e1n de abrazarte. \u00bfNo viste lo que le pasa a Borges? Camina por todas partes inadvertido.<\/p>\n<p>-Ustedes son los que no saben d\u00f3nde est\u00e1n. Buenos Aires queda en el conf\u00edn del mundo. Cuando llegas a esta ciudad, ya no puedes ir a ninguna parte. Aqu\u00ed se acaban todos los caminos. Si te pones a mirar los mapas, te asfixias. Sientes que el planeta te pesa en las espaldas y que te puede caer encima en cualquier momento.<\/p>\n<p>-\u00bfA qu\u00e9 horas es tu vuelo a Bogot\u00e1? -le pregunt\u00e9.<\/p>\n<p>-A la una, creo.<\/p>\n<p>Sal\u00ed de mi casa a las 12.30. Hab\u00eda un accidente en la Avenida del Trabajo, que entonces era el camino obligado al aeropuerto, y eso me dio el pretexto perfecto para llegar tarde. El d\u00eda estaba encendido por una luz cegadora y en el cielo no hab\u00eda una sola nube. Desde el acceso al aeropuerto vi la silueta del avi\u00f3n colombiano que se elevaba con una osad\u00eda vertical y me qued\u00e9 un rato all\u00ed, alzando tontamente una mano en se\u00f1al de adi\u00f3s. El avi\u00f3n entr\u00f3 en el c\u00edrculo del sol, se convirti\u00f3 en un punto diminuto, y al cabo de un rato se perdi\u00f3 en su luz de gloria.<\/p>\n<p>Por Tom\u00e1s Eloy Mart\u00ednez<\/p>\n<p>Fuente: diario La Naci\u00f3n, 30 de mayo de 2007.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El libro y el viaje que hicieron historia.<\/p>\n<p>Por Tom\u00e1s Eloy Mart\u00ednez <\/p>\n","protected":false},"author":3,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"site-sidebar-layout":"default","site-content-layout":"","ast-site-content-layout":"default","site-content-style":"default","site-sidebar-style":"default","ast-global-header-display":"","ast-banner-title-visibility":"","ast-main-header-display":"","ast-hfb-above-header-display":"","ast-hfb-below-header-display":"","ast-hfb-mobile-header-display":"","site-post-title":"","ast-breadcrumbs-content":"","ast-featured-img":"","footer-sml-layout":"","ast-disable-related-posts":"","theme-transparent-header-meta":"","adv-header-id-meta":"","stick-header-meta":"","header-above-stick-meta":"","header-main-stick-meta":"","header-below-stick-meta":"","astra-migrate-meta-layouts":"default","ast-page-background-enabled":"default","ast-page-background-meta":{"desktop":{"background-color":"var(--ast-global-color-4)","background-image":"","background-repeat":"repeat","background-position":"center center","background-size":"auto","background-attachment":"scroll","background-type":"","background-media":"","overlay-type":"","overlay-color":"","overlay-opacity":"","overlay-gradient":""},"tablet":{"background-color":"","background-image":"","background-repeat":"repeat","background-position":"center center","background-size":"auto","background-attachment":"scroll","background-type":"","background-media":"","overlay-type":"","overlay-color":"","overlay-opacity":"","overlay-gradient":""},"mobile":{"background-color":"","background-image":"","background-repeat":"repeat","background-position":"center center","background-size":"auto","background-attachment":"scroll","background-type":"","background-media":"","overlay-type":"","overlay-color":"","overlay-opacity":"","overlay-gradient":""}},"ast-content-background-meta":{"desktop":{"background-color":"var(--ast-global-color-5)","background-image":"","background-repeat":"repeat","background-position":"center center","background-size":"auto","background-attachment":"scroll","background-type":"","background-media":"","overlay-type":"","overlay-color":"","overlay-opacity":"","overlay-gradient":""},"tablet":{"background-color":"var(--ast-global-color-5)","background-image":"","background-repeat":"repeat","background-position":"center center","background-size":"auto","background-attachment":"scroll","background-type":"","background-media":"","overlay-type":"","overlay-color":"","overlay-opacity":"","overlay-gradient":""},"mobile":{"background-color":"var(--ast-global-color-5)","background-image":"","background-repeat":"repeat","background-position":"center center","background-size":"auto","background-attachment":"scroll","background-type":"","background-media":"","overlay-type":"","overlay-color":"","overlay-opacity":"","overlay-gradient":""}},"footnotes":""},"categories":[26],"tags":[],"class_list":["post-1473","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-general"],"yoast_head":"<!-- This site is optimized with the Yoast SEO plugin v23.2 - https:\/\/yoast.com\/wordpress\/plugins\/seo\/ -->\n<title>Tom\u00e1s Eloy Mart\u00ednezCien a\u00f1os de soledad cumple hoy cuatro d\u00e9cadas - Sabado 100<\/title>\n<meta name=\"robots\" content=\"index, follow, max-snippet:-1, max-image-preview:large, max-video-preview:-1\" \/>\n<link rel=\"canonical\" href=\"https:\/\/sabado100.com.ar\/es-ar\/tomas-eloy-martinezcien-anos-de-soledad-cumple-hoy-cuatro-decadas\/\" \/>\n<meta property=\"og:locale\" content=\"es_ES\" \/>\n<meta property=\"og:type\" content=\"article\" \/>\n<meta property=\"og:title\" content=\"Tom\u00e1s Eloy Mart\u00ednezCien a\u00f1os de soledad cumple hoy cuatro d\u00e9cadas - Sabado 100\" \/>\n<meta property=\"og:description\" content=\"El libro y el viaje que hicieron historia. 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