{"id":141,"date":"2005-08-21T02:57:53","date_gmt":"2005-08-21T00:57:53","guid":{"rendered":"https:\/\/www.sabado100.com.ar\/?p=141"},"modified":"2005-08-21T02:57:53","modified_gmt":"2005-08-21T00:57:53","slug":"una-mujer-fuerte-quien-la-hallara","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/sabado100.com.ar\/es-ar\/una-mujer-fuerte-quien-la-hallara\/","title":{"rendered":"Una mujer fuerte, \u00bfqui\u00e9n  la hallar\u00e1?"},"content":{"rendered":"<p>A poco que alguien se detenga a pensar en los admirables prodigios de la procreaci\u00f3n o gestaci\u00f3n del g\u00e9nero humano y su prolongaci\u00f3n a lo largo de las generaciones, comprender\u00e1<br \/>\n-acaso- que la misi\u00f3n fundacional, asignada a la mujer en el orden creado, no siempre ha sido interpretada seg\u00fan su principal condici\u00f3n de protagonista gestante y cooperante de la Humanidad en su revelaci\u00f3n biol\u00f3gica y biogr\u00e1fica. Siendo la fuente de vida insutituible, la coparticipaci\u00f3n femenina en la perpetuaci\u00f3n de la especie ha de estar referida a los sabios designios del Creador y a los valores de las conductas debidas y virtudes derivadas de la finalidad propia que se mismo estado de existencia sexuada impone a cada ejemplar del linaje humano.<br \/>\nPero, m\u00e1s all\u00e1 de ese determinismo gen\u00e9sico que ordena y regula el fuerte instinto de \u201cservicio a la especie\u201d (factor multiplicador de la raza, en los seres vivientes, en busca de su propia conservaci\u00f3n), lo cierto es que existen otras aptitudes -cong\u00e9nitas o adquiridas- en la condici\u00f3n femenina que deben ser valoradas con la adecuada proporci\u00f3n de medios aptos y eficaces para el fin propuesto. Aunque silencioso y oculto en su intimidad -mas no por eso menos importante- el trabajo del hogar ha de ser el medio id\u00f3neo y eficiente para el fin constitutivo de la familia: Con el aporte de su aptitud hogare\u00f1a, la mujer complementa y perfecciona, adem\u00e1s, su propia personalidad porque justifica la raz\u00f3n de ser de su primer destino natural, en la misi\u00f3n progenitora y formadora de la estirpe humana, hasta alcanzar el destino \u00faltimo de su desarrollo personal en la plenitud cultural, espiritual y aun sobrenatural de su idiosincrasia.<br \/>\nSi entendemos por \u201cocupaci\u00f3n profesional\u201d la condici\u00f3n de que una tarea se realice con la preparaci\u00f3n e idoneidad suficiente, ning\u00fan trabajo u oficio merece tal calificaci\u00f3n con m\u00e1s acierto que aquel que se lleva a cabo desde el \u00e1mbito familiar. La falta de est\u00edmulo o de ejemplaridad para tal delicada responsabilidad moral obedece -en parte- a consideraciones demasiado inconsistentes de lo que, en efecto, significa la \u201cprofesi\u00f3n del hogar\u201d. La descalificaci\u00f3n absurda -sin fundamentos razonables- desnaturaliza, en la valoraci\u00f3n de ideales, el sentido humano y cristiano de la formaci\u00f3n familiar, infundiendo en la mujer hogare\u00f1a un sentimiento de inutilidad, frustraci\u00f3n o fracaso si es que ella no ejerce actividades extradom\u00e9sticas&#8230;<br \/>\nEst\u00e1 claro que la vida moderna trascurre en ambientes diferentes, los cuales unas veces se complementan otras se excluyen. La participaci\u00f3n social, por ende, no implica contrariedad entre \u201cdedicaci\u00f3n dom\u00e9stica\u201d y \u201cocupaci\u00f3n profesional\u201d, como si ambas tareas fueran contrarias y auto-excluyentes. Tales prejuicios y errores dieron origen a falsas concepciones acerca de la sexualidad, propias de ciertos \u201cmitos\u201d, que han apartado a la mujer del verdadero encuentro consigo misma, por desconocimiento o no aceptaci\u00f3n de su misi\u00f3n esencial y de su contribuci\u00f3n espec\u00edfica a la formaci\u00f3n integral de la familia y, con ella, a la conformaci\u00f3n del conjunto humano.<br \/>\nDetr\u00e1s del llamado \u201cmovimiento de liberaci\u00f3n femenina\u201d se esconde un largo proceso -hondo y complejo- que menoscaba la dignidad natural de la mujer e intenta cambiar su condici\u00f3n familiar con el deliberado prop\u00f3sito de modificar el \u201cstatus\u201d social del \u201csexo subyugado\u201d, imponiendo los postulados de igualdad o paridad absoluta -competitiva, exitista y rivalizante- con el \u201csexo opuesto\u201d, a la manera suelta, risue\u00f1a y desprejuiciada que \u00e9ste se jacta poseer.<br \/>\nTales proclamas de opciones err\u00f3neas y falsas creencias sobre \u201cdiscriminaci\u00f3n de los sexos\u201d han causado la persistente confusi\u00f3n de pretender \u201cliberar\u201d a la mujer, desvi\u00e1ndola de la sublime misi\u00f3n, que ella ha de cumplir desde el \u00e1mbito familiar, con la ilusoria promesa de una realizaci\u00f3n plena \u201cfuera del hogar\u201d: Supresi\u00f3n de todo v\u00ednculo natural y de atadura moral que pueda restar independencia a la b\u00fasqueda incierta de una \u201cpersonalidad femenina\u201d aut\u00f3noma, libre e insumisa, por cualquier medio, modo, moda o snobismo&#8230;<br \/>\nSeg\u00fan los \u201cmanifiestos de liberaci\u00f3n\u201d, la mujer \u201cemancipada del yugo del hogar\u201d requiere, exige y reclama igualdad sexual y la misma permisividad que acostumbra usar y abusar el hombre&#8230; \u00a1hedonismo puro y salvaje! La supuesta \u201cliberaci\u00f3n\u201d desecha y descalifica toda dedicaci\u00f3n hogare\u00f1a por considerarla \u201cretr\u00f3grada\u201d e incompatible con las \u201cexigencias sociales\u201d, aunque es curioso observar c\u00f3mo admite que es trabajo digno y reconfortable cualquier ocupaci\u00f3n siempre que \u00e9sta no sea dom\u00e9stica. Semejante mentalidad inculcada hace sentir a muchas mujeres obligadas -no tanto por estrictas razones econ\u00f3micas sino por prejuicios de este tipo- a buscar el modo de \u201cescapar del hogar\u201d con cualquier pretexto, sin importar el sentido de realizaci\u00f3n o motivaci\u00f3n (profesional, cultural, espiritual) que una tarea \u00fatil o actividad provechosa permite infundir en ellas.<br \/>\nEmpero, lo m\u00e1s nocivo de tal \u201cemancipaci\u00f3n\u201d es el \u201ccomplejo de ansiedad\u201d y culpabilidad, frustraci\u00f3n o fracaso (\u201cconciencia conflictiva\u201d) que provoca en aquellas mujeres que han decidido permanecer dedicadas al hogar y a la familia. A ellas se les pretende ilusionar como si -m\u00e1s all\u00e1 de ese trabajo \u201crutinario\u201d y \u201cesclavizante\u201d- existiese un mundo fascinante y maravilloso que se les ha negado injustamente. Es ah\u00ed donde se advierte el pernicioso intento destructor del esp\u00edritu familiar, porque sostener que la mujer \u00fanicamente puede realizarse como tal \u201cfuera del hogar\u201d presupone hacer creer que el cuidado activo de la familia ha perdido ya validez social y su vigencia natural y universal, neg\u00e1ndosele el motivo primordial de su finalidad humana preeminente.<br \/>\nMejorar la \u201ccondici\u00f3n social\u201d femenina no equivale a restar dedicaci\u00f3n y cuidado a la familia, ni limitar la fecundidad, ni reducir la fertilidad, ni desincriminar el aborto ni la infidelidad conyugal, como premisas v\u00e1lidas de \u201cacceso libre y abierto\u201d  para la mejor participaci\u00f3n en el trabajo, en la pol\u00edtica, en la vida social. La aut\u00e9ntica promoci\u00f3n y el desarrollo pleno -con oportunidades iguales para la mujer- habr\u00e1 de ser el resultado de una profunda comprensi\u00f3n de su maternidad m\u00e1s que forzar el l\u00edmite normal de sus atributos naturales y de sus derechos y deberes familiares.<br \/>\nPero, si lo que vale -en verdad- es la elecci\u00f3n ( la capacidad de ejercer l\u00edcita y v\u00e1lidamente las libertades y virtuosidades) esa opci\u00f3n ha de consistir en ser mujer conforme a los sagrados designios de la naturaleza en su sabia ordenaci\u00f3n al bien universal. Las extremistas de la \u201cliberaci\u00f3n femenina\u201d son muy pocas comparadas con el resto de las mujeres normales que ya han hecho su elecci\u00f3n como Dios manda sin que por eso hayan fracasado en la vida&#8230;<br \/>\nSi se admite que todo ser humano es un esp\u00edritu corporizado, esto es: encarnado en un cuerpo -var\u00f3n o mujer- de ah\u00ed se sigue que no hay \u201clibertad pura\u201d en el orden creado, sino una libertad situada en un cuerpo, con sus limitaciones y virtudes, y en circunstancias concretas, unas dadas, otras susceptibles de ser elegidas. Es obvio, pues, que el primer condicionamiento de la existencia humana est\u00e1 latente o subyace en la misma naturaleza de las cosas. Aceptar este fen\u00f3meno -inevitable e irreversible- implica conciliarlos fines naturales con la misi\u00f3n existencial de cada ser particular. Ignorar, desconocer o rechazar esta \u201csituaci\u00f3n impuesta\u201d por los sabios designios del Creador es causa de la primera rebeld\u00eda est\u00e9ril, fatua, in\u00fatil y antinatural. Violentar o forzar el \u201corden natural\u201d es atentar gravemente contra la eterna Providencia que gobierna el universo: \u00a1Dios perdona siempre; el hombre, a veces, la naturaleza nunca\u201d!<br \/>\nNo es que se pretenda -con todo- apoyar una \u201cdiscriminaci\u00f3n social\u201d de sexos, sino demostrar que la complexi\u00f3n femenina est\u00e1 preconcebida y predestinada a la maternidad desde su gran profundidad psicol\u00f3gica, social y a\u00fan espiritual. No s\u00f3lo es \u201cservicio a la especie\u201d, cierta sujeci\u00f3n a la sexualidad, un sometimiento biol\u00f3gico, una sumisi\u00f3n biogr\u00e1fica, sino es m\u00e1s todav\u00eda una plena aceptaci\u00f3n de s\u00ed misma, una ocasi\u00f3n admonitoria de hacer m\u00e1s perfectible la propia existencia: Var\u00f3n y mujer han de aceptar esta predestinaci\u00f3n, aunque el modo de compartir el orden natural del \u201cdise\u00f1o social\u201d sea distinto en ambos.<br \/>\nLa mujer debe comprender su excelsa misi\u00f3n en la gestaci\u00f3n de la vida, y aprender a conducir su existencia compenetrada y convencida del motivo de su sexualidad vinculada al matrimonio y a la familia. Frente a los cambios sociales -tan r\u00e1pidos e imprevistos- su nueva situaci\u00f3n le exige ir rescatando principios suficientes para  mantener firme -con acierto- el justo equilibrio \u00e9tico entre \u201cocupaci\u00f3n extra-dom\u00e9stica\u201d y los debidos cuidados del hogar. S\u00f3lo en la selecci\u00f3n de valores y virtudes inherentes a su funci\u00f3n natural -y a su excelencia a\u00fan sobrenatural- siguiendo su vocaci\u00f3n aut\u00e9ntica podr\u00e1 ella -como mujer- discurrir y discernir cu\u00e1l ser\u00e1 su participaci\u00f3n acertada en la sociedad actual, la que tampoco excluye opciones v\u00e1lidas de alternar la habitual ocupaci\u00f3n hogare\u00f1a con otras actividades que subsidien y complementen su personalidad, si es que aplica, pues, sus reales talentos a una profesi\u00f3n definida.<br \/>\nSabido es que la familia ser\u00e1 siempre la mayor dignidad y honra de la condici\u00f3n femenina, porque realiza los fines de la naturaleza y cumple lo m\u00e1s insustituible de su destino; puede alcanzar ah\u00ed la perfecci\u00f3n personal, siendo \u00e9se su mejor atributo cultural.<br \/>\nLa \u201cemancipaci\u00f3n femenina\u201d nunca podr\u00e1 significar la pretensi\u00f3n de una igualdad presuntuosa, de uniformidad y rivalidad con el hombre,  ni tampoco la imitaci\u00f3n del modo de ser con que \u00e9l se muestra y act\u00faa; eso no ser\u00eda un \u00e9xito sino un fracaso para ella, no porque la mujer valga m\u00e1s, o menos, que el hombre, sino porque uno y otro son naturalmente distintos.<br \/>\nPero, a partir de una igualdad como persona, cada sexo debe alcanzar aquello que le es propio y debido; en este aspecto, decir \u201cemancipaci\u00f3n\u201d ser\u00eda tanto como admitir la oportunidad de ejercitar con responsabilidad las propias aptitudes y virtudes. Como mujer est\u00e1 predestinada para aportar aquello que es caracter\u00edstico de s\u00ed misma y que s\u00f3lo ella puede dar: la maternidad, la familia, el hogar. La feminidad es plena, natural y virtuosa cuando incorpora esa entrega de s\u00ed instintiva al sentido moral y espiritual de su existencia.<br \/>\nNo es raro que el hombre viva en estado de \u00edntima desolaci\u00f3n por una ausencia de ternura&#8230; Es que le est\u00e1 faltando esa sutil textura de signo femenino: Urdimbre hond\u00edsima de madre a ni\u00f1o que  lo hace sentirse en comunicaci\u00f3n profunda con la existencia. Gran hast\u00edo el de la ternura olvidada por la mujer en su af\u00e1n de \u201cliberaci\u00f3n\u201d y negada al hombre en su delirio de someter el universo a los caprichos de su prepotencia dominadora, mientras la mujer fatua se yergue est\u00e9ril y presuntuosa como la espiga vac\u00eda&#8230;<br \/>\nEsa ausencia desoladora convierte al peque\u00f1o ser, que se est\u00e1 gestando, en un hu\u00e9sped solitario. Nadie habla de la entra\u00f1able ternura: Palpitante acunamiento en el  ritmo de caderas y de regazos de madres gestantes&#8230; \u00a1cadencia mecedora del peque\u00f1o futuro hombre! S\u00f3lo queda esperar que toda esta confusi\u00f3n, que ha suscitado la prometida \u201cliberaci\u00f3n femenina\u201d sirva para un sereno reencuentro de la mujer con su verdadero destino, porque la Humanidad necesitar\u00e1 siempre de sus entra\u00f1as para plasmar tiernamente en los tejidos del nuevo ser la supremac\u00eda de los misterios divinos. Esto  es renacer espiritualmente a la vida; esto es rescatar el don sublime de ser mujer, esposa y madre con el signo indeleble de los elegidos.<\/p>\n<p>***<\/p>\n<p>\u201cUna mujer fuerte \u00bfQui\u00e9n la hallar\u00e1? De mayor  estima es que todas las preciosidades tra\u00eddas de lejos y de los \u00faltimos confines. En ella conf\u00eda el amor de su marido, a quien no le har\u00e1 falta tesoros para vivir. Ella le habr\u00e1 de traer todo el bien y nunca el mal todos los d\u00edas de su vida\u201d.<br \/>\n\u201cBusca lana y lino, del que hace labores con la habilidad de sus manos. Es como nave de un mercader que trae de lejos el sustento. Se levanta antes del amanecer para repartir las raciones a sus siervos y el alimento a sus criados. Puso inter\u00e9s en unas tierras y las compr\u00f3; de lo que gan\u00f3 con sus manos plant\u00f3 una vi\u00f1a. Revisti\u00f3se de fortaleza y esforz\u00f3 su brazo. Prob\u00f3 y ech\u00f3 de ver que su trabajo le fructifica; por tanto no se apagar\u00e1 su luz en la noche\u201d.<br \/>\n\u201cAplica sus manos a las tareas dom\u00e9sticas y sus dedos manejan el huso. Abri\u00f3 su mano para socorrer al mendigo y extiende sus brazos al menesteroso. No temer\u00e1 para su hogar ni los fr\u00edos ni las nieves porque todos sus dom\u00e9sticos tienen vestidos forrados. Ella teji\u00f3 para s\u00ed un abrigo de raso y p\u00farpura; su esposo se lucir\u00e1 en las asambleas p\u00fablicas, sentado entre los poderosos. La fortaleza y el decoro son sus atav\u00edos, y estar\u00e1 alegre y risue\u00f1o hasta l \u00faltimo d\u00eda. Abre su boca con sabios consejos y la bondad y clemencia gobiernan su lengua. Vela sobre su familia y no come ociosa el pan.<br \/>\nLevant\u00e1ronse sus hijos y aclam\u00e1ronla dichos\u00edsima; su marido tambi\u00e9n la alab\u00f3, diciendo: \u00a1Muchas mujeres han acumulado riquezas, pero t\u00fa has aventajado a todas! Enga\u00f1osa es la gracia y van la hermosura. La mujer que teme al Se\u00f1or, \u00e9sa ser\u00e1 la ensalzada. Dadle el fruto de sus manos y fest\u00e9jemos sus obras en las puertas de la ciudad\u201d. (La Biblia -Proverbios, 33:10-31).<\/p>\n<p>El autor vive en la ciudad de Santa Fe y envi\u00f3 este art\u00edculo especialmente a la p\u00e1gina www.sabado100.com.ar.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por Jorge S. 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