{"id":1276,"date":"2007-02-25T01:46:23","date_gmt":"2007-02-24T23:46:23","guid":{"rendered":"https:\/\/www.sabado100.com.ar\/?p=1276"},"modified":"2007-02-25T01:46:23","modified_gmt":"2007-02-24T23:46:23","slug":"el-ecumenismo-espiritual-segun-el-cardenal-kasper","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/sabado100.com.ar\/es-ar\/el-ecumenismo-espiritual-segun-el-cardenal-kasper\/","title":{"rendered":"El ecumenismo espiritual, seg\u00fan el cardenal Kasper"},"content":{"rendered":"<p>BARCELONA, s\u00e1bado, 24 febrero 2007 (ZENIT.org).- Publicamos la ponencia que pronunci\u00f3 el Cardenal Walter Kasper, presidente del Consejo Pontificio para la Promoci\u00f3n de la Unidad de los Cristianos, en la inauguraci\u00f3n del encuentro \u00abEl Ecumenismo Espiritual y de la Caridad\u00bb celebrado en Barcelona entre el 19 y el 20 de febrero.<\/p>\n<p>* * *<\/p>\n<p>I. Han transcurrido m\u00e1s de cuarenta a\u00f1os desde la clausura, el 8 de diciembre del 1965, del Concilio Vaticano II, que marc\u00f3 un giro decisivo al compromiso ecum\u00e9nico, al definir el Decreto sobre el ecumenismo Unitatis redintegratio como uno de sus prop\u00f3sitos principales el restablecimiento de la unidad de todos los cristianos. El documento empieza con estas palabras: \u00abPromover el restablecimiento de la unidad entre todos los cristianos es uno de los prop\u00f3sitos principales del sagrado Concilio ecum\u00e9nico Vaticano II.\u00bb (UR 1). Esta opci\u00f3n del Concilio Vaticano II tiene su fundamento en el mandato de nuestro Se\u00f1or, que el anochecer de su muerte rog\u00f3: \u00abque todos sean uno\u00bb. El Decreto aclara que no se trata de un ecumenismo cualquiera, sino de un ecumenismo de la verdad y del amor, dirigido a recomponer la unidad visible de la Iglesia (cfr. UR 2 s.).<\/p>\n<p>Desde entonces, la opci\u00f3n ecum\u00e9nica del Concilio ha sido declarada irreversible por el Papa Juan Pablo II en la Enc\u00edclica Ut unum sint (1995) (UUS 3), donde agrega que no se trata de un mero \u00abap\u00e9ndice\u00bb de la actividad tradicional de la Iglesia (UR 20), sino de \u00abuna de las prioridades pastorales\u00bb de su pontificado (UR 99). El Papa Benedicto XVI, el mismo d\u00eda siguiente a su elecci\u00f3n como sumo pont\u00edfice, en un discurso program\u00e1tico pronunciado ante los cardenales reunidos en el c\u00f3nclave, se declar\u00f3 dispuesto a hacer todo lo que est\u00e9 a su alcance para promover la causa fundamental del ecumenismo; y reforz\u00f3 estas palabras durante la ceremonia de inauguraci\u00f3n de su ministerio, el 24 de abril del 2005, en la Plaza San Pedro. Desde entonces, el Papa Benedicto ha repetido esta afirmaci\u00f3n en numerosas ocasiones.<\/p>\n<p>Desde que la Iglesia cat\u00f3lica, con el Concilio Vaticano II, se ha abierto oficialmente al movimiento ecum\u00e9nico, el di\u00e1logo ecum\u00e9nico ha dado grandes pasos adelante. Esto ha ocurrido tanto a nivel de cada una de las iglesias locales como a nivel de la Iglesia universal. El Pontificio Consejo para la Promoci\u00f3n de la Unidad de los Cristianos (PCPUC) ha establecido di\u00e1logos oficiales o conversaciones y encuentros con casi todas las Iglesias y Comunidades eclesiales, con las Federaciones o Alianzas confesionales mundiales y con el Consejo Ecum\u00e9nico de las Iglesias. Han surgido un gran n\u00famero de documentos. Gracias a estos di\u00e1logos ha sido posible llegar a acercamientos substanciales en varias materias y, en alg\u00fan caso, llegar a un consenso. Un hito muy importante de este proceso ha sido la firma de la \u00abDeclaraci\u00f3n Conjunta sobre la Doctrina de la Justificaci\u00f3n\u00bb con la Federaci\u00f3n Luterana Mundial (1999), y la adhesi\u00f3n a esta Declaraci\u00f3n por parte del Consejo Metodista Mundial el pasado julio.<\/p>\n<p>Junto a estos di\u00e1logos, es importante recordar las visitas del Papa Juan Pablo II a casi todos los Patriarcas orientales y sobre todo la reciente visita del Papa Benedicto XVI al Patriarca ecum\u00e9nico y la visita a Roma del Arzobispo de Atenas y de toda Grecia. Las dos visitas a las que acabo de aludir pueden ser consideradas hist\u00f3ricas. Adem\u00e1s de \u00e9stas, la reanudaci\u00f3n del trabajo de la Comisi\u00f3n teol\u00f3gica internacional para el di\u00e1logo con las Iglesias ortodoxas en su conjunto tambi\u00e9n ha significado una fase nueva en las relaciones con las Iglesias ortodoxas. Aun as\u00ed, esto no quiere decir que hayamos olvidado los contactos con las comunidades nacidas con la Reforma del siglo XVI. Nos podr\u00edamos referir a muchos encuentros alentadores de alto nivel con estas Comunidades durante el \u00faltimo a\u00f1o, la \u00faltima de las cuales ha sido la visita de una delegaci\u00f3n finlandesa a comienzos de la reciente Semana de Oraci\u00f3n para la unidad de los cristianos.<\/p>\n<p>A\u00fan m\u00e1s importante que los resultados concretos de los di\u00e1logos y de los encuentros oficiales en el v\u00e9rtice de las iglesias es todo aquello a lo que el Papa Juan Pablo II se refiere en su Enc\u00edclica sobre el ecumenismo Ut unum sint (1995) o, en otras palabras, el redescubrimiento de la fraternidad entre los cristianos. Hoy ya no hablamos tanto \u2013como el Santo Padre hace notar- de \u00abcristianos separados\u00bb o de \u00abhermanos y hermanas separados\u00bb, sino de \u00abotros cristianos\u00bb y de \u00abotros bautizados\u00bb. Este cambio del vocabulario es bastante representativo. Los cristianos de las diversas Iglesias y Comunidades eclesiales ya no se ven hoy en d\u00eda como adversarios; ya no se ponen los unos enfrente de los otros con actitudes de antagonismo, de competencia o de indiferencia, sino que se consideran mutuamente como hermanos y hermanas que han emprendido juntos el camino hacia la unidad plena.<\/p>\n<p>En nuestros d\u00edas, trabajan unidos a favor de la paz y de la justicia en el mundo. Desde el inicio del movimiento ecum\u00e9nico moderno, la promoci\u00f3n de la unidad y la misi\u00f3n en el mundo han caminado al mismo paso. Porque en la promoci\u00f3n de la unidad y en la misi\u00f3n en el mundo act\u00faa la auto-trascendencia de la Iglesia y empieza la reuni\u00f3n escatol\u00f3gica de todos los pueblos que los profetas ya anunciaron.<\/p>\n<p>En el fundamento de este desarrollo tan positivo y alentador cuando el movimiento ecum\u00e9nico es entendido en la manera justa, no hay ni un filantropismo liberal, ni un relativismo o un pluralismo post-moderno que no tiene en cuenta las diferencias confesionales o abandona la identidad cat\u00f3lica; sino que m\u00e1s bien en la base de los di\u00e1logos hay la com\u00fan confesi\u00f3n de la fe en la Sant\u00edsima Trinidad y en Jesucristo, \u00fanico y universal salvador y redentor, y el reconocimiento mutuo del \u00fanico bautismo, a trav\u00e9s del cual todos los bautizados entran a formar parte del \u00fanico Cuerpo de Cristo y se encuentran, por lo tanto, desde ahora, en una comuni\u00f3n real y profunda, aunque no completa. La nueva fraternidad ecum\u00e9nica no significa, por lo tanto, una realidad sentimental o una sensaci\u00f3n familiar de cordialidad, sino que contemplamos una realidad espiritual fundamentada ontol\u00f3gicamente.<\/p>\n<p>Pese a estos progresos tan alentadores, no se puede negar que, m\u00e1s all\u00e1 de las dificultades singulares, normales y que forman parte de la vida, el di\u00e1logo de alguna manera se haya encallado, aunque no se hayan parado los coloquios y los encuentros, las visitas y la correspondencia. La situaci\u00f3n ha cambiado, la atm\u00f3sfera ya no es la misma, aparecen en el horizonte nuevos retos, como por ejemplo el crecimiento enorme de los movimientos evang\u00e9licos, pentecostales y carism\u00e1ticos, que se han desarrollado sobre todo en el hemisferio sur. Por otro lado, en algunas comunidades protestantes se muestran tendencias liberales, sobre todo en cuestiones de \u00e9tica, que crean nuevas diferencias y dificultades. Mientras que en los momentos inmediatamente posteriores al Concilio se constataba quiz\u00e1s una atm\u00f3sfera optimista e incluso ut\u00f3pica, hoy se puede prever que el camino ecum\u00e9nico, al menos seg\u00fan las medidas de los hombres, ser\u00e1 todav\u00eda largo. Como fruto de esta reflexi\u00f3n, el tema de la \u00faltima Sesi\u00f3n plenaria del PCPUC, en noviembre del 2006, tuvo como t\u00edtulo \u00abEl ecumenismo en v\u00eda de transformaci\u00f3n\u00bb.<\/p>\n<p>Como siempre, hay varios motivos para el cambio de una situaci\u00f3n. Uno de los motivos ha sido el hecho de que, tras haber superado muchos malentendidos y haber conseguido un consenso fundamental sobre el fulcro de nuestra fe, ahora hemos llegado al n\u00facleo duro de nuestras diferencias eclesiol\u00f3gicas o, mejor, de nuestras diferencias institucionales y eclesiol\u00f3gicas. En el di\u00e1logo con las Antiguas Iglesias Orientales y con las Iglesias ortodoxas, esta divergencia afecta la cuesti\u00f3n del ministerio petrino; mientras que, en las relaciones con las Iglesias reformadas, concierne la cuesti\u00f3n de la sucesi\u00f3n apost\u00f3lica del ministerio episcopal. Este \u00faltimo punto es tan s\u00f3lo la punta del iceberg de una diferencia muy profunda en la manera de entender la eclesiolog\u00eda. Para poder resolver estos puntos, la Iglesia cat\u00f3lica sostiene que es imprescindible afrontar dos cuestiones fundamentales.<\/p>\n<p>Primero: nos hace falta un ecumenismo fundamental; es decir, debemos reforzar los fundamentos de nuestro compromiso ecum\u00e9nico, la fe en Dios y en Jesucristo. No solamente en las otras Iglesias, sino tambi\u00e9n a menudo entre nosotros estas verdades fundamentales y centrales est\u00e1n desapareciendo de muchos fieles. Pero \u00bfC\u00f3mo se puede hablar de la justificaci\u00f3n de los pecadores por parte de Dios, si ya no hay una viva relaci\u00f3n con Dios y si ya no existe la conciencia de ser pecador y de tener necesidad de la redenci\u00f3n? Segundo: la cuesti\u00f3n de las Iglesias, entendidas como Comuni\u00f3n. Entretanto, hemos de estar agradecidos que la Comisi\u00f3n Fe y Constituci\u00f3n del Consejo mundial de las Iglesias haya publicado un documento todav\u00eda provisional sobre \u00abLa naturaleza y la misi\u00f3n de la Iglesia\u00bb, en cuya elaboraci\u00f3n ha colaborado nuestro Consejo y a la redacci\u00f3n final del cual queremos continuar cooperando muy activamente. Esperamos que esto pueda ser un paso y una contribuci\u00f3n importante para lograr la plena comuni\u00f3n, es decir, la comuni\u00f3n eucar\u00edstica con nuestros hermanos y hermanas, que es el objetivo del compromiso ecum\u00e9nico.<\/p>\n<p>II. Tras haber afirmado todo esto y tomando en consideraci\u00f3n tambi\u00e9n los diversos pasos de aproximaci\u00f3n, permanece aun as\u00ed un cierto sentimiento de desilusi\u00f3n y de frustraci\u00f3n. Para poner en movimiento la situaci\u00f3n actual, es necesario un impulso m\u00e1s fuerte y vigoroso que aqu\u00e9l que, por su naturaleza, los di\u00e1logos acad\u00e9micos puedan dar. En este momento cr\u00edtico, hemos de acudir a la fuerza motriz originaria del movimiento ecum\u00e9nico y a la dimensi\u00f3n pneumatol\u00f3gica de la existencia cristiana y de la Iglesia. Por esto, junto a los fundamentos teol\u00f3gicos y eclesiol\u00f3gicos antes mencionados, es necesario reflexionar sobre las bases pneumatol\u00f3gicas y espirituales. Porque la unidad de los disc\u00edpulos de Cristo no se puede \u00abhacer\u00bb mediante di\u00e1logos teol\u00f3gicos, aunque son muy importantes e irrenunciables, ni mediante una cierta denominada diplomacia eclesi\u00e1stica o mediante acciones pragm\u00e1ticas, aunque tengan su utilidad. En \u00faltima instancia, la unidad de la Iglesia es, si bien visible, una realidad pneumatol\u00f3gica y por lo tanto un don del Esp\u00edritu de Dios. Seg\u00fan el ap\u00f3stol Pablo hay una diversidad de carismas dentro la Iglesia, pero uno solo es el Esp\u00edritu (1 Cor 12,4), que es como el alma de la Iglesia. Es significativo que las palabras de Jes\u00fas \u00abque todos sean una sola cosa\u00bb no son un mandato, sino una plegaria; y el ecumenismo en \u00faltimo t\u00e9rmino no es otra cosa que unirse a esta plegaria de nuestro Se\u00f1or y hacerla nuestra.<\/p>\n<p>Estas no son para m\u00ed reflexiones puramente abstractas, sino pensamientos que vienen de mi experiencia personal, madurada a lo largo de muchos a\u00f1os, d\u00eda tras d\u00eda. En este periodo de tiempo he participado en muchos di\u00e1logos y en muchos encuentros ecum\u00e9nicos. Y siempre era lo mismo. Si estos di\u00e1logos quedaban s\u00f3lo a nivel acad\u00e9mico, resultaban quiz\u00e1s interesantes, pero no tra\u00edan fruto alguno. A menudo, si no hab\u00eda oraci\u00f3n y una atm\u00f3sfera espiritual, se pod\u00edan olvidar. Mientras que, si hab\u00eda un clima de oraci\u00f3n, los corazones se abr\u00edan, era posible superar malentendidos y prejuicios, promover la comprensi\u00f3n tambi\u00e9n sobre las diferencias, encontrar convergencias y tal vez consensos y sobre todo acrecentaba el amor mutuo y el empuje para continuar.<\/p>\n<p>Esta experiencia personal concuerda con la experiencia hist\u00f3rica de la Iglesia. Las divisiones en el seno de la cristiandad no son debidas primariamente a disputas a nivel de discusiones o a controversias sobre f\u00f3rmulas doctrinales divergentes, sino a una experiencia de vida que ha llevado a un alejamiento rec\u00edproco. Algunas formas de vida de fe cristiana han resultado extra\u00f1as las unas a las otras, hasta no poderse entender. As\u00ed, las divisiones del pasado son el resultado \u2013como el Concilio ha dicho- de un enfriamiento del amor. Problemas que como tales eran solucionables se han convertido en obst\u00e1culos insalvables; de las diferencias, de por si leg\u00edtimas, han salido controversias, que se han exagerado y absolutizado. Al final se han alejado y ya no se comprenden. Y esto ha conducido a fracturas inevitables. Varias condiciones y circunstancias culturales, sociales y pol\u00edticas han desarrollado un papel importante en todo esto. Con esto no queremos olvidar que se ha tratado tambi\u00e9n de una b\u00fasqueda de la verdad y de diferencias de fe. Volveremos enseguida sobre este importante aspecto. La b\u00fasqueda de la verdad, sin embargo, ha estado siempre inscrita en la experiencia concreta y atada a \u00e9sta de manera inseparable.<\/p>\n<p>Por otro lado, ya desde los inicios, el movimiento ecum\u00e9nico se ha nutrido en gran parte por un movimiento espiritual, que ha encontrado su expresi\u00f3n sobre todo en la Semana de Oraci\u00f3n por la Unidad de los Cristianos, puesta en marcha el a\u00f1o 1933 por el Abb\u00e9 Paul Couturier, y que para nosotros es siempre el centro ecum\u00e9nico del a\u00f1o lit\u00fargico.<br \/>\nEl Concilio Vaticano II, en su Decreto sobre el Ecumenismo Unitatis Redintegratio, contempla el movimiento ecum\u00e9nico como impulso y obra del Esp\u00edritu Santo (UR 1; 4). Y no por casualidad el Concilio y el Papa de entonces describieron el ecumenismo espiritual como el coraz\u00f3n del movimiento ecum\u00e9nico (UR 8). El ecumenismo espiritual seg\u00fan el Concilio significa: oraci\u00f3n, sobre todo oraci\u00f3n ecum\u00e9nica com\u00fan, conversi\u00f3n personal y reforma institucional, penitencia y esfuerzo por la santificaci\u00f3n personal (UR 5-8). El Papa Juan Pablo II en su Enc\u00edclica Ut unum sint y en otros muchos documentos ha repetido y subrayado muchas veces esta idea y el Papa Benedicto XVI contin\u00faa en la misma estela.<\/p>\n<p>Recientemente el PCPUC ha publicado un peque\u00f1o libro sobre el ecumenismo espiritual, que se basa en muchas experiencias concretas. La publicaci\u00f3n hab\u00eda sido recomendada por la Plenaria del 2003. Un primer proyecto hab\u00eda sido presentado y discutido en la Conferencia internacional tenida en Rocca di Papa en noviembre del 2004 con ocasi\u00f3n de la celebraci\u00f3n del 40 aniversario del Decreto sobre el ecumenismo Unitatis redintegratio del Concilio Vaticano II. Desde entonces hemos recibido muchas sugerencias de organismos ecum\u00e9nicos internacionales y locales. As\u00ed, el libro es el resultado de muchas experiencias personales m\u00edas y de otros muchos en varias situaciones y partes del mundo. La intenci\u00f3n de la publicaci\u00f3n es aportar sugerencias concretas y pr\u00e1cticas a todos aquellos que \u2013como se suele decir est\u00e1n en la base, es decir en las di\u00f3cesis, en las parroquias y en las diversas comunidades- se esfuerzan en el trabajo ecum\u00e9nico.<\/p>\n<p>El acento particular puesto en el ecumenismo espiritual es importante tambi\u00e9n a la luz de la situaci\u00f3n espiritual actual que, por una parte, est\u00e1 marcada por el relativismo y por el esteticismo post-modernos y, por otra, presenta un deseo nost\u00e1lgico de esperanza espiritual, a menudo vago e impreciso. Es evidente un descontento que brota del vac\u00edo dejado por una civilizaci\u00f3n t\u00e9cnica, funcional y economicista. Se percibe tambi\u00e9n el descontento con una Iglesia prevalentemente institucional, que no da el suficiente alimento espiritual, que no satisface los deseos m\u00e1s profundos del coraz\u00f3n. Este es uno de los motivos por los cuales tantos fieles dejan la Iglesia y se integran en comunidades carism\u00e1ticas y pentecostales o se entregan a pr\u00e1cticas esot\u00e9ricas. Esta situaci\u00f3n nos obliga a aclarar desde el principio el concepto de espiritualidad.<\/p>\n<p>III. Actualmente, la palabra \u00abespiritualidad\u00bb se utiliza demasiado y tiene muchos significados. Nos interesa ahora, primeramente, aclarar un poco este t\u00e9rmino y su significado. Y despu\u00e9s podremos dar sugerencias concretas.<\/p>\n<p>Espiritualidad es un \u00abpr\u00e9stamo\u00bb l\u00e9xico que proviene del catolicismo franc\u00e9s. Traducido literalmente significa \u00abpiedad\u00bb. No obstante, con esto no se cubre toda la gama de significados de este concepto. El Dictionary of Christian Spirituality describe la espiritualidad como aquel comportamiento, aquella fe y aquel conjunto de pr\u00e1cticas que conforman la vida de los hombres, ayud\u00e1ndolos a lograr realidades que van m\u00e1s all\u00e1 de la percepci\u00f3n de los sentidos. Para mejorar esta descripci\u00f3n, podemos decir que espiritualidad es un estilo de vida guiado por el esp\u00edritu. El L\u00e9xico ecum\u00e9nico, por lo tanto, dice: \u00abLa espiritualidad consiste en el desarrollo de la existencia cristiana bajo la gu\u00eda del Esp\u00edritu Santo\u00bb.<\/p>\n<p>Est\u00e1 claro, pues, que el concepto de espiritualidad tiene dos componentes: una dimensi\u00f3n que proviene \u00abde arriba\u00bb y que no est\u00e1 influenciada por el hombre porque es obra del Esp\u00edritu de Dios, y una dimensi\u00f3n \u00abde abajo\u00bb, que incluye la condici\u00f3n humana y la situaci\u00f3n contingente en que se encuentra cada existencia cristiana y dentro de la que ella intenta forjarse y definirse espiritualmente. La espiritualidad vive, pues, la tensi\u00f3n entre el \u00fanico Esp\u00edritu Santo, que obra en todas partes y en todo, y la variedad de las realidades y de las formas de vida humanas, culturales y sociales. Y es por lo tanto en esta tensi\u00f3n entre unicidad y pluralidad donde reside fundamentalmente el significado de la espiritualidad.<\/p>\n<p>Esta tensi\u00f3n comporta a la espiritualidad el peligro de una fractura o de la preponderancia de uno de los elementos. Como expresiones culturales y terrenales de la fe encarnada, las espiritualidades traen en ellas mismas el riesgo del sincretismo, cuando la fe cristiana se mezcla con elementos religiosos y culturales no adecuados, que falsean la fe misma. Las diversas espiritualidades pueden tambi\u00e9n unirse a finalidades y cuestiones pol\u00edticas, confiriendo a la fe cristiana no s\u00f3lo un tono nacional, sino incluso una impronta ideol\u00f3gica pseudo-espiritual o nacional-chovinista. En algunas formas de fundamentalismo religioso este peligro es extremadamente evidente. Junto a \u00e9stas, existen otras formas de espiritualidad, de la denominada espiritualidad ecum\u00e9nica, que son s\u00f3lo emotivas o sentimentales y pueden ser descritas como banalizaciones burguesas de la fe cristiana.<\/p>\n<p>Toda espiritualidad, pues, debe preguntarse por qu\u00e9 esp\u00edritu se deja guiar, por el Esp\u00edritu Santo o por el esp\u00edritu del mundo o del tiempo. La espiritualidad implica un discernimiento de los esp\u00edritus. La espiritualidad no est\u00e1 exonerada de la b\u00fasqueda de la verdad. Por esto, no se puede sustraer c\u00f3modamente a la teolog\u00eda apelando a la espiritualidad. La espiritualidad, por permanecer sana, tiene necesidad de una reflexi\u00f3n teol\u00f3gica.<\/p>\n<p>IV. Los grandes maestros de la vida espiritual nos han dejado un rico tesoro de experiencias para el discernimiento de los esp\u00edritus. Las m\u00e1s conocidas son las reglas para el discernimiento de los esp\u00edritus del libro de los ejercicios espirituales de Ignacio de Loyola. Vale la pena releerlo atentamente, desde el punto de vista ecum\u00e9nico; es posible, en este sentido, sacar un gran provecho de \u00e9l. Sin embargo, yo prefiero coger aqu\u00ed otro camino e interrogarme, en tres puntos, sobre cu\u00e1l es la naturaleza y la obra del Esp\u00edritu a nivel ya b\u00edblico, ya sistem\u00e1tico, para llegar a una espiritualidad ecum\u00e9nica objetiva en base a una teolog\u00eda reflexionada a partir del Esp\u00edritu Santo.<\/p>\n<p>1. El significado fundamental en hebreo y en griego de \u00abesp\u00edritu\u00bb (ruah, pn\u00eauma) es viento, respiraci\u00f3n, soplo y \u2013porque la respiraci\u00f3n es signo de la vida- vida, alma y, en fin, en una translaci\u00f3n de sentido, el esp\u00edritu como principio vital del hombre, como sede de las sensaciones espirituales y de su voluntad. No se trata, con todo, de un principio inmanente al hombre; se refiere m\u00e1s bien a la vida dada y hecha posible por Dios. Dios da el esp\u00edritu y puede tambi\u00e9n volverlo a tomar. El esp\u00edritu de Dios tiene, pues, la fuerza vital creadora de todas las cosas. \u00c9l da al hombre sensibilidad art\u00edstica y perspicacia, discernimiento y sabidur\u00eda.<\/p>\n<p>Es el Spiritus creator, que obra en toda la realidad de la creaci\u00f3n. \u00abEl esp\u00edritu del Se\u00f1or llena el universo, abarcando cada cosa, conoce cada voz\u00bb (Sab 1,7; cfr. 7,22-8,1). Seg\u00fan el ap\u00f3stol Pablo en la Carta a los Romanos, el Esp\u00edritu viene en ayuda de nuestra debilidad, da respuesta a las esperanzas y sufrimientos del mundo, intercede con insistencia por nosotros, con gemidos inefables (Rom 8,26 s). Seg\u00fan Agust\u00edn, el Esp\u00edritu es \u00abla fuerza de gravedad de la caridad, el empuje hacia arriba, aquello que se opone a la fuerza de la gravedad hacia abajo y conduce todo a la realizaci\u00f3n en Dios\u00bb (Conf. XIII, 7,8). Toda verdad \u2013como ense\u00f1a Tom\u00e1s de Aquino- de donde sea que se derive, proviene del Esp\u00edritu Santo (cfr. S. Th E II\/109,1).<\/p>\n<p>Una doctrina sobre el Esp\u00edritu Santo, por lo tanto, no debe recluirse dentro los muros de una iglesia o replegarse sobre ella misma. Se debe situar en el interior de una prospectiva universal. La pneumatolog\u00eda es posible tan s\u00f3lo en la escucha, en la atenci\u00f3n puesta en las huellas, en las esperanzas, en los gozos y en las vanidades de la vida, en la observaci\u00f3n de los signos de los tiempos que se encuentran por todas partes, all\u00ed donde la vida nace, est\u00e1 en fermento, se expande, pero tambi\u00e9n donde las esperanzas de vida son malogradas, estranguladas, amordazadas y suprimidas. En cualquier lugar donde sea mostrada la vida verdadera y nueva, all\u00ed obra el Esp\u00edritu de Dios.<\/p>\n<p>El Concilio Vaticano II vio este obrar universal del Esp\u00edritu no solamente en las religiones de la humanidad, sino tambi\u00e9n en la cultura y en el progreso de los hombres (cfr. Gaudium et spes, 26; 28; 38; 41; 44). El Papa Juan Pablo II ha desarrollado posteriormente este pensamiento en su Enc\u00edclica sobre la misi\u00f3n Redemptoris missio, donde leemos: \u00abEl Esp\u00edritu, pues, est\u00e1 en el origen mismo de la demanda existencial y religiosa del hombre, la cual nace no s\u00f3lo de situaciones contingentes, sino de la estructura misma de su ser\u00bb. M\u00e1s adelante el Santo Padre contin\u00faa: \u00abLa presencia y la actividad del Esp\u00edritu no afecta s\u00f3lo a los individuos, sino a la sociedad y a la historia, a los pueblos, las culturas, las religiones. El Esp\u00edritu, en suma, est\u00e1 en el origen de los nobles ideales y de las iniciativas de bien de la humanidad que camina\u00bb (n.28).<\/p>\n<p>Por lo tanto, una espiritualidad ecum\u00e9nica inspirada en la Biblia no puede replegarse en ella misma o ser exclusivamente eclesioc\u00e9ntrica. Debe estar atenta a la vida y servir a la vida. Debe ocuparse de los asuntos cotidianos, de las peque\u00f1as experiencias de cada d\u00eda, as\u00ed como de las grandes cuestiones de la vida y supervivencia del hombre moderno, y tambi\u00e9n de las religiones y de las obras de la cultura humana. Seg\u00fan un principio de la m\u00edstica tardo-medieval y de Ignacio de Loyola, es posible encontrar a Dios en todas las cosas.<\/p>\n<p>Espiritualidad ecum\u00e9nica significa cooperaci\u00f3n en favor de la vida, de la justicia, de los derechos del hombre y de la paz. En este contexto no estoy pensando en primer lugar en acciones espectaculares, sino en cooperar en las obras de caridad de cada d\u00eda, para los ni\u00f1os, los j\u00f3venes, los enfermos, los discapacitados y la gente mayor. Estoy pensando tambi\u00e9n en la cooperaci\u00f3n con la pastoral para los turistas, en los medios de comunicaci\u00f3n, etc. Debemos superar en todos estos \u00e1mbitos el esp\u00edritu de competitividad, porque es necesario que impere la solidaridad. Podemos hacer tantas cosas juntos, y mediante esta cooperaci\u00f3n nos conocemos mejor y crecemos juntos.<\/p>\n<p>2. En la Biblia, el esp\u00edritu no es s\u00f3lo fuerza creadora de Dios: es tambi\u00e9n la fuerza divina que se explicita en la historia. El Esp\u00edritu habla a trav\u00e9s de los profetas y es prometido como el esp\u00edritu mesi\u00e1nico (Is 11,2; 42,1). Es la fuerza de la nueva creaci\u00f3n, que transforma el desierto en para\u00edso y lo convierte en lugar de ley y justicia (Is 42,15 ss). \u00abNo con el poder, no con la fuerza, sino con mi esp\u00edritu\u00bb (Zac 4,6). El esp\u00edritu acerca la criatura que gime y sufre al Reino de la libertad de los hijos de Dios (cfr. Rom 8,19 ss).<\/p>\n<p>El Nuevo Testamento anuncia la venida del Reino de la libertad de Jesucristo. Un reino que nace del Esp\u00edritu (Lc 1,35; Mt 1,18.20); en el momento del bautismo, el Esp\u00edritu desciende sobre \u00e9l (Mc 1,9-11); toda su obra sobre la tierra tiene el sello del Esp\u00edritu (Lc 4,14.18; 10,21; 11,20). El Esp\u00edritu descansa en \u00e9l; as\u00ed \u00e9l puede anunciar el mensaje de j\u00fabilo a los pobres, la libertad a los prisioneros, la vista a los ciegos y la justicia a los afligidos (Lc 4,18). Su resurrecci\u00f3n acontece en la fuerza del Esp\u00edritu (Rom 1,3) y en la fuerza del Esp\u00edritu \u00e9l contin\u00faa estando presente en la Iglesia y en el mundo. \u00abEl Se\u00f1or es esp\u00edritu\u00bb (2 Cor 3, 17).<\/p>\n<p>Puesto que en Jesucristo, en su vida sobre la tierra y en su obra como Redentor, la acci\u00f3n del Esp\u00edritu inscrita en la historia de la salvaci\u00f3n llega a su plenitud escatol\u00f3gica, el Esp\u00edritu es para Pablo el Esp\u00edritu del Cristo (Rom 8,9; Fil 1,19), el Esp\u00edritu del Se\u00f1or (2 Cor 3,17) y el Esp\u00edritu del Hijo (Gal 4,6). La confesi\u00f3n de Jesucristo es por lo tanto el criterio fundamental para el discernimiento de los esp\u00edritus: \u00ab&#8230;nadie que hable bajo la acci\u00f3n del Esp\u00edritu de Dios dice: \u00abJes\u00fas es anatema\u00bb; y nadie puede decir: \u00abJes\u00fas es Se\u00f1or\u00bb, si no es bajo la acci\u00f3n del Esp\u00edritu Santo\u00bb (1 Cor 12,3).<\/p>\n<p>Con esto queda bien afianzado el criterio cristol\u00f3gico, que es el decisivo en una espiritualidad ecum\u00e9nica. Este criterio quiere luchar contra el peligro de un relativismo y de un sincretismo espiritual, que amenaza las experiencias espirituales de las diversas religiones, confundi\u00e9ndolas entre ellas y seleccion\u00e1ndolas de manera ecl\u00e9ctica. La espiritualidad ecum\u00e9nica preserva la unicidad y la universalidad del significado salv\u00edfico de Jesucristo. Ella es tambi\u00e9n contraria a la tentaci\u00f3n so\u00f1adora y exaltada de eliminar la intermediaci\u00f3n cristol\u00f3gica y acceder directamente a Dios. Y recuerda: \u00abDios, nadie lo ha visto nunca; el Hijo unig\u00e9nito que est\u00e1 en el seno del Padre es quien lo ha revelado\u00bb (Jn 1,18).<\/p>\n<p>Una espiritualidad ecum\u00e9nica leg\u00edtima ser\u00e1 por lo tanto en primer lugar una espiritualidad b\u00edblica y recibir\u00e1 un influjo en la lectura com\u00fan de las escrituras y en el estudio com\u00fan de la Biblia. Se impregnar\u00e1 de la Lectio divina, tan recomendada por el Concilio (DV 25), es decir, la lectura de la Biblia ligada a la oraci\u00f3n que se convierte en un coloquio entre Dios y el hombre. Reflexionar\u00e1 continuamente sobre las narraciones b\u00edblicas de la venida de Jes\u00fas, sobre su mensaje de libertad, sobre su obra liberadora y salv\u00edfica, sobre su servicio a los otros, sobre su kenosi hasta la muerte, sobre su entera persona y sobre su obra entera, haciendo de esto el criterio fundante. Ella se empapar\u00e1 del seguimiento de Jes\u00fas y continuar\u00e1 buscando el rostro del Cristo, como ha mencionado de manera pragm\u00e1tica Juan Pablo II en su Carta Apost\u00f3lica Novo millenio ineunte de 2001. Tal espiritualidad se revela en aquello que Pablo define como los frutos del Esp\u00edritu: caridad, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fidelidad, dulzura, templanza (Gal 5, 22).<\/p>\n<p>Espiritualidad cristoc\u00e9ntrica significa espiritualidad de la escucha de la palabra y significa tambi\u00e9n espiritualidad sacramental. Cristo est\u00e1 presente en la palabra y en los sacramentos; el Concilio renov\u00f3 la imagen de la mesa de la palabra y del cuerpo del Cristo (DV 21). Ecum\u00e9nicamente tenemos en com\u00fan sobre todo el Bautismo, mediante el cual somos miembros del \u00fanico cuerpo de Cristo y estamos ya ahora en una comuni\u00f3n profunda si bien todav\u00eda no plena. Por lo tanto, las celebraciones de conmemoraciones del Bautismo com\u00fan son centrales para una espiritualidad ecum\u00e9nica. Se puede pensar en la fiesta del Bautismo de Cristo o en ceremonias del per\u00edodo de Cuaresma. No obstante, no es posible una plena participaci\u00f3n com\u00fan en la eucarist\u00eda. Conozco bien los problemas pastorales que pueden surgir de ello. Durante los \u00faltimos a\u00f1os, se ha desarrollado la costumbre de que aquellos que no pueden participar plenamente y no pueden comulgar piden la bendici\u00f3n del sacerdote; con lo cual no se sienten excluidos y participan tanto como es posible.<\/p>\n<p>La espiritualidad cristol\u00f3gica valora tambi\u00e9n los testigos de Cristo. Tenemos en com\u00fan muchos santos de los primeros siglos y tenemos much\u00edsimos testigos que podemos decir m\u00e1rtires, sobre todo en el siglo pasado. Ellos son modelos y ejemplos en el seguimiento de Jes\u00fas. No podemos olvidar Mar\u00eda, la Madre de Jes\u00fas. Incluso muchos evang\u00e9licos hoy la redescubren como una figura b\u00edblica y como hermana en la fe.<\/p>\n<p>En fin, en el Esp\u00edritu, podemos y debemos decir \u00ab\u00a1Abb\u00e1, Padre!\u00bb como Jes\u00fas dijo a Dios (Rom 8,15.26 ss; Gal 4,6). Por lo tanto, una espiritualidad ecum\u00e9nica es una espiritualidad de la oraci\u00f3n. Como Mar\u00eda y los Ap\u00f3stoles \u2013y junto con ellos- tal espiritualidad debe recogerse siempre en la plegaria por la venida de una Pentecost\u00e9s regeneradora (cfr. Hech 1,13 ss.). Una espiritualidad ecum\u00e9nica vive, como el mismo Jes\u00fas, de la plegaria; concuerda con la plegaria de Jes\u00fas y se une a \u00e9l, en el deseo que todos sean uno (cfr. Jn 17,21). En la plegaria soporta, como Jes\u00fas en la cruz, tambi\u00e9n la experiencia del abandono del esp\u00edritu y del abandono de Dios (cfr. Mc 15,34); s\u00f3lo en la fuerza de la plegaria puede soportar dificultades y desilusiones ecum\u00e9nicas, como tambi\u00e9n la experiencia ecum\u00e9nica del desierto.<\/p>\n<p>3. Junto al criterio cristol\u00f3gico, para Pablo hay tambi\u00e9n el criterio eclesiol\u00f3gico. Pablo enlaza el Esp\u00edritu con la construcci\u00f3n de la comunidad y con el servicio en la Iglesia. El esp\u00edritu ha sido dado para el bien de todo el mundo. Los diversos dones del Esp\u00edritu deben servir unos y otros (1 Cor 12,4-30). El Esp\u00edritu no es un Esp\u00edritu de confusi\u00f3n, sino un Dios de paz (1 Cor 14,33). Pero la obra del Esp\u00edritu no est\u00e1 limitada a las instituciones de la Iglesia y monopolizada por ella; el Esp\u00edritu es dado a todo el mundo como afirma la Biblia, cada cual tiene su carisma. Pero el Esp\u00edritu no obra cuando los hombres est\u00e1n unos contra otros, sino cuando est\u00e1n unos con otros, y gracias a la contribuci\u00f3n personal por parte de cada uno. El Esp\u00edritu es adverso a toda divisi\u00f3n en facciones y partidos. El don m\u00e1s grande del esp\u00edritu es la caridad, sin la cual el conocimiento no tiene ning\u00fan valor. La caridad no tiene envidia, no se vanagloria, no se enorgullece; todo lo soporta y no caducar\u00e1 nunca (cfr. 1 Cor 13,1-4.7).<\/p>\n<p>Precisamente, la tradici\u00f3n teol\u00f3gica ha desarrollado con propiedad este aspecto. Seg\u00fan Ireneo de Lyon, la Iglesia es \u00abel recipiente, donde el Esp\u00edritu ha vertido la fe y la mantiene fresca\u00bb; all\u00ed donde est\u00e1 la Iglesia, est\u00e1 tambi\u00e9n el Esp\u00edritu de Dios; all\u00ed donde est\u00e1 el Esp\u00edritu de Dios, est\u00e1 la Iglesia y toda la gracia\u00bb (Adv. haer. III, 24,1). E Hip\u00f3lito dice: \u00abFestinet autem te ad ecclesiam ubi floret spiritus\u00bb (Trad apost. 31; 35). En toda la tradici\u00f3n occidental, inspirada sobre todo en Agust\u00edn, el Esp\u00edritu es el amor entre el Padre y el Hijo, y aquello que hay de m\u00e1s interno a Dios y al mismo tiempo es m\u00e1s externo a Dios, dado que, en \u00e9l y a trav\u00e9s de \u00e9l, el amor de Dios se derrama a nuestros corazones. En el Esp\u00edritu, Dios da su intimidad al exterior de modo que as\u00ed nosotros podamos compartir su vida. El Esp\u00edritu es, pues, el principio vital de la vida cristiana y como el alma de la Iglesia (cfr. LG 7).<\/p>\n<p>La espiritualidad ecum\u00e9nica es, pues, una espiritualidad eclesial y, por esto mismo, una espiritualidad de comuni\u00f3n. La espiritualidad ecum\u00e9nica se afanar\u00e1 por lograr el \u00abSentire ecclesiam\u00bb, se esforzar\u00e1 por entrar m\u00e1s profundamente en la esencia, la tradici\u00f3n, y en particular en la liturgia de la Iglesia, haciendo la liturgia de manera actual y consciente. La espiritualidad ecum\u00e9nica vive de la fiesta de la liturgia. Tal espiritualidad ecum\u00e9nica generalmente es vivida en grupos y c\u00edrculos ecum\u00e9nicos. Estos grupos, sin embargo, no pueden separarse de la m\u00e1s amplia comunidad de la Iglesia y elevarse por encima de esta. No pueden hacer ecumenismo a su propio gusto y manera. Deben sentirse como miembros que contribuyen a la vida de todo el cuerpo de la Iglesia y por otra parte la reciben tambi\u00e9n de la comunidad m\u00e1s grande. La espiritualidad ecum\u00e9nica se esfuerza en conservar la unidad del Esp\u00edritu (cfr. Ef 4,3).<\/p>\n<p>Vivir en la Iglesia, con la Iglesia y vivir la Iglesia significa sufrir en la Iglesia y con la Iglesia. Ella sufre y sangra por las heridas causadas por las divisiones. Este sufrimiento es esencial en la espiritualidad ecum\u00e9nica. As\u00ed, la espiritualidad ecum\u00e9nica moviliza la conciencia de la Iglesia, priv\u00e1ndola de replegarse sobre ella misma y sobre su autosuficiencia confesional; estimul\u00e1ndola, por contra, a recorrer y a tocar en la riqueza de las otras tradiciones para buscar una unidad ecum\u00e9nica m\u00e1s amplia y, de este modo, llegar a la plenitud concreta de su catolicidad. Ella, por lo tanto, entreabre prof\u00e9ticamente una visi\u00f3n del futuro ante la realidad eclesial concreta, sin huir ante esta realidad, pero esforz\u00e1ndose en cambio con paciencia y constancia para conseguir el consenso.<\/p>\n<p>El Esp\u00edritu es quien la hace entrar en una verdad cada vez m\u00e1s grande y cada vez m\u00e1s profunda; \u00e9l debe guiarnos a la verdad completa (Jn 16,13). Esto sucede de varias maneras, una de las cuales, seg\u00fan el texto conciliar ya citado, es la experiencia espiritual. De \u00e9sta, forma parte tambi\u00e9n la experiencia espiritual ecum\u00e9nica. En efecto, el di\u00e1logo ecum\u00e9nico no es simplemente un intercambio de ideas, sino un intercambio de dones y de experiencias espirituales (UUS 28). Esto es posible para cada cristiano, en el lugar y en la forma que son propios de cada uno, porque cada uno a su manera es un experto, es una persona que vive una experiencia y quiere comunicarla a los otros. Para el di\u00e1logo ecum\u00e9nico vale, pues, todo lo que Pablo ha dicho para toda reuni\u00f3n de la comunidad: cuando os reun\u00e1is, que cada uno aporte el propio don (cfr. 1 Cor 14,26).<\/p>\n<p>En los \u00faltimos decenios, nosotros los cat\u00f3licos hemos aprendido mucho de la experiencia de nuestros hermanos y de nuestras hermanas protestantes en todo el que se refiere al significado de la Palabra de Dios y a la interpretaci\u00f3n de la Sagrada Escritura; ellos, por su parte, aprenden de la realidad de nuestros signos sacramentales y de nuestra manera de celebrar la liturgia. En el encuentro ecum\u00e9nico con las Iglesias orientales, podemos aprender de su riqueza espiritual y de su respeto por el misterio, mientras que ellos pueden compartir nuestras experiencias pastorales y nuestra experiencia en contacto con el mundo actual. Como sugiere una expresi\u00f3n feliz del Papa Juan Pablo II, la Iglesia puede, pues, aprender a respirar de nuevo con los dos pulmones.<\/p>\n<p>Por lo tanto, el di\u00e1logo ecum\u00e9nico no tiene como objetivo primario el de inducir los otros a convertirse a nuestra Iglesia, sino la conversi\u00f3n de todos a Cristo. Naturalmente, no podemos ni debemos excluir las conversiones singulares en el sentido tradicional; debemos tener un gran respeto por las decisiones tomadas a nivel de conciencia personal que motivan estas opciones. Incluso as\u00ed, aun en el caso de una conversi\u00f3n individual, de hecho no se trata de una conversi\u00f3n a otra Iglesia, sino de una conversi\u00f3n a la plena verdad de Jesucristo. En este sentido, todos deben convertirse, ya que la conversi\u00f3n no es un acto hecho de una vez para siempre, sino un proceso continuado.<\/p>\n<p>El encuentro ecum\u00e9nico sostiene esta conversi\u00f3n, puesto que nos lleva al examen de conciencia y es inseparable de la conversi\u00f3n personal y del deseo de una reforma de la Iglesia (cfr. UUS 16; 34 ss; 83 ss). Cuando, intercambiando nuestras rec\u00edprocas experiencias confesionales y partiendo de nuestros presupuestos diversos, nos acercamos a Jes\u00fas y logramos la medida del completo desarrollo de Cristo (Ef 4,13), entonces nos convertimos en una sola cosa con \u00e9l. \u00c9l es nuestra unidad. En \u00e9l, tras haber superado nuestras divisiones, podemos realizar hist\u00f3ricamente, en concreto, tambi\u00e9n toda la plenitud de la catolicidad.<\/p>\n<p>Pregunt\u00e9monos ahora: \u00bfcu\u00e1l es la unidad de la plenitud hacia la cual andamos? La respuesta es la siguiente: no se trata de una fusi\u00f3n como las de las grandes empresas internacionales de nuestro mundo globalizado; no es tampoco un sistema complejo, desde el punto de vista especulativo o institucional, en el cual los opuestos se anulan, siguiendo una dial\u00e9ctica de tipo hegeliano. En esto reside la diferencia de fondo entre di\u00e1logo y dial\u00e9ctica. Ciertamente, el di\u00e1logo intenta disipar los malentendidos y superar las divisiones entre los partner, tendiendo a la reconciliaci\u00f3n. Pero la reconciliaci\u00f3n propiamente no elimina la alteridad del otro, no la absorbe ni la aspira, haci\u00e9ndola desaparecer. Por el contrario, la reconciliaci\u00f3n reconoce el otro en su alteridad. La unidad en la caridad no se logra cuando la identidad del otro es anulada y absorbida, sino al contrario, cuando \u00e9sta llega a ser confirmada y plena.<\/p>\n<p>Esta experiencia de la unidad en la caridad es el modelo de la unidad cristiana y eclesial. Encuentra, en \u00faltimo t\u00e9rmino, el fundamento en el amor trinitario entre Padre, Hijo y Esp\u00edritu Santo y es el modelo para la unidad eclesial: la unidad de la Iglesia es como un icono de la Trinidad (cfr. LG 4; UR 3).<\/p>\n<p>En \u00faltimo t\u00e9rmino, el ecumenismo y la unidad son un acontecimiento espiritual. All\u00ed donde se logra un consenso ecum\u00e9nico, este consenso ser\u00e1 experimentado como un don espiritual y como una nueva Pentecost\u00e9s. De esta nueva Pentecost\u00e9s habl\u00f3 el Papa Juan XXIII, abriendo el Concilio Vaticano II con una clara perspectiva ecum\u00e9nica. Estoy convencido de que, si nosotros rogamos como Mar\u00eda y los Ap\u00f3stoles en el Cen\u00e1culo (Hech 1,12-14) y si nos empe\u00f1amos en hacer todo cuanto nos sea posible, recibiremos un d\u00eda este don.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Se trata del presidente del Consejo Pontificio para la Promoci\u00f3n de la Unidad de los Cristianos.<\/p>\n","protected":false},"author":3,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"site-sidebar-layout":"default","site-content-layout":"","ast-site-content-layout":"default","site-content-style":"default","site-sidebar-style":"default","ast-global-header-display":"","ast-banner-title-visibility":"","ast-main-header-display":"","ast-hfb-above-header-display":"","ast-hfb-below-header-display":"","ast-hfb-mobile-header-display":"","site-post-title":"","ast-breadcrumbs-content":"","ast-featured-img":"","footer-sml-layout":"","ast-disable-related-posts":"","theme-transparent-header-meta":"","adv-header-id-meta":"","stick-header-meta":"","header-above-stick-meta":"","header-main-stick-meta":"","header-below-stick-meta":"","astra-migrate-meta-layouts":"default","ast-page-background-enabled":"default","ast-page-background-meta":{"desktop":{"background-color":"var(--ast-global-color-4)","background-image":"","background-repeat":"repeat","background-position":"center center","background-size":"auto","background-attachment":"scroll","background-type":"","background-media":"","overlay-type":"","overlay-color":"","overlay-opacity":"","overlay-gradient":""},"tablet":{"background-color":"","background-image":"","background-repeat":"repeat","background-position":"center center","background-size":"auto","background-attachment":"scroll","background-type":"","background-media":"","overlay-type":"","overlay-color":"","overlay-opacity":"","overlay-gradient":""},"mobile":{"background-color":"","background-image":"","background-repeat":"repeat","background-position":"center center","background-size":"auto","background-attachment":"scroll","background-type":"","background-media":"","overlay-type":"","overlay-color":"","overlay-opacity":"","overlay-gradient":""}},"ast-content-background-meta":{"desktop":{"background-color":"var(--ast-global-color-5)","background-image":"","background-repeat":"repeat","background-position":"center center","background-size":"auto","background-attachment":"scroll","background-type":"","background-media":"","overlay-type":"","overlay-color":"","overlay-opacity":"","overlay-gradient":""},"tablet":{"background-color":"var(--ast-global-color-5)","background-image":"","background-repeat":"repeat","background-position":"center center","background-size":"auto","background-attachment":"scroll","background-type":"","background-media":"","overlay-type":"","overlay-color":"","overlay-opacity":"","overlay-gradient":""},"mobile":{"background-color":"var(--ast-global-color-5)","background-image":"","background-repeat":"repeat","background-position":"center center","background-size":"auto","background-attachment":"scroll","background-type":"","background-media":"","overlay-type":"","overlay-color":"","overlay-opacity":"","overlay-gradient":""}},"footnotes":""},"categories":[29],"tags":[],"class_list":["post-1276","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-religion"],"yoast_head":"<!-- This site is optimized with the Yoast SEO plugin v23.2 - 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