{"id":1196,"date":"2007-01-02T04:38:58","date_gmt":"2007-01-02T02:38:58","guid":{"rendered":"https:\/\/www.sabado100.com.ar\/?p=1196"},"modified":"2007-01-02T04:38:58","modified_gmt":"2007-01-02T02:38:58","slug":"la-persona-humana-corazon-de-la-paz","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/sabado100.com.ar\/es-ar\/la-persona-humana-corazon-de-la-paz\/","title":{"rendered":"La persona humana, coraz\u00f3n de la paz"},"content":{"rendered":"<p>La persona humana, coraz\u00f3n de la paz<\/p>\n<p>1. Al comienzo del nuevo a\u00f1o, quiero hacer llegar a los gobernantes y a los responsables de las naciones, as\u00ed como a todos los hombres y mujeres de buena voluntad, mis deseos de paz. Los dirijo en particular a todos los que<br \/>\nest\u00e1n probados por el dolor y el sufrimiento, a los que viven bajo la amenaza de la violencia y la fuerza de las armas o que, agraviados en su dignidad, esperan en su rescate humano y social. Los dirijo a los ni\u00f1os, que con su inocencia enriquecen de bondad y esperanza a la humanidad y, con su dolor, nos impulsan a todos trabajar por la justicia y la paz.<br \/>\nPensando precisamente en los ni\u00f1os, especialmente en los que tienen su futuro comprometido por la explotaci\u00f3n y la maldad de adultos sin escr\u00fapulos, he querido que, con ocasi\u00f3n del D\u00eda Mundial de la Paz, la<br \/>\natenci\u00f3n de todos se centre en el tema: La persona humana, coraz\u00f3n de la paz. En efecto, estoy convencido de que respetando a la persona se promueve la paz, y que construyendo la paz se ponen las bases para un aut\u00e9ntico<br \/>\nhumanismo integral. As\u00ed es como se prepara un futuro sereno para las nuevas generaciones.<\/p>\n<p>La persona humana y la paz: don y tarea<\/p>\n<p>2. La Sagrada Escritura dice: \u00abDios cre\u00f3 el hombre a su imagen; a imagen de Dios lo cre\u00f3; hombre y mujer los cre\u00f3\u00bb (Gn 1,27). Por haber sido hecho a imagen de Dios, el ser humano tiene la dignidad de persona; no es solamente algo, sino alguien, capaz de conocerse, de poseerse, de entregarse libremente y de entrar en comuni\u00f3n con otras personas. Al mismo tiempo, por<br \/>\nla gracia, est\u00e1 llamado a una alianza con su Creador, a ofrecerle una respuesta de fe y amor que nadie m\u00e1s puede dar en su lugar. (1) En esta perspectiva admirable, se comprende la tarea que se ha confiado al ser<br \/>\nhumano de madurar en su capacidad de amor y de hacer progresar el mundo, renov\u00e1ndolo en la justicia y en la paz. San Agust\u00edn ense\u00f1a con una elocuente<br \/>\ns\u00edntesis: \u00abDios, que nos ha creado sin nosotros, no ha querido salvarnos sin nosotros\u00bb. (2) Por tanto, es preciso que todos los seres humanos cultiven la conciencia de los dos aspectos, del don y de la tarea.<br \/>\n3. Tambi\u00e9n la paz es al mismo tiempo un don y una tarea. Si bien es verdad que la paz entre los individuos y los pueblos, la capacidad de vivir unos con otros, estableciendo relaciones de justicia y solidaridad, supone un compromiso permanente, tambi\u00e9n es verdad, y lo es m\u00e1s a\u00fan, que la paz es un don de Dios. En efecto, la paz es una caracter\u00edstica del obrar divino, que se manifiesta tanto en la creaci\u00f3n de un universo ordenado y armonioso como en la redenci\u00f3n de la humanidad, que necesita ser rescatada del desorden del pecado. Creaci\u00f3n y Redenci\u00f3n muestran, pues, la clave de lectura que<br \/>\nintroduce a la comprensi\u00f3n del sentido de nuestra existencia sobre la tierra. Mi venerado predecesor Juan Pablo II, dirigi\u00e9ndose a la Asamblea General de las Naciones Unidas el 5 de octubre de 1995, dijo que nosotros \u00abno vivimos en un mundo irracional o sin sentido [&#8230;], hay una l\u00f3gica moral que ilumina la existencia humana y hace posible el di\u00e1logo entre los hombres y entre los pueblos\u00bb. (3) La \u00abgram\u00e1tica\u00bb trascendente, es decir, el conjunto de reglas de actuaci\u00f3n individual y de relaci\u00f3n entre las personas en justicia y solidaridad, est\u00e1 inscrita en las conciencias, en las que se<br \/>\nrefleja el sabio proyecto de Dios. Como he querido reafirmar recientemente, \u00abcreemos que en el origen est\u00e1 el Verbo eterno, la Raz\u00f3n y no la Irracionalidad\u00bb. (4) Por tanto, la paz es tambi\u00e9n una tarea que a cada uno exige una respuesta personal coherente con el plan divino. El criterio en el que debe inspirarse dicha respuesta no puede ser otro que el respeto de la \u00abgram\u00e1tica\u00bb escrita en el coraz\u00f3n del hombre por su divino Creador.<br \/>\nEn esta perspectiva, las normas del derecho natural no han de considerarse como directrices que se imponen desde fuera, como si coartaran la libertad del hombre. Por el contrario, deben ser acogidas como una llamada a llevar a cabo fielmente el proyecto divino universal inscrito en la naturaleza del ser humano. Guiados por estas normas, los pueblos -en sus respectivas culturas- pueden acercarse as\u00ed al misterio m\u00e1s grande, que es el misterio de Dios. Por tanto, el reconocimiento y el respeto de la ley natural son tambi\u00e9n hoy la gran base para el di\u00e1logo entre los creyentes de las diversas<br \/>\nreligiones, as\u00ed como entre los creyentes e incluso los no creyentes. \u00c9ste es un gran punto de encuentro y, por tanto, un presupuesto fundamental para una<br \/>\npaz aut\u00e9ntica.<\/p>\n<p>El derecho a la vida y a la libertad religiosa<\/p>\n<p>4. El deber de respetar la dignidad de cada ser humano, en el cual se refleja la imagen del Creador, comporta como consecuencia que no se puede disponer libremente de la persona. Quien tiene mayor poder pol\u00edtico,<br \/>\ntecnol\u00f3gico o econ\u00f3mico, no puede aprovecharlo para violar los derechos de los otros menos afortunados. En efecto, la paz se basa en el respeto de todos. Consciente de ello, la Iglesia se hace pregonera de los derechos<br \/>\nfundamentales de cada persona. En particular, reivindica el respeto de la vida y la libertad religiosa de todos. El respeto del derecho a la vida en todas sus fases establece un punto firme de importancia decisiva: la vida es un don que el sujeto no tiene a su entera disposici\u00f3n. Igualmente, la afirmaci\u00f3n del derecho a la libertad religiosa pone de manifiesto la relaci\u00f3n del ser humano con un Principio trascendente, que lo sustrae a la<br \/>\narbitrariedad del hombre mismo. El derecho a la vida y a la libre expresi\u00f3n de la propia fe en Dios no est\u00e1n sometidos al poder del hombre. La paz necesita que se establezca un l\u00edmite claro entre lo que es y no es<br \/>\ndisponible: as\u00ed se evitar\u00e1n intromisiones inaceptables en ese patrimonio de valores que es propio del hombre como tal.<br \/>\n5. Por lo que se refiere al derecho a la vida, es preciso denunciar el estrago que se hace de ella en nuestra sociedad: adem\u00e1s de las v\u00edctimas de los conflictos armados, del terrorismo y de diversas formas de violencia, hay muertes silenciosas provocadas por el hambre, el aborto, la experimentaci\u00f3n sobre los embriones y la eutanasia. \u00bfC\u00f3mo no ver en todo esto un atentado a la paz? El aborto y la experimentaci\u00f3n sobre los embriones son una negaci\u00f3n directa de la actitud de acogida del otro, indispensable para establecer relaciones de paz duraderas. Respecto a la libre expresi\u00f3n de la propia fe, hay un s\u00edntoma preocupante de falta de paz en el mundo, que se manifiesta en las dificultades que tanto los cristianos como los seguidores de otras religiones encuentran a menudo para profesar<br \/>\np\u00fablica y libremente sus propias convicciones religiosas.<br \/>\nHablando en particular de los cristianos, debo notar con dolor que a veces no s\u00f3lo se ven impedidos, sino que en algunos Estados son incluso perseguidos, y recientemente se han debido constatar tambi\u00e9n tr\u00e1gicos<br \/>\nepisodios de feroz violencia. Hay reg\u00edmenes que imponen a todos una \u00fanica religi\u00f3n, mientras que otros reg\u00edmenes indiferentes alimentan no tanto una persecuci\u00f3n violenta, sino un escarnio cultural sistem\u00e1tico respecto a las creencias religiosas. En todo caso, no se respeta un derecho humano fundamental, con graves repercusiones para la convivencia pac\u00edfica. Esto promueve necesariamente una mentalidad y una cultura negativa para la paz.<\/p>\n<p>La igualdad de naturaleza de todas las personas<\/p>\n<p>6. En el origen de frecuentes tensiones que amenazan la paz se encuentran seguramente muchas desigualdades injustas que, tr\u00e1gicamente, hay todav\u00eda en el mundo. Entre ellas son particularmente insidiosas, por un lado, las desigualdades en el acceso a bienes esenciales como la comida, el agua, la casa o la salud; por otro, las persistentes desigualdades entre hombre y mujer en el ejercicio de los derechos humanos fundamentales.<br \/>\nUn elemento de importancia primordial para la construcci\u00f3n de la paz es el reconocimiento de la igualdad esencial entre las personas humanas, que nace<br \/>\nde su misma dignidad trascendente. En este sentido, la igualdad es, pues, un bien de todos, inscrito en esa \u00abgram\u00e1tica\u00bb natural que se desprende del proyecto divino de la creaci\u00f3n; un bien que no se puede desatender ni despreciar sin provocar graves consecuencias que ponen en peligro la paz.<br \/>\nLas grav\u00edsimas carencias que sufren muchas poblaciones, especialmente del Continente africano, est\u00e1n en el origen de reivindicaciones violentas y son<br \/>\npor tanto una tremenda herida infligida a la paz.<br \/>\n7. La insuficiente consideraci\u00f3n de la condici\u00f3n femenina provoca tambi\u00e9n factores de inestabilidad en el orden social. Pienso en la explotaci\u00f3n de mujeres tratadas como objetos y en tantas formas de falta de respeto a su<br \/>\ndignidad; pienso igualmente -en un contexto diverso- en las concepciones antropol\u00f3gicas persistentes en algunas culturas, que todav\u00eda asignan a la mujer un papel de gran sumisi\u00f3n al arbitrio del hombre, con consecuencias<br \/>\nofensivas a su dignidad de persona y al ejercicio de las libertades fundamentales mismas. No se puede caer en la ilusi\u00f3n de que la paz est\u00e1 asegurada mientras no se superen tambi\u00e9n estas formas de discriminaci\u00f3n, que<br \/>\nlaceran la dignidad personal inscrita por el Creador en cada ser humano. (5)<\/p>\n<p>La ecolog\u00eda de la paz<\/p>\n<p>8. Juan Pablo II, en su Carta enc\u00edclica Centesimus annus, escribe: \u00abNo s\u00f3lo la tierra ha sido dada por Dios al hombre, el cual debe usarla respetando la<br \/>\nintenci\u00f3n originaria de que es un bien, seg\u00fan la cual le ha sido dada; incluso el hombre es para s\u00ed mismo un don de Dios y, por tanto, debe respetar la estructura natural y moral de la que ha sido dotado\u00bb. (6)<br \/>\nRespondiendo a este don que el Creador le ha confiado, el hombre, junto con sus semejantes, puede dar vida a un mundo de paz. As\u00ed, pues, adem\u00e1s de la ecolog\u00eda de la naturaleza hay una ecolog\u00eda que podemos llamar \u00abhumana\u00bb, y que a su vez requiere una \u00abecolog\u00eda social\u00bb. Esto comporta que la humanidad, si tiene verdadero inter\u00e9s por la paz, debe tener siempre presente la interrelaci\u00f3n entre la ecolog\u00eda natural, es decir el respeto por la naturaleza, y la ecolog\u00eda humana. La experiencia demuestra que toda actitud irrespetuosa con el medio ambiente conlleva da\u00f1os a la convivencia humana, y viceversa. Cada vez se ve m\u00e1s claramente un nexo inseparable entre la paz con la creaci\u00f3n y la paz entre los hombres. Una y otra presuponen la paz con<br \/>\nDios. La po\u00e9tica oraci\u00f3n de San Francisco conocida como el \u00abC\u00e1ntico del Hermano Sol\u00bb, es un admirable ejemplo, siempre actual, de esta multiforme ecolog\u00eda de la paz.<br \/>\n9. El problema cada d\u00eda m\u00e1s grave del abastecimiento energ\u00e9tico nos ayuda a comprender la fuerte relaci\u00f3n entre una y otra ecolog\u00eda. En estos a\u00f1os, nuevas naciones han entrado con pujanza en la producci\u00f3n industrial,<br \/>\nincrementando las necesidades energ\u00e9ticas. Eso est\u00e1 provocando una competitividad ante los recursos disponibles sin parang\u00f3n con situaciones<br \/>\nprecedentes. Mientras tanto, en algunas regiones del planeta se viven a\u00fan condiciones de gran atraso, en las que el desarrollo est\u00e1 pr\u00e1cticamente bloqueado, motivado tambi\u00e9n por la subida de los precios de la energ\u00eda. \u00bfQu\u00e9 ser\u00e1 de esas poblaciones? \u00bfQu\u00e9 g\u00e9nero de desarrollo, o de no desarrollo, les impondr\u00e1 la escasez de abastecimiento energ\u00e9tico? \u00bfQu\u00e9 injusticias y<br \/>\nantagonismos provocar\u00e1 la carrera a las fuentes de energ\u00eda? Y \u00bfc\u00f3mo reaccionar\u00e1n los excluidos de esta competici\u00f3n? Son preguntas que evidencian c\u00f3mo el respeto por la naturaleza est\u00e1 vinculado estrechamente con la necesidad de establecer entre los hombres y las naciones relaciones atentas a la dignidad de la persona y capaces de satisfacer sus aut\u00e9nticas necesidades. La destrucci\u00f3n del ambiente, su uso impropio o ego\u00edsta y el<br \/>\nacaparamiento violento de los recursos de la tierra, generan fricciones, conflictos y guerras, precisamente porque son fruto de un concepto inhumano de desarrollo. En efecto, un desarrollo que se limitara al aspecto t\u00e9cnico y econ\u00f3mico, descuidando la dimensi\u00f3n moral y religiosa, no ser\u00eda un desarrollo humano integral y, al ser unilateral, terminar\u00eda fomentando la<br \/>\ncapacidad destructiva del hombre.<\/p>\n<p>Concepciones restrictivas del hombre<\/p>\n<p>10. Es apremiante, pues, incluso en el marco de las dificultades y tensiones internacionales actuales, el esfuerzo por abrir paso a una ecolog\u00eda humana que favorezca el crecimiento del \u00ab\u00e1rbol de la paz\u00bb. Para acometer una empresa como \u00e9sta, es preciso dejarse guiar por una visi\u00f3n de la persona no viciada por prejuicios ideol\u00f3gicos y culturales, o intereses pol\u00edticos y<br \/>\necon\u00f3micos, que inciten al odio y a la violencia. Es comprensible que la visi\u00f3n del hombre var\u00ede en las diversas culturas. Lo que no es admisible es<br \/>\nque se promuevan concepciones antropol\u00f3gicas que conlleven el germen de la contraposici\u00f3n y la violencia. Son igualmente inaceptables las concepciones de Dios que impulsen a la intolerancia ante nuestros semejantes y el recurso a la violencia contra ellos. \u00c9ste es un punto que se ha de reafirmar con claridad: nunca es aceptable una guerra en nombre de Dios. Cuando una cierta<br \/>\nconcepci\u00f3n de Dios da origen a hechos criminales, es se\u00f1al de que dicha concepci\u00f3n se ha convertido ya en ideolog\u00eda.<br \/>\n11. Pero hoy la paz peligra no s\u00f3lo por el conflicto entre las concepciones restrictivas del hombre, o sea, entre las ideolog\u00edas. Peligra tambi\u00e9n por la indiferencia ante lo que constituye la verdadera naturaleza del hombre. En<br \/>\nefecto, son muchos en nuestros tiempos los que niegan la existencia de una naturaleza humana espec\u00edfica, haciendo as\u00ed posible las m\u00e1s extravagantes<br \/>\ninterpretaciones de las dimensiones constitutivas esenciales del ser humano.<br \/>\nTambi\u00e9n en esto se necesita claridad: una consideraci\u00f3n \u00abd\u00e9bil\u00bb de la persona, que d\u00e9 pie a cualquier concepci\u00f3n, incluso exc\u00e9ntrica, s\u00f3lo en<br \/>\napariencia favorece la paz. En realidad, impide el di\u00e1logo aut\u00e9ntico y abre las puertas a la intervenci\u00f3n de imposiciones autoritarias, terminando as\u00ed por dejar indefensa a la persona misma y, en consecuencia, presa f\u00e1cil de la opresi\u00f3n y la violencia.<\/p>\n<p>Derechos humanos y Organizaciones internacionales<\/p>\n<p>12. Una paz estable y verdadera presupone el respeto de los derechos del hombre. Pero si \u00e9stos se basan en una concepci\u00f3n d\u00e9bil de la persona, \u00bfc\u00f3mo evitar que se debiliten tambi\u00e9n ellos mismos? Se pone as\u00ed de manifiesto la profunda insuficiencia de una concepci\u00f3n relativista de la persona cuando se trata de justificar y defender sus derechos. La apor\u00eda es patente en este<br \/>\ncaso: los derechos se proponen como absolutos, pero el fundamento que se aduce para ello es s\u00f3lo relativo. \u00bfPor qu\u00e9 sorprenderse cuando, ante las exigencias \u00abinc\u00f3modas\u00bb que impone uno u otro derecho, alguien se atreviera a negarlo o decidera relegarlo? S\u00f3lo si est\u00e1n arraigados en bases objetivas de la naturaleza que el Creador ha dado al hombre, los derechos que se le han atribuido pueden ser afirmados sin temor de ser desmentidos. Por lo dem\u00e1s, es patente que los derechos del hombre implican a su vez deberes. A este respecto, bien dec\u00eda el mahatma Gandhi: \u00abEl Ganges de los derechos desciende del Himalaya de los deberes\u00bb. \u00danicamente aclarando estos presupuestos de<br \/>\nfondo, los derechos humanos, sometidos hoy a continuos ataques, pueden ser defendidos adecuadamente. Sin esta aclaraci\u00f3n, se termina por usar la expresi\u00f3n misma de \u00abderechos humanos\u00bb, sobrentendiendo sujetos muy diversos entre s\u00ed: para algunos, ser\u00e1 la persona humana caracterizada por una dignidad permanente y por derechos siempre v\u00e1lidos, para todos y en cualquier lugar; para otros, una persona con dignidad vers\u00e1til y con derechos siempre negociables, tanto en los contenidos como en el tiempo y en el espacio.<br \/>\n13. Los Organismos internacionales se refieren continuamente a la tutela de los derechos humanos y, en particular, lo hace la Organizaci\u00f3n de las Naciones Unidas que, con la Declaraci\u00f3n Universal de 1948, se ha propuesto como tarea fundamental la promoci\u00f3n de los derechos del hombre. Se considera dicha Declaraci\u00f3n como una forma de compromiso moral asumido por la<br \/>\nhumanidad entera. Esto manifiesta una profunda verdad sobre todo si se entienden los derechos descritos en la Declaraci\u00f3n no simplemente como fundados en la decisi\u00f3n de la asamblea que los ha aprobado, sino en la<br \/>\nnaturaleza misma del hombre y en su dignidad inalienable de persona creada por Dios. Por tanto, es importante que los Organismos internacionales no<br \/>\npierdan de vista el fundamento natural de los derechos del hombre. Eso los pondr\u00eda a salvo del riesgo, por desgracia siempre al acecho, de ir cayendo<br \/>\nhacia una interpretaci\u00f3n meramente positivista de los mismos. Si esto ocurriera, los Organismos internacionales perder\u00edan la autoridad necesaria<br \/>\npara desempe\u00f1ar el papel de defensores de los derechos fundamentales de la persona y de los pueblos, que es la justificaci\u00f3n principal de su propia existencia y actuaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Derecho internacional humanitario y derecho interno de los Estados<\/p>\n<p>14. A partir de la convicci\u00f3n de que existen derechos humanos inalienables vinculados a la naturaleza com\u00fan de los hombres, se ha elaborado un derecho<br \/>\ninternacional humanitario, a cuya observancia se han comprometido los Estados, incluso en caso de guerra. Lamentablemente, y dejando aparte el pasado, este derecho no ha sido aplicado coherentemente en algunas<br \/>\nsituaciones b\u00e9licas recientes. As\u00ed ha ocurrido, por ejemplo, en el conflicto que hace meses ha tenido como escenario el Sur del L\u00edbano, en el que se ha<br \/>\ndesatendido en buena parte la obligaci\u00f3n de proteger y ayudar a las v\u00edctimas inocentes, y de no implicar a la poblaci\u00f3n civil. El doloroso caso del L\u00edbano y la nueva configuraci\u00f3n de los conflictos, sobre todo desde que la<br \/>\namenaza terrorista ha actuado con formas in\u00e9ditas de violencia, exigen que la comunidad internacional corrobore el derecho internacional humanitario y<br \/>\nlo aplique en todas las situaciones actuales de conflicto armado, incluidas las que no est\u00e1n previstas por el derecho internacional vigente. Adem\u00e1s, la plaga del terrorismo reclama una reflexi\u00f3n profunda sobre los l\u00edmites \u00e9ticos implicados en el uso de los instrumentos modernos de la seguridad nacional.<br \/>\nEn efecto, cada vez m\u00e1s frecuentemente los conflictos no son declarados, sobre todo cuando los desencadenan grupos terroristas decididos a alcanzar por cualquier medio sus objetivos. Ante los hechos sobrecogedores de estos \u00faltimos a\u00f1os, los Estados deben percibir la necesidad de establecer reglas m\u00e1s claras, capaces de contrastar eficazmente la dram\u00e1tica desorientaci\u00f3n<br \/>\nque se est\u00e1 dando. La guerra es siempre un fracaso para la comunidad internacional y una gran p\u00e9rdida para la humanidad. Y cuando, a pesar de todo, se llega a ella, hay que salvaguardar al menos los principios<br \/>\nesenciales de humanidad y los valores que fundamentan toda convivencia civil, estableciendo normas de comportamiento que limiten lo m\u00e1s posible sus<br \/>\nda\u00f1os y ayuden a aliviar el sufrimiento de los civiles y de todas las v\u00edctimas de los conflictos. (7)<br \/>\n15. Otro elemento que suscita gran inquietud es la voluntad, manifestada recientemente por algunos Estados, de poseer armas nucleares. Esto ha acentuado ulteriormente el clima difuso de incertidumbre y de temor ante una posible cat\u00e1strofe at\u00f3mica. Es algo que hace pensar de nuevo en los tiempos pasados, en las ansias abrumadoras del per\u00edodo de la llamada \u00abguerra fr\u00eda\u00bb. Se esperaba que, despu\u00e9s de ella, el peligro at\u00f3mico habr\u00eda pasado definitivamente y que la humanidad podr\u00eda por fin dar un suspiro de sosiego duradero. A este respecto, qu\u00e9 actual parece la exhortaci\u00f3n del Concilio<br \/>\nEcum\u00e9nico Vaticano II: \u00abToda acci\u00f3n b\u00e9lica que tiende indiscriminadamente a la destrucci\u00f3n de ciudades enteras o de amplias regiones con sus habitantes<br \/>\nes un crimen contra Dios y contra el hombre mismo que hay que condenar con firmeza y sin vacilaciones\u00bb. (8) Lamentablemente, en el horizonte de la humanidad siguen form\u00e1ndose nubes amenazadoras. La v\u00eda para asegurar un futuro de paz para todos consiste no s\u00f3lo en los acuerdos internacionales para la no proliferaci\u00f3n de armas nucleares, sino tambi\u00e9n en el compromiso<br \/>\nde intentar con determinaci\u00f3n su disminuci\u00f3n y desmantelamiento definitivo.<br \/>\nNinguna tentativa puede dejarse de lado para lograr estos objetivos mediante la negociaci\u00f3n. \u00a1Est\u00e1 en juego la suerte de toda la familia humana!<\/p>\n<p>La Iglesia, tutela de la trascendencia de la persona humana<\/p>\n<p>16. Deseo, por fin, dirigir un llamamiento apremiante al Pueblo de Dios, para que todo cristiano se sienta comprometido a ser un trabajador incansable en favor de la paz y un valiente defensor de la dignidad de la<br \/>\npersona humana y de sus derechos inalienables. El cristiano, dando gracias a Dios por haberlo llamado a pertenecer a su Iglesia, que es \u00absigno y salvaguardia de la trascendencia de la persona humana\u00bb  (9) en el mundo, no se cansar\u00e1 de implorarle el bien fundamental de la paz, tan importante en la vida de cada uno. Sentir\u00e1 tambi\u00e9n la satisfacci\u00f3n de servir con generosa<br \/>\ndedicaci\u00f3n a la causa de la paz, ayudando a los hermanos, especialmente a aqu\u00e9llos que, adem\u00e1s de sufrir privaciones y pobreza, carecen tambi\u00e9n de<br \/>\neste precioso bien. Jes\u00fas nos ha revelado que \u00abDios es amor\u00bb (1 Jn 4,8), y que la vocaci\u00f3n m\u00e1s grande de cada persona es el amor. En Cristo podemos encontrar las razones supremas para hacernos firmes defensores de la<br \/>\ndignidad humana y audaces constructores de la paz.<br \/>\n17. As\u00ed pues, que nunca falte la aportaci\u00f3n de todo creyente a la promoci\u00f3n de un verdadero humanismo integral, seg\u00fan las ense\u00f1anzas de las Cartas enc\u00edclicas Populorum progressio y Sollicitudo rei socialis, de las que nos preparamos a celebrar este a\u00f1o precisamente el 40 y el 20 aniversario. Al comienzo del a\u00f1o 2007, al que nos asomamos -aun entre peligros y problemas-<br \/>\ncon el coraz\u00f3n lleno de esperanza, conf\u00edo mi constante oraci\u00f3n por toda la humanidad a la Reina de la Paz, Madre de Jesucristo, \u00abnuestra paz\u00bb (Ef 2,14). Que Mar\u00eda nos ense\u00f1e en su Hijo el camino de la paz, e ilumine<br \/>\nnuestros ojos para que sepan reconocer su Rostro en el rostro de cada persona humana, coraz\u00f3n de la paz.<\/p>\n<p>Vaticano, 8 de diciembre de 2006.<\/p>\n<p>Benedicto XVI<br \/>\nNotas<br \/>\n[1] Cf. Catecismo de la Iglesia Cat\u00f3lica, 357.<br \/>\n[2] Sermo 169, 11, 13: PL 38, 923.<br \/>\n[3] N. 3.<br \/>\n[4] Homil\u00eda en la explanada de Isling de Ratisbona (12 septiembre 2006).<br \/>\n[5] Cf. Congr. para la Doctrina de la Fe, Carta a los obispos de la Iglesia<br \/>\ncat\u00f3lica sobre la colaboraci\u00f3n del hombre y de la mujer en la Iglesia y en<br \/>\nel mundo (31 mayo 2004), 15-16.<br \/>\n[6] N. 38.<br \/>\n[7] A este respecto, el Catecismo de la Iglesia Cat\u00f3lica ha impartido unos<br \/>\ncriterios muy severos y precisos: cf. nn. 2307-2317.<br \/>\n[8] Const. past. Gaudium et spes, sobre la Iglesia en el mundo actual, 80.<br \/>\n[9] Ib\u00edd., 76.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Mensaje de papa Benedicto XVI para la celebraci\u00f3n de la Jornada Mundial de la Paz celebrada el 1 de enero de 2007.<\/p>\n","protected":false},"author":3,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"site-sidebar-layout":"default","site-content-layout":"","ast-site-content-layout":"default","site-content-style":"default","site-sidebar-style":"default","ast-global-header-display":"","ast-banner-title-visibility":"","ast-main-header-display":"","ast-hfb-above-header-display":"","ast-hfb-below-header-display":"","ast-hfb-mobile-header-display":"","site-post-title":"","ast-breadcrumbs-content":"","ast-featured-img":"","footer-sml-layout":"","ast-disable-related-posts":"","theme-transparent-header-meta":"","adv-header-id-meta":"","stick-header-meta":"","header-above-stick-meta":"","header-main-stick-meta":"","header-below-stick-meta":"","astra-migrate-meta-layouts":"default","ast-page-background-enabled":"default","ast-page-background-meta":{"desktop":{"background-color":"var(--ast-global-color-4)","background-image":"","background-repeat":"repeat","background-position":"center center","background-size":"auto","background-attachment":"scroll","background-type":"","background-media":"","overlay-type":"","overlay-color":"","overlay-opacity":"","overlay-gradient":""},"tablet":{"background-color":"","background-image":"","background-repeat":"repeat","background-position":"center center","background-size":"auto","background-attachment":"scroll","background-type":"","background-media":"","overlay-type":"","overlay-color":"","overlay-opacity":"","overlay-gradient":""},"mobile":{"background-color":"","background-image":"","background-repeat":"repeat","background-position":"center center","background-size":"auto","background-attachment":"scroll","background-type":"","background-media":"","overlay-type":"","overlay-color":"","overlay-opacity":"","overlay-gradient":""}},"ast-content-background-meta":{"desktop":{"background-color":"var(--ast-global-color-5)","background-image":"","background-repeat":"repeat","background-position":"center center","background-size":"auto","background-attachment":"scroll","background-type":"","background-media":"","overlay-type":"","overlay-color":"","overlay-opacity":"","overlay-gradient":""},"tablet":{"background-color":"var(--ast-global-color-5)","background-image":"","background-repeat":"repeat","background-position":"center center","background-size":"auto","background-attachment":"scroll","background-type":"","background-media":"","overlay-type":"","overlay-color":"","overlay-opacity":"","overlay-gradient":""},"mobile":{"background-color":"var(--ast-global-color-5)","background-image":"","background-repeat":"repeat","background-position":"center center","background-size":"auto","background-attachment":"scroll","background-type":"","background-media":"","overlay-type":"","overlay-color":"","overlay-opacity":"","overlay-gradient":""}},"footnotes":""},"categories":[4,29],"tags":[],"class_list":["post-1196","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-cultura-y-sociedad","category-religion"],"yoast_head":"<!-- This site is optimized with the Yoast SEO plugin v23.2 - 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