Un llamado a cuidar nuestros pulmones verdes

Se trata de una carta de una vecina de Rafaela a las autoridades de la ciudad frente a la tala de árboles.

Por Mónica Pinotti.- Soy coach holística y comunicadora consciente, representante en Argentina de la Fundación 1 A 1, una organización internacional que promueve los valores humanos con los que se construye la paz. Hoy quiero compartir una historia íntima que ilustra un hecho triste y evitable: la tala de árboles en nuestra ciudad. Soy vecina de Rafaela y deseo contribuir a generar conciencia desde la experiencia.

En 2021-2022, cada mañana caminaba por las avenidas cercanas a mi barrio Jardín. Tomaba la avenida Podio hacia el norte, cruzaba bulevar Roca y, al final, me detenía alrededor de un grupo de eucaliptos: ocho o diez ejemplares. Uno de ellos, al que llamaba Ceferino, era mi compañero en un viaje de sanación: apoyaba mi espalda en su tronco y, con mis manos, realizaba pases de energía. Sus palabras me acompañaban: silencio, no es el momento, paciencia, paz, luz. A veces las visitas se espaciaban, pero Ceferino me llamaba y yo lo visitaba; a veces era solo contacto físico, otras, mensajes de gratitud.

Recuerdo un sueño en el que me pedían ayuda; salí a caminar por la ruta 70 y, al llegar a la zona oeste, vi una devastación total: apenas quedaban 3 o 4 árboles en pie, el resto arrancados o mutilados. Al día siguiente, volví para conversar con ellos y pedir perdón por el daño causado. Los árboles parecían llorar y pedir ayuda; perdimos un gran pulmón natural para oxígeno, sombras en veranos cálidos y barreras ante tormentas.

Este 8 de febrero volví a ver que mis amigos de la avenida 500 Millas habían sido talados casi por la raíz. Lloré; les di de mi agua, como solía hacer, e incluso tomé uno de sus brotes para trasplantarlo y ver si podía volver a vivir.

¿Qué podemos hacer para cambiar estas acciones? Los litigios dividen y dañan. Propongo invitar a las autoridades a vivir una experiencia de conexión con la naturaleza, para comprender que todo lo que proviene de ella tiene vida, especialmente los árboles. Invito a voluntades y a las autoridades responsables del bienestar de la ciudad a recorrer lugares cercanos donde haya plantaciones nativas que hayan crecido naturalmente, pues sus raíces están conectadas con el micelio de nuestra madre Tierra: Nungimecha. ¿Existe alguna en Rafaela? Tal vez en la plaza de Susana, a unos 11 km de nuestra ciudad.

Gracias por leer mi sentir; hoy mis palabras laten con tristeza y dolor.

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