Un calmante papal para el Presidente

Es probable que la personalidad agradable y serena del papa León XIV tenga los efectos de un ansiolítico en la personalidad de Milei. Calma. Es lo que necesita. Milei tendrá en estos días la oportunidad de ofrecerle al mundo una mejor imagen nacional. El cambio que pregona incluye dejar atrás la arrogancia y el ridículo.

Por Joaquín Morales Solá.- Cuentan que al rey Felipe VI de España le sorprenden las extravagancias políticas de un país como la Argentina, que él frecuenta desde que era muy joven. Acaba de serenarlo a Javier Milei, con relativa suerte, en una reunión cimera de líderes iberoamericanos. Mucho antes, en 2011, ese rey, que entonces era el heredero de su padre en el trono de España, tuvo en Buenos Aires una de sus peores reuniones con líderes extranjeros. ¿Con quién? Sí, con ella: Cristina Kirchner. Sucedió durante una reunión bilateral de los dos en el marco de la asunción del segundo mandato de la lideresa peronista. El entonces príncipe Felipe le sugirió muy respetuosamente que las empresas españolas con sucursales en el país estaban reclamando una mayor seguridad jurídica. La reacción de Cristina Kirchner fue una explosión de exabruptos y victimizaciones que dejó paralizado de estupor a quien sería poco después el jefe del Estado español. Ese desangelado encuentro fue un secreto de Estado en España durante varios años porque el gobierno de ese país prefería proteger la dignidad del futuro rey. En los últimos tiempos, y después de haber asistido con cierto gesto de asombro a la rara ceremonia de asunción presidencial por parte de Milei, el rey debió resguardar a su gobierno (que es suyo, bueno o malo) de las pataletas agraviantes del presidente argentino. Quizás las descortesías de los días recientes en Madrid (no asistió a la inauguración de la Cumbre Iberoamericana ni a la cena que ofreció el rey a los presidentes) se debió a la decepción con la que está viviendo los recientes fracasos de sus mejores aliados en el mundo. No fue solo Donald Trump, aunque la derrota de este será la que más lo perjudicará, sino también el descalabro de su amigo Flavio Bolsonaro en Brasil; la muy probable pérdida del poder por parte de su otro mejor amigo en el mundo, el primer ministro israelí Benjamin Netanyahu, y la humillante caída del presidente paraguayo Santiago Peña, otro de sus aliados ideológicos. El peor mundo para Milei es, en síntesis, el que expone la derrota de Trump y el triunfo de Lula en Brasil. ¿Por qué? Porque una eventual ayuda del gobierno norteamericano a Milei en su campaña reeleccionista está más que en duda luego de que Trump perdiera abrumadoramente el control de las dos Cámaras del Congreso norteamericano. Trump no es solo un “pato rengo”; también es un animal político herido en el ala. Se derrumbó como líder del Partido Republicano (ya lo traicionó hasta su vicepresidente, JD Vance); no tiene ninguna posibilidad de volver al poder por mandato de la Constitución de ese país y, encima, parece un hombre en el ocaso de su vida, con serios trastornos físicos y de comportamiento. Como Milei, suele recurrir a la falta de respeto hacia lo otros. Hijos de la corriente mundial de democracias iliberales. Las consecuencias argentinas se vivieron en el acto: el riesgo país escaló hasta superar los 900 puntos básicos, el nivel más alto del año. El eventual crepúsculo de Netanyahu es, para Milei, una pérdida más simbólica que práctica, aunque el políticamente longevo líder israelí es una de las figuras más conocidas en el mundo. En cambio, Milei deberá convivir durante el tiempo que le queda de su actual mandato con un presidente brasileño ofendido por el presidente de otro país: el argentino. Son los líderes de dos países vecinos y los integrantes más destacados del Mercosur, la alianza que fue, tal vez, la mejor idea que tuvieron en los años 80 el presidente argentino Raúl Alfonsín y el brasileño José Sarney.


Milei ha hecho de su política exterior una constante cátedra ideológica


“Ser el contrapunto de él en el estilo”, respondió Pedro Sánchez, presidente del gobierno español, cuando sus colaboradores le preguntaron, antes de la cita en la cumbre, cuál era su estrategia para cohabitar con Milei en esa reunión. Sánchez cumplió: “El insulto no es mi manera de hacer política. Ahí lo dejo”, les respondió a los periodistas cuando le preguntaron su opinión sobre las ofensas que recibió últimamente de parte del presidente argentino. Milei acababa de recitar su credo ideológico en un encuentro de líderes extranjeros: “El socialismo es fascismo en política y el fascismo es socialista en economía”, lanzó ante un público azorado, en medio de otras diatribas mileístas contra el “socialismo” y el “comunismo”. Era un tiro por elevación a Sánchez, cuyo partido se llama socialista. Socialistas españoles hay de distintos colores: Felipe González es tan socialista como el propio Sánchez, pero son muy distintos. Hay razones para criticar la gestión de Sánchez (la falta de inversión en infraestructura ya dejó 115 muertos por dos accidentes recientes en los trenes españoles de alta velocidad), pero no se puede decir, como lo insinuó Milei, que en España no se respeta el derecho a la propiedad privada, a un sistema capitalista y a una economía abierta. Más allá de los errores, que existen y existieron, la economía de España es una de las mejores obras de su transición política. Pasó de ser un país aislado y mayormente pobre a ser hoy la cuarta economía de la Unión Europea, luego de Alemania, Francia e Italia. Pongamos objetivamente las cosas en su lugar: Sánchez es un político insaciable y pícaro, al que le hacen serios cuestionamientos por su escasa sensibilidad moral, pero no es un “impresentable dictador”, como lo llamó Milei. La indirecta respuesta a Milei vino de otro de sus aliado, el presidente centroderechista de Bolivia, Rodrigo Paz, quien recalcó: “No somos de derecha ni de izquierda. A nosotros la ideología no nos da de comer”. Al revés, Milei ha hecho de su política exterior una constante cátedra ideológica.


Milei nunca tiene en cuenta que la conducta del Presidente estropea también al prestigio del país


En esa cumbre de Madrid, a la que faltaron los dos principales líderes de América latina, el brasileño Lula y la mexicana Claudia Sheinbaum, Milei pudo ser un protagonista importante porque la Argentina es la tercera economía latinoamericana. Fue, en cambio, el invitado inevitable que provoca en cualquier fiesta más temor que cariño. Prefirió regodearse con el choque de dos conceptos distintos de la política exterior: el multilateralismo que promovía la mayoría de los líderes latinoamericanos y europeos en contraste con la política exterior monógama que impulsa Milei en su relación única con el Washington de Trump. La política exterior argentina defendió siempre el multilateralismo; esto es: una relación cercana, sensata y respetuosa con Washington, y un vínculo aceitado y habitual con los otros países, sobre todo con América Latina y con la Europa que fue cuna de los ancestros de millones de argentinos. Es cierto que gran parte de los presidentes latinoamericanos que asistieron a la reunión en España están más cerca de muchas ideas de Milei que de las de Lula, Sheinbaum o Cristina Kirchner. Pero hasta el chileno José Antonio Kast, la peruana Keiko Fujimori o el colombiano Abelardo de la Espriella fueron más moderados y evitaron los enfrentamientos políticos y, mucho más, los personales. Milei nunca tiene en cuenta que la conducta del Presidente estropea también el prestigio del país. En la cumbre de Madrid estuvieron, además de líderes latinoamericanos, el presidente de Portugal, António José Seguro; el de Ucrania, Volodimir Zelensky; el secretario general de las Naciones Unidas, António Guterres, y el presidente del Consejo de Europa, António Costa. La Argentina viene de las arbitrariedades kirchneristas ante el mundo y debe afrontar ahora las malas formas y el exceso ideológico del mileísmo. Reconstruir la imagen nacional será un trabajo imprescindible, arduo y largo.


Reconstruir la imagen nacional será un trabajo imprescindible, arduo y largo


Es probable que la personalidad agradable y serena del papa León XIV, que llegará hoy al país, tenga los efectos de un ansiolítico en la personalidad de Milei. Calma. Es lo que necesita. Hasta ahora, además, las religiones, ya sea la judía o la cristiana, han sido la única pared que frenó en seco los desafueros de Milei. Es raro encontrar a una persona religiosa tan cargada de odio hacia cualquiera que no comulgue con él en la totalidad de sus formas y de sus ideas. Cometió en su momento, cuando aún no era presidente, la injusticia de llamar al papa Francisco el “enviado del maligno”, pero luego le pidió perdón y el pontífice lo perdonó. Irónicamente, Francisco lo trato como a un niño mal criado: “¿Te cortaste el pelo?”, le preguntó antes de autorizarlo a que lo abrazara. Los argentinos deberían aprovechar la predisposición del León XIV para cumplir con el mandato espiritual de Francisco de venir a la Argentina y Uruguay, que eran países que el Papa muerto se había propuesto visitar en sus últimos años. De hecho, en 2024 Francisco le aseguró a este periodista que vendría al país a fines de ese año que no era electoral. La noticia se publicó en La Nación con la debida autorización suya. Sin embargo, los posteriores achaques de su salud, que terminarían un año y medio después con su vida, fueron postergando el viaje, hasta que lo hicieron imposible en 2025 porque era aquí un año de elecciones. Los papas nunca viajan a un país en vísperas electorales.


Francisco nunca dejó de ser un argentino cabal, hasta en las costumbres y en la forma de hablar


Una porción de argentinos (¿cuántos eran?, quién lo sabe) olvidó que el país estaba ante el único Papa que seguramente tendrá en su historia. Francisco nunca dejó de ser un argentino cabal, hasta en las costumbres y en la forma de hablar. Cometió errores, y tal vez el más importante fue su incapacidad para decir que no. No rechazó los pedidos de reuniones con muchos argentinos, que solo querían verlo para luego sacar provecho de una foto con él. Pero los más especuladores resultaron ser los peronistas, que de esa manera lo metieron sin permiso en la grieta que ya se había abierto en la sociedad argentina. Francisco tuvo amigos muy cercanos entre dirigentes de Pro, como Esteban Bullrich -el primero de todos-, María Eugenia Vidal, Carolina Stanley, Gabriela Michetti y Horacio Rodríguez Larreta. Resulta que estos solían verlo, pero no se fotografiaban con él ni difundían sus encuentros. Llegó a tal punto la fobia de Francisco a las fotografías con argentinos que los compatriotas que los visitaban con buenas intenciones desistían de pedirle una foto.


Milei tendrá en estos días la oportunidad de ofrecerle al mundo una mejor imagen nacional


Francisco tuvo que lidiar entre el oportunismo de Cristina Kirchner y los extremismos de Milei. Nunca se sabrá qué lo distanció de Mauricio Macri porque con él tuvo una buena relación cuando este era jefe del gobierno de la Capital y Jorge Bergoglio era el arzobispo de Buenos Aires. La señora de Kirchner pasó de llamarlo un “Papa latinoamericano” (lo dijo el día que lo eligieron pontífice) a considerarlo un “amigo”; aseguró ante las Naciones Unidas que la amenazaban de muerte por esa supuesta amistad. Le pidió más reuniones que las que indica cualquier sentido de las proporciones en su calidad de jefa de Estado; era difícil para Francisco decirle que no a una jefa de Estado que era la de su país. La viuda de Kirchner llegó al extremo de viajar a Nueva York desde Buenos Aires con escala en Roma; nadie hizo nunca un itinerario tan estrambótico. Pero Roma era una escala obligada de sus viajes al exterior, aunque fuera a Montevideo. Francisco le puso el cerco del estricto protocolo vaticano después de que se aprovechara de una reunión en Santa Marta, el hotel del Vaticano donde vivía Francisco y donde había menos cuidados para las entrevistas del Papa. Cristina Kirchner metió en esa reunión a toda la dirigencia de La Cámpora; lo sorprendió a Francisco que el canciller y el embajador argentino ante la Santa Sede fueran ubicados por la entonces presidenta en la última fila de una foto que ella montó. “Nunca más”, explotó después el Papa, y desde entonces la sometió al severo protocolo del imponente Palacio Apostólico. Solo ingresaban ella, el canciller y el embajador. Todos los demás eran obligados a dar vueltas en un colectivo por los jardines del Vaticano. Ya como expresidenta, y cuando los jueces estaban cerca de ella, le pidió varias veces a Francisco que la recibiera. No. Ya no era jefa de Estado. Si muchos argentinos se olvidaron de que Bergoglio será siempre el argentino más importante de la historia nacional, no deberían ignorar, al menos, la cortesía de su sucesor. Milei tendrá en estos días la oportunidad de ofrecerle al mundo una mejor imagen nacional. El cambio que pregona incluye dejar atrás la arrogancia y el ridículo.

Fuente: https://www.lanacion.com.ar/

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