Por Devis Rosso.- Se llama «Troncopino» y desde hace unos días está expuesto en el Museo de la Emigración Piemontesa de Frossasco. A primera vista, parece un Pinocho moderno. En realidad, es mucho más: es un intento de reconectar con la memoria de la emigración piemontesa a Argentina, comunicándose con los jóvenes a través de las herramientas actuales.
Fue inventado por Matías Bossa, cónsul honorario italiano en Villa María, en el corazón de lo que los emigrantes llamaban la «Pampa gringa», la vasta extensión agrícola donde, entre finales de los siglos XIX y XX, llegaron miles de familias piemontesas. Estas familias continuaron hablando el dialecto en el campo, cocinando recetas de su tierra natal y utilizando palabras piemontesas en su vida cotidiana.

«Me preguntaba», explica Bossa, «cómo asegurar que los niños argentinos de origen piemontés no olvidaran esas raíces. Muchos tienen bisabuelos piemonteses, pero el vínculo corre el riesgo de debilitarse cada vez más». De aquí surge Troncopino: un personaje simbólicamente construido a partir de un trozo de pino de Monviso, procedente de Agliasco, la aldea de Paesana de donde emigró el bisabuelo de Matías. Un pedazo de la montaña transformado en narrador.
A través de vídeos, podcasts y cómics publicados en la plataforma argentina «Rassa nostran-a», Troncopino enseña vocabulario piemontés -«cerea», «baloss», «fiulin»- pero, sobre todo, relata una identidad suspendida entre dos mundos. Lo hace con naturalidad, hablando el lenguaje de las nuevas generaciones, pero tras cada episodio resurge la gran historia de la emigración italiana.
En las últimas semanas, el cónsul regresó al Piemonte con Italo Cassina, cónsul honorario de Italia en Rafaela. Entre las paradas, no podía faltar Agliasco, la aldea de Bossa, donde comenzó la historia familiar. La historia de Troncopino también se ha compartido con representantes de universidades piemontesas y diversos grupos culturales, despertando curiosidad e interés. Porque el proyecto no solo mira al pasado, sino que también intenta imaginar nuevas formas de conexión. El objetivo de Bossa y Cassina es revitalizar las relaciones de hermanamiento que comenzaron hace años entre piemonteses y argentinos, involucrando especialmente a los jóvenes y aprovechando las oportunidades que ofrecen las plataformas digitales. Troncopino no es solo un recordatorio de quienes se fueron, sino la oportunidad de construir nuevos puentes culturales entre dos mundos que, a pesar de la distancia, siguen reconociéndose hoy en día.








