“San Cayetano nos hace pedir la presencia de Dios para que nos dé una vida digna”

Expresó el obispo Torres en la homilía durante la misa celebrada en el templo del barrio Amancay, que incluyó una procesión alrededor de la plaza de la Bandera. “Esta parroquia que cumple 30 años tiene que descubrir de salir en el anuncio del reino”, agregó.

Por Emilio Grande (h.).- Bajo el lema “30 años de vida parroquial llevando la buena noticia de Jesús”, este viernes se celebró la fiesta patronal de san Cayetano (santo del pan y del trabajo) en el templo del barrio Amancay, en la que se oficiaron seis misas y peregrinaron miles de personas durante todo el día para pedir por dignidad laboral y agradecer por intenciones particulares.

En la oportunidad, se vendieron 450 pollos (entre el domingo y el viernes), 800 docenas de pastelitos, 200 tortas variadas, 400 choripanes más la santería, cuya recaudación se destinará para arreglar los techos de los tres templos (parroquial, Santa Rita y Perpetuo Socoro).

La misa principal fue presidida por el obispo diocesano Pedro Torres en un escenario frente al templo y concelebrada por el párroco Eduardo Tomassini y el diácono permanente David Colombatto, pero previamente estuvo la procesión alrededor de la plaza de la Bandera, ante una multitud.

“San Cayetano buscaba a Jesús y pidió a la Virgen en la Iglesia, que el papa Francisco rezaba antes de cada viaje (basílica Santa María la Mayor en Roma), la gracia de conocer de conocer, amar y seguir a Jesús. Allí fue donde tuvo la experiencia en 1527 de que la Virgen le entregara a Jesús niño; por eso, su imagen lleva a un niño”, expresó el titular de la diócesis de Rafaela durante su homilía.

Y agregó: “Qué hermoso si hoy le pedimos a san Cayetano pan y trabajo, pero también esta experiencia de renovar nuestro corazón en la ternura de un Dios que se hizo carne y se manifestó en la fragilidad de un niño, de un trabajador en Nazaret y cuando cumplió 30 años como esta parroquia y salió al mundo con los apóstoles. San Cayetano descubrió la vida apostólica como modelo de vida”.

Más adelante, dijo que “esta parroquia que cumple 30 años tiene que descubrir de salir en el anuncio del reino y de este misterio que es vida. Cuántas veces Jesús compara al reino con el sembrador que siembra por todos los caminos, aunque otros siembren cizaña, que siembra una pequeña semilla como un grano de mostaza, pero después crece y se convierte en un arbusto. Ese Jesús frágil, sobre todo en la cruz, que me amó y se entregó por mí”.

“En medio de esta fiesta -continuó- ha resonado la palabra temor en la cantidad de veces que apareció en la primera lectura (…) Este temor no es el miedo que tenemos habitualmente, es el temor que experimentó Abraham cuando en la hora de más calor llegaron tres huéspedes y dijo rápido ´traigan agua, preparen un cabrito y pan´ porque tenía miedo que Dios pasara de largo como los peregrinos de Emaús: ´quédate con nosotros´. San Agustín decía ´temo a Dios que pase y yo no me dé cuenta´. El temor del que habla el libro de la sabiduría, el Eclesiástico, es el temor del sabio que quiere reconocer dónde está pasando Dios”.

En otra parte, Torres dijo que “está pasando Jesús también en las dificultades, en la ternura de los niños que nos llaman al asombro de la dignidad humana, a reconocer nuestra fragilidad, a tener esperanza, a trabajar por ellos, en medio de tiempos difíciles”.

También mencionó que en la preparación de esta fiesta aprovechó para leer sus cartas. “En una dice ´dejaré correr la barca´, haciendo referencia a esas barcas (góndolas) de Venecia que pasan por debajo de algunos puentes, ´Dios me ha puesto en tal estado que no sé que hacer ni pensar; dejaré correr la barca hasta no ver las cosas claras, ya que por el momento no veo sino tinieblas´. En los momentos de prueba, él enseña a buscar ese silencio interior (…) para ver a Dios hace falta esa calma, silencio, esperar y dejar pasar los momentos de incertidumbre”.

En otra carta a sus primos Fernando y Jerónimo en 1524: “Cristo es tu paz, es el que calma, sea nuestro más vivo deseo el reino de Jesucristo, que eche raíces cada día más hondas en nosotros (…) Veo a Cristo pobre y a mí rico, a Cristo escarnecido y a mí honrado, a Cristo sufriente y a mí en delicias (…) Espero que Cristo por su bondad me otorgue en cambio de los bienes temporales los bienes eternos; veo a Cristo pobre”.

Además, el Obispo aprovechó para hablar sobre la próxima visita del papa León XIV a la Argentina (Buenos Aires, Córdoba y Luján) del 8 al 11 de noviembre: “el paso del Santo Padre viene a anunciar a Jesús, a invitarnos a reconocer la dignidad de cada hombre y a trabajar por el reino”.

En los tramos finales, el prelado sostuvo que “san Cayetano nos hace pedir hoy esa presencia providente de Dios que nos dé pan y trabajo, una vida digna, una vida de hijo en el Hijo, de hijos de Dios; nos dé el pan de la mesa, de la palabra, de la eucaristía, de la fraternidad, de la reconciliación, de la paz, a un mundo que Dios ha creado para que vivamos como hermanos y nos peleamos como perros y gatos; tanta violencia, cuánta guerra hay en el mundo, pero la paz tiene que comenzar por el corazón”.

“San Cayetano fundó una congregación llamada los Teatinos, buscando socorrer a los pobres y a renovar el corazón de los sacerdotes para que Cristo sea anunciado y amado porque sólo él tiene palabras de vida eterna”, concluyó.

En Buenos Aires

“San Cayetano, aquí tienes a tu pueblo”. Con esa expresión del lema, repetida a lo largo de su homilía, el arzobispo de Buenos Aires Jorge García Cuerva, puso voz este 7 de agosto al clamor de los miles de peregrinos que llegaron al santuario de Liniers para pedir pan, paz y trabajo, según informó la agencia AICA.

“Un pueblo esperanzado, que a pesar de las dificultades no pierde la fe”; “un pueblo cansado de promesas incumplidas”; “un pueblo que sigue creyendo que el trabajo es un derecho, que el trabajo es dignidad”, describió el arzobispo, al reflejar las preocupaciones y anhelos de quienes cada año renuevan su devoción al patrono del pan y del trabajo.

Ante una multitud de fieles, García Cuerva sostuvo que el santuario es “la casa, el hogar” donde el pueblo puede llevar “las angustias, los anhelos, las broncas acumuladas, la impotencia, la esperanza y también los agradecimientos”, porque “delante del patrono del pan y del trabajo no hay secretos ni simulación”.

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