Por Emilio Grande (h.).- Mientras algunos gobernantes siguen enfrascados en continuar agitando la grieta con la violencia verbal sin freno, que tanto daño le hizo a la Argentina en los últimos años, el aniversario de la Revolución de Mayo puede servirnos para reflexionar sobre el futuro con incertidumbres institucionales.
Si buceamos en la historia de hace 216 años, el hecho que desencadenó la Revolución de Mayo y aglutinó a todos los actores fue el triunfo final de la invasión napoleónica a España. El 20 de mayo de 1810 Cornelio Saavedra y Mariano Moreno solicitaron un cabildo abierto que se realizó dos días más tarde. Los ilustres hombres de Mayo discutieron firmemente porque querían un gobierno patrio que representara a todos.
Los miembros de la Junta eran liberales y por el momento no podían mostrar sus intenciones independentistas y de cambio social. Mayo supuso un importante perjuicio económico para las provincias y, por este motivo, no lo vivieron con el mismo entusiasmo que los porteños.
El 25 de Mayo fue el puntapié inicial de la incipiente nación, luego vinieron la creación de la bandera patria, la escarapela, la asamblea de 1813 con importantes reformas sociales, el Himno nacional, el escudo, el 9 de Julio de 1816 donde se declaró la Independencia en Tucumán y la Constitución Nacional en 1853.
A decir verdad, estos ideales de Mayo todavía están lejos de convertirse en realidad tangible, recordando aquellos revolucionarios de hace más de dos siglos decidieron romper con las cadenas que lo unían al imperio español de aquella época.
Volviendo a la compleja coyuntura argentina, no se puede negar que el gobierno nacional está mejorando la macroeconomía en términos de bajar la inflación mensual entre el 2 y 3% desde más de un año, tener superávit fiscal, la eliminación del cepo, el descenso de la pobreza actualmente del 28%, según el INDEC, entre otros.
Al mismo tiempo, hay muchas hay materias pendientes: cerraron 24.437 empresas desde el 10 de diciembre de 2023, lo que equivale a una baja del 4,8% del total, según la Superintendencia de Riesgos del Trabajo; en la provincia de Santa Fe se perdieron 358 industrias y más de 8.000 empleos, informó la FISFE (Federación Industrial de Santa Fe). También viene cayendo el poder adquisitivo de la gente, que en muchos casos no llega a fin de mes; urge la reactivación de la economía, sumado a los problemas crónicos de la inseguridad, la corrupción del kirchnerismo y del actual Gobierno, entre otros. El presidente Javier Milei se cree que con él empezó la historia nacional, maltratando en público a los que piensan diferente.
El problema es que la dirigencia en su conjunto atraviesa una grave crisis de valores humanos, sociales, culturales y espirituales. Privilegia sus intereses personales y sectoriales, exigiendo el esfuerzo a la gente de pie, mientras la mayoría de los políticos en todos los niveles vive como en el primer mundo y no hizo ningún tipo de gestos para renunciar a un porcentaje de sus abultadas dietas, salvo raras excepciones.
Luego de la VIII Jornada de Pastoral Social realizada en 2005, el entonces arzobispo de Buenos Aires Jorge Bergoglio (papa Francisco) vaticinó que “no podemos caminar sin saber hacia dónde estamos andando. Es criminal privar a un pueblo de la utopía, porque esto nos lleva a privarlo también de la esperanza. La utopía supone saber hacia dónde tiende cada uno”, para agregar que “todos debemos ponernos la patria al hombro porque los tiempos se acortan (…) muchos optan por un camino de ambición y superficialidad, sin mirar a los que caen al costado: esto sigue amenazándonos”.
Finalmente, hay que volver al espíritu de los hombres de Mayo: vocación de libertad, el sentido de responsabilidad y la lección de no idealizar el pasado, en el contexto actual de seguir buscando caminos de diálogo social que prioricen el bien común por encima de los intereses particulares.
Concluyo con una frase iluminadora del dramaturgo alemán Bertolt Brecht: “el que no conoce la verdad es simplemente un ignorante. Pero el que la conoce y la llama mentira ¡ese es un criminal!”.
¡Viva la patria!








