Por Leonardo Coelho.- Lo que debió haber sido un reporte común sobre estilo de vida y dietas se transformó rápidamente en un gran escándalo en Brasil que involucró el uso de inteligencia artificial en el periodismo.
El 26 de junio, tanto el portal Terra como el diario Estado de Minas publicaron un reportaje producido por la agencia de contenidos externa Giro10 sobre una tendencia conocida como «fibermaxxing», la cual consiste en aumentar gradualmente la cantidad de fibra en la alimentación.
¿El problema? El reportaje, atribuido a un periodista llamado Jonas Moura y etiquetado como un producto creado con el apoyo de la IA, estaba repleto de citas de lo que Giro10 describió como «entrevistas simuladas» con especialistas inventados, incluyendo al «nutricionista clínico imaginario Dr. Rafael Martins», la «gastroenteróloga ficticia Dra. Helena Costa» y la «investigadora ficticia en salud pública Dra. Mariana Lopes».
La repercusión negativa fue inmediata y el reportaje fue retirado de internet.
A medida que el uso de IA se volvió más común en las salas de redacción, una de las primeras recomendaciones de especialistas en periodismo fue que las organizaciones periodísticas fueran transparentes sobre cómo se utiliza la tecnología en la investigación y en la producción de contenido.
Sin embargo, el reportaje de Giro10 sobre el «fibermaxxing» destaca nuevos cuestionamientos éticos y sugiere que la transparencia por sí sola podría no ser suficiente. Aunque la empresa informó que la IA había sido usada para producir el artículo, el caso levantó preocupaciones más amplias sobre el papel de la experiencia humana en el periodismo y sobre dónde trazar el límite en el uso de la IA para obtener información.
El profesor de ética en el periodismo de la Universidad Federal de Santa Catarina (UFSC) Rogério Christofoletti dijo que los reporteros siempre han dependido de declaraciones, testimonios, opiniones, relatos y comentarios de fuentes humanas. El académico cuestionó por qué recurrir a la IA cuando todavía hay especialistas humanos.
“El periodismo es un producto humano, hecho por humanos, con humanos y para humanos”, dijo Christofoletti a LatAm Journalism Review (LJR). “Aunque muchas personas están fascinadas por los avances de la IA, su tasa de errores todavía es alta; no sabemos cómo procesa los datos que posee ni con qué datos fue entrenada”.
El incidente llevó a la Federación Nacional de los Periodistas (FENAJ, por sus siglas en portugués) a pedir que los periodistas y las organizaciones de noticias establezcan reglas que definan la responsabilidad editorial, la transparencia y los límites éticos para el uso de la IA.
“La ausencia de cualquier forma de regulación y la simple aceptación de la IA como una herramienta legítima para el periodismo entran en conflicto directo con los principios fundamentales de la profesión, incluyendo la credibilidad de la información, la verificación independiente de los hechos y la responsabilidad social de proveer información útil, confiable y verificable”, dijo la FENAJ en un comunicado.
Poco después del escándalo, el editor de Giro10, Carlos Vieira, divulgó un comunicado en el que la empresa asume total responsabilidad por los errores encontrados en parte del contenido producido por su equipo y publicado por Terra.
“Estos errores ocurrieron debido a fallas en nuestro proceso de revisión y aprobación de contenidos creados con el auxilio de inteligencia artificial”, dijo.
Terra también publicó una disculpa pública y anunció que retiró el reportaje tan pronto como tuvo conocimiento del incidente.
“Aunque el material no fue producido por la redacción de Terra, reconocemos que fue publicado en nuestra plataforma y no cumple con los estándares de calidad y confiabilidad esperados de todo el contenido distribuido por nuestros canales”, dijo Terra en un comunicado.
El medio agregó que el incidente reveló fallas en sus procesos de supervisión y revisión de contenidos producidos por organizaciones aliadas, especialmente aquellas que utilizan herramientas de IA para auxiliar en la creación de contenido.
Alexandra Moraes, ombudsman del diario Folha de S.Paulo, también comentó el caso. En una columna reciente, Moraes entrevistó a Vieira, quien dijo que Giro10 emplea a cinco periodistas y que las firmas presentes en sus contenidos pertenecen a reporteros reales.
De acuerdo con Vieira, la agencia, fundada en 2025, utiliza un conjunto de herramientas de IA operando simultáneamente para producir su contenido.
“La verificación de hechos es realizada por humanos. Pero hubo un error humano”, dijo Vieira a Moraes. “Producimos un total de 6 mil 600 contenidos y ocurrieron errores en seis de ellos”.
João Pedro Malar Massa, profesor de periodismo y publicidad de la Pontificia Universidad Católica de Minas Gerais, dijo a LJR que el sector ha registrado un número creciente de casos que involucran errores generados por IA que pasaron por la revisión humana, o situaciones en las que organizaciones periodísticas utilizaron IA sin divulgar adecuadamente ese uso, engañando a la audiencia.
“En este caso, el uso de la IA fue informado en los propios artículos y los reportajes dejaban claro que las ‘fuentes’ eran fabricadas por medio de ‘entrevistas simuladas’. Creo que esto fue una prueba para medir el grado de aceptación del público en relación con informaciones generadas por IA, pero presentadas como si vinieran de una persona, aunque esa persona no exista. Fue una forma de humanización”, dijo a LJR.
Massa dijo que el caso es un ejemplo clásico del concepto de «suficientemente bueno» (good enough), un principio ampliamente discutido en investigaciones sobre gestión relacionadas con la adopción de nuevas tecnologías y la automatización en el ambiente de trabajo.
“Las empresas saben que un periodista humano tiende a producir un trabajo de mayor calidad que la IA. Pero si concluyen que la IA logra producir algo que sea ‘suficientemente bueno’, entonces la sustitución se vuelve posible”, dijo. “Esta lógica no prioriza la calidad y puede terminar convirtiéndose en un tiro por la culata para el periodismo, un sector que ya enfrenta una creciente crisis de confianza pública”.
El debate ocurre en un momento en el que contenidos frecuentemente engañosos con especialistas generados por IA se están volviendo cada vez más comunes en plataformas como YouTube.
Un reportaje reciente de BBC News Brasil reveló la existencia de una industria global de médicos falsos generados por IA que usa el miedo para volverse viral entre personas de la tercera edad en Brasil.
La organización sin fines de lucro CTRL+Z, que trabaja para responsabilizar a empresas de tecnología por daños causados a los consumidores, también identificó una red de médicos falsos en YouTube que acumula más de 70 millones de visualizaciones, incluyendo 10 millones solo en el último mes.
Para Massa, confiar en herramientas de IA que no fueron creadas ni entrenadas para servir como fuentes de información especializada y confiable es extremadamente problemático.
“Los sistemas de IA no hacen verificación de hechos; no tienen compromiso con la verdad. Son buenas herramientas para revisar contenidos existentes, pero pésimas como fuentes de información”, dijo. “Determinadas tareas no deben ser delegadas a la IA y la búsqueda de información especializada es una de ellas. Esto genera más problemas que soluciones”.








