“Necesitamos una nueva forma de vida que nos redima del desenfrenado estancamiento”

Las reflexiones del surcoreano Byung-Chul Han siguen resonando con fuerza en una época marcada por el cansancio colectivo.

Por Mercedes Pedreno.- El meme del capitán Haddock exhausto, apoyado sobre una mesa mientras confiesa haber tenido “menuda semanita” cuando apenas es miércoles, se convirtió en una imagen viral porque logró poner palabras -y gesto- a un malestar ampliamente compartido. No se trata solo de cansancio físico, sino de una fatiga anímica y vital que parece persistir incluso cuando descansamos. Esa sensación colectiva de agotamiento es precisamente el punto de partida de La sociedad del cansancio (2010), una de las obras más influyentes del filósofo Byung-Chul Han.

En este ensayo, Han analiza las razones estructurales de un agotamiento que considera endémico de las sociedades occidentales contemporáneas. Su tesis central sostiene que el cansancio actual no proviene de la opresión externa clásica, sino de una autoexigencia constante que nace del interior del individuo. Según el pensador surcoreano, hemos pasado de una sociedad disciplinaria a una sociedad del rendimiento, en la que cada persona se convierte simultáneamente en explotador y explotado.

Establecer metas realistas sobre lo que será la vuelta al trabajo.

El nuevo paradigma neoliberal, explica Han, se apoya en dos grandes pilares: la promesa de una libertad individual absoluta y la valoración del sujeto en función de su rendimiento. En la práctica, esta combinación elimina los límites y los contrapesos colectivos, empujando a los individuos a un bucle infinito de productividad. Ya no hay una figura de autoridad claramente identificable; la presión se interioriza y se traduce en la necesidad constante de superarse, producir más y no detenerse nunca.

Este mecanismo, lejos de empoderar, genera frustración y desgaste. Cuando los estándares autoimpuestos -frecuentemente inalcanzables- no se cumplen, aparece la sensación de fracaso personal. Han denomina a este fenómeno “autoagresión”: una forma de violencia dirigida hacia uno mismo que se manifiesta en patologías cada vez más comunes como la ansiedad, la depresión o el síndrome de burnout. “El sujeto obligado a rendir compite consigo mismo y cae bajo la destructiva coerción de tener que superarse constantemente a sí mismo. Esta coerción termina siendo mortal”, advierte el filósofo.

Una postura correcta en el trabajo evitaría la aparición de molestias lumbares.

Aunque el diagnóstico de Han resulta contundente, su enfoque ha sido calificado de pesimista. El autor no propone soluciones inmediatas ni recetas prácticas, más allá de una ruptura profunda con los marcos mentales neoliberales. Para él, no basta con desacelerar o introducir pequeñas reformas: “La desaceleración no basta… Necesitamos una nueva forma de vida que nos redima del desenfrenado estancamiento”, afirma. El problema, sostiene, no es solo económico, sino cultural y existencial.

En ese sentido, Han reivindica la vida contemplativa y el descanso como valores en sí mismos, no como meros instrumentos para rendir mejor. En la sociedad actual, el descanso se justifica solo si aumenta la productividad, mientras que estados como el ocio, la atención profunda o incluso el aburrimiento han sido marginados. Para el filósofo, muchos de los grandes avances de la humanidad nacieron precisamente de esos espacios de pausa, hoy arrasados por la urgencia constante y la hiperconectividad.

Fuente: https://www.vanitatis.elconfidencial.com/

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