Misa rociera en homenaje a Francisco: llamado a la esperanza y a hablar con verdad

Fue en la catedral porteña. El arzobispo García Cuerva pidió recuperar la alegría de la fe, invocó a la Virgen del Rocío y cuestionó a la dirigencia por no abordar los problemas reales.

En la catedral metropolitana se celebró el 19 de abril una misa pontifical rociera en sufragio del papa Francisco, en el marco del Primer Encuentro Continental del Rocío en América. La celebración fue presidida por el arzobispo de Buenos Aires, monseñor Jorge García Cuerva, con la participación de delegaciones de devotos de diversos países del continente.

La jornada incluyó una procesión desde el Cabildo por la Plaza de Mayo y reunió a una multitud de fieles y representantes de comunidades rocieras. Al finalizar la Eucaristía, que concelebraron monseñor Carlos Malfa, obispo emérito de Chascomús; el rector de la catedral, presbítero Alejandro Russo, y otros cinco sacerdotes, se impartió la bendición al memorial fúnebre en honor al pontífice argentino.

En su homilía, el arzobispo porteño destacó la fuerza espiritual de la devoción a la Virgen del Rocío, que conoció durante la pandemia siendo obispo en la Patagonia. Recordó cómo lo conmovió profundamente esa manifestación de fe, «tan contundente, tan impresionante y única», capaz de expresar un amor que supera límites y sacrificios. En ese marco, valoró la posibilidad de celebrar la Eucaristía junto a los devotos rocieros en Buenos Aires.

A la luz del Evangelio de los discípulos de Emaús, monseñor García Cuerva reflexionó sobre la tristeza y la desesperanza como obstáculos para reconocer la presencia de Cristo en la vida cotidiana. Invitó a pedir la intercesión de la Virgen del Rocío para que «quite de nuestra vida la tristeza» y ayude a sostener una fe alegre y esperanzada, incluso en medio de las dificultades.

«¿De qué hablaban por el camino?»

Uno de los ejes de su mensaje se centró en cómo la sociedad -y en particular la dirigencia- aborda la realidad. Retomando la pregunta de Jesús: «¿De qué hablaban por el camino?», el arzobispo cuestionó si hoy se dialoga sobre los verdaderos problemas o si predominan intereses superficiales.

«¿Nuestra clase dirigente habla realmente de los problemas importantes o habla de la rosca y de las próximas elecciones para ver quién gana y dónde me acomodo?», planteó.

Asimismo, advirtió sobre el riesgo de banalizar el diálogo en la vida cotidiana, tanto en las familias como en la Iglesia, donde a menudo se eluden los temas de fondo. En esa línea, llamó a recuperar el anuncio central del Evangelio y a no dejarse influir por discursos vacíos o superficiales, incluso los amplificados por las redes sociales.

Encuentro diálogo y fraternidad

El arzobispo evocó la figura del papa Francisco, subrayando su insistencia en la cultura del encuentro, el diálogo y la fraternidad. Subrayó que el anuncio de la paz, propio del Evangelio, no responde a intereses políticos, sino a la esencia misma del mensaje cristiano, aunque en ocasiones genere incomodidad.

Al final de su predicación, monseñor García Cuerva invitó a hacer propia la súplica de los discípulos: «Jesús, quédate con nosotros», especialmente en tiempos marcados por la violencia, la injusticia y la pérdida de esperanza. Encomendó además a la Virgen del Rocío la construcción de una sociedad más fraterna, capaz de reconocerse como un mismo pueblo más allá de las diferencias.

Mensaje a los devotos rocieros

Dirigiéndose a los devotos rocieros, destacó su capacidad de integrar a personas diversas bajo una misma fe y alentó a que esa experiencia sea ejemplo para la Argentina. «Necesitamos de María, de la fraternidad y de la alegría», afirmó, al tiempo que convocó a que el país «sea rociero», retomando una expresión de san Juan Pablo II.

El Encuentro Continental del Rocío, que se desarrolló durante tres días, reunió por primera vez en América a hermandades y asociaciones de distintos países. La Argentina fue sede por la significativa presencia de la comunidad andaluza, una de las más numerosas fuera de España.

Hermandades del Rocío

Al concluir la misa, agradeció el presidente de la hermandad matriz de la Virgen del Rocío, de Almonte (provincia de Huesca, en la región de Andalucía, España), Santiago Padilla, que vino especialmente de España para este primer encuentro de hermandades, al que asistieron delegaciones de Brasil, Chile, Colombia y otros países de América. 

Exaltó la devoción mariana en este continente, y mencionó expresamente algunas advocaciones con que se honra a la Virgen: de Guadalupe (patrona de América), de Luján (patrona de la Argentina), del Buen Aire (patrona de la ciudad).

Evocó al papa Francisco -a quien habían visitado en Roma el 18 de diciembre de 2024, para invitarlo a este encuentro- y señaló cuánto bien hizo a la Iglesia; subrayó su llamada a tener a la Virgen como referencia en nuestra vida.

Padilla participó en la misa en primera fila del crucero, al lado del secretario de Turismo de la Nación, Daniel Scioli, y del empresario hotelero y director del diario La PrensaFlorencio Aldrey Iglesias. Los tres, junto con dirigentes de las hermandades rocieras, acudieron luego, con los obispos a la apertura de un monumento memorial del papa Francisco, en la pared posterior del templo catedralicio, en el recinto que se halla detrás del retablo.

Allí, bajo la imagen del papa Francisco y su escudo, se puso una placa de mármol que dice: «Jorge Mario Bergoglio S.J. XI° Arzobispo de Buenos Aires 1998-2013. Elegido Sumo Pontífice Francisco 2013-2025. Siempre en Cristo vivas Santo Padre».

Durante la misa, delante del altar había dos imágenes de la Virgen del Rocío y un retrato del papa Francisco, ornados con flores. Detrás de los concelebrantes había diez coloridos estandartes de las distintas hermandades convocadas. En el crucero un coro de unas sesenta voces, acompañado por distintos instrumentos, entonó con vigor distintos cánticos en honor de Cristo y de la Virgen, en un ambiente impregnado de incienso. Algunas de las mujeres del coro llevaban polleras, chalinas y tocas verdes, en tanto que otras lucían vestidos multicolores llevando una flor roja en la cabeza. 

En las intenciones de los fieles, se pidió por la Iglesia, que en tantas partes del mundo sufre persecución por predicar el Evangelio, y por la paz en el mundo entero, especialmente en Medio Oriente. La celebración concluyó con vivas a la Virgen del Rocío y al papa Francisco.

Fuente: https://aica.org/

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