Me duele la Rafaela de “los olvidados…”

Mi querida ciudad no sos la misma desde patrimonios olvidados, los ancianos en los geriátricos que lo dejan sus hijos por el materialismo, sin amor y en el olvido. Los que piden y viven en la calle no hay una única causa; tiene que haber un programa de salud, que brinde atención primaria y acompañamiento social.

Por Maria Inés Adorni.- Más allá de las situación económica, los conflictos de familia, su vulnerabilidad social, las malas juntas y elecciones de vida a los problemas de adicciones, el denominador común es no contar con una contención que los auxilie ante estas situaciones en Rafaela.

Meses sin bañarse, la ropa sucia o rota, el hambre, las adicciones, la exposición a la violencia y un denominador común: una mirada de dolor que a gritos pide ayuda.

A simple vista, la calle parece igualar a los que viven y duermen en ella, pero detrás de cada uno se esconde una historia de vida. Son seres humanos. Una razón que la vida les dejó al desamparo, sin un techo que los proteja y por qué se vuelve tan urgente trabajar para recuperar su dignidad.

Mi querida y amada ciudad ya no sos la misma desde patrimonios olvidados y desamparados, gente como los ancianos en los geriátricos que lo dejan sus hijos porque la vida, el materialismo, dejan al anciano sin amor y lamentablemente en el olvido.

Generalmente, a esta gente olvidada como los que piden y viven en la calle no hay una única causa solamente por una cuestión diferente. Siempre hay algo más que acompaña, que hizo que el círculo social se haya ido cortando. Hay que hacer algo por ellos.

Tiene que haber un programa de salud en la calle, que brinde atención primaria y acompañamiento social a personas que sobreviven en la calle, desde adictos, niños y hombres de más de 50 años, con vínculos de familia rotos, sin trabajo, algunos con problemas psiquiátricos y otros que padecen ciertas adicciones. Son personas que sufren una gran falta de contención frente a una crisis y no tienen dónde apoyarse.

Cada uno esconde profundas heridas, que en algunos casos nunca sanan, y son protagonistas de muchas historias de vida que se van complicando cada día más.

Sin embargo, cuando le entregue en mano un proyecto de un hogar de día en donde se albergue esta gente, con personal idóneo les enseñe a vivir en un hogar, aprender a cuidar la casa, quehaceres domésticos, contención y ayuda de salud a todos, además con mi trabajo en arteterapia y oficios me gustaría ayudarlos.

Un día enfrente de un banco de Rafaela, una señora estaba tirada en el suelo con una criatura en brazos, pidiendo con su mano; me detuve, me agaché, no me importó la gente haciendo cola, le di la mano y le dije que no debería estar así, tirada en el suelo pidiendo, que valía mucho como persona, la abracé, la criatura en sus brazos lloraba, le pregunté de dónde era y dónde vivía, respondiendo que sufría mucha violencia de su pareja. Por ello pedía para comer para su hijo y ella, prefería estar allí en ese lugar porque la gente que salía del banco la ayudaba con algo.

Entonces le dije que podía concurrir a aprender un oficio, educarse para comenzar un emprendimiento y hacerse valer como persona, yo no le cobraría nada, solo ayudarla. Cambió la mirada del rostro, pues descubrió que alguien le tendía una mano para valerse sola y no pedir limosna.

Yo cuento con muchos recursos, le entregué la carpeta en mano al que está cuidando nuestra ciudad amada. No recibí respuesta positiva, solo que no había recursos.

Quiero ayudar hace 33 años, siempre ayudo a niños aprender oficios y estoy muy orgullosa de ellos; ya están trabajando, cambiaron su historia y su vida.

Le propongo a este señor que me escuche y haga algo, creí en él, como todos. Tenemos que construir la esperanza, no destruirla. Rafaela es una ciudad de colonos y labriegos, ciudad de esperanza…

Todos necesitan ayuda, no tenemos que mirarnos el ombligo, solo hacer y no quejarnos… solo accionar. Quiero sacarles una sonrisa, un gracias, recuperarlos; con voluntad y esfuerzo lograremos recuperar nuestra ciudad.

Archivos
Páginas
Scroll al inicio