“Jesús en la cruz es el amor de Dios hasta el extremo de dar la vida por nosotros”

Testimonió el vicario parroquial Alexis Cardo en la homilía, luego de proclamar la pasión de nuestro Señor Jesucristo, en la Catedral desbordada de gente. Previamente, se hizo la bendición de los ramos en la plaza 25 de Mayo: “es un momento de alegre profecía y vemos en Jesús al esperado de todos los tiempos”, destacó el párroco Alejandro Mugna.

Por Emilio Grande (h.).- La celebración del Domingo de Ramos fue presidida por el párroco de la Catedral San Rafael Alejandro Mugna y concelebrada por el vicario parroquial Alexis Cardo (el obispo diocesano Pedro Torres se encuentra temporalmente en la localidad de Soledad, departamento San Cristóbal, por la ausencia sacerdotal), iniciando la Semana Santa con la pasión, muerte y resurrección de Jesús.

El primer momento de la ceremonia se desarrolló en la plaza 25 de Mayo con la bendición de los ramos a la multitud presente, conmemorando la entrada triunfal del Hijo de Dios en Jerusalén.

Después de la proclamación del evangelio, según san Mateo (21, 1-11), Mugna dijo que “con nuestros ramos en alto y nuestros corazones creyentes nos unimos a la multitud que aclama a Cristo que lo recibe como rey y lo reconoce como salvador. Es un momento de alegre profecía y vemos en él al esperado de todos los tiempos”.

Sin embargo, “no debemos olvidar que de esta multitud que lo aclama, la mayoría lo abandonará porque no comprende la sabiduría de Dios; otros lo seguirán un poco más, pero no soportarán el escándalo de la cruz; muy pocos podrán ver en él al Hijo de Dios y muy pocos podrán creer de verdad. Abramos nuestro corazón a la unción del Espíritu Santo, a este soplo del Dios viviente para que podamos descubrir en el crucificado a nuestro Señor y podamos hacer nuestras las palabras de san Pablo: ´nosotros predicamos a un Cristo crucificado que es escándalo para los judíos y locura para los paganos. En cambio, para nosotros se trata de un Cristo que es fuerza y sabiduría de Dios, porque lo que en Dios parece debilidad es más fuerte que los hombres´ (1 Corintios 1, 23-25)”.

Y agregó: “la cruz que nos acompaña a la cual seguiremos en esta procesión nos recuerda la entrada de Cristo en nuestra vida y la entrada en Jerusalén para celebrar su Pascua. La procesión es guiada por la cruz, dejemos que pase Cristo en la cruz y todo el pueblo de Dios lo vamos aclamando con cantos y siguiendo su camino”.

Segundo momento

Seguidamente, la columna del pueblo de Dios se dirigió caminando hasta ingresar al templo mayor de la diócesis de Rafaela, desbordado de gente, para continuar la segunda parte de la celebración litúrgica.

En la oportunidad, se leyó la pasión de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo (27, 1-2. 11-54), siendo interpretada entre el diácono permanente Danilo Montti y los sacerdotes mencionados.

“Al inicio de la cuaresma el papa León XIV nos invitó a escuchar la palabra de Dios en la liturgia de la Iglesia educa a nuestro oído para una escucha verdadera de la realidad. En estos días santos nos disponemos a seguir a Jesús en el camino de su pasión, cruz y resurrección”, expresó Cardo al inicio de su homilía.

“Hacemos una petición -continuó- de la palabra del profeta Isaías (50, 4) ´cada mañana el Señor abre mi oído para que escuche como un discípulo´. En estos días podamos escuchar como verdaderos discípulos y abramos nuestros oídos para que la palabra eduque a nuestro corazón, transforme nuestro interior, el corazón de piedra en uno de carne, que aprendamos a ver la realidad de una manera nueva, escuchando en estos días la palabra de Dios”.

En el salmo de este domingo quedó resonando “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado” (21, 8-9. 17-20. 23-24). “Resuena con mucha más fuerza cuando el evangelista Mateo en los labios de Jesús en la cruz exclamó en alta voz arameo: ´Elí, Elí, lemá sabactani», que significa ´Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?´ (27, 45). Podemos preguntarnos ¿qué provoca en nuestro interior y que nos mueve interiormente?”, subrayó.

Cardo puntualizó dos aspectos de esta frase mencionada: “en primer lugar, nos habla de un amor que se entrega sin medida, Jesús experimentó el abandono de sus amigos, pero mucho más aún sentir la ausencia de su Padre Dios. La única respuesta es por amor; el abandono de Jesús en la cruz fue el precio que pagó para mostrarnos que nos amó, hasta asumir el dolor más extremo, sentirse lejos de Dios. El amor de Dios es sin medida, Jesús en la cruz es el signo del amor de Dios hasta el extremo de dar la vida por nosotros. El amor de Dios nos desconcierta y nos desborda, rompe todas nuestras lógicas porque no tiene medida; cuando vemos a Jesús en la cruz todo lo que él nos enseñó cobra una nueva luz. Podemos preguntarnos: ¿cómo es la medida de nuestro amor? ¿qué medida usamos para amar?”.

El otro aspecto, “Jesús en la cruz habla de un amor que se identifica con los más olvidados, abandonados y sufrientes. Nos vuelve a decir que se identifica con todos aquellos que se encuentran solos. ¿Cuántos hoy pueden decir no tengo a nadie?, quizás muy cerca nuestro; no tengo a nadie que me escuche con sinceridad, sin juzgar que me acompañe en este dolor y que me mire a la cara. Cristo abandonado en la cruz nos invita a buscarlo y amarlo a él en los olvidados porque está el mismo Jesús que se identifica con ellos”, concluyó.

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