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Dos modelos de país difíciles de conciliar

Se trata del editorial del programa “Sábado 100” por radio El Espectador (FM 100,1) de Rafaela. Estamos viviendo el fracaso del populismo con corrupción que encarnó el kirchnerismo durante 16 años, que provocó la llegada al poder del mileismo, proponiendo un cambio paradigmático, pero hay que ponerle límites en determinadas cuestiones.
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Por Emilio Grande (h.).- Recientemente, fueron aprobados en el Senado nacional la ley Bases y el paquete fiscal en forma muy ajustada, donde luego del empate en 35 votos tuvo que desempatar la presidente de la Cámara Alta Victoria Villarruel.

El oficialismo contó con varios aliados, entre ellos los radicales, pero Martín Lousteau (presidente del radicalismo) votó en contra de la ley Bases y peligró la ley enviada por el presidente Javier Milei al Congreso, recordando que en 2008 fue el autor de la resolución 125 que provocó la guerra con el campo durante el primer mandato de Cristina de Kirchner.

En la sesión legislativa hubo otra vez, como en diciembre de 2017 con la reforma previsional, una virulenta protesta callejera, que terminó con el incendio de dos autos, rotura de bienes públicos e inmuebles privados, y un saldo lamentable de 35 detenidos. ¿Estos violentos provocadores actúan por su cuenta o representan a sectores del kirchnerismo y de la izquierda más rancia que no saben convivir pacíficamente en un sistema de democrático?

En este contexto, existe en la sociedad un estereotipo negativo de la masa que se desarrolló durante la revolución industrial en el siglo XIX, que se da en el preciso momento en que una persona pierde su identidad y su raciocinio discernir entre lo bueno y lo malo, y se agrupa para desarrollar, por ejemplo, movilizaciones callejeras de protesta social. Al respecto, la investigadora italiana María Cristina Carnicella graficó: “Aplicado el concepto de masa a la sociedad resulta una imagen todavía más negativa: se trata de una sociedad hipermecanizada, hiperburocratizada, hipercolectivizada” (1993: 118).

Volviendo al proyecto senatorial, votaron en contra del impuesto a las Ganancias, derogado en la campaña electoral de 2023 cuando era ministro de Economía y candidato a presidente Sergio Massa, y no aumentaron el piso para el pago de Bienes Personales.

Ahora el proyecto modificado vuelve a la Cámara de Diputados, teniendo dos posibilidades: insistir en el texto original de su proyecto o aceptar las modificaciones del Senado, pero no puede hacer cambios a la redacción de la ley Bases. Si la Cámara Baja insistiera sobre su proyecto y fuera aprobado, el trámite termina ahí. En el caso de los impuestos sobre Ganancias (es coparticipable a las provincias) y Bienes Personales quedarían como Diputados los aprobó originalmente.

El kirchnerismo votó en contra de las facultades delegadas a Milei, recordando que desde Carlos Menem (1989) siempre hubo estas facultades del Congreso al Ejecutivo. Los Kirchner (Néstor y Cristina) prorrogaron las facultades del Parlamento a sus gobiernos, Mauricio Macri las dejó caer en los últimos dos años de su gobierno, pero Alberto Fernández las recuperó cuando asumió en 2019.

El colega Morales Solá preguntó en voz alta: “¿Qué decían de Cristina Kirchner sus perpetuas cadenas nacionales y sus discursos enfurecidos contra enemigos reales o imaginarios? ¿Cómo evaluar a una Presidente que revelaba en sus farragosas arengas el secreto fiscal de muchos argentinos o divulgaba informaciones reservadas de la vida de otros argentinos?”.

Al mismo tiempo, en estos días hubo dos misas celebradas por diferentes motivos históricos, en la que participaron militantes, quienes cantaron “La patria no se vende” durante las celebraciones, con la complicidad de algunos sacerdotes. El obispo auxiliar Gustavo Carrara interrumpió el cántico netamente ideológico y fuera de lugar, para luego emitir un comunicado pidiendo disculpas. El arzobispo de Buenos Aires Jorge García Cuerva remarcó que “la misa es algo sagrado y no está bueno usar la misa para dividir, fragmentar y partidizar. No está bueno usar la misa para que terminemos separados como hermanos”.

A decir verdad, estamos viviendo dos modelos diferentes sobre el futuro de la Argentina: el fracaso del populismo con corrupción que encarnó el kirchnerismo durante 16 años, que provocó la llegada al poder del mileismo, proponiendo un cambio paradigmático, pero hay que ponerle ciertos límites en determinadas cuestiones elementales, por ejemplo, la libertad de pensamiento y el respeto por el que piensa diferente.

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