La Conferencia Episcopal Argentina (CEA), junto con la Pastoral de Juventud Nacional, desarrolló una serie de actividades formativas en el marco de la Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales, centradas en la salud mental juvenil, las redes sociales y la inteligencia artificial.
Las propuestas se realizaron a través de la plataforma Fratelli tutti y estuvieron dirigidas a jóvenes y referentes pastorales de todo el país. Participaron como expositores el secretario del Dicasterio para la Comunicación de la Santa Sede, Lucio Ruiz (nacido en la ciudad de Santa Fe), y la consultora en comunicación estratégica Albertina Navas.
Entre los participantes, estuvo el arzobispo de San Juan de Cuyo, Jorge Lozano, presidente de la Comisión Episcopal de Comunicación.
Durante los encuentros, ambos especialistas analizaron el impacto de las nuevas tecnologías en los vínculos humanos, el pensamiento crítico y la construcción de comunidad en el ámbito digital. También alertaron sobre los riesgos de la desinformación y remarcaron la necesidad de promover una comunicación más responsable y empática.
Navas explicó que no toda plataforma digital puede ser considerada una red social. Basándose en definiciones académicas desarrolladas por la Asociación Estadounidense de Psicología, señaló que una red social debe permitir la creación de perfiles públicos o semipúblicos, facilitar la conexión entre usuarios y hacer visibles esas conexiones.
No todas son redes sociales
Desde esa perspectiva, indicó que plataformas como Facebook e Instagram sí constituyen redes sociales, mientras que WhatsApp funciona principalmente como un servicio de mensajería privada.
La especialista insistió en que las redes sociales no deben reducirse a simples canales de difusión de información, sino que representan espacios de encuentro y construcción comunitaria. En ese sentido, cuestionó que muchas parroquias y organizaciones religiosas utilicen sus perfiles digitales únicamente como «tableros de anuncios», limitándose a publicar horarios o actividades.
Por el contrario, propuso generar contenidos que favorezcan el diálogo, la participación y el acompañamiento pastoral, especialmente entre los jóvenes.
Asimismo, remarcó que el entorno digital forma parte de la cultura cotidiana y modifica la manera en que las personas se informan, se relacionan y construyen vínculos. Por ello, recomendó desarrollar una comunicación cercana, clara y coherente con los valores que se buscan transmitir.
Un desafío antropológico
Por su parte, Ruiz afirmó que el principal desafío de la inteligencia artificial «no es tecnológico, sino antropológico», ya que la persona humana no puede ser reducida a un simple sistema automático de procesamiento de datos.
El prelado sostuvo que la inteligencia humana está ligada a la experiencia, la historia personal, las relaciones y la búsqueda de sentido, dimensiones que ninguna herramienta tecnológica puede reemplazar plenamente.
«La inteligencia artificial no puede sustituir la inteligencia humana», advirtió, al tiempo que señaló la importancia del discernimiento, la contemplación y la responsabilidad moral en el uso de estas tecnologías.
Ruiz también alertó sobre el riesgo de aceptar como verdaderas las respuestas generadas por sistemas de inteligencia artificial sin someterlas a un análisis crítico. «Muchas veces se acepta una respuesta simplemente porque la dijo la inteligencia artificial, sin cuestionarla críticamente», expresó.
En esa línea, recordó que las máquinas no toman decisiones en sentido pleno, sino que ejecutan algoritmos diseñados por personas. «La pregunta sigue siendo quién la diseña, con qué criterios y con qué fines», afirmó.
Finalmente, llamó a custodiar «los rostros y las voces humanas» en el entorno digital y alentó a promover un uso ético, responsable y crítico de las nuevas tecnologías, en consonancia con las enseñanzas del papa Francisco sobre una comunicación más humana.








