Por Emilio Grande (h.).- El obispo diocesano Pedro Torres presidió la misa crismal celebrada esta noche en la Catedral San Rafael colmada de feligreses y concelebrada por los sacerdotes de las 36 parroquias de los 5 decanatos de los departamentos Castellanos, San Cristóbal y 9 de Julio.
En la oportunidad, fueron renovadas las promesas sacerdotales y luego bendecidos los óleos de los enfermos y de los catecúmenos y el santo crisma, que serán utilizados durante las distintas ceremonias durante el año.
Al final de la misa, Torres mencionó los que estaban adelante revestidos en el altar al cumplir distintos aniversarios de las ordenaciones sacerdotales: Antonio Navarro 60 años, Fernando Sepertino y Raúl Massini 30 y Miguel Colino 25. También anunció que el jueves 30 de abril ordenará sacerdote al diácono Lucas Pautasso en la Catedral (actualmente prestando servicios en Tostado con el párroco Fabián Alesso), en el marco de los 65 años de la Iglesia diocesana que es el 1º de Mayo, fiesta de san José Obrero.

“Argentina es tierra de misión, al igual que la provincia de Santa Fe y la diócesis de Rafaela; yo soy tierra de misión y también cada uno porque conocer a Jesús y abrirnos a la vida nueva que nos trae es mucho más que tener noticias de él y que un saber intelectual. Es ser hijos en él”, expresó el titular de la Diócesis en su extensa homilía que duró 19 minutos.
Y agregó: “Es un hecho que nuestro anuncio no alcanzó todavía a transformar con la fuerza del evangelio los criterios de juicio, los valores determinantes, los puntos de interés, las líneas de pensamiento, las fuentes inspiradoras y los modelos de vida de la humanidad están en contraste con la palabra de Dios y los signos de salvación”.
En otra parte, “a cada generación le toca hacer una nueva síntesis entre fe y cultura, entre fe y vida; estamos en tiempos de cambios vertiginosos y de misión, pero no solos, no simplemente con nuestras fuerzas, estrategias o planes. Las lecturas hablan del protagonismo del Espíritu, Isaías dice está sobre mí y me han ungido”.
“En esta cuaresma, convertirnos -continuó- con múltiples conversiones: relacional, fraterna, misionera, humildad, de los vínculos, al servicio de la comunión y la complementación, a una mística de ojos abiertos, a la alegría, de estilo como invitaba el papa Francisco en Evangelii gaudium. Tenemos que convertirnos a un estilo sinodal porque como aprendimos en la pandemia nadie se salva solo, a un ministerio esencialmente comunitario”.
Más adelante, “celebramos la misa crismal, anticipando la Semana Santa, pero tocando el misterio de la encarnación. También es un día de memoria dolorosa de nuestras miserias más grandes como nación, de la pérdida de la conciencia de la dignidad de cada vida; ojalá hoy escuchemos la voz del Señor y aprendamos del pasado, lo que tenemos que decir ´nunca más´”.
Después se enfocó en el soplo del Espíritu Santo, citando a un himno del patriarca greco-ortodoxo Ignacio IV Hazim de Antioquía (1968): “con su presencia el cosmos se eleva y gime en el parto del reino, Cristo resucitado está presente, el evangelio es potencia de vida, la Iglesia significa la comunión trinitaria, la autoridad es un servicio de liberación, la misión es un Pentecostés, la liturgia una memoria y anticipación, y el cuerpo humano se reedifica”.

En los tramos finales, Torres dijo “el Espíritu vivificante, decía Ezequiel, es el que pone carne a los huesos secos. Cuántas estructuras secas que hay que reedificar, cuánto para aprender, la comunión en la diversidad, querernos más y como somos; caminar juntos como hermanos sin pretender poseer, acaparar, adueñarnos, controlando todo, competir”.
“El Espíritu sopla donde quiere y habitualmente sopla mejor entre los más humildes, pobres y sencillos. Es el Espíritu de la verdad, indispensable en tiempos en que se manipula, se relativa y a veces se usa la verdad como látigo ideológico de derecha y de izquierda, incluso anticipan de la vida eclesial (…) Pidamos el Espíritu para la Iglesia, el mundo sufriente y que anhela la paz. Ser más dóciles, a dejarnos mover, a salir y encontrarnos en un mismo Espíritu”, concluyó el obispo diocesano.








