En 1956 Rafaela estuvo tomada una noche

Se trata de la historia de la contrarrevolución peronista del 9 de junio de 1956, que había triunfado en nuestra ciudad, Santa Rosa y La Plata. La intentona sólo duró algunas horas entre la noche del sábado y la madrugada del domingo, cuando se entregaron los revolucionarios. Hubo 47 detenidos en nuestra ciudad.

Por Emilio Grande (h.).- Corría el mes de junio de 1956 (Perón había sido derrocado por la Revolución Libertadora el 16 de septiembre del año anterior) cuando el general Juan José Valle intentó volver al poder, pero el objetivo no fue alcanzado y fue fusilado por el gobierno militar.

En nuestra ciudad y otras dos ciudades del interior del país (Santa Rosa y La Plata) triunfaron las fuerzas civiles justicialistas, pero no pudieron resistir la derrota nacional y sus protagonistas terminaron en la cárcel, y estuvieron muy cerca de un daño mayor: el fusilamiento, pedido realizado por el jefe de la Policía de la Provincia de Santa Fe, capitán de Marina Rivero.

El plan de rebelión era insurreccional y no un golpe como aparentó ser. Fue una especie de ejército popular, constituido por civiles y suboficiales, bajo la conducción de algunos oficiales. El grupo de nuestra ciudad, conducido por el ex suboficial principal Ramón Néstor Zapata, se había contactado con el suboficial José Navarro de Santa Fe.

A fines de diciembre de 1955, varios grupos de militantes peronistas de Rafaela se dispusieron a la lucha, enfrentando las prohibiciones, comenzaron a organizarse y a protagonizar las primeras acciones clandestinas. Eran leales al pacto que durante 10 años de gobierno peronista tuvieron con su líder y consideraron que había llegado el momento de dar la vida por él. «Perón vuelve» fue la consigna secreta que giró en las conciencias de todos quienes se lanzaron a la lucha en medio de un contexto desfavorable.

El ideólogo local fue el citado Zapata, que había cumplido funciones en el Distrito Militar N° 37, que funcionaba en avenida Mitre (hoy está la Sociedad Española) de nuestra ciudad.

“Un día, caminando por bulevar Lehmann me encuentro a Reinaldo Parra, hermano del doctor Parra, que me comenta que se está empezando a organizar la lucha peronista. Las reuniones se realizaban en el domicilio del doctor Luis Parra o en la casa del suboficial principal Ramón Zapata. Este último formó varios grupos, dirigidos cada uno por un jefe. Estos fueron Elvio Farías, Oscar Núñez, Juan Ponzetti y yo. Tenía a mi cargo a seis o siete muchachos para organizar distintas actividades. Había que entusiasmar a la gente despertar el ánimo. Repartimos volantes en forma clandestina por distintos puntos de la ciudad”, testimonió Américo “Lito” Maina. 

Volviendo a 1956, en Rafaela se produjeron dos hechos de sabotaje contra un galpón depósito del FFCC Central Argentino y contra el periódico Castellanos (su director, Francisco Pérez Torres, era jefe de los Comandos Civiles).

El día elegido fue el sábado 9 de junio de 1956, porque ese día los francos del personal militar facilitaría las tomas de los cuarteles. El grueso del plan consistía en el copamiento de todas las guarniciones militares del país, mediante el reclutamiento de suboficiales en actividad que tomarían los cuarteles y permitirían el ingreso de los militares retirados para asumir el mando, y luego se marcharía hacia Buenos Aires. En tanto, Perón estaba en contra de ese plan porque se había preparado sin su consentimiento.

El grupo de Rafaela se planteó la toma total de la ciudad: el Distrito Militar, la Jefatura de Policía, las dos estaciones de Ferrocarril, el Correo, Teléfonos, la Municipalidad, el Tiro Federal, Obras Sanitarias y el Hospital. La organización descansó sobre la base de 18 jefes.

Esa noche (por el 9 de junio), más de 100 peronistas estaban reunidos en la tapicería de Agenor Astesano sobre calle Moreno, mientras escuchaban LRA Radio del Estado y esperaban la proclama de la rebelión.

Primero se levantó Santa Rosa (La Pampa) y los rafaelinos (el grupo de los «alguaciles») tomaron el Distrito Militar algunos por el frente y otros por el fondo. Los restantes grupos fueron al Tiro Federal (para buscar los fusiles Mauser), a la Jefatura, a la Municipalidad, al Correo, a Teléfonos y al Ferrocarril Mitre. Casi al filo de la medianoche, Rafaela estaba tomada y la revolución triunfaba sin encontrar resistencia.

“Quien estaba a cargo, Zapata, decide no esperar más y arenga ´quienes quieran seguirme, que me sigan´ -contó Maina-. Todos sin excepción, nos dirigimos hacia el Distrito Militar. Zapata, Arsenio Bravino y Elcidio Carena tomaron por sorpresa al soldado de guardia. Luego, los demás copamos la totalidad de las instalaciones y nos apoderamos del armamento allí existente”.

Y agregó: “Otro grupo fue al Tiro Federal y trajo carabinas y fusiles Mauser. Poco después se hizo presente el jefe del Distrito mayor Cabrera, quien trató de arrebatarle el arma a Néstor Bruno, pero fue controlado por Elvio Farías. Cabrera fue tomado prisionero y yo estuve a cargo de su custodia, cometido que cumplí con todo respeto”.

“El grupo que habíamos tomado el Distrito fuimos hacia la Jefatura de Policía. Allí Zapata, a viva voz, le solicitó la rendición al personal apostado adentro, quienes respondieron con disparos. Luego de un breve tiroteo algunos lograron huir y otros se rindieron. Uno de los nuestros resultó herido, Néstor Alderete, quién fue trasladado al Hospital donde les sustrajeron la bala los doctores Luis Parra y Luis Barreiro”, remarcó Maina.

Esa noche en el baile del Club Independiente recibía la presencia de dos Miss Argentina Ivana Kislinger (1954) e Isabel Coca Sarli (1955), despertaba enorme curiosidad y atracción.

Entre los entusiastas aplaudidores, estaba el comisario general Ángel Rotta, jefe de la Jefatura, que en ese mismo momento estaba siendo tomada por los insurgentes. Su chofer, el cabo Tolosa, luego de mucho insistir, logró sacarlo del evento y, en un jeep, raudamente se dirigieron a la Jefatura. Al llegar, fueron recibidos con disparos, intentaron huir y chocaron contra un auto estacionado. Se desató una balacera que dejó herido a Rotta.

Pero a las 0,32 del domingo, la Radio del Estado anunció el texto de la Ley Marcial, comenzando la debacle y la desazón. En ese momento, sólo quedaban resonando los gritos rebeldes de La Plata, Santa Rosa y Rafaela. Ante el desconcierto, en nuestra ciudad hubo unas horas sin saber que hacer: resistir o entregarse, adoptándose la última medida. A las cinco de la mañana las autoridades recuperaron a Rafaela.

“A eso de las 3 de la mañana recibimos un mensaje radial, que decía que en la capital provincial la revolución había fracasado y un grupo del Regimiento 12 de Infantería se dirigía a Rafaela para recuperar los lugares tomados. Para evitar lo que podría haber sido un gran derramamiento de sangre, decidimos abandonar la Jefatura y demás sitios. Nos retiramos a nuestros domicilios en silencio sin provocaciones. A la mañana siguiente dos agentes vinieron a mi casa. Antes del mediodía me presenté en la seccional Segunda, donde quedé detenido. Todos fuimos alojados en la Jefatura y luego trasladados al Distrito Militar para presentar declaración ante Cabrera. Fuimos fuertemente custodiados con soldados armados con bayoneta calada y con una 45 apuntándonos a la cabeza”, recordó Lito Maina.

“Cabrera, al que yo había custodiado con respeto, nos amenazaba diciéndonos que nos iba a fusilar en Santa Fe. Hubo quienes golpearon a varios compañeros hasta con saña, lo que no había ocurrido horas antes cuando la situación era inversa. Nos cargaron en un camión y fuimos llevados de brazos atados a la Jefatura de Santa Fe, donde nos tuvieron parados durante largas horas. Se podía escuchar el gemido de los prisioneros sometidos a tortura. Rivero había dado la orden de fusilamiento, pero debido a la intervención del Jefe del Liceo Militar General Belgrano nos salvamos milagrosamente”, rememoró.

Los 47 detenidos en Rafaela y trasladados a Santa Fe fueron: Néstor Alderete, Miguel Arcos, Agenor Astesano, Otelo Baldini, Pedro Bernard, Aldo Bracco, Arsenio Bravino, José Bruno, Néstor Bruno, Honorio Buttigliero, Lino Compagnucci, Rogelio Cardoni, Marcelino Castillo, Pedro Cazzola, Horacio Cinto, Luis Ercole, Omar Espíndola, Benedicto Farías, Juan González, Francisco Gómez, Romualdo Gorosito, Fermín Gudiño, Oreste Hattemer, Américo Maina, Roberto Maine, David Mazzi, Eduardo Médici, Floro Molina, Juan S. Moncada, José Morandín, Rafael Navas, Bachisio D. Nioi, Leandro Núñez, Juan Ojeda, Edgardo Olivera, Francisco Ollero, Florentino Olmos, Luis Parra, Andrés B. Peretti, Américo Ponzetti, Roberto Ponzetti, Ulises Scaramo, Felipe Stampone, Alfonso Vaquero, Pascual Velásquez, Reynaldo Verge y Ramón N. Zapata.

Fuentes: La Opinión, 1956; La Opinión, revista “75 años en el corazón de la ciudad”, 1996; Ricciardino, César, notas sobre la contrarrevolución de junio de 1956 en La Opinión, 5 y 12 de abril y 10 de mayo de 1998; www.infobae.com .

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