El obispo Torres ordenó sacerdote a Lucas Pautasso

La ceremonia se desarrolló en la Catedral desbordada de público. “El ministerio no nos hace príncipes sino peregrinos del amor de Dios”, destacó. Hizo un insistente llamado a la conversión de corazones y estructuras, como así también a la santidad. “Los santos son los únicos que transforman la historia”, precisó.

Por Emilio Grande (h.).- Este jueves a la noche, el diácono rafaelino Lucas Pablo Pautasso fue ordenado sacerdote durante una ceremonia presidida por el obispo diocesano Pedro Torres y concelebrada por la mayoría del presbiterio diocesano, sacerdotes formadores del seminario de Santa Fe (el rector Javier Casullo y Rodrigo Spagna) y diáconos diocesanos, en la Catedral San Rafael desbordada de gente, entre ellos de la comunidad de Tostado. También estuvieron presentes sus familiares (sus padres Hugo y Carina Ércole, sus hermanos Franco y Tiago, y sus abuelos Hugo y Ana María Abriata) y amistades de distintos ambientes sociales.

Esta celebración fue en el marco de los 65 años de la diócesis de Rafaela, que se cumple este 1º de mayo, y se conmemora en todas las parroquias camino a la asamblea diocesana en 2027. Durante la ceremonia, Pautasso hizo su profesión de fe y de obediencia al Obispo, quien lo consagró sacerdote con el gesto de la imposición de las manos, que también hicieron los sacerdotes, ungiéndolo con el santo crisma y, finalmente, el saludo del Obispo y los presbíteros.

“Jesús siendo Dios tomó la condición de servidor. (Lucas) ya sos servidor como diácono, somos todos servidores siervos inútiles. En este clima de humildad, a lo largo de la cuaresma y en la misa crismal, donde trajiste el crisma con que serás ungido, como un eco del camino sinodal de la Iglesia que invita a la conversión, de las relaciones, de los vínculos y de las estructuras”, expresó Torres durante la extensa homilía.

Y agregó: “no sólo la conversión del pecado que siempre suscita arrepentimiento; el evangelio propone otras conversiones con notas de asombro: convertir la imagen de Dios, convertirnos al nuevo testamento como María en la anunciación. Convertirnos del sacerdocio de las religiones como mediadores e intercesores, del sacerdocio levítico al único sacerdocio de Jesucristo; convertirnos al Espíritu y necesitamos un nuevo Pentecostés”.

Más adelante, dijo que “estamos urgidos por un cambio de conversión, urgidos por un mundo sin paz que necesita santos, que son los únicos que transforman la historia. En el corazón de esta celebración, en la oración aparece la primacía del Espíritu en memoria de la historia de la salvación, en la oración consagratoria te pedimos Padre que confieras a este siervo tuyo la dignidad del presbiterado, renueva en su corazón el espíritu de santidad, reciba de ti el segundo grado del ministerio sacerdotal y sea con su conducta ejemplo de vida”.

En otro tramo, Torres sostuvo que “todos los bautizados somos llamados a la santidad, es la primera vocación de los hijos de Dios y de los testigos. Lo dijeron los santos san Francisco de Sales, san Juan Pablo II, san Francisco de Asís, san Juan de la Cruz, santa Teresita del Niño Jesús, san Pablo VI -entre otros- y el Concilio Vaticano II”.

Finalmente, “la santidad es don, el cristianismo es don, el sacerdocio es don; nadie lo merece, nos desborda. Yo te ruego (por Lucas) y les ruego no perdamos nunca la sencillez evangélica, el ministerio no nos saca del mundo; en un proceso de encarnación como el de Jesús, es sal, es fermento, es presencia, es levadura. El ministerio no nos hace príncipes sino peregrinos del amor de Dios”.

“Lo contrario a la santidad no es ser pecador, el justo peca siete veces. Quien no es santo es un fracasado; no es un lujo, es una necesidad, no es camino de lo extraordinario o del éxito, es camino de la encarnación y la Pascua que eleva amando y plenificando. Ruego para que en la Diócesis no perdamos el sabor de la sal. Somos para los demás como la eucaristía”, concluyó.

Recordemos que el flamante sacerdote se recibió de contador público nacional en la UCSE DAR y después trabajó cinco años como profesional en empresas locales. La formación sacerdotal fue el primer año en el seminario de Paraná y continuó en el seminario de Santa Fe. En todo ese tiempo tuvo la experiencia pastoral en las parroquias de San Vicente, María Juana, Humberto, Rafaela (San Pedro-Santa Josefa y San Antonio) y actualmente en Tostado, donde continuará como vicario con el párroco Fabián Alesso.

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