El misterio de la muerte y la resurrección de Jesús

Se trata del editorial del programa “Sábado 100” por radio El Espectador (FM 100,1) de Rafaela. Tenemos esperanza porque Cristo ha resucitado y sigue caminando con nosotros todos los días hasta el fin del mundo…

Por Emilio Grande (h.).- Los cristianos de todo el mundo en sus distintas versiones celebramos la Pascua este fin de semana, en la que el hijo de Dios después de haber vivido la pasión y la muerte (jueves y viernes santos) fue resucitado en el tercer día, tal como estaba anunciado en las escrituras, para la salvación de las personas de todos los tiempos.

Frente a una sociedad que pareciera dar la espalda a Dios y vive este fin de semana largo casi sin cuestionarse sobre el sentido más profundo de la Semana Santa, Jesús nos ayuda a comprender el triduo pascual: pasión, muerte y resurrección. Atrás quedaron los cuarenta días que marcaron el tiempo de Cuaresma, justamente de preparación y revisión de nuestras vidas para buscar un cambio interior sobre aquellas prácticas oscuras y en tinieblas.

Se dice con razón que la Semana Santa es la semana mayor de la cristiandad, donde el misterio del amor por la humanidad se hizo palpable, llevando Jesús a la cruz nuestras debilidades y pobrezas humanas y materiales, no solamente de hace más de 2.000 años, sino que es la representación diaria de nuestras locuras e incoherencias actuales.

El obispo de San Miguel Damián Nannini expresó que “pidamos al Señor que el misterio de la cruz nos ayude a descubrir el sentido de nuestras cruces y nos de la fuerza para perseverar en su seguimiento. Pidamos también la aceptación filial de nuestros sufrimientos y el poder ofrecerlos por el bien de los demás. Pero, por encima de todo, pidamos que el misterio de la cruz nos enseñe la verdad sobre el amor y a poder amar de verdad a Dios y los hermanos”.

Jesús sigue siendo crucificado en tantos pecados mundanos, que afectan a millones de personas: las locuras de Putin con la invasión de Rusia a Ucrania y de Ortega en Nicaragua, quien persigue a Iglesia Católica y prohíbe celebraciones litúrgicas al igual que en Israel al impedir el Domingo de Ramos en el templo del Santo Sepulcro; la guerra en Irán e Israel con la muerte de miles de inocentes; la muerte inocente de Ian Cabrera de 13 años en San Cristóbal; un grupo de países ricos frente a la mayoría más empobrecidos; la soberbia de Trump para secuestrar a Maduro y la invasión en Medio Oriente; el materialismo egoísta para tener poder y riquezas a cualquier precio frente a los más vulnerables que son descartados.

En la oscuridad que envuelve a la creación, la Virgen María se quedó con algunas mujeres y el discípulo Juan el evangelista para mantener la llama de la fe frente a la cruz del Viernes Santo, pero es al mismo tiempo la esperanza en la resurrección de Jesús.

Este sábado a la noche abramos los corazones como las mujeres que fueron al sepulcro en Jerusalén, quedando desconcertadas porque se le apareció el ángel del Señor que les dijo: “No teman, yo sé que ustedes buscan a Jesús, el crucificado. No está aquí, porque ha resucitado como lo había dicho. Vengan a ver el lugar donde estaba, y vayan en seguida a decir a sus discípulos: ‘Ha resucitado de entre los muertos, e irá antes que ustedes a Galilea: allí lo verán’” (Mateo 28, 5-7).

Humanamente, es difícil comprender que alguien vuelva a la vida… El misterio de la fe muestra que el Hijo de Dios, el que fue “traspasado”, está vivo, ha resucitado realmente, para ser anunciado porque el pecado y la muerte ya no tienen la última palabra. Así, la Pascua es el paso de la muerte a la vida, de la oscuridad a la luz. En medio de las búsquedas, Jesús se nos revela resucitando por nosotros para llevar vida donde había muerte, para comenzar una nueva historia que había sido clausurada.

A pesar de tantos signos de la “cultura de la muerte” en la sociedad actual como el aborto legal en Argentina con miles de muertes inocentes desde 2021 y en otros lugares, debemos seguir apostando por la vida desde la concepción hasta la muerte natural; si cambian los corazones los dirigentes y los ciudadanos, la Argentina postrada sigue teniendo salida frente a la grave crisis política, económica y social con el 28,2% de pobreza (2º semestre de 2025).

Una vez más es un enorme desafío y compromiso ser cristianos con la esperanza en la vida eterna, más allá de lo temporal, y no ser cristianos por tradición, testimoniando la misericordia y una vida coherente con el evangelio. Tenemos esperanza porque Cristo ha resucitado y sigue caminando con nosotros todos los días hasta el fin del mundo, sin olvidarnos los 649 caídos en Malvinas en 1982…

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