Por José Grassino.- A estas alturas ya es bastante cuestionable la actitud de quienes hoy ocupan lugares en la estructura institucional en representación del PJ local. En especial me toca referirme al bloque de concejales, siendo en ese caso su único marco de acción la ciudad de Rafaela.
Estos días hubo una fuerte crítica hacia la CGT por parte de compañeras y compañeros indignados por las acciones llevadas a cabo por el sindicalismo frente al avance del gobierno de turno con el arrebato de los derechos laborales. Pero muy poco he oído y leído sobre el papel de la clase política que ocupa esos lugares también en representación de determinadas banderas históricas.
Comprendo las cuestiones “estratégicas”, la voluntad de poder en una ciudad con alto porcentaje de apoyo a propuestas políticas contrarias al peronismo, y el desgaste de las operetas mediáticas constantes a todo aquello que forma parte de la identidad de nuestro partido y de nuestro movimiento. Pero lo que está viviendo hoy nuestro país es diferente al panorama político de por lo menos las últimas dos décadas. Se están llevando puesto todo, mientras nuestros representantes locales especulan con un 2027, escapan al conflicto que nos atraviesa y nos arrebata nuestro futuro, y no hacen siquiera una sola declaración por todo lo que está sucediendo. No lo hicieron cuando tocaron a los discapacitados, no lo hicieron cuando tocaron a los jubilados, no dijeron nada del DNU, de la Ley Bases, del presupuesto nacional, y menos ahora de la reforma laboral esclavista que hace apenas unas horas acaba de aprobar la Cámara de Diputados de la Nación.
Yo me pregunto, ¿qué ciudad piensan gobernar nuestros compañeros en su afán de victoria de las próximas elecciones?
Si hay un tiempo histórico en donde queda más en evidencia que Rafaela no es una isla, se trata de este que estamos atravesando como pueblo.
Una ciudad industrial que creció con el esfuerzo de miles de trabajadores, y con un Estado presente, cuyas políticas nacionales y provinciales permitieron una inmensa cantidad de obras, escuelas y universidades, servicios, rutas y caminos, planes de vivienda, etc. Acompañados por una política social y urbana del municipio, fruto de la voluntad y la gestión, y de las posibilidades propias de un contexto más favorable en torno a la recaudación, el financiamiento y la política subsidiaria. Todo eso que precisamente hoy se encuentra en una crisis que se profundiza día a día.
El crecimiento del desempleo y la informalidad es parte de nuestro presente y de nuestro futuro, por más que todavía muchos no dimensionan las consecuencias de este modelo.Todo eso sumado a la pérdida de poder adquisitivo de los trabajadores, de empleo privado y ni hablar de empleo público, que inevitablemente repercute en la caída del consumo. Con ello el cierre de negocios, de pequeñas empresas, las dificultades que atraviesan los emprendedores, que poco a poco va impactando también en las industrias locales. A su vez, un presupuesto de ajuste para las provincias y los municipios, lo que significa menos recursos para la gente, en un contexto de crecimiento de la pobreza y la violencia en los barrios.
¿De qué manera acompañar la situación socioeconómica a la que nos lleva este gobierno nacional? ¿Con qué recursos llevar a cabo planes de vivienda para las miles de familias sin hogar? ¿Con qué guita asfaltar las calles y garantizar servicios a los sectores que faltan? ¿Cómo continuar con el transporte público o la asistencia social? ¿Para qué llevar a cabo políticas de empleo municipal cuando la industria y el comercio local no puedan absorber la demanda laboral? ¿Cómo financiar y acompañar una política de emprendedurismo cuando el consumo se desploma?
Son algunas de las preguntas que creo deberíamos estar discutiendo con la dirigencia, pero las bases no forman parte de una construcción política cuyas recetas no están dispuestos a revisar. Ausentes de toda lucha colectiva, con la comodidad de privilegios que los van a ir alejando cada vez más de la realidad que le pega en la cara a miles y miles de vecinos y vecinas.
Se muy bien que la política no pasa simplemente por las redes, los discursos y lo mediático. Reconozco la cercanía y el territorio de algunos de nuestros representantes, sin embargo eso no es ni excusa, ni novedad, es deber. Pero como profesor de historia debo decir también que las fuentes son las fuentes, y que cuando se escriba la historia de este tiempo, por ahora, no hay ninguna página en la que se pueda decir que los concejales del Partido Justicialista de Rafaela estuvieran en contra de las políticas de este gobierno nefasto y destructor.
El silencio de quienes tienen un mandato popular es muy cercano a la complicidad. Y si bien no pongo en duda los valores, si me permito exigir, porque creo que todavía están a tiempo. El momento histórico requiere que la voz, el compromiso y la coherencia de los dirigentes estén por encima de cualquier cálculo electoralista.
El autor es militante peronista y congresal titular del Partido Justicialista por el departamento Castellanos.








