Por Emilio Grande (h.).- El 4 de agosto se cumplieron 50 años del asesinato del obispo Enrique Angelelli durante la dictadura militar, en un delito de lesa humanidad, declarando el Tribunal Oral Federal de La Rioja como autores mediatos a los represores Luciano Benjamín Menéndez y Luis Fernando Estrella condenados a prisión perpetua en 2014.
Angelelli murió el 4 de agosto de 1976, cuando la camioneta Fiat 125 Multicarga que él manejaba tuvo un confuso accidente sobre la ruta 38, en Punta de los Llanos, cuando regresaba desde Chamical. Iba acompañado por el sacerdote Arturo Pinto, que sobrevivió. El obispo venía investigando los asesinatos de los sacerdotes Gabriel Longueville y Carlos de Dios Murias, ocurridos dos semanas antes.
En el marco de las actividades conmemorativas por el 50° aniversario de su martirio, vecinos, autoridades y representantes de distintas instituciones riojanas participaron de un emotivo encuentro en la plaza Enrique Angelelli. La celebración fue encabezada por el obispo de La Rioja Dante Braida, quien presidió la bendición religiosa y convocó a la comunidad a mantener vivos los principios de fe, esperanza y compromiso con el pueblo que guiaron la vida del obispo mártir. Del acto participaron la vicegobernadora Teresita Madera, autoridades provinciales, nacionales y municipales.
La comunidad arquidiocesana de Córdoba también conmemoró el 50° aniversario del martirio de los beatos Enrique Angelelli, Carlos de Dios Murias, Gabriel Longueville y Wenceslao Pedernera (laico) con una misa en la Catedral presidida por el arzobispo Ángel Rossi, seguida por el concierto Canto a Angelelli. Bajo el lema “Con un oído en el evangelio y otro en el pueblo”, reunió a fieles, sacerdotes, religiosos y comunidades para dar gracias por el testimonio de quienes entregaron su vida por fidelidad a Cristo y al pueblo.
El cardenal Rossi definió al beato Angelelli como “un hombre de las bienaventuranzas que hizo de su vida un evangelio encarnado, un pastor que no dudó en oler a oveja mucho antes de que esa frase se hiciera un lema universal en boca del papa Francisco”.
Destacó que “recordar su figura no es mirar al pasado con nostalgia, sino encender en nosotros el fuego de un compromiso cristiano que urge en nuestro tiempo”, porque el obispo riojano enseñó que “la fe no se vive al abrigo de los templos, sino en la intemperie, allí donde el pueblo sufre, sueña y lucha por su dignidad”.
Cincuenta años después de su martirio, Angelelli sigue siendo uno de los testimonios más claros de una Iglesia que se solidariza con los más vulnerables. Se puso del lado de los agricultores, trabajadores y residentes de los sectores más pobres de su Diócesis. Tras el golpe de Estado del 24 de marzo de 1976, denunció abiertamente los secuestros, la tortura y los asesinatos, sin escatimar críticas, incluso contra aquellos dentro de la Iglesia que habían optado por el silencio o la simpatía hacia los militares.

El 4 de agosto de 2006 el presidente del Episcopado Jorge Bergoglio había señalado en una homilía en la catedral de La Rioja que Angelelli “recibía pedradas por predicar el evangelio y derramó su sangre por ello”. Fue beatificado el 27 de abril de 2019 por el papa Francisco junto con los dos sacerdotes y laico mencionados, también víctimas de la represión, siendo llamado la “voz de los sin voz” y el “defensor de los pobres y oprimidos”.
El papa León XIV también lo invoca en su encíclica Magnifica Humanitas, donde lo cita entre los “mártires de la fraternidad y la justicia”, junto a san Maximiliano Kolbe y san Óscar Romero, identificándolo como un testigo que, en circunstancias extremas, encarnó la esperanza del evangelio y la dignidad de la persona humana. El testimonio de Angelelli conserva una extraordinaria vigencia. Su martirio nos recuerda que la fidelidad al evangelio implica defender a los pobres, buscar la justicia y tener el valor de denunciar toda forma de opresión.








