Por Emilio Grande (h.).- No es un problema nuevo sino que viene de larga data y se va profundizando con el paso del tiempo. Las condiciones de vida de las personas mayores en la Argentina muestran un deterioro, especialmente en materia económica, sanitaria y psicosocial, según el Observatorio de la Deuda Social Argentina (ODSA-UCA). El documento «Vivir y envejecer en contextos de desigualdad. Evolución de la subsistencia económica, el hábitat, la salud y el bienestar subjetivo en la población de 60 años y más (2017-2025)» fue elaborado por Solange Rodríguez Espínola, Enrique Amadasi y José Eduardo Moreno, en articulación con la Sociedad Argentina de Geriatría y Gerontología.
El análisis adopta una perspectiva multidimensional y considera cuatro dimensiones centrales: subsistencia económica, hábitat y vivienda, estado y atención de la salud, y bienestar subjetivo. También incorpora información sobre el acceso a prestaciones del PAMI, las creencias espirituales y las necesidades de apoyo psicosocial.
Uno de los principales datos del informe es el deterioro de la situación económica. La insuficiencia de ingresos alcanzó al 46% de los hogares con personas mayores en 2024-2025, el valor más elevado de toda la serie y cinco puntos porcentuales por encima de 2022-2023.
La situación se profundiza en los sectores de menores recursos: afecta al 55,2% de los hogares del estrato socioeconómico bajo y al 71,1% de los del estrato muy bajo, donde más de 7 de cada 10 hogares no logran cubrir sus gastos básicos con sus ingresos.
Además, aumentó la inseguridad alimentaria. Pasó del 12,3% en 2017-2019 al 18,4% en 2024-2025. La brecha entre los distintos sectores sociales es marcada, llegando al 39,1% entre las personas mayores del nivel socioeconómico muy bajo.
La cobertura de programas sociales no acompaña la magnitud de las privaciones. Mientras el 71,1% de los hogares muy bajos registra insuficiencia de ingresos, solo el 42,4% recibe algún programa de transferencia o asistencia alimentaria. La cobertura general pasó del 30,6% durante la pandemia al 26,8% en 2024-2025.
Las condiciones habitacionales muestran fuertes desigualdades. El 11,8% de las personas mayores reside en viviendas que no cumplen condiciones adecuadas, porcentaje que llega al 27,5% entre los sectores más pobres.
El déficit de acceso a servicios básicos -agua, gas o saneamiento- alcanza al 25,2% de la población mayor y trepa al 49,3% entre quienes pertenecen al estrato socioeconómico muy bajo: 1 de cada 2 personas mayores de ese sector enfrenta carencias en servicios esenciales.
La salud aparece como una de las dimensiones con mayor deterioro. El 35,2% de los hogares con personas mayores debió postergar o resignar atención médica o medicamentos por motivos económicos, el registro más alto de toda la serie y casi diez puntos porcentuales por encima de 2022-2023; en los hogares de sectores bajos, la dificultad alcanza al 55%.
Durante 2025, el 74% de las personas mayores afiliadas utilizó PAMI para realizar consultas médicas y el 70% para adquirir medicamentos. Sin embargo, las evaluaciones sobre ambas prestaciones presentan diferencias: el 61,7% valoró positivamente la atención médica, mientras que solo el 49,7% tuvo una valoración positiva de los medicamentos.
El 28,9% de las personas mayores tiene una percepción negativa de su estado de salud, una proporción más de tres veces superior a la registrada entre la población de 18 a 59 años, que se ubica en el 9%.
Entre los resultados que generan mayor preocupación aparece el crecimiento del malestar psicológico. El indicador pasó del 19,5% en 2017-2019 al 34% en 2024-2025, uno de los deterioros más pronunciados de la serie. En 2025, el 51,9% de las personas mayores percibió falta de contención social. Solo el 19,9% manifestó ausencia de creencias espirituales.
Las desigualdades sociales constituyen el principal determinante de las diferencias en las condiciones de vida durante la vejez. Lo socioeconómico, lo educativo y el hogar explican las brechas en salud, bienestar y calidad de vida. Esta combinación configura un escenario de creciente vulnerabilidad y plantea la necesidad de desarrollar estrategias intersectoriales que contemplen las desigualdades acumuladas a lo largo de la vida, fortalezcan los sistemas de apoyo y cuidado y promuevan respuestas integrales centradas en los mayores.








