Hay una casa en Rafaela donde cada habitación lleva el nombre de una niña que partió esperando un trasplante: Magalí, Micaela y Sofía.
El papá de Sofía, Osvaldo Minighini, preside actualmente la Asociación Honrar la Vida, que convirtió esa dolorosa historia familiar en el único hogar de tránsito de la provincia gestionado por una organización no gubernamental: un lugar donde pacientes trasplantados y sus familias pueden atravesar la espera o la recuperación en un ambiente seguro, con camas ortopédicas, baño adaptado y capacidad para ocho personas.
“Merecer la vida no es callar y consentir… es una virtud, es dignidad y es la actitud de identidad”. Así dice la letra de aquella canción de Eladia Blázquez que Mercedes Sosa hizo inolvidable. Vivir no alcanza: a la vida hay que honrarla con lo que hacemos con ella. Acá esa idea se practica todos los días, cuidando, acompañando, estando.
Los concejales Juan Senn, María Paz Caruso, visitaron la asociación, que en agosto celebró un nuevo aniversario, y compartieron una charla con su comprometido grupo de trabajo sobre la historia de la institución, la labor de equipo que lo acompaña y los desafíos por delante.
Honrar la Vida nació en 1994, cuando un papá decidió que su pérdida no iba a ser el final de la historia. Desde entonces, la tarea es acompañar a pacientes trasplantados y a sus familias, difundir la importancia de la donación de órganos y tejidos, y gestionar recursos para que a nadie le falte lo necesario durante su tratamiento.
De esa tarea nace el mensaje que Minighini repite en cada charla de concientización que le toca dar: ser donante no cuesta nada y salva vidas. O como dice él, con la síntesis de quien lleva treinta años demostrándolo: «Más donantes, más trasplantes».
“Como muchas instituciones y ONG lamentablemente están viviendo una situación compleja, en particular vinculados a la medicación. Afortunadamente desde Rafaela se trabaja con intensidad y Osvaldo y su equipo han resuelto problemas a personas que parecían imposibles”, sostuvo Senn.
En este contexto, con la premisa de difundir a la ciudadanía la importancia de ser donante de órganos, los comienzos de esta Asociación se remontan a 1992 impulsada por un grupo de pacientes en lista de espera, quedando formalizada legalmente el 26 de agosto de 1994.
De esta manera, comenzaron a reunirse Marcelo Caravario, el Dr. Costa de Ramona, la doctora Patricia Pisolari, la familia Drubich, la familia de Miguel Babini, familia Maidana, Mabel Zimerman, Silvio Parola, Mabel Maisa, Miguel Destefanis, entre otras personas. La primera comisión directiva estuvo presidida por Parola y como vicepresidente Andrea Ducks. «Estábamos relacionadas y en algún momento de la vida necesitaríamos un órgano para trasplante. Después del año 2.000 se agregaron otras personas que continuaron con la institución como René Soural, Minighini, Jorgelina Borio, entre otros», recordó Destéfanis.








