Por Emilio Grande (h.).- En la sesión ordinaria de este jueves declararon de interés municipal la revista “El satélite”, que dirige David Ponroy, en reconocimiento a sus 234 ediciones y a su invaluable aporte a la preservación del patrimonio histórico, cultural, social e industrial de Rafaela y la región. Estuvieron presentes familiares y amigos del director, entre ellos Pablo Williner promotor de la iniciativa.
Desde su creación en 2001, la publicación ha demostrado una constancia, vocación y rigor periodístico admirables, reflejo del enorme trabajo y dedicación de su impulsor y el acompañamiento de varios referentes locales.
La publicación realiza una incansable labor de investigación sobre la memoria colectiva de Rafaela, poniendo en valor documentos inéditos y recopilando testimonios orales que forman parte de la identidad local y regional.
Su recorrido territorial nació con un profundo arraigo popular en el barrio Villa Rosas fue extendiendo progresivamente sus fronteras a los barrios 9 de Julio y San Martín, hasta expandir su alcance y distribución a cada rincón de la ciudad.
Entre sus contenidos, la revista ha dedicado especial atención tanto a personalidades consagradas por la historiografía local como a otras que no hablan sido registradas por ella, tanto a espacios y lugares reconocidos como ignotos, cumpliendo así un genuino rol de hallazgo documental y testimonial: su labor es de divulgación, pero también de construcción y deconstrucción de la historia local.
Por su exhaustividad y rigor, la revista se ha consolidado como un material bibliográfico ineludible y fuente permanente de consulta para docentes, estudiantes e investigadores de diversas casas de estudio. A la riqueza de sus contenidos se suma una destacada calidad gráfica, manteniendo en cada entrega estándares superiores de diseño e impresión.
María Paz Caruso destacó que “este reconocimiento es el diario íntimo de Rafaela, mostrando a muchas personas que no conocíamos, con un trabajo exhaustivo durante más de dos décadas. David exhibe una calidad gráfica y visual sobre la historia de la ciudad, mostrando amor por Rafaela: es una pausa de lectura que sorprende y saca una sonrisa; amor por enseñar para muchas instituciones educativas; amor por la historia sobre Rafaela, rescatando las voces que dejan una huella”.
Juan Scavino agregó que “no fue pedido por el involucrado. Encontramos homogeneidad del cuerpo de gente que trabajó mucho y bien por la ciudad, teniendo la capacidad de comunicar con precisión la palabra oral o escrita; la revista aporta con imágenes plusvalía, es una pátina de reconocimiento, un culto de la reivindicación de la historia y de la que no tiene tanto reconocimiento. Es un reconocimiento para el hijo periodístico y su papá”.

Se hizo un cuarto intermedio para las fotos de rigor. A su turno, Ponroy agradeció “las palabras de los concejales por este gran aliento. Valoramos mucho quienes hacemos la revista; es un espacio de participación de mucha gente que colaboró para contar historias, tejer la telaraña de voluntades sobre la historia de Rafaela y la región. Es un homenaje a un montón de gente de Rafaela que colaboró, aportó recuerdos, fotos, anécdotas para reconstruir historias de la ciudad, de gente grande que no está y mantener en las nuevas generaciones la identidad de Rafaela”.
Mencionó al compañero con quien empezó la revista, Horacio Soffietti (estuvo presente su mamá Marta) radicado en Buenos Aires, quien viene mensualmente a repartir la revista y buscar más historias para las próximas. También Jerónimo Rubino, Juan Ortega, Kuki Pieroni, el Petiso Pautasso (fallecido, estuvo su señora), Alfredo Charra, Américo Lito Maina, Florencio Racca, Fernando Algaba, Juan Ferrero, el Club de Autos Antiguos, el Museo Histórico, el Archivo Histórico Municipal, Pablo Williner, el presidente de la vecinal del barrio Guillermo Lehmann Daniel Delfabro (tema a tratar en el próximo número), entre otros.
“Se construyen pedazos de la historia de la ciudad con las instituciones formadas por personas. Agradecer a los que apoyan la revista, recordando que en los primeros 10 a 15 años no sabían que era la revista, vaya si funcionó; faltan muchas historias locales interesantes, teniendo una impronta particular por el contexto, que es muy interesante y sensibiliza con más empatía”, concluyó.








