El amistoso de la selección contado por un rafaelino

El autor de la crónica es de Rafaela y está estudiando una maestría en Houston. Considera que Messi mueve multitudes y va a ser muy difícil conseguir entradas para el Mundial, porque realmente los estadounidenses quieren verlo.

Por Ezequiel Dellasanta.- El sábado se empezó a sentir el Mundial. Primer partido de Argentina en Estados Unidos y, para aquellos que vivimos temporalmente acá, en un país donde el fútbol es más un espectáculo que una pasión, fue un poquito como volver a casa por un rato.

El día estuvo inestable: llovía, paraba, volvía a llover, salía el sol, humedad… y así emprendimos el viaje con esos amigos que uno hace en el exterior y con quienes comparte tantas experiencias. Desde Houston a College Station normalmente hay una hora y cuarto de viaje, pero esta vez fueron casi dos horas. Por cierto, College Station es una ciudad de unos 120.000 habitantes, de los cuales aproximadamente 80.000 son estudiantes de Texas A&M, una de las universidades más grandes de Texas. Su estadio tiene capacidad para más de 100.000 personas; digamos que casi toda Rafaela entra ahí.

Pero íbamos con la ilusión de ver a la Scaloneta.

Al llegar a la ciudad y ver el movimiento, empezamos a identificar autos con banderas argentinas y hondureñas, así que fue momento de sacar el orgullo argentino. Sacamos la bandera por la ventana del auto y la dejamos flameando para que todos supieran que Argentina estaba ahí. Así nos fuimos reconociendo y saludando entre argentinos y también con mucha gente simpática que nos saludaba simplemente porque sí.

Ya en la universidad, vimos muchísima gente con la camiseta de Messi, con los colores celeste y blanco… ¿y no eran argentinos? Incluso muchos hablaban inglés y claramente eran de acá. Ahí nos dimos cuenta de dos cosas: que Messi mueve multitudes y que va a ser muy difícil conseguir entradas para el Mundial, porque realmente los estadounidenses quieren verlo.

Camino a la cancha, una verdadera marea celeste y blanca. Ya desde afuera se veía que iba a ser una noche especial. El estadio estaba prácticamente repleto y más tarde anunciaron una asistencia de 91.200 personas, una verdadera locura para un partido amistoso. También es increíble pensar que el estadio de una universidad sería el más grande de Argentina. La infraestructura, el estado de todo y el orden eran realmente muy buenos. Pero, lógicamente, también se extraña ese desorden tan nuestro, con toda la pasión que se vive en nuestro país. Entramos y pudimos ver a los jugadores durante el precalentamiento. Empezaron a anunciar las formaciones y, bueno, era un equipo mayormente suplente, aunque con la esperanza de que más tarde ingresaran las máximas figuras. De todas formas, la Selección estaba ahí.

Llegó el momento de salir al campo y la emoción de verlos finalmente. Era la primera vez que veía a la Selección en vivo. Arrancó el himno de Honduras, después el nuestro… ¡pero sonaron Los Palmeras! No lo podíamos creer. Fue un momento muy divertido para todos. Después sí, sonó el verdadero himno y lo cantamos con la bandera bien arriba.

Empezó el partido. La tribuna no era como en Argentina; era más un show. La gente hacía la ola y cada vez que enfocaban a Messi en la pantalla gigante se volvía loca y empezaba a gritar su nombre.

¡Gol de Argentina! Puñito al aire y la alegría de volver a gritar un gol de la Selección. Y no mucho más hasta el entretiempo.

Arrancó el segundo tiempo con cambios. Entró De Paul. ¡Segundo gol de Argentina! Seguían los cambios y la gente continuaba pidiendo a Messi, casi como presionando a Scaloni para que lo pusiera. Había muchísima gente de India, Bangladesh y del Caribe; se notaba por las camisetas de sus selecciones o por su vestimenta típica.

Finalmente, el partido terminó. Messi no jugó, pero la gente se fue contenta de haber visto al resto de la Scaloneta y, al menos, haber tenido a Messi cerquita.

Al rato de terminar el partido, los jugadores argentinos salieron a hacer trabajos regenerativos. Así que corrimos lo más cerca posible del campo, saltando algunas vallas, y pudimos estar ahí para verlos de más cerca, gritarles y sacarles fotos.

La vuelta fue larga. Muchísima gente regresando a Houston y unas tres horas de viaje en plena madrugada. Pero volvimos felices por la experiencia de ver a la Selección acá, por la admiración que tanta gente alrededor del mundo siente por Messi y por Argentina, y por la ilusión que genera volver a soñar con la cuarta.

De algo estamos seguros: a los Fan Fests vamos a ir. Y habrá que tener paciencia para ver si conseguimos entradas un poco más accesibles para entrar a algún partido.

¡Saludos a Rafaela desde Houston!

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