Por Emilio Grande (h.).- Este domingo 7 de junio se celebra el Día del Periodista en la Argentina, en recordación de la Gazeta de Buenos Ayres, fundada por Mariano Moreno, instituido en un congreso de periodistas realizado en Córdoba en 1938.
A decir verdad, nunca fue sencillo ejercer esta profesión que es apasionante, porque demanda mucho empeño en la búsqueda de información y el chequeo de las fuentes, para así interpretar los hechos de la realidad con criterios éticos, en un contexto marcado por los nuevos paradigmas culturales y tecnológicos con la irrupción de las redes sociales y los desafíos de la Inteligencia Artificial, produciéndose el fenómeno social del prosumer, que son los productores y consumidores de noticias.
En el marco de la 60º Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales del 2026, el papa León XIV señaló: “Los contenidos generados o manipulados por la IA deben señalarse y distinguirse claramente de los contenidos creados por personas. Debe protegerse la autoría y la propiedad soberana del trabajo de los periodistas y otros creadores de contenidos. La información es un bien público”.
En este contexto, tenemos que seguir reflexionando sobre la función social de esta noble profesión. ¿Cómo decir la verdad en una sociedad cuyos intereses económicos buscan desplazar a la dignidad de la persona? ¿Cómo decir la verdad cuando los valores son pisoteados por intereses políticos y económicos? ¿Cómo decir la verdad cuando los sueldos de muchos periodistas no alcanzan para vivir dignamente y tenemos que trabajar en más de un medio de comunicación y agregar otras actividades?
Uno de los secretos centrales del periodismo es la permanente búsqueda de la verdad, que es una relación entre la realidad y la mente humana. Según el texto bíblico, “la verdad los hará libres” (Juan 8, 32) y a través de la libertad también se llega a la verdad en tensión, ya que uno de los criterios para distinguir la verdad del error es la confrontación de informaciones, opiniones, juicios e ideas.
Si no tenemos un periodismo independiente no puede hablarse de una sociedad democrática y en este concepto se encuentra la relación más conflictiva que la actividad periodística debe afrontar, que es la histórica relación de prensa y poder.
Por este motivo, el significado social del rol del periodista y los riesgos que el ejercicio profesional comporta fundamentan la exigencia de una ética de la responsabilidad en toda práctica profesional del periodista, que contribuirá decididamente en el servicio de la verdad y el bien común, y con un sentido crítico de la realidad.
Algunos disparates del poder: el presidente Javier Milei maltrata en público a diferentes actores sociales que no comulgan con sus ideas, opinando que “los periodistas son históricamente las prostitutas de los políticos”. El Senado aprobó el pliego de la candidata a jueza María Verónica Michelli, cuñada del periodista de investigación Hugo Alconada Mon de La Nación; ¿firmará el decreto Milei? El camarista Carlos Mahiques propuso que la Justicia establezca un reglamento para sancionar éticamente como una falta grave el intercambio de información entre jueces y periodistas.
Más allá de la coyuntura, si en más de una oportunidad realizamos críticas a la dirigencia por sus malas prácticas, los periodistas tenemos también que hacer una autocrítica sobre actividades oscuras y en algunos casos poco dignas de nuestra profesión.
Ciertamente, los medios de comunicación y los periodistas tenemos distintas líneas editoriales, que se pueden compartir en un todo, en parte o en nada de sus contenidos escritos y audiovisuales.
Siempre hubo, hay y habrá un conflicto casi permanente con el poder de turno. La función periodística es ser un puente entre las autoridades de los distintos niveles y la gente de a pie, por más que se cuestione esta noble misión de informar, opinar e interpretar los hechos de la realidad con idoneidad profesional, respeto por el que piensa diferente y la permanente búsqueda de la verdad.
Finalmente, es bueno recordar un pensamiento del prócer Mariano Moreno: “Más vale una libertad peligrosa que una tranquila esclavitud”. Y en palabras del colombiano García Márquez: “La ética debe acompañar siempre al periodismo, como el zumbido de un moscardón”.








