Por Emilio Grande (h.).- El jueves pasado se desarrolló la charla “Borges y lo sagrado: el viento del Eclesiastés y la creación literaria”, en el auditorio del Parra Hotel & Suites, colmado de público, en el marco de distintos homenajes que se hacen en el país con motivo de los 40 años del fallecimiento del escritor (14 de junio de 1986 en Ginebra, Suiza).
La actividad estuvo a cargo de Santiago De Luca, doctor en Filología Hispánica, además de escritor, poeta, ensayista y editor argentino, propuso un recorrido por distintas perspectivas de la producción borgiana y su vínculo con los textos sagrados y la reflexión filosófica.
Se trató de una propuesta cultural y académica que abordó la relación entre la obra de Jorge Luis Borges y la dimensión espiritual presente en la literatura. La iniciativa contó con el acompañamiento de ERA (Escritores Rafaelinos Agrupados), Espacio de Diálogo Interreligioso, ACDE Rafaela y UCSE Rafaela, además del auspicio de Parra Hotel & Suites y Cardón.
Luego de la presentación a cargo del doctor Rodolfo Zehnder, mencionando la trayectoria del visitante santafesino, De Luca brindó una brillante exposición literaria, por momentos con anclajes académico e histórico, que incluyó recitar dos poemas de memoria “Conjetural” (1943) y “Los conjurados” (1985), durante unos 35 minutos, para dar luego espacio a las preguntas de los presentes.
“En la obra de Borges hay un sentimiento de lo sagrado. Borges hacía la diferencia entre los escritores con talento que se administra y con genio al relacionarlo con la Biblia, el Eclesiastés y san Juan, cuando se dice que el Espíritu sopla donde sopla. Borges lo relaciona con el Eclesiastés, en hebreo Espíritu y viento es la misma palabra”, destacó.

Y agregó: “la relación de Borges con la Biblia comienza con su abuela inglesa metodista Frances Ann Haslam, que vino de chica siguiendo a su hermana con su esposo ingeniero a Paraná, sabía la Biblia protestante de memoria, algo que Borges le fascinaba, teniendo un vínculo muy estrecho. Podemos pensar que la familia de Borges era ecuménica, él fue bautizado católico, su madre Leonor Acevedo y su abuela Leonor Suárez eran católicas criollas argentinas. Su padre Jorge Guillermo era librepensador. En ese ambiente familiar creció el escritor”.
Más adelante, el especialista literario señaló que “su madre le pidió que rezara el padrenuestro todas las noches y Borges lo hizo porque era su madre. Una semana antes de su muerte en Ginebra, rezó en una capilla chica el padrenuestro en siete lenguas, según me contó María Kodama. Cuando la cosa venía mal por su cáncer, pidió tomar algunas clases de árabe, respondiendo al profesor que ´yo no estudio para dominar, estudio por la aventura del aprendizaje y para que la muerte no interfiera en la vida porque siempre estudié´”.
Mencionó que el laberinto es una de las imágenes centrales de la obra de Borges: “si el mundo es como un laberinto significa que hay un sentido, un centro, una arquitectura; cada parte implica la otra, es una arquitectura, en el centro hay un Dios. La vida tiene ese dibujo de laberinto para Borges con una trascendencia a lo sagrado”.
En la obra de Borges se articulan dos silencios: “los nominalistas, es decir entre la palabra mesa y el objeto mesa hay algo que no se dice, y los místicos, donde se ve en el cuento ´La escritura del dios´, esa unión con la divinidad no se puede transmitir y es indecible. La revelación no es sucesiva sino toda al mismo tiempo”.
“Para Borges tiene que haber una salvación ética (coraje), intelectual (laberinto) y estética (objetos), argumentó que Jesús tiene un estilo literario, habla con metáforas y parábolas. Borges había estudiado las metáforas occidentales con una raíz racional y termina con las orientales de la intuición. La belleza es más rápida que el pensamiento, nos tiene que tocar de una manera física, después viene el intelecto y la explicación”, concluyó.








