Por Emilio Grande (h.).- Con el paso de los años, la Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales se convirtió en un tradicional documento reflexivo. Se celebra el domingo anterior a la fiesta de Pentecostés en la Iglesia Católica desde 1967, instituida por el papa san Pablo VI en respuesta a una petición del Concilio Vaticano II (decreto Inter Mirifica de 1963) para sensibilizar sobre la responsabilidad ética de los medios de comunicación. Se publica tradicionalmente con ocasión de la festividad de san Francisco de Sales, patrono de los periodistas (24 de enero).
En esta 60ª Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales, el papa León XIV tituló “Custodiar voces y rostros humanos”, haciendo foco en el impacto de la Inteligencia Artificial en la comunicación: https://www.vatican.va/content/leo-xiv/es/messages/communications/documents/20260124-messaggio-comunicazioni-sociali.html
Al respecto, Robert Prevost advierte que “la tecnología digital, cuando se falla en su cuidado, se corre el riesgo de modificar radicalmente algunos de los pilares fundamentales de la civilización humana, que a veces damos por descontado. Simulando voces y rostros humanos, sabiduría y conocimiento, conciencia y responsabilidad, empatía y amistad, los sistemas conocidos como inteligencia artificial no solo interfieren en los ecosistemas informativos, sino que también invaden el nivel más profundo de la comunicación, el de la relación entre las personas”.
Y agrega: “El desafío no es tecnológico sino antropológico. Custodiar los rostros y las voces significa, en última instancia, cuidarnos a nosotros mismos. Acoger con valentía, determinación y discernimiento las oportunidades que ofrecen la tecnología digital y la inteligencia artificial no significa ocultar para nosotros mismos los puntos críticos, las opacidades, los riesgos”.
En materia periodística, el Papa precisa que “la falta de verificación de las fuentes, junto con la crisis del periodismo de campo, que implica un trabajo continuo de recopilación y verificación de información en los lugares donde ocurren los acontecimientos, puede favorecer un terreno aún más fértil para la desinformación, provocando una creciente sensación de desconfianza, desconcierto e inseguridad”.
“Las agencias de noticias y los medios -continúa- no pueden permitir que los algoritmos orientados a ganar a toda costa la batalla por unos segundos más de atención, prevalezcan sobre la fidelidad a sus valores profesionales, orientados a la búsqueda de la verdad. La confianza del público se gana con precisión y transparencia. Los contenidos generados o manipulados por la IA deben señalarse y distinguirse claramente de los contenidos creados por personas. Debe protegerse la autoría y la propiedad soberana del trabajo de los periodistas y otros creadores de contenidos. La información es un bien público. Un servicio público constructivo y significativo en la transparencia de las fuentes, la inclusión de las partes implicadas y un alto nivel de calidad”.
Además, León XIV brindó una mirada educativa: “La alfabetización en los medios de comunicación, de información y en la IA ayudará a todos a no adaptarse a la deriva antropomorfizante de estos sistemas, sino a tratarlos como herramientas, a utilizar siempre una validación externa de las fuentes proporcionadas por los sistemas de IA, a proteger su privacidad y sus datos conociendo los parámetros de seguridad y las opciones de impugnación. Es importante educar y educarse a usar la IA en modo intencional y, en este contexto, cuidar la propia imagen, el propio rostro y la propia voz, para evitar que vengan utilizados en la creación de contenidos y comportamientos dañosos como estafas digitales, ciberacoso, deepfakes que violan la privacidad y la intimidad de las personas sin su consentimiento”.
Finalmente, hace unos días se desarrolló un encuentro virtual sobre esta jornada con la participación de comunicadores de distintos lugares del mundo. El sacerdote santafesino Lucio Ruiz (secretario del Dicasterio para la Comunicación del Vaticano) puntualizó algunas claves del documento: recuperar la profundidad de la inteligencia humana, la verdad como vocación, la responsabilidad personal, la dimensión relacional humana, los riesgos sociales de la IA y la sabiduría del corazón.








