Por Viviana Bai.- Hace un año que Alcides Castagno ya no camina las calles de esta ciudad. Y todavía cuesta creerlo.
Hay personas que, por su manera de vivir, de contar, de involucrarse y de dejar huella, terminan formando parte del alma misma de un lugar. Alcides era una de ellas.
Durante años relató historias, rescató testimonios, dio vida a personajes y mantuvo encendida la memoria de tantos acontecimientos y protagonistas de nuestra comunidad. Con el tiempo, él mismo pasó a formar parte de todo aquello que merece ser recordado.
Es difícil pensar su ausencia después de tantos proyectos compartidos desde el Museo Histórico, de tantas charlas, búsquedas, anécdotas y caminos recorridos intentando atesorar fragmentos de nuestra historia. Personalmente, aprendí muchísimo a su lado.
Cuando en 2022 me pidió que realizara la presentación de su libro “Luz de Octubre”, volví a recorrer parte de su historia y de su andar. Y hoy siento importante compartir nuevamente aquellas palabras:
“Alcides nació en Presidente Roca, vivió su infancia en el campo; fue el segundo de cuatro hermanos.
Hacia 1950 vino a Rafaela para cursar la primaria en el Colegio San José; en 1955 ingresó al Seminario de Guadalupe, donde pudo profundizar en la espiritualidad, el humanismo e incursionar en la primera literatura.
Después de tres años decidió volver a Rafaela y fue alumno libre del Colegio Nacional, pero al poco tiempo comenzó su camino como autodidacta, camino que mantuvo a lo largo de toda su vida.
Fue parte del teatro independiente Ricardo Rojas y luego del Centro Ciudad de Rafaela.
Con Tito Domenella, Fortunato Nari, Elda Massoni y Margarita Beceyro, entre otros, pusieron en marcha lo que sería después Escritores Rafaelinos Agrupados, aunque nunca ingresó como miembro activo.
Trabajó como cadete en una oficina contable; como consignatario de hacienda; en la administración de una fábrica metalúrgica… pero… descubrió que ese no era su camino y según sus propias palabras “salí de lo concreto impropio a la incertidumbre elegida”.
Por ese entonces había empezado a funcionar la radio LT28; y se asoció con Lolo Bauducco en publicidad y trabajó en el informativo y en programación.
De su mano surgieron La Ventana, Fin de Semana, Mágico en la Noche, La Vida en Juego y también transmisiones especiales.
Su trabajo en la radio tuvo un paréntesis, cuando Virgilio Cordero asumió como intendente y lo convocó para hacerse cargo de la comunicación municipal.
Continuó en radio y publicidad, pero en 1982, comenzaba en la ciudad un nuevo emprendimiento: la televisión por cable. Y quienes integraban ese grupo lo convocaron para colaborar con ellos en la difusión de la idea y así formó parte del primer canal local de televisión, “haciendo camino al andar, con más voluntad que experiencia” también según sus propias palabras.
Integró y dirigió ese pionero Canal 2 hasta 1992, año en que formó su propia productora, con el apoyo de los hermanos Basso, a la que llamó: Studio 21.
Fue en esta etapa cuando realizó el programa que le produjo más satisfacción por la cantidad de material testimonial con el que se fue encontrando: “La Volanta”.
Fueron solo dos intensos años, pero sirvieron para involucrarlo aún más con el amplio universo de la historia local que siempre le interesó preservar.
Realizó más de 500 videos sociales, institucionales y educativos.
Y su ocupación más duradera fue el registro audiovisual de toda la actividad oficial de la Municipalidad, desde 1991 hasta 2019; tiempo en el que seguro todos nosotros nos encontramos con Alcides y también con Silvia, registrando lo que sucedía a nivel institucional de la ciudad.
Coincidimos en esos años con Alcides, en mi paso por los Museos Municipales. Primero bajo la dirección de Norma Fenoglio y luego a mi cargo. Tuvimos la oportunidad de encarar muchos proyectos audiovisuales, generalmente acompañando muestras temporarias o materiales didácticos del Museo Histórico.
De ahí nuestro punto en común, el gusto por la historia y el rescate de testimonios.
A partir del 2020, participó en el diario Castellanos como columnista en su sección Enfoques, lo que le devolvió su vocación por la escritura costumbrista, mediante el rescate de los valores personales de quienes hicieron esta ciudad, en sus diversos aportes.
Con su esposa Clara Arancibia, tuvieron cinco hijos, los que les dieron 14 nietos. Una numerosa familia para disfrutar, en forma paralela a toda la actividad que siempre realizó.”
Estas referencias biográficas ayudan a comprender por qué Alcides estuvo siempre ligado al arte de urdir la memoria, de rescatar historias y devolverles vida a través de la palabra y la imagen.
Quienes compartimos caminos con él sabemos que su legado permanece en cada testimonio recuperado, en cada relato contado y en cada rincón de esta ciudad que tanto amó.
Mi homenaje de pie, aplaudiéndote.
Y el agradecimiento sincero de todos quienes compartimos parte de tu camino y de esta ciudad que seguirá encontrándote en cada historia que ayudaste a preservar.








