Más de la mitad de los niños vive en la pobreza

Se trata del editorial del programa “Sábado 100” por radio El Espectador (FM 100,1) de Rafaela. ¿Cómo pueden articular los distintos actores sociales en orden a establecer políticas públicas para atenuar la pobreza estructural en la Argentina, especialmente en los niños y adolescentes, quienes son el futuro del país?

Por Emilio Grande (h.).- El Observatorio de la Deuda Social Argentina (ODSA) de la Universidad Católica Argentina (UCA) presentó nuevos resultados del barómetro de la deuda social de la infancia, que revelan avances acotados junto a persistentes déficits estructurales que afectan a niños y adolescentes en la Argentina.

Según el estudio, en 2025 el 53,6% de la infancia urbana vivía en hogares pobres y el 10,7% en situación de indigencia. Aunque estos indicadores evidencian una leve mejora respecto de 2024, se mantienen en niveles elevados en perspectiva histórica, reflejando la fragilidad de las condiciones de vida.

En materia alimentaria, el 28,8% de los menores experimentó inseguridad alimentaria y un 13,2% en su forma más severa. Aunque hubo cierta recuperación, los valores no regresan a los niveles previos a la crisis, mientras que la asistencia alimentaria alcanzó cifras récord, reflejando una mayor dependencia de estos recursos.

El informe advierte fuertes desigualdades en el acceso a la salud: el 61,2% no cuenta con cobertura médica y depende exclusivamente del sistema público. A su vez, casi uno de cada cinco niños dejó de asistir a controles por motivos económicos, con especial impacto en la atención odontológica.

En cuanto al hábitat, persisten las condiciones deficitarias: el 18,1% vive en viviendas precarias, el 20,9% en hacinamiento y el 42% sin acceso adecuado a saneamiento. Estas carencias se concentran en los sectores más vulnerables y reflejan profundas brechas territoriales.

En educación, aunque se registra expansión de la matrícula, persisten desigualdades significativas. El 23,6% de los adolescentes presenta atraso escolar y el sistema evidencia una creciente fragmentación. Factores como el ausentismo docente, el malestar emocional y la falta de vínculos inciden de manera directa en los aprendizajes.

Asimismo, el informe alerta sobre la salud mental: el 18,1% presenta síntomas de tristeza o ansiedad, con mayor incidencia en adolescentes y especialmente en mujeres. Estas condiciones duplican el riesgo en los sectores más desfavorecidos.

Los documentos también destacan brechas en el acceso a la información: aunque crece la conectividad, el 49,6% no dispone de computadora y más de la mitad no tiene hábitos regulares de lectura, lo que profundiza las desigualdades educativas.

El estudio introduce además dimensiones menos visibles del bienestar infantil. Entre ellas, señala que el 30,5% no comparte instancias de lectura con adultos, el 19,6% no festeja su cumpleaños y más del 80% no accede a actividades culturales. Estas privaciones impactan en el desarrollo emocional y social.

Mientras el gobierno nacional prioriza el superávit fiscal a cualquier precio para preservar la macroeconomía, está haciendo “agua” en la micro en distintos frentes sociales, siendo uno de ellos no recorrer el territorio de las grandes ciudades para conocer cómo vive la gente en los barrios periféricos y vulnerables: hacinamiento, violencia familiar, falta de servicios esenciales (agua, cloacas, gas, iluminación, calles de tierra), en un contexto del aumento de la inflación en marzo del 3,4% con un interanual del 32,6%.

¿Cómo pueden articular los distintos actores sociales en orden a establecer políticas públicas para atenuar la pobreza estructural en la Argentina, especialmente en los niños y adolescentes, quienes son el futuro del país?

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