Por Emilio Grande (h.).- El periodista y escritor rafaelino Edgardo Peretti, de 67 años, publicó el libro Nº28, titulado “Contar lo propio”, que aborda su paso laboral por redacciones, estudios de radio y televisión de nuestra ciudad. Trabajamos juntos varios años (entre fines de siglo pasado y principios del nuevo milenio) en el diario La Opinión, compartiendo escritorios pegados.
“Era una deuda que tenía con mi historia porque sigo siendo periodista, mientras la literatura es una circunstancia; en otro formato y a veces uno tiene ganas de empezar a contarlo. Tuve la suerte de empezar muy joven, a los 20 años escribía en la revista Cartel y a los 21 en La Opinión, integrando la redacción del medio más importante con próceres como tu viejo Emilio J. Grande, Roberto Actis, Víctor Hugo Fux. Venían a la redacción el abuelo Rafa (Actis), uno de los fundadores, Antonio Terragni, Renaldo Actis, los tipos que leía en el diario sábana. Agradezco la vida, pero un joven no está exento de ser soberbio en ese lugar porque cobraba el sueldo”, destacó en una entrevista en el programa “Sábado 100” por radio El Espectador (FM 100,1).
Y agregó: “En la solapa del libro está mi primera credencial firmada por tu papá en 1979 y la guardo con mucho cariño; era como un pasaporte en la ciudad. Cuento mis aventuras y andanzas en el diario, también hablamos de Cstellanos, que era el otro diario, la radio (LT28) y después apareció el canal (Televisora Rafaelina) en 1983. Hay casi 500 personas mencionadas, no hay ningún juicio de valor negativo; favorables sí, de gente que se ha destacado por sus valores profesionales y humanos. Al final le dimos un giro con cuestiones literarias, pero siempre ligadas al periodismo. Ser periodista era una responsabilidad muy grande que te daba la actividad. Mi director era don Emilio, querido hombre, que era periodista, era un padre, te retaba tranquilo, pero te daba valor: ´qué linda nota, no te pelees con este´. Con los años te diste cuenta de que te guiaba y te enseñaba. ¿Cuánto vale eso? No tiene precio”.

En el Introito del libro dice textualmente: “(…) era tiempo de contar experiencias de vida y vocación, eso que llaman el ejercicio del periodismo como forma de ganarse la vida y también una multitud de problemas. Nunca una moneda, siempre la carrera contra los crueles treinta días del almanaque del bolsillo”.
-¿Por qué es tan difícil ejercer el periodismo en Rafaela cuando en Buenos Aires económicamente están mucho mejor que nosotros?
-Es una pregunta con una cuestión de genética dando vuelta. Hubo épocas buenas y malas. Hubo momentos económicos con empresas que pagaron muy bien y otras que pagaban como podían. Es cierto lo que decís. En ese entonces, la mayoría teníamos un laburo más porque es una cuestión muy especial. Cuando empecé en 1979-1980 era un contexto económico distinto y diferente, es como el periodismo hoy; hemos trabajado en una redacción de lujo y de calidad, de gente especialista que trabajaba. Vos hacías comentarios siendo muy joven (por quien firma esta entrevista); era un debate previo que se hacía, el periodista se educaba sobre algunos temas complejos y había que corroborarlos. Era un periodismo artesanal, donde La Opinión hacía 6.500 ejemplares hace 45 años para una población de 60.000 habitantes en Rafaela y unos 10.000-15.000 en Sunchales. En las elecciones de 1983 se hicieron 8.000 ejemplares; fue una cosa de locos. Mi primera nota de tapa fue sobre Bauer y Sigel inundada, cuando los likes (me gusta) no existían…
-También hiciste radio y televisión. ¿Cuáles fueron las enseñanzas de tantos años con sus luces y sus sombras?
-Lo positivo siempre es aprender; son experiencias en todos los lugares, pero a veces uno no se da cuenta de que está aprendiendo. Lo que no haría otra vez es no enojarme; cuando uno es joven y no te enojas, a alguno le falta una parte. Por allí hubo algunas situaciones, enojos, peleas, pero hay que aprender a “tragarse sapos” como todo periodista y cuando fui funcionario judicial (en el Consejo de la Magistratura en Buenos Aires) tuve que «comer sapos» más grandes. Quizás no enojarme en la juventud. La primera conferencia de prensa fue en Santa Fe con tu papá, convocada por el gobernador (Rodolfo) Luchetta, en plena dictadura. Era un encuentro de gobernadores con la primera apertura política. El jefe de prensa dijo primera pregunta El Litoral (Santa Fe), segunda La Capital (Rosario) y tercera La Opinión; tu viejo dijo: “el periodista de La Opinión es este joven (por Peretti)”, se me frunció el alma. No hay que preguntar pavadas porque estaba representando a un medio delante de todo el país y había que pensarla. Es una cuestión de reclamo mucho a los jóvenes: “piensen lo que van a preguntar y sean responsables”. No tenía saco, tu papá me mandó a Suixtil, donde Juan Carlos Peiretti y Senen Pautasso lo fiaron y lo pagó La Opinión; son cosas que yo valoro de la vida. Hay que adaptarse a los cambios, pero también saber agradecer a la vida por lo que te ha dado; también hay disgustos.
-Te criaste con la máquina de escribir, ¿por qué no te adaptaste a las redes sociales?
-Cuando llegué al Poder Judicial Federal hace 20 años, por razones de seguridad no podíamos tener cuenta de Facebook, tampoco lo hice con Instagram; no me gusta, pero uso el correo electrónico y el WhatsApp. No podemos encerrarnos en una cueva. La vieja y querida Olivetti está en mi casa, me la llevé un día de La Opinión que me la regalaron, la tengo guardada en mi biblioteca. Para los jóvenes, funcionaba como un procesador de texto mecánico (risas). Tener una máquina de escribir era un lujo.








