Elflein: pasión por la educación

Fue una escritora, cronista, docente, viajera, promotora de cuanta manifestación cultural existiera. Publicó más de dos mil artículos periodísticos y trescientos cuentos en el diario La Prensa. Por su labor periodística fue la primera mujer nombrada como miembro de la Academia Nacional de Periodismo.

Por Ricardo Miguel Fessia.- Fue una escritora, cronista, docente, viajera, promotora de cuanta manifestación cultural existiera, pero fundamentalmente tuvo pasión por la educación convencida de ese mensaje sarmientino de educar al soberano.

Hoy es otra de las mujeres argentinas que habita ese espacio cubierto por algunas sombras.

Nació el 22 de enero de 1880 en Buenos Aires, en el hogar de inmigrantes alemanes que siempre la alentaron hacia el estudio.

Ada María Elflein se recibió de maestra y de bachiller en el entonces Colegio Nacional Central, del que egresó con honores en 1900. Realizó traducciones para Bartolomé Mitre y fue maestra de los hijos de Vicente Fidel López.

Fue precisamente su madre, Elena Schwarz de Elflein, quien aprovechó sus contactos como institutriz de familias ricas porteñas para presentar los relatos de su hija en el diario La Prensa de la ciudad de Buenos Aires. En esa época, La Prensa era un medio importante y moderno. En 1905, la llamaron para presentar sus títulos y, entre ellos, acercó un certificado de traductora escrito de puño y letra por Bartolomé Mitre, para quien había hecho traducciones del alemán.

En el folletín dominical de La Prensa escribió durante quince años sus relatos históricos y tradicionalistas, el primero de los cuales apareció el 30 de abril de 1905. Publicó más de dos mil artículos periodísticos y trescientos cuentos. Por su labor periodística fue la primera mujer nombrada como miembro de la Academia Nacional de Periodismo.

En esa columna del diario porteño pudo desplegar una prosa cargada de bellas metáforas que se materializaban en historias sobre personajes históricos nacionales, ficciones y, más tarde, en impresiones de sus viajes a distintos puntos de nuestro país que el propio diario le encargaba. A cada uno de esos viajes la acompaño Mary Kenny, una maestra de origen irlandés con quien convivía desde que dejó la casa familiar.

En su corta vida, Elflein produjo una rica obra literaria que incluye “Leyendas argentinas” (1906), “Del pasado” (1910), “Cuentos de la Argentina” (1911), “Tierra Santa” (1912), “Paisajes cordilleranos” (1917) y “La partida” (1918). Cuentos como “La cadenita de oro” -el primero que publicó el diario La Prensa- o “El mensajero de San Martín” son parte de la memoria infantil de varias generaciones.

Tal vez su crónica más representativa sea “Paisajes cordilleranos”, sobre las impresiones de su viaje por los lagos andinos del Río Negro y Neuquén: “Las montañas, erguidas en amplio y solemne anfiteatro, aparecen salpicadas de manchas de nieve que recogen los rayos solares y los reflejan en haces deslumbradores”.

Su presencia en la redacción de La Prensa fue un hito para la historia de las mujeres y los medios en la Argentina, que no estuvo exento de impacto. Para no incomodar, el diario le preparó un espacio propio para que trabajara sola.

Esa salita en el edificio de Avenida de Mayo, por su carácter anecdótico, extraordinario, se convirtió también en un símbolo de la profesionalización femenina en la prensa de la época. Representa un logro y un reconocimiento, pero también una forma, más sutil, de ser marginada por su género. Lo notable también es lo perturbador que resulta su cuerpo en ese espacio. Más allá de lo que escriba y opine, su sola presencia dispara la necesidad de rediseñar el espacio, establecer nuevos límites.

Visitó la Cordillera de los Andes con el perito Francisco Moreno, escaló montañas, durmió en refugios y recorrió la Argentina en tren, barco, auto y a caballo, siempre con grupos de mujeres.

Que una mujer escribiera cuentos infantiles era una vía de profesionalización aceptable para las mujeres que querían dedicarse a las letras, y mucho menos perturbadora para los estándares de la época que el periodismo, por ejemplo. Elflein, como otras mujeres que querían profesionalizarse, tal como lo buscaron las hermanas López o Carlota Garrido de la Peña en Santa Fe.

Falleció en Buenos Aires el 24 de julio de 1919 a causa de una nefritis aguda. Fue sepultada junto a sus padres en el Cementerio Alemán de Buenos Aires. Al momento de su partida estaba Mary Kenny a su lado, su compañera de toda la vida.

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