Juzgar a los menores como si fueran mayores no resuelve el problema

Frente al debate acerca de bajar la edad de imputabilidad de 16 a 13 años, es casi imposible pensar en que un adolescente sepa discernir lo que es un delito de lo que no lo es. Es necesaria una política que promueva el desarrollo personal y la cultura del trabajo, de lo contrario estamos tapando el sol con la mano sin resolver el problema de fondo.

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